miércoles, agosto 17, 2005

Tirar a matar

Según una filtración de documentos de la Comisión Independiente de Reclamaciones de la policía (Independent Police Complaints Commission, IPCC), que investiga la muerte del joven brasileño Jean Charles de Menezes, las circunstancias de su homicidio son bastante distintas de las hasta ahora descritas por la policía y algunos testigos. El joven fue abatido de repetidos tiros en al cabeza en un vagón de metro al ser confundido por la policía con un terrorista. Los documentos filtrados, hechos públicos ayer por la cadena de televisión ITV, y basados en las grabaciones de las cámaras de seguiridad y en el testimonio de oficiales de policía y testigos presenciales, cuentan cómo Menezes, al contrario de lo que se afirmó, no entró en la estación de metro a la carrera saltando los torniquetes, sino andando tranquilamente y usando su billete, incluso parando unos instantes para coger un periódico gratuito. Una vez en dentro sí que corrió, pero para llegar a tiempo para coger el tren que llegaba a la estación. Entró en el vagón y se sentó en un asiento libre. En ningún momento da la impresión de que el joven supiese que estaba siendo perseguido.

Las imágenes de circuito cerrado muestran claramente cómo tambien es falso el que Menezes vistiese un abrigo abultado, sino que llevaba puesta una simple chaqueta vaquera. La policía irrumpió en el vagón y le encañonó. El joven no ofreció resistencia. Un oficial le inmovilizó, y segundos después otro vaciaba 7 tiros en su cabeza y hombro.

Todo esto, según los documentos filtrados. En un detalle macabramente mundano, se indica también que el policía encargado de la vigilancia había ido al servicio en el momento que Menezes salía del edificio bajo sospecha, lo cual posiblemente condujo, de algún modo, a que se le identificara erróneamente.

Aunque conviene esperar a las conclusiones de la investigación antes de tirar a rasgarse las vestiduras, todo esto es un golpe fulminante a la credibilidad de la policía y del gobierno, quienes en un principio no tuvieron inconveniente en no contradecir la información falsa sobre la muerte de Menezes y ahora sin embargo claman que hay mantener la investigación en secreto y no hacer valoraciones hasta que ésta llegue a su fin.

Más información: Noticia en The Guardian, Noticia en la BBC

lunes, agosto 15, 2005

Prensa británica

Qué rabia me dan los periódicos ingleses. El que los italianos últimamente se han dado a experimentar con los helados con sabores tales como vinagre o apio es considerado por los redactores del Guardian una noticia importantísima digna de figurar hoy en la sección internacional. Pero no es ésta la única noticia chorra; el lector de este diario podrá encontrar hoy, entre crónicas serias de la retirada israelí de Gaza o sobre el avión chipriota que se estrelló ayer, electrizante información sobre la primera hamburguesería Halal de París o sobre la oposición que en la ciudad estadounidense de Gettysburg se ha levantado en contra de la construcción de un casino.

Esta costumbre de intercalar noticias serias con anecdóticas es muy típica de la prensa seria británica, y me irrita bastante, acostumbrado como estoy a la española, que no se si es mejor o peor pero al menos suele centrarse en las noticias importantes. Supongo que lo hacen para amenizar el contenido del diario, pero yo preferiría que en vez de eso profundizaran en su cobertura de noticias, que sobre todo para temas internacionales suele ser bastante pobre. Suelo leerme por encima todos los días el Guardian y el Independent, a los que mi oficina está suscrita, y al terminarlos no me queda nunca la sensación de haberme enterado, más o menos, de lo que ha ocurrido en el mundo, sensación que sí suelo tener cuando leo un periódico español.

De otro defecto de la prensa británica, su uso despreocupado de generalizaciones y estereotipos culturales y nacionales, ya hablé hace unas semanas. Por cierto que al hablar de "prensa seria" me refiero al segmento de mercado constituido por los broadsheets (término que pronto no tendrá sentido, puesto que todos ellos se están pasando al formato "compacto"): The Guardian, Independent, Times y Daily Telegraph. En un segmento medio, con un menor nivel intelectual, encontramos el Daily Mail y el Daily Express. En último lugar están los red tops sensacionalistas The Sun y Daily Mirror. Hay, por supuesto, también multitud de periódicos regionales de todos los niveles y pelajes.

El Daily Mail y el Sun son los más odiados por mí: el primero por su línea editorial furibundamente reaccionaria y el segundo por su histrionismo demagógico. Son también, tristemente, los más vendidos en el país.

viernes, agosto 12, 2005

Globos sobre Bristol

Estoy de vuelta a Inglaterra, después de pasar unos agradables y relajantes días de vacaciones en España. Justo a tiempo para la Balloon Fiesta de Bristol, un festival que se celebra todos los años por estas fechas y que, como el nombre indica, gira en torno a los globos. Desde ayer jueves hasta el domingo se reunen en Ashton Court una multitud de globos para, si el tiempo lo permite, soltarlos todos a la vez, inundando de colorido los cielos sobre la ciudad. Aparte de los globos tradicionale, se pueden ver algunos con formas extravagantes, casi siempre de publicidad: un año que fui había uno con forma de paquete de rollos de papel higiénico.

El sábado por la noche, además, tiene lugar otro espectáculo interesante: los globos se distribuyen por todo el campo, amarrados a tierra, y después de apagarse todas las luces, comienzan a encender y apagar sus calentadores, iluminándose como bombillas de colores. Admirar estos ingenios voladores no es lo único que se puede hacer en Ashton Court durante estos días: como en cualquier otro festival, hay un sinnúmero de puestos de comida, carpas, música y mercadillos.

El lanzamiento de globos de hoy ha sido hace unos minutos, y en estos precisos instantes estoy viendo a través de la ventana los globos sobrevolando las afueras de la ciudad. El vuelo aerostático es algo bastante popular en Bristol, y cuando hace buen tiempo no es raro ver algún solitario globo paseándose por los cielos de por aquí.

jueves, agosto 04, 2005

La riqueza del inglés, en la BBC

A quien le interese el idioma inglés le recomiendo que eche un vistazo a Word 4 Word; se trata de una serie de programas sobre el uso popular y local del lenguaje que comenzó ayer en BBC Radio 4. Se emiten los miércoles a las nueve de la mañana, pero también están accesibles a cualquier hora a través de Internet.

El programa de ayer no lo pude escuchar entero, pero me enteré de una cosa muy interesante: la palabra charver, utilizada en Newcastle para referirse a determinados jóvenes de clase baja que visten de una forma característica, y que en el resto del país se ha popularizado como chav, comparte etimología con la palabra española chaval: ambas provienen de la lengua gitana o romaní. De los chavs, por cierto, tengo que hablar algún día, es un tema con mucha miga.

En el sitio web de la BBC se puede encontrar también el apartado Voices, dedicado a la riqueza regional del inglés. Del tema de los dialectos del inglés en el Reino Unido ya hablé hace unos meses en este blog.

miércoles, agosto 03, 2005

Tornados en Bristol

Leo hoy con incredulidad en el Guardian que el lunes pasado un tornado por poco llega a Bristol. Los alarmados residentes de Whitchurch y otras poblaciones al sur de la ciudad vieron, sobre las siete de la tarde, cómo se formaba en el cielo una nube con la característica forma de embudo de estos fenómenos meteorológicos, que permaneció durante unos 20 minutos merodeando por un área de varias millas. Afortunadamente, el tornado no llegó al nivel del suelo, lo que sin duda hubiese provocado daños. La noticia también se menciona en el sitio web de la BBC.

Hace unos días, en Birmingham, ocurrió un fenómeno similar, sólo que en este caso sí que hubo cuantiosos daños materiales. Por lo que he leído, los tornados no son tan infrecuentes en el Reino Unido como se podría uno imaginar, aunque en lo que a catástrofes naturales se refiere, el número uno en este país son sin duda las inundaciones, muy frecuentes en el sur del país, sobre todo en otoño.

domingo, julio 31, 2005

La policía británica

Durante las últimas semanas, la atención de todo el mundo ha estado dirigida hacia el Reino Unido. Los sangrientos atentados suicidas del 7 de julio, en los que murieron más de 50 personas, seguidos de los sucesivos atentados frustrados del 21 del mismo mes y la posterior caza de los responsables de éstos últimos han sido seguidos con atención y preocupación en el resto de Europa y, posiblemente, con especial interés en España, donde hace cosa de un año sufrimos nuestra propia ración de fanatismo terrorista. La policía londinense, desde el momento de los primeros ataques, ha estado trabajando frenéticamente para descubrir a los culpables de los dos actos criminales. Pese a que el viernes pasado lograron capturar a los tres sospechosos restantes de la intentona criminal del 21 de julio, en una jornada electrizante de espectaculares redadas por todo Londres, el éxito ha sido empañado por el homicidio, por parte de agentes armados de paisano, de un joven brasileño que fue confundido por un terrorista suicida. Las dudosas circunstancias de esta muerte aún tienen que aclararse.

La policía británica es, pues, una de las protagonistas estelares de los eventos de estas semanas. En los medios de comunicación se habla mucho de la emblemática Scotland Yard, ya presente en el imaginario popular de los no británicos gracias a las historias de Sherlock Holmes, entre otras. Seguramente muchos sepan que el nombre de Scotland Yard se refiere al la calle donde antiguamente estaba la sede de la policía en Londres, pero estoy seguro de que pocos saben que "Scotland Yard" se refiere no a la policía británica en su conjunto sino únicamente al cuerpo de policía de la capital.

La policía en el Reino Unido está organizada de forma muy distinta a la del resto de Europa. En España tenemos varios cuerpos de policía, ocupando ámbitos geográficos y de competencias que a menudo se solapan, de modo que muy a menudo la coordinación es bastante mala. Tenemos la Policía Nacional, algunos cuerpos de policía autonómica, la Guardia Civil (que en realidad es un cuerpo paramilitar) y las policías urbanas o municipales. En el Reino Unido, sin embargo, la estructura es mucho más sencilla: no hay un único cuerpo de policía de ámbito nacional, sino 49 cuerpos regionales, dependientes directamente del Home Office o Ministerio del Interior.
Aunque la organización territorial del Reino Unido tradicionalmente se ha hecho en condados, las demarcaciones de los cuerpos de policía no siguen las mismas fronteras. Esto es algo muy frecuente en el Reino Unido: las distintas maneras de dividir el país administrativamente casi nunca son coincidentes (policía, códigos postales, matrículas, etc).

De este modo, Scotland Yard es la sede de la Policía Metropolitana, que sólo tiene competencias sobre el area metropolitana de Londres, y ni siquiera sobre ésta en su totalidad (el distrito de City of London tiene su propio cuerpo de policía). En cualquier caso, la Met, como popularmente se le llama, es indudablemente la más importante del país, y a menudo colabora con las policías de otras regiones con menos recursos. Su responsable máximo, el Commissioner of Police (actualmente es Ian Blair), es el cargo policial de más prestigio del país, y obtiene automaticamente el título de sir cuando es investido en su cargo.

Una de las características más llamativas de la policía británica es que sólo raras veces llevan armas, aunque esto no significa que sean menos letales, como se ha podido ver, trágicamente, durante estas semanas. La policía británica disfruta, además, de una imagen mucho más positiva en la sociedad que la que disfrutan las fuerzas de seguridad de otros países en el seno de las suyas. La imagen del bobby on the beat paseando por el barrio con su pintoresco gorro es reconfortante para la mayoría, y es una de las fotos más codiciadas por los turistas que visitan el país. Un año que estuve en el Notting Hill Carnival de Londres me sorprendió ver cómo una buena parte de los agentes que formaban la abultada presencia policial estaban relajados y bromeaban con la gente de alrededor, incluso prestándoles sus cascos para que se hiciesen fotos. Eché de menos esa actitud en España, cuyos policías tan a menudo son de talante chulesco y amenazador. No todo el monte es orégano, sin embargo, y la policía británica también tiene su cara oscura violenta y autoritaria, como manifiesta su responsabilidad en distintos disturbios raciales ocurridos en el país durante las últimas décadas.

Al margen de la policía, en el Reino Unido hay también otros cuerpos uniformados afines, como los Traffic Wardens (agentes de movilidad urbana) y Community Support Officers, una especie de ayudantes de policía.

Más información: La policía británica (Wikipedia en inglés).

viernes, julio 29, 2005

¡Ahivá los doughnuts!


Los donuts son bastante corrientes en Inglaterra, pero la variedad de donut de este país tiene una particularidad curiosa: no tiene agujero. En vez de eso, suelen estar rellenos de mermelada o quizás chocolate. Además, aunque se pronuncia igual, se suele escribir doughnut en vez de donut, que es la grafía usada en EE UU y el resto del mundo. Por lo demás, son el mismo tipo de dulce pringoso y pesado. Los donuts típicos con agujero también se pueden encontrar.

En la foto se puede ver un doughnut inglés comprado en el Sainsbury´s, aunque la caja, inexplicablemente, está decorada con una bandera estadounidense.

jueves, julio 28, 2005

miércoles, julio 27, 2005

Urinarios portátiles


El extraño armatoste que se ve en la foto es un urinario portátil situado en College Green, cerca del centro de Bristol. Todos los fines de semana, a última hora de la tarde, el Ayuntamiento coloca unos cuantos de estos mamotretos futuristas en los alrededores de las zonas de marcha de la ciudad, donde permanecen hasta la mañana siguiente, cuando son recogidos. De este modo, durante toda la noche y especialmente cuando los pubs cierran, desembuchando a la calle hordas de ingleses tambaleantes, se evita que éstos vacíen en cualquier portal o rincon sus vejigas henchidas por el efecto diurético de los litros de cerveza que han bebido.

martes, julio 26, 2005

Después de los atentados

Tiene gracia. Cuando el Reino Unido se recuperó con sorprendente rapidez de los ataques terroristas del 7 de julio, todos nos maravillamos, y los medios extranjeros se empacharon de evocar el estereotipo de la flema inglesa, presentándonos a los londinenses como heróicos ciudadanos resueltos a no dejarse intimidar por la violencia terrorista. Con el sucesivo intento de matanza posterior, los mismos medios decidieron caprichosamente cambiar esta estampa y sustituirla por otra igual de sentimental y arbitraria en la que la población de la capital británica se veía invadida por el pánico y la agitación. Al no vivir en Londres no puedo hablar con autoridad, pero me da la impresión de que ninguna de las dos visiones se ajusta a la realidad. La vida sigue más o menos igual que siempre.

Llevamos ya varias semanas en las que la amenaza terrorista es la preocupación número uno de la opinión pública, y la luna de miel entre esta y los medios y el primer ministro Tony Blair empieza a resquebrajarse. A los pocos días de los atentados del 7 de julio, ya surgían voces en la prensa relacionándolos con la participación británica en la invasión y ocupación de Irak. Los políticos han sido más cautos, y en un principio sólo el incendiario George Galloway se atrevía a cargar contra el primer ministro por haber puesto en peligro al Reino Unido con su participación en la guerra. Tony Blair se ha visto obligado a negar relación alguna entre ésta y los atentados, y ha sufrido el embarazo de ver cómo tanto el Real Instituto de Asuntos Internacionales (conocido como Chatham House) como un informe de inteligencia opinaban precisamente lo contrario.

El siguiente tropezón de Blair ha sido el terrible error de la policía, que el viernes pasado mataba por error a un pobre chico brasileño confundiéndolo con un terrorista. Jean Charles de Menezes, un electricista de 27 años llegado a Londres hacía 3 años con un visado de estudiante, tuvo la mala fortuna de salir de un bloque de edificios vigilado por la policía vestido con una ropa de abrigo que atrajo las sospechas de los agentes, quienes temieron que podría llevar explosivos debajo. El brasileño cogió un autobús hasta cerca de la estación de metro de Stockwell. Allí se apeó, momento en el que los agentes que lo iban persiguiendo le dieron el alto. El joven, por el motivo que sea, reaccionó con miedo y huyó hacia dentro del metro saltando los torniquetes, pero sus perseguidores lograron atraparlo en el andén. Le tiraron al suelo y, ante la aterrorizada mirada de los pasajeros de alrededor, le descerrajaron 8 tiros a bocajarro a la cabeza, que lo mataron instantáneamente.

Esta trágica muerte ha levantado mucho revuelo. Tanto el Gobierno como la policía se han apresurado a manifestar su desolación por el luctuoso hecho, aunque sin mostrar arrepentiento por haber autorizado la política de tirar a matar para hacer frente a los terroristas suicidas. Incluso se afirma que casos como éste pueden repetirse. Se alude a la situación de tremenda presión de la policía, en cuyas manos está la seguridad de toda la población. Sin embargo hay muchas incógnitas por explicar. ¿Quién dio la orden de abatir al joven? ¿Si se le consideraba una amenaza, por qué se le permitió subir al autobús? ¿No demuestra el elevado número de disparos nerviosismo o inexperiencia por parte del agente? La actuación de la policía ha sido muy escrutada durante estos días por los medios de comunicación, pero la mayoría de ellos es bastante benigna con la policía y el Gobierno. Algunos, como el Daily Mail o el alcalde de Londres Ken Livingston, se han atrevido ha afirmar que el pobre chico es una víctima del terrorismo y no de la policía, interpretación muy cuestionable que es análoga a la de los apologistas del terrorismo, que cuando ocurre un atentado culpan al Gobierno de turno por no plegarse a las exigencias de los terroristas. Personalmente, si bien comprendo la política de shoot-to-kill, me pregunto si es justo que la policía quede impune de este homicidio. Al fin y al cabo, si voy yo y, involutariamente, provoco la muerte de otra persona, es muy probable que me metan en la cárcel. ¿Qué base legal tiene este distinto rasero?

Otra cosa que me llama la atención es la relevancia grande que se le ha dado a la muerte del brasileño, casi pareja a la de los atentados. Teóricamente, el asesinato suicida premeditado de decenas de personas y el sucesivo intento fallido de perpetrar otra masacre similar son eventos de magnitud muchísimo mayor que la muerte accidental del joven. Desde luego lo crudo de las circustancias de éste homicidio lo hacen más impactante. Pero quizás sea también que para la mente occidental es un suceso más familiar, para el cual hay una serie de reacciones automáticas (compasión por la víctima, recelo hacia la policía, búsqueda de culpables) que surgen sin dificultad, y que preferimos a tener que afrontar el desconcertante fenómeno del terrorismo suicida.

domingo, julio 24, 2005

Churros

El sábado pasado me llevé una alegría: paseando con unos amigos por el French Market en Queen Square, durante el Harbour Festival, nos encontramos con el puesto de churros que aparece en la foto. A todos se nos animó patéticamente la cara, y nos apresuramos a comprar un cucurucho. Salió ridículamente caro (3 libras), pero nos dio igual. El puesto, curiosamente, lo llevaba una francesa. No sabía que este manjar fuese conocido en Francia.

En Inglaterra, como es lógico, es bastante difícil encontrar churros, pero no imposible. En Londres hay una "churrería española" en Bayswater, donde también sirven comida típica como pinchos de tortilla o paella. A veces en festivales o ferias, como en esta ocasión, es posible encontrar puestos vendiendo churros, pero casi siempre suelen ser derivados extraños no muy parecidos al original. Los del otro día, sin embargo, sin ser una maravilla sí que eran genuinos churros españoles.

A mí los churros y las porras (más éstas últimas) me encantan. Cuando vivía en España solía desayunarlos todos los domingos. Es una de las cosas que más echo de menos; tanto es así que me compré una churrera en España y me la traje para poder cocinarlos en casa. Son más fáciles de hacer de lo que se podría uno imaginar. Sólo se necesita agua caliente, harina y una pizca de sal, aunque se mancha mucho y es un poco peligroso por que hay que manejar bastante cantidad de aceite a mucha temperatura. Lo que es más complicado es lograr la misma textura esponjosa que los de churrería. Aún no lo he logrado, pero los resultados suelen ser lo suficientemente buenos como para mitigar un poco la morriña.

Aunque los churros no son una de las delicias españolas más conocidas fuera del país, han llegado más lejos de lo que la gente imagina. Hace cosa de un año, cuando aún vivía en Maidenhead, solía ir dos veces a la semana después del trabajo a clases de japonés en Reading. En una ocasión estabamos en clase hablando de comida española, y salieron las mismas especialidades de siempre: paella, tapas, chorizo. Una de las profesoras me habló de un tipo de comida española que había probado y le había gustado mucho. Al principio no le entendí, ya que los japoneses siempre pronuncian las palabras extranjeras "a la japonesa" de forma bastante ininteligible. Pero luego cogió un rotulador y con estupenda sorpresa vi cómo dibujaba en la pizarra la inconfundible silueta de un churro. Por lo visto, mi profesora los había probado una vez en Disneyland Tokyo, y le habían gustado mucho. Supongo que deben de tener algún pabellón temático español ahí, o algo similar. En realidad el que conozcan los churros en Japón no es tan sorprendente: los japoneses suelen ser muy golosos, y al mismo tiempo tienen mucha curiosidad por probar cosas extranjeras. El siguiente día de clase, antes de salir para la academia, saqué la churrera en casa e hice una tanda rápida bien aderezada de azúcar que, como buen pelota que soy, llevé a clase, donde fueron degustados con gran regocijo por profesores y alumnos.

sábado, julio 23, 2005

Cómo está el patio

Siempre suelo decir que las cosas hay que procurar verlas con perspectiva. Después de los frenéticos acontecimientos de estos días, lo más probable es que en unas semanas vuelva la calma poco a poco y la vida siga su curso más o menos como antes. Pero por mucho que uno intente tranquilizarse de esta manera, titulares de noticias como los de hoy minan el ánimo de cualquiera: decenas de muertos en Egipto, tensión en Londres mientras la policía busca a los culpables de los atentados fallidos del otro día...

Respecto a esto último, en un principio parecía que se trataba de una imitación chapucera de los ataques del 7 de julio, pero ha resultado ser otro intento de atentado muy parecidos, con artefactos explosivos muy parecidos que, providencialmente, no llegaron a estallar. Al igual que hace dos semanas, la información discurre con cuentagotas y es difícil leer datos concretos y fiables en los medios. En esta ocasión hay sospechosos con muchas posibilidades de ser detenidos, captados en imágenes de circuito cerrado que fueron publicadas ayer por la policía en una llamada a la colaboración de la ciudadanía. El Reino Unido es uno de los países con mayor de cámaras de videovigilancia en lugares públicos, algo que siempre ha sido muy criticado por los defensores de la privacidad y de las libertades civiles. Sin embargo, y esto dará que pensar mucho a la gente, están siendo de una utilidad enorme para la captura de los criminales.

La policía ya ha detenido a dos personas, pero el incidente más inquietante e intranquilizador fue ayer la espectacular persecución de un sospechoso por la estación de metro de Stockwell. El fugitivo fue reducido en el andén, empujado al suelo y matado de cinco tiros en la cabeza por policías de paisano. Scotland Yard ha asegurado que se trataba de uno de los implicados, y a priori su actuación no tiene por qué considerarse desmesurada, ya que estamos tratando con terroristas suicidas que, acorralados, pueden hacerse volar por los aires. Pero en cualquier caso ha sido un acontecimiento muy turbador del cual se ha de informar exhaustivamente a la población. Es especialmente chocante en un país como el Reino Unido, donde la policía no lleva armas salvo en las situaciones extremas. Acostumbrados a ver a los bobbies como entrañables personajes de cascos ridículos resulta espeluznante recordar que también tienen una cara letal y expeditiva.

Todos los políticos británicos, durante estas semanas, han insistido en que es importante que los
atentados no supongan una reacción en contra de la comunidad musulmana británica. Ésta, mayoritariamente de origen asiático, está intranquila, y es muy comprensible. Ayer me enteré de un sucedido bastante deprimente, ocurrido a alguien que conozco de origen bangladesí, residente en el país desde hace varios años. Esta persona trabaja en un restaurante de comida india, y el pasado fin de semana estaba haciendo una entrega a domicilio cuando fue parado por la policía, que por vete tú a saber qué motivo le encontró sospechoso. Las personas que habían hecho el encargo lo confirmaron a los policías, quienes también visitaron el restaurante, donde se les aseguró que trabajaba allí. Pero nada de esto sirvió, y este conocido mío tuvo que pasar varias horas en el calabozo hasta que le soltaron. Esta historia no tiene nada de extraordinario: situaciones como esta, en la que gente inocente es hostigada por las fuerzas del orden, ocurren todos los días en cualquier país de Europa, y posiblemente más durante estos últimos días de tensión. Pero como suele pasar, hasta que no le pasa a alguien cercano a ti no te das cuenta de lo injusto que es el mundo.

Actualización 24 Julio, 1.27
El hombre que fue abatido por la policía sin contemplaciones ha resultado no tener ninguna relación con los atentados, se trataba de un chaval brasileño de 27 años. Me siento iluso de haber confiado en la profesionalidad de la policía británica. Las circunstancias de la trágica muerte son especialmente desoladoras: matado de cinco tiros a bocajarro en la cabeza, cuando ya no tenía posibilidad de escapar. Pero bueno, antes de juzgar esperemos las explicaciones.

jueves, julio 21, 2005

Seguimos con los sustos

Seguimos con los sustos en Londres. Hoy afortunadamente no ha habido víctimas, al ser los artefactos explosivos eran de mucho menor potencia, pero las pequeñas bombas han logrado parte del objetivo buscado: interrumpir la vida cotidiana y causar revuelo y miedo, aunque es de suponer que durante poco tiempo. Hay dos detenidos, y dado que la policía ha podido recuparar artefactos que no llegaron a estallar es de esperar que no tarden mucho en aclarar el asunto.

En realidad, si uno se para a pensar, tampoco es tan difícil montar una marimorena como esta. Basta un par de petardos potentes y ya está. Lo raro es que no ocurra más a menudo, habiendo la gente loca que hay por el mundo.

martes, julio 19, 2005

Besos

El finde pasado estuve en Berlín para asistir a la boda de unos amigos míos chilenos. Las familias de los conyuges son, respectivamente, de origen holandés y alemán, y por tanto había, aparte de chilenos, invitados de esos dos países. Entre el resto de los concurrentes se encontraban británicos, norteamericanos y algún español. Se trataba, pues, de una celebración totalmente globalizada.

La disparidad de origenes de los invitados se ponía de manifiesto de forma graciosa al saludarse, y sobre todo a la hora de darse besos. En España, lo corriente es darse dos besos en cada mejilla, empezando por la mejilla derecha de la otra persona, pero en otros países la costumbre es distinta. En Chile, por ejemplo, lo normal es darse sólo un beso en la mejilla, de modo que cuando me presentaba a alguien de este país me quedaba ahí colgado, después del primer beso, esperando el segundo ante el desconcierto de la otra persona. Los holandeses se dan tres besos, y los alemanes ninguno. En la fiesta no había italianos, lo cual hubiese sido otra fuente de confusión: éstos, como los españoles, dan dos besos, pero empezando por la otra mejilla, de modo que si no se tiene cuidado se puede acabar dando uno un coscorrón. Tampoco había franceses, de modo que me ahorré la situación embarazosa: entre franceses, es muy normal que los hombres se den dos besos al saludarse (si son amigos). En España sólo se hace entre hombre y mujer o entre mujer y mujer.

A decir verdad, desde que vivo en el Reino Unido he perdido bastante la costumbre de los besos. En este país es muy raro besarse al saludarse. Cuando te presentan a alguien, hombre o mujer, lo normal es dar la mano, y a veces ni eso, sobre todo cuando es a un grupo de varias personas. Esta falta de contacto físico resulta triste; echo de menos la efusividad española. A pesar de que es a veces fastidiosa; en Inglaterra al menos te ahorras de esas esas situaciones que a veces ocurren en España, en las que quedas con alguien que está con varias amigas y, al presentártelas, tienes que hacer una aparatosa ronda de besos al aire con gente con la que posiblemente el único contacto que vas a tener es estar en con ella en corrillo durante unos minutos sin cruzar palabra.

miércoles, julio 13, 2005

Moscas

Después de un artículo tan plúmbeo como el de ayer, voy a aligerar el tono del blog con un comentario sobre algo que me he dado cuenta hoy: en Inglaterra no hay tantas moscas como en España.

Estos días han sido deliciosos en Bristol: sol radiante y temperaturas entre 25 y 30ºC. Por la noche se puede dormir con las ventanas abiertas, que también se pueden dejar de par en par durante el día sin temor (de momento) a que un chaparrón traidor te empape la moqueta.

Hoy antes de irme al curro he visto tres moscas dando vueltas parsimoniosamente en el salón, y me ha sorprendido porque hasta ahora, y pese a que ya han sido varios los días calurosos, no había visto ninguna en casa. Me he dado cuenta de que desde que vivo aquí no he tenido que aguantar mucho a estos molestos insectos. Ni en Maidenhead, donde viví cuatro años, ni aquí en Bristol suelen verse muchas en las casas. No sé cómo es en el conjunto de España, pero en Madrid durante el verano es imposible mantenerlas fuera de los hogares. Tampoco los mosquitos suelen dar mucho la lata por las noches.

Lo que sí se suelen ver en este país son arañas gigantesascas, de esas que son más peligrosos sus puñetazos que sus picaduras.

martes, julio 12, 2005

La cultura democrática británica

Todavía resuenan los ecos de los atentados pero todo ha vuelto más o menos a la normalidad aunque, como he venido contando, no es que el estos actos terroristas supusiesen un golpe tremendo para los ingleses de fuera de Londres. He escuchado mucho de la famosa "flema" británica, de la digna determinación de los londinenses de que el ataque terrorista no perturbe su vida cotidiana, de paralelismos con otras reacciones ejemplares de los británicos a lo largo de la historia, como durante el bombardeo alemán durante la segunda guerra mundial (lo que aquí llaman the blitz). Todo esto posiblemente tenga bastante de verdad, pero yo lo que he observado a mi alrededor es que la gente ha sentido bastante indiferencia, y que no les ha costado mucho seguir la vida como si nada hubiese pasado.

En España, según he leído, los medios de comunicación y los políticos se han lanzado sin mucho rubor a instrumentalizar los atentados londinenses para seguir dándose garrotazos los unos a los otros. Ha causado bastante admiración la reacción de la sociedad británica, quién ha hecho una piña alrededor de su gobierno y ha evitado recriminaciones sobre la responsabilidad de éste, bien por su participación en la guerra de Irak, bien por su fracaso en evitar el ataque. Es gracioso, porque algunos de los medios de comunicación españoles que, con mucha intención, elogian esta actitud, no son precisamente ejemplos de ese civismo democrático por el que hipócritamente suspiran, sino que más bien aprovechan cualquier ocasión para generar crispación y desconfianza hacia los gobernantes.

Las circunstancias de los atentados de Londres no eran las mismas (crucialmente, no había ningunas elecciones generales celebrándose en tres días), pero la comparación entre las reacciones de la población británica y la española es valida e ilustrativa. No cabe duda: en el Reino Unido la cultura democrática está a años luz de la española, y seguramente esté entre las más avanzadas del mundo. No digo esto con el tradicional sentimiento de inferioridad español: la sociedad españolas aventaja a la británica en muchos aspectos (ésta última, por ejemplo, es mucho más clasista). Sin embargo, en cuestión de política, no hay color. No es de extrañar, puesto que la tradición parlamentaria inglesa, además de ser la más antigua del mundo, ha podido desarrollarse a lo largo de la historia sin grandes interrupciones, revoluciones o dictaduras, lo cual le ha permitido refinar y corregir su funcionamiento en extremo, al mismo tiempo que ayudaba al desarrollo de una sana sociedad civil.

La palabra clave de todo es, creo yo, esta: accountability, que que yo sepa no tiene traducción exacta al castellano. Referido a un cargo público, se refiere a su obligación de rendir cuentas al público, para quien se trabaja. En honor a este valor democrático, David Blunkett, el anterior ministro de interior, dimitió cuando se demostró que había intercedido en la tramitación de un visado para la niñera de su anterior pareja. Todo esto a pesar de tratarse de uno de los pesos pesados del gobierno de Blair y uno de sus colaboradores con mayor popularidad. En España, hemos ido mejorando bastante desde los infaustos últimos años del gobierno de Felipe González, pero a pesar de todo, hoy por hoy, un caso de corrupción tan inofensivo como éste apenas llegaría a ocupar una columna de periódico. Pero no se trata sólo de tráfico de influencias o enriquecimiento ilícito: accountability significa que si no realizas bien tu labor pública o si cometes un error garrafal has de rendir cuentas por ello. Es lo que tuvo que hacer Greg Dyke cuando tuvo que dimitir como director general de la BBC, después del resultado condenatorio de la comisión Hutton sobre la muerte del Doctor Kelly. En España, por contra, las pifias más sangrantes y los errores de gestión más catastróficos ocurren sin que ningún político se digne a aceptar su responsabilidad ni, ni mucho menos, dimitir (ejemplos: Yakolev, Prestige, Carmel). Lo peor de todo es que el electorado español, que concibe la política como una especie de fútbol en el que los penaltis de tu equipo son siempre justos y los del contrario fingidos, no muestra ningún interés en castigar a sus gobernantes cuando éstos no están a la altura. Y cuando lo hace, éstos se niegan a reconocer sus errores y llegan a extremos disparatados para disculpar su conducta.

Pero la diferencia entre británicos y españoles, más relevante al tema de los atentados del que he empezado hablando, es que los británicos, al margen de diferencias ideológicas, se consideran todos conciudadanos de un mismo país. En España, aún perviven sentimientos de recelo entre los españoles, la noción del otro como enemigo deshumanizado, las odiosas "dos Españas" que cierta gente parece hoy en día empeñada en seguir manteniendo. De las "dos Españas" siempre se ha hablado dándole un halo poético de inevitabilidad. No creo que esto sea positivo. Esta doliente figura no es ni más ni menos que una simple falta de cultura democrática. Una parte significativa de la población, tanto de izquierdas como de derechas, nacionalista o no nacionalista, es incapaz de entender que vivimos todos en el mismo país y que para hacerlo funcionar tenemos que ponernos todos de acuerdo, por mucha antipatía que te inspiren las ideas del otro.

Espero que no parezca que soy negativo; es simplemente que me da rabia que la gente sea tan conformista. A veces nos dormimos en los laureles y olvidamos que España es un estado de derecho desde hace sólo unas pocas décadas. Es tremendamente positivo que hayamos llegado tan lejos en tan poco tiempo, pero aún nos queda mucho por hacer, y el ejemplo de países como el Reino Unido nos puede ser muy útil.

viernes, julio 08, 2005

Ana Palacio en la BBC

Las similitudes de los ataques de ayer de Londres con los de Madrid del año pasado no han pasado desapercibidas para los medios británicos, quienes hoy y ayer han recordado y mencionado en varias ocasiones los atentados de Madrid como anterior golpe de terrorismo indiscriminado en Europa.

En este contexto, el famoso programa Today de BBC Radio 4 ha entrevistado hoy a Ana Palacio, diputada del PP que en marzo del año pasado era Ministra de Asuntos Exteriores. Es interesante ver cómo el entrevistador pone en aprietos a la ex-ministra, preguntándole sobre el hecho de que el gobierno del PP fue apeado del poder después de que la insistencia en que ETA había sido la culpable del atentado hizo creer a una buena parte de la población que se la estaba intentando engañar. Es interesante ver cómo Ana Palacio en ningún momento contradice la versión de que los responsables del atentado en Madrid fueron terroristas islamistas, al revés que la postura oficial de su partido en España, que todavía juguetea ambigüamente con la idea de la autoría última de ETA. Palacio se enfrasca después en una larga perorata antiterrorista muy en la onda del discurso de la administración norteamericana.

También es interesante y preocupante comprobar cómo la que fue responsable de la diplomacia española durante la pasada legislatura habla un inglés bastante poco fluido.

La entrevista se puede escuchar a través de Internet.

El día después

Me he despertado y lo primero que he hecho es poner las noticias, pero éstas no eran sustancialmente distintas de las de ayer: un mínimo de 37 o 38 víctimas, y aún no se sabe quién ha sido, aunque la opinión mayoritaria es que los culpables han sido algún grupo terrorista simpatizante de Al Qaida.

He hablado con más españoles de aquí de Inglaterra (aunque aún no he hablado con nadie que viva en Londres) y todos estamos perplejos por la tibia reacción de la población inglesa, quien por supuesto se ha sentido impactada por los hechos pero que sigue con su vida como si nada hubiese ocurrido. No hay manifestaciones multitudinarias planeadas, y no ha surgido ningún símbolo del estilo de nuestro lazo negro para llorar la tragedia. Desde luego, la magnitud del crimen no es la misma en cuanto a víctimas pero me da la impresión que el efecto en la vida cotidiana de Londres fue ayer mucho mayor que el que el 11 de marzo se dio en Madrid: el transporte público fue ayer cerrado por completo, dejando tirado a un número enorme de gente que tuvo que caminar durante horas para poder volver a casa.

Esta indiferencia no es necesariamente mala. Muchas veces me pregunté después de los atentados de Madrid cuánto de sentimiento sincero y cuánto de teatralidad o sentimentalismo había en las múltiples muestras de dolor y de firmeza después de los horribles hechos. Quizás la respuesta más adecuada al terrorismo es evitar darle demasiada relevancia y considerarlo otro riesgo más con el que hay que vivir en estos tiempos, junto con otros como el de los viajes por carretera, el crímen común o las catástrofes naturales. En ese sentido, un comentario que he escuchado mucho es el de que este tipo de acciones son en último término inevitables, y que no debemos sacrificar la libertad y la apertura de nuestras sociedades para hacer frente a la amenaza terrorista.

jueves, julio 07, 2005

Anocheció en Londres

Sobre las seis de la tarde he llegado a casa y he podido ver por fin las imagenes de los atentados de Londres. Hace unos minutos he estado viendo el telediario de las 10 de la BBC. Durante toda la mañana que he seguido las noticias a través de Internet, pero es ahora con las imágenes y los testimonios de la gente con las que he sentido realmente la violencia y el horror de los hechos. En concreto, me han impactado las imágenes y vídeos de aficionado, que algunos testigos han tomado con sus teléfonos móviles, en las que se ven las escenas de las explosiones, o el interior de los vagones de metros a oscuras y las multitudes de gente caminando por los túneles del metro en busca de la salida.

El número confirmado de víctimas a esta hora es de 38; decidir si es un número alto o bajo es competencia de los expertos en estas cosas, pero a mí me parece bastante reducido considerando lo espectacular de los atentados.

Mañana los periódicos aparecerán en los quioscos llenos de noticias y análisis que todo el mundo leeremos con fruición, y comenzará la cacofonía de opiniones, reacciones y proclamas. Todo el mundo apunta a Al Qaida como culpables pero todavía nadie se atreve a atribuirles concluyentemente este crimen.

Es interesante ver como, pese a que el tipo de atentado es muy similar al de Madrid, la reacción tanto de la población británica como de sus gobernantes ha sido muy distinta. Me imagino que habrán concentraciones y posiblemente manifestaciones de repulsa, aunque dudo que sean tan multitudinarias como las que hubo en España con motivo del 11M. Tampoco creo que surja aquí ningún símbolo como el del lazo negro; el carácter británicos es, en este tipo de cosas, menos sentimental que el español. Como decía en mi anterior artículo, los ingleses parece que tengan horchata en vez de sangre en las venas y, aquí en Bristol, ni en el trabajo ni en la calle he visto ningún ambiente distinto del de cualquier día normal.

Atentados en Londres

Desde hace cosa de una hora estoy pendiente de las confusas noticias que llegan de Londres: ha habido una serie de explosiones en el metro y en autobuses de la capital británica. Se habla de heridos, gente atrapada en el suburbano, artefactos explosivos y hasta víctimas mortales, pero todavía no hay mucha información confirmada al respecto. En estos momentos, la policía sólo ha confirmado una explosión en la estación de metro de Aldgate y en un autobús cerca de Russel Square. Todavía no se habla expresamente de que se trate de un atentado terrorista.

Desgraciadamente, no tengo ni radio ni televisión a mano así que me tengo que conformar con Internet (El Mundo, BBC, The Guardian, Sky News. Como es de esperar, el tráfico de visitas a estos sitios debe ser enorme y las páginas se cargan con bastante dificultad.

Me sorprende que, más de una hora después de las explosiones (que ocurrieron sobre las ocho) aún haya tan poca información. Cuando el 11M, creo recordar que las terribles noticias se concretaron en seguida. También estoy muy extrañado por la poca agitación que veo a mi alrededor en la oficina; estoy seguro de que en España había mucho más nerviosismo en las horas después a los atentados del año pasado.

Actualización 12.28
Blair ha comparecido hace cosa de media hora y ha indicado que todo apunta a que se trata de un atentado terrorista. La policía ha confirmado seis explosiones en el metro (Edgware Road, King's Cross, Liverpool Street, Russell Square, Aldgate East and Moorgate) y una en un autobús, cerca de Russell Square, en el barrio universitario de la capital, no muy lejos del Museo Británico. También han dicho que se han encontrado restos de un artefacto explosivo en una de las zonas afectadas. De momento sólo se han confirmado 2 muertos y un número indeterminado de heridos.

Aquí en Bristol las cosas están tranquilas. Estos ingleses realmente llevan horchata en la sangre. Hace unos momentos estaba comiendo en la kitchenette y a mi alrededor todo era igual que siempre: gente haciendo crucigramas, leyendo el periódico y comentando noticias chorra. Una indiferencia realmente increíble.

Actualización 14.54
El ministerio del Interior británico ha confirmado que el número de bombas no ha sido seis o siete como la policía había informado anteriormente, sino de sólo cuatro: tres en el metro y una en un autobús. El número de muertos confirmado por las autoridades sigue en dos, una cantidad sorprendente baja considerando lo espectacular de los atentados. Desgraciadamente, todo indica que el recuento aumentará cuando los equipos de rescate concluyan sus tareas en los túneles del suburbano. El número de heridos es del orden de los centenares, muchos de ellos graves.

Es bastante extraordinaria la prudencia de las autoridades a la hora de dar datos. Varias horas después de las explosiones, aún no se tiene una idea clara de lo que ha ocurrido. Los medios de comunicación también están siendo notablemente cautos, teniendo mucho cuidado en la difusión de las imágenes de las víctimas.

A medida que se vaya disipando la confusión de las primeras horas, comienza el turno de las preguntas: ¿Quién ha sido? Se dice que en un sitio web relacionado con Al Qaida se afirma que la acción terrorista ha sido obra de esta organización, aunque a saber si ese comunicado es digno de crédito (lo mismo pasó en el 11M: un grupo islamista se atribuyó falsamente los atentados). Parece probable que se trate de un grupo de radicales islámicos, pero otra posibilidad es que se traten de terroristas de Irlanda del Norte.

Otra interesante pregunta es por qué el día escogido ha sido hoy en particular. Si el atentado se hubiese llevado a cabo ayer, día de la elección de la ciudad que albergaría las olimpiadas del 2012, el impacto hubiese sido mucho mayor.

Actualización 17.27

Hace cosa de una hora la policía londinense ha aumentado el recuento de víctimas a 33. Esta cifra no parece que vaya a ser la definitiva, y no incluye a las víctimas de la bomba en el autobús. El número de heridos supera los 300.

Por lo demás, y quitando la serie de reacciones en todo el mundo, aún no se sabe mucho más.

Acabo de intentar hacer una llamada a un móvil y me sale un mensaje de BT diciendo que la red está ocupada. Es curioso que Bristol también esté viéndose afectado por las restricciones al uso de las redes móviles.

miércoles, julio 06, 2005

Sequía en Inglaterra

En Inglaterra, igual que en España, estamos pasando un periodo de sequía.

Esto, que en medio de este desvaído verano inglés, el más lluvioso y templado que recuerdo, trufado de tormentas y en el que las temperaturas les cuesta un tremendo esfuerzo subir de los 20ºC, suena a sarcasmo. Es, sin embargo, cierto, y en zonas del sureste de Inglaterra se han empezado a promulgar las primeras restricciones tímidas, en concreto la prohibición de regar con mangera. En Londres se ha tenido que abrir un acuífero de reserva para hacer frente a la demanda.

A decir verdad, este invierno ha sido precisamente uno de los menos lluviosos y más soleados desde que estoy aquí. Esto, que ha sido positivo para mantener los ánimos en los tristes meses invernales, no lo ha sido tanto para las reservas de agua inglesas. En un país donde todo está acostumbrado a que llueva cada pocos días, a poco que pasen un par de semanas sin que haya precipitaciones las infraestructuras empiezan a sufrir. Además, la mentalidad de ahorro que hay en otros países como (supuestamente) España no existe aquí: la mayoría de la gente paga una tarifa plana que les permite usar tanta agua como deseen, y en ciudades como Londres se estima que las fugas debido a fallos en la red de suministro llegan en algunas áreas al 30% del caudal total.

Más información: Water restrictions loom closer as aquifer tapped (The Guardian)

martes, julio 05, 2005

2M12

¿Organizará Madrid los Juegos Olímpicos de 2012? Aunque a lo largo de los meses anteriores no he seguido con mucho interés la disputa por la concesión de las Olimpiadas, no he podido evitar contagiarme de la expectación y emoción en estas últimas horas antes del fallo final en Singapur. En Inglaterra, donde a pesar de que Londres sea una de las favoritas la pasión de la gente por la candidatura no es tan alta, estoy bastante a salvo de la ola de entusiasmo olimpista incondicional que ha barrido Madrid, y quizás tenga una impresión más realista de sus posibilidades reales. Según las casas de apuestas británicas, en donde se puede apostar sobre cualquier cosa, la favorita indiscutible es París, seguida por Londres y, algo separada, Madrid. Hace unas semanas Londres estaba codo con codo con París, pero parece que en estas últimas horas se han rezagado un poco. Al mismo tiempo, la candidatura de Madrid parece cobrar fuerza, sobre todo como opción alternativa en el caso de que las dos primeras empataran en la primera ronda de votaciones. En cualquier caso, Madrid lo tiene difícil, algo de lo que quizás muchos madrileños no sean conscientes.

No estoy muy seguro de mis sentimientos al respecto, de si deseo que Madrid gane. Por un lado, el planteamiento competitivo de la carrera olímpica hace que instintivamente me ponga del lado de mi ciudad. La imagen de las Olimpiadas como de escaparate de lujo de una ciudad hace también que desee que a la capital de España se le dé la oportunidad de lucirse y exhibirse en el mundo. Pero todo esto no son más que sensaciones quizás sin fundamento. Quizás la organización de los Juegos no sea algo positivo sino un embrollo caro del que no esté garantizado que se vaya a sacar nada en limpio. Visto el ejemplo de Barcelona, ciudad que se reinventó en parte gracias a las Olimpiadas del 92, no parece que esto sea así, pero nunca se sabe. No he leído lo suficiente al respecto. Ante la duda, me conformo con sentir una simple simpatía por que Madrid gane.

Actualización, 6 Julio 2005, 13.01
No ha habido suerte. Madrid se ha quedado descolgada en la tercera votación, confirmando las predicciones que la veían como tercera ciudad en la pugna. He vivido la votación con una insólita emoción; esto de poder seguir este tipo de acontecimientos a tiempo real por Internet le da bastante salsa a las cosas.

En lo que no se han cumplido las predicciones ha sido en la ciudad ganadora: a pesar de que la favorita era París, Londres tendrá en honor o la desgracia de organizar los Juegos en el 2012.

lunes, julio 04, 2005

De uno en uno y con el carné en la boca

En el Reino Unido no hay carnés de identidad. Es una cosa que me extrañó bastante cuando me vine a vivir aquí. En España son obligatorios, y daba por hecho que era algo normal en la mayoría de los países. Aquí sin embargo viven perfectamente sin ellos; cuando es necesario confirmar tu identidad, se recurre al pasaporte o al carné de conducir, y para rellenar formularios, en vez de dar el número de DNI como en España, se usa la fecha de nacimiento para confirmar quién eres.

Pero puede que todo esto cambie en unos años. La semana pasada Tony Blair logró aprobar en la Cámara de los Comunes el proyecto de ley de la introducción de tarjetas de identidad en el Reino Unido, en medio de una gran polémica y con el voto en contra de unos treinta diputados rebeldes de su propio partido. El Gobierno de Blair lleva varios años promoviendo la puesta en marcha de tarjetas de identidad (ID cards), argumentando que son necesarias para hacer frente a distintos problemas actuales, como el fraude en la seguridad social, la inmigración ilegal, o la amenaza terrorista. Estas tarjetas de identidad servirían para centralizar en un solo documento información personal diversa que actualmente es manejada de forma inconexa por distintas agencias y organizaciones estatales. En una única tarjeta-chip se incorporarían datos de seguridad social, información fiscal e incluso la licencia de conducción, junto con sofisticada información biométrica que permita, mediante reconocimiento de iris o examen de huellas digitales, confirmar la identidad del titular.

Los Conservadores, principal grupo de la oposición en el Parlamento, apoyan las tarjetas de identidad, lo mismo que una parte significativa de la población. En contra están los liberal-demócratas y distintos grupos de defensa de las libertades individuales, quienes ven en esta centralización de información en una única base de datos gubernamental una peligrosa erosión del derecho a la privacidad. Pero no son ellos la principal amenaza para la aprobación de la ley, sino el coste: según estimaciones, cada tarjeta de identidad podría llegar a costar más de 100 libras, un precio que la mayoría de la gente no estaría dispuesta a pagar de ningún modo.

El asunto de las ID Cards lleva años rondando en el debate político británico. Cuando leí sobre él por primera vez, no acabé de entender el motivo de la polémica. Para mí, tener documento de identidad era lo más natural del mundo, y no veía en ello ninguna agresión a mi privacidad. Ahora, sin embargo, he empezado a apreciar la vida sin carnés de identidad. Puede que sea ficticia, pero la sensación de poder vivir "indocumentado" es bastante liberadora: se siente uno menos observado o contralado por el estado. En España me irrita el abuso que se hace del DNI: debería ser un documento para guardar en casa y usar sólo para gestiones importantes, pero acaba utilizándose para pagar con tarjeta en el supermercado o para hacer exámenes en la Universidad.

Más información: Blair wins first ID card battle (BBC)

jueves, junio 30, 2005

Compre ya su billete para Navidad

Noticia importante para expatriados españoles en el Reino Unido: EasyJet acabar de poner a la venta billetes para el periodo octubre 2005-marzo 2006. A quien suela volar con esta compañía, que compre cuanto antes los billetes para las escapadas que tenga planeadas en esos meses. Especialmente recomendable es comprar ya el billete para las Navidades. Hace un rato, cuando hice la reserva, los precios de vuelos para vacaciones de Navidad habían subido ya considerablemente, aunque aún eran bastante económicos: el mío me ha salido por ochenta y pico libras.

Lo del año pasado no creo que se repita: el billete para Navidades me salió por unas cuarenta libras. Creo que éste es el precio de billete a Madrid más barato (quitando ofertas) que se puede conseguir en EasyJet. Lo compré allá por septiembre, nada más enterarme de la gran noticia: poco después de que me mudara a la ciudad, EasyJet inauguraba la ruta aérea Madrid-Bristol. Tan pronto como nos enteramos, el grupo de amigos de aquí empezamos a avisarnos unos a otros, y antes de terminar la mañana cada uno nos habíamos comprado un mínimo de dos billetes, uno de ellos eNavidad, a precio de risa. Un año después, la noticia de estos vuelos ya se ha difundido del todo y es difícil conseguir gangas, salvo que se compre con muchísima antelación.

Con este billete, a mitad de año tengo ya planeados, con billete reservado y todo, todos mis viajes a España para lo que queda de 2005. Es una de las habilidades que adquieres cuando vives fuera de tu país: el arte de comprar billetes de avión a buen precio. Que en realidad no es una ciencia complicada: suele bastar con planear tus días de vacaciones con cuanta más antelación posible. Para fines de semana sueltos, con comprar el billete mes y medio antes suele ser suficiente para conseguir un precio de menos de 100 libras, que está bastante bien. Si las fechas escogidas son señaladas, como cuando coinciden con algún bank holiday, es mejor comprarlo al menos dos meses antes. Para periodos como Semana Santa, o sobre todo Navidades, es prudente adquirir el billete mínimo tres o cuatro meses antes. Por supuesto, volar entre semana suele salir más barato que coincidiendo con viernes o domingos.

Todo esto se debe a la forma como funcionan los sistemas de reservas de las compañías aéreas. A la hora de ponerlas a la venta, las plazas de cada vuelo se dividen en varias bandas de precios. Por ejemplo: un 10% de plazas a £15 libras, un 20% a £25, un 10% a £50... Cuando se llena el primer grupo de plazas a £15 libras empiezan a venderse el segundo a £15, y así sucesivamente. Las últimas plazas disponibles suelen ser varias veces más caras que las primeras. Así que cuanto antes se reserva un billete, más probabilidades hay de que las plazas disponibles sean baratas. Este ejemplo que he puesto es una simplificación: estoy seguro de que las cosas no son tan sencillas en la realidad. Compañías como EasyJet pueden ofrecer precios tan bajos gracias a la sofisticación de sus sistemas de reservas, que posiblemente son mucho más complejos e inteligentes.

martes, junio 28, 2005

Paralelismos ociosos

Es interesante leer el editorial del hoy del Guardian, sobre la conmemoración de hoy del segundo centenario de la batalla de Trafalgar. Es una muestra de una característica de la prensa inglesa que siempre me choca bastante: su gusto por hacer paralelismos, a menudo más anecdóticos que rigurosos, entre eventos ocurridos en el pasado y el presente. El Guardian habla de esta decisiva batalla naval ocurrida en 1805, en la que los británicos derrotaron a la flota franco-hispana, y no puede evitar la tentación de relacionarla con la reciente trifulca entre Blair y Chirac por el "cheque británico", que también fue comparada hace un par de semanas por los medios británicos con la batalla de Waterloo, cuyo aniversario coincidió con la cumbre europea.

Este tipo de paralelismos ociosos son muy frecuentes en los medios británicos. En los acontecimientos deportivos importantes, en los que Inglaterra o el Reino Unido se enfrenta a otro país, hasta los periódicos serios suelen rebuscar en los libros de historia para escribir reportajes recordando agravios y desencuentros entre ambos, adornándolos con soltura con todo tipo de tópicos y estereotipos culturales. No hay el menor reparo en hablar de odios o rivalidades ancestrales supuestamente presentes en el inconsciente colectivo, por mucho que se remonten a hace siglos. Muchas veces el periodista no puede disimular un tono revanchista, como en el editorial del Guardian: "La batalla no fue un empate. Ganamos. A los franceses, es correcto decir, se les dio una paliza".

Esta vena chovinista me desagrada mucho. Me parece mal que un periódico, que se supone que ha de ser objetivo y desapasionado, escriba con tan poco rigor y tan a la ligera sobre "rivalidades entre pueblos". Lo veo poco serio, y demuestra y fomenta una actitud recelosa de los británicos hacia sus países vecinos. En el fondo demuestra inseguridad; en el caso particular de los franceses, los ingleses están continuamente comparándose con ellos.

domingo, junio 26, 2005

Notas estivales madrileñas

Escribo estas líneas desde Madrid, a donde llegué el miércoles pasado para pasar unos días de vacaciones. He cumplido el principal objetivo de éstas: tomar horchata y sudar. En los veranos ingleses no se suda mucho; esto por supuesto no es nada malo sino todo lo contrario, pero yo es que lo echo bastante de menos.

He comprobado cómo la comunidad española en Inglaterra vivimos en una sutil burbuja lingüística: los que llevamos más de dos o tres años hablamos una versión congelada del español de España, libre de las muletillas machaconas "un poquito de por favor" o "pues va a ser que no" que se han incorporado recientemente al idioma. Estas dos son las expresiones en las que me he fijado, pero seguro que hay unas pocas más de las que no me he dado cuenta, ¿alguien sabe cuáles son?

Hoy he descubierto que hay un Pizza Express en Madrid, sólo que no se llama así sino "Pizza Marzano", aunque el menú es exactamente el mismo y el logotipo es muy similar. Debe de ser que en España la marca está registrada por otra compañía. Pizza Express es una cadena creo que británica de pizzerias, presente en varios países; la comida es bastante aceptable y el ambiente muy agradable. Tiene una cosa muy buena, y es que pese a ser una cadena los restaurantes no son todos clónicos sino que cada uno está decorado de una manera distinta, casi siempre con muy buen gusto.

He cogido el coche de mi hermana un par de veces para hacer viajes cortos, y he podido recordar lo mal que conducen los madrileños. Agresivos, temerarios y nada gentiles. El follón de obras que hay montado en la capital no ayuda mucho: la obra faraónica que hay organizada en las incorporaciones a la M30 es monstruosa y no quiero ni imaginarme el caos que tiene que ser los días de diario. Espero que el resultado merezca la pena.

Otra de las cosas interesantes que he hecho es salir el otro día en el Equinocio de Majadahonda, un complejo de ocio con discotecas con una concentración de pijos por centímetro cúbico que sobrepasa los niveles recomendados por la Organización Mundial de la Salud. De todos modos, como cosa buena parece que el pijerío madrileño ha superado el modelo ñoño "náuticos-polo lacoste-pelo engominado" y han abrazado una imagen más moderna, aunque esas camisas de manga larga con camiseta interior duelen a la vista.

Mañana me vuelvo a Bristol. Como siempre, y sobre todo en verano, me parte el corazón irme, después de pasar unos días geniales con mi familia y amigos, y de disfrutar de mi ciudad en lo más hermoso y vibrante del año, cuando los días son largos, las noches son cálidas y las cañas saben más deliciosas y refrescantes que nunca.

miércoles, junio 22, 2005

Picnic en la ciudad

Ahora con el buen tiempo comienza la temporada de picnics. La costumbre inglesa de tomar sandwiches para la comida cobra un nuevo significado cuando se traslada del escritorio de la oficina al césped de un parque. En cualquier ciudad inglesa, a la hora de comer de un día de diario, los parques se llenan de gente de todo tipo y edad tomándose el almuerzo sentados sobre la hierba: desde estudiantes remolones hasta ejecutivos encorbatados. Los fines de semana esta estampa se repite, aunque lo que se verá más serán grupos de amigos y familias, en un ambiente más relajado. El grado de sofisticación de los picnics de fin de semana es también mayor: más gente, comidas más copiosas y variadas, a veces vino, un mantel para estar más cómodo e incluso vajillas y cubiertos. En esta época del año, muchas tiendas de regalos venden cestas y mochilas para picnic, con platos, vasos, servilletas y todo lo necesario para organizar la merendola cursi de tu vida.

La mayoría de la gente no cae en tales complejidades logísticas e improvisa. En Bristol, los sábados por la tarde, se suelen ver muchos grupos de jóvenes en el supermercado comprando cajas de cerveza, bolsas de patatas fritas, y ese invento magistral que ha revolucionado la vida de los ingleses: las barbacoas desechables, que convierten el picnic más sencillo en un festín de salchichorras, bacon, pinchos morunos y hamburguesas. Las barbacoas desechables consisten en una bandeja de aluminio llena de carbón, tapada por arriba por una rejilla de metal. Son bastante baratas (tres o cuatro libras) y se pueden encontrar en cualquier supermercado. Encenderlas es muy fácil: basta prender con un mechero un cartón inflamable que llevan dentro. Lo más peliagudo es que, como se tienen que apoyar en el suelo mientras se usan, el césped se quema y queda luego una marca negra. Por supuesto, hay que tener cuidado de no incendiar nada.

La gente se pone con sus barbacoas por todos lados, en zonas verdes y parques públicos de la ciudad (aunque en algunos parques privados están prohibidas). Es algo que me choca bastante cuando lo veo; no sé si es cosa mía pero me da la impresión de que si alguien se pusiese a hacer lo mismo en Madrid, aparte de atraer las miradas curiosas o de condena de los transeuntes, acabaría siendo amonestado por algún guardia municipal sin otra cosa mejor que hacer.

Más información: Mi comida de hoy (Parquestrit), Picnic (Wikipedia en inglés)

lunes, junio 20, 2005

Descapotables

Con la llegada del sol y el calorcito los propietarios de descapotables pueden estar contentos. Este tipo de coches son bastante populares en Inglaterra, mucho más que en España. Esto puede parecer extraño a primera vista, pero tiene su lógica: aunque en este país no suele hacer buen tiempo muy a menudo, cuando lo hace los días son realmente preciosos, y conducir en uno de estos vehículos es una delicia. En España, en cambio, más que tostarse la coronilla, lo que apetece a uno cuando tiene que conducir en verano es hacerlo encerrado en un coche con aire acondicionado bien potente.

Por cierto: obsérvese que el propietario del coche de la foto parece creer que tener un descapotable le faculta para aparcar en doble línea amarilla.

domingo, junio 19, 2005

Verano

Después de varias desesperantes falsas alarmas, el verano parece que por fin ha llegado a Inglaterra. Ha habido que esperar más de un mes para que llegase el buen tiempo.

El césped de los parques de Bristol ha florecido de margaritas y de multitudes de ingleses torrándose en paños menores o ahumándo al personal con sus barbacoas portátiles. Las inglesas comprueban con espanto que, pese al calor que hace, no se puede llevar menos ropa que la que acostumbran a vestir normalmente el resto del año.

La semana que viene me bajo a Madrid unos días; aunque esto no es sino un pálido reflejo de lo que me espera allí, me ayudará a irme acostumbrando al sofoco.

jueves, junio 16, 2005

Los ingleses y el alcohol

Lo que comentaba en mi artículo de ayer sobre la importancia de la bebida en los tiempos gloriosos de Fleet Street me da pie hoy para hablar de la cuestión general: la actitud de los ingleses hacia el alcohol.

Los ingleses beben mucho, bastante más que los españoles. No suelen ser exquisitos: pese a que mucha gente sabe apreciar un buen vino o una buena cerveza, la mayoría de las veces no se trata de calidad sino de cantidad, y las excelentes cervezas tipo ale británicas se dejan de lado en favor de lagers mediocres como la Fosters australiana, que entran mejor y permiten beber más. En Inglaterra la bebida reina con diferencia es la cerveza, seguida del vino, los refrescos alcohólicos (alcopops) tipo Smirnoff Ice y, quizás, la sidra. También se toman combinados, pero están menos extendidos que en España.

No es sólo cuestión simplemente de que beban más que en España: es algo más profundo. Es la relación de los ingleses con el alcohol la que es distinta. En España, abusar del alcohol es considerado malo. Es cierto que la mayoría de la gente se ha emborrachado alguna vez, sobre todo en su juventud, pero con la edad la gente suele volverse más responsable. Mucha gente puede que recuerde con cariño e incluso alardee de las borracheras de sus años mozos, pero las verá como el tipo de cosas que uno hace cuando es joven e irresponsable. Persistir en este comportamiento de adulto es visto con malos ojos, y aunque por supuesto mucha gente sigue dándole al alcohol liberalmente durante toda su vida, se guardarán bien de alardear de ello en público.

En Inglaterra la situación es distinta. No es que el tema de la bebida no produzca preocupación. Últimamente la sociedad está cada vez más alarmada con el auge de lo que aquí llaman el binge drinking: los excesos alcohólicos que, fomentados por el bajo precio de las bebidas en muchos pubs, convierten las zonas céntricas de las ciudades en territorios sin ley los fines de semana por la noche. La nueva ley de horarios que se instauró en febrero de este año, que teóricamente permite que los bares puedan abrir las 24 horas del día, ha provocado temor en la opinión pública por los excesos a los que puede dar lugar. El alcoholismo de sus jóvenes también es una cuestión que preocupa mucho a la sociedad.

Sin embargo, beber en exceso no tiene en Inglaterra el estigma que tiene en España. La diferencia esencial es que en Inglaterra lo que preocupa de la bebida son sólo sus efectos adversos para el orden público o para la salud, y beber mucho en sí mismo no es visto como algo moralmente malo, como pasa en España. Cuando un inglés habla de sus correrías alcohólicas abiertamente y hasta con gusto, no sólo entre amigos sino también ante desconocidos, su audiencia no le escucha escandalizándose sino con asentimiento cómplice. Las fiestas navideñas de empresa son un ejemplo excelente de esta desinhibición. En ellas, toda la plantilla, hombres y mujeres, desde el currito más humilde hasta el manager más estratosférico, se lanza frenética a la misión de sacarle el mayor partido a la barra libre. Las escenas de desenfreno alcohólico suelen invariablemente quedar plasmadas en fotos que alguien lo suficientemente sobrio consigue tomar, y que en los días siguientes circularán por la oficina para regocijo de los participantes, al mismo tiempo que las batallitas de la fiesta son rememoradas y celebradas en las reuniones.

Es sorprendente cómo los medios de comunicación ingleses comparten también esta actitud relajada hacia el alcohol: en la prensa y las revistas, la bebida se menciona con toda la naturalidad, y en la radio o la televisión muchos entrevistados no tendrán la menor vergüenza de hablar de lo mucho que les gusta beber. Esto sería impensable en España.

Y es que la afición por la bebida está muy metida en el alma inglesa; es análoga al que en países como España la gente tiene por la comida. Mientras que en España hablar de irse a tomar unas tapas a ese bar donde te sirven ese jamoncito tan rico hace brillar los ojos de los presentes, para los ingleses es la mención de ir al pub tradicional que hay en ese pueblecito de las afueras la que produce el resultado análogo. Cualquier ocasión es buena para irse a tomar unas pintas: después del trabajo o de clase, después del gimnasio o de hacer deporte, y por supuesto para celebrar cualquier cosa: cumpleaños, éxitos laborales o cuando alguien se va de la empresa. La madre del cordero en lo que a visitar estos lugares se refiere son los llamados pub crawls. Un pub crawl es equivalente a nuestra costumbre de "irse de bares", en el sentido de visitar varios establecimientos de una zona, con la diferencia de que en Inglaterra invariablemente todo el mundo acaba cocido.

Se puede criticar esa forma de ser inglesa, y los españoles que vivimos aquí a menudo afirmamos con sensación de superioridad que los ingleses "no saben beber", pero pese a todo hay algo en lo que son muchísimo más responsables que en España: en Inglaterra, cuando la gente bebe, nunca conduce. Ya podríamos aprender nosotros de una vez.

miércoles, junio 15, 2005

Adios a Fleet Street

"Fleet Street" ha sido durante años sinónimo de la prensa británica. Esta céntrica calle de Londres concentró durante muchos años las sedes de los diarios británicos más grandes y famosos: The Times, The Mirror, The Mail, The Sun. Su edad dorada fueron sin duda los dos primeros tercios del siglo XX, tiempos gloriosos y románticos para el periodismo, en los que la prensa vivió su gran auge de poder e influencia.

El modelo de prensa tradicional entró en declive a finales del siglo XX, con el advenimiento de las nuevas tecnologías. Fue el magnáte australiano de los medios Ruper Murdoch el que dejó herida de muerte a Fleet Street, al trasladar la sede del diario Sun al suburbio londinense de Wapping. Sus rotativas de última generación dejaron sin trabajo a los impresores, cuyos sindicatos hasta entonces habían tenido un poder formidable. Fue el principio del fin, y el resto de las grandes cabeceras fueron dejando Fleet Street a lo largo de los siguientes años.

Hoy es el turno de Reuters. Esta agencia de noticias es el último gran medio de comunicación que abandona esta mítica calle. La noticia ha recibido bastante eco entre los medios británicos. En la radio y en los principales periódicos de hoy hay extensos reportajes sobre el tema, en los que periodistas de renombre recuerdan los buenos tiempos que pasaron mientras trabajaban allí. Todos parecen estar de acuerdo en lo excitante que era el ambiente en Fleet Street: por las calles y en los pubs se mezclaban reporteros, redactores y editores de todas las secciones de todos los periódicos, y había una sensación de camaradería que ahora añoran, en estos tiempos donde todo el trabajo se realiza sentado en un escritorio en frente de un ordenador.

Lo que más me ha llamado la atención es algo en los que todos coinciden: la importancia del alcohol y los pubs en la vida del periodista de entonces. En el reportaje del Independent de hoy cuentan lo siguiente:

"Y, por supuesto, estaban los pubs. En esos días, en los que no se dudaba en beberse una docena de gin-tonics antes de volverse a casa en coche, y cuando la característica definitoria de su trabajo era sentarse a esperar a que algo ocurriese, el pub era el epicentro de la vida de un periodista.

Cada diario tenía su propio bar. Los periodistas del Telegraph se bajaban en un momento al King and Keys. Los del News of the World bebían en The Tipperary, conocido como el Tip. El Harrow era territorio dividido: el piso de arriba era de los redactores del Daily Mail, y abajo estaban los impresores. En el piso de arriba del
Cheshire Cheese se podía encontrar a los del Sun, dándole a la botella hombro con hombro con los corresponsales industriales."

Un fantástico ejemplo de la actitud desacomplejada de los ingleses (no sólo los periodistas) hacia la bebida.

Más información: La Muerte de Fleet Street (Periodistas21)
Farewell to Fleet Street (The Independent)
Farewell, Fleet Street (BBC)

lunes, junio 13, 2005

Primark

Primark es una cadena británica de tiendas de ropa muy barata, presente en muchas ciudades del país, entre ellas Bristol. Sus precios suelen ser más baratos incluso que los de España (vaqueros a £10, camisetas a £2). Lógicamente, la ropa que venden no es terriblemente estilosa ni suele ser el último grito de moda, aunque si se tiene buen ojo se pueden hacer muy buenas compras. La relación calidad-precio suele ser bastante aceptable, a veces incluso mejor que la de otras cadenas de tiendas como H&M, Next o Topshop. Los locales no son, eso sí, nidos de glamour, y a última hora de la tarde son una verdadera leonera, con toda la ropa descolocada y tirada por el suelo ante la indiferencia de las antipáticas dependientes.

El Primark es casi una institución para una parte importante (sobre todo femenina) de la comunidad española de Bristol, en concreto para el típico estudiante sin mucho dinero que han venido a la ciudad a aprender inglés trabajando en empleos temporales. Pero no sólo ellos: mucha gente que está más establecida aquí es también fan del sitio, e incluso a veces hay quienes vienen unos días de visita desde España y aprovechan para ir a la tienda a arramplar con todo.


viernes, junio 10, 2005

Después del hijo y el árbol

Todo el mundo, en algún momento, ha fantaseado con la idea de escribir un libro. Hoy en el Guardian he leído este reportaje sobre la clásica historia del escritor novel que pasa de servir cervezas en un pub a vender miles de ejemplares de su obra. Gideon Defoe, un recién graduado en arqueología y antropología, escribió su novela corta The Pirates! In an Adventure with Scientists a partir de una conversación con amigos en un pub, mientras trabajaba pluriempleado en Londres. Defoe envió después su obra a un agente literario, que se interesó por ella y dio inicio al largo y tortuoso proceso, descrito en el reportaje, que culminó en su publicación.

En Inglaterra está muy establecida la cultura del escritor aficionado. Si uno va a una librería cualquiera encontrará decenas de libros de ayuda para plumas primerizas, no ya sólo sobre cómo escribir novelas en general, sino cubriendo todo tipo de aspectos de la creación literaria: construcción de personajes, técnicas de descripción y cómo desarrollar argumentos, por poner unos pocos ejemplos.

En general, la cultura de los libros está bastante extendida en este país. Desde hace unos años se han puesto de moda los clubes de lectura (reading groups o book clubs): reuniones no académicas de amigos en los que se comenta la lectura de un libro. Incluso hace un par de años pusieron en la tele la serie "The Book Group" basada en el fenómeno.

martes, junio 07, 2005

Pueblos clónicos

El otro día, en mi articulito sobre Irlanda, comentaba de pasada cómo los pueblos ingleses cada vez se parecen más unos a otros. Precisamente ayer leí en el diario Guardian sobre este tema: el laboratorio de ideas New Economics Foundation ha publicado un informe en el que se alerta sobre el hecho de que, durante los últimos años, muchas poblaciones británicas se han convertido en "pueblos clónicos" sin identidad por culpa de la proliferación de las grandes cadenas de tiendas, que fuerzan la extinción del comercio local y deshumanizan las ciudades. La noticia ha tenido bastante eco en otros medios, incluyendo la BBC.

Esta preocupación no es nueva: los británicos son conscientes desde hace varios años de la falta de individualidad de muchos de sus pueblos. Por lo que he observado, es una enfermedad que aqueja sobre todo a las poblaciones de tamaño medio. En un extremo, las aldeas y pueblecitos pequeños ingleses suelen ser sitios adorables y pintorescos . En el otro, las grandes ciudades, si bien no suelen ser modelos de elegancia, suelen tener personalidad por su historia o patrimonio monumental. En medio quedan los pueblos o ciudades de tamaño medio, meros espantajos de hormigón sin alma ni encanto.

Yo estuve viviendo varios años en uno de estos lugares: Maidenhead, una población de unos sesenta mil habitantes en el condado de Berkshire, a unos 60 kilómetros al oeste de Londres. En honor a la verdad, el pueblo no estaba tan mal: situado a orillas del Támesis, relativamente cerca de Londres en una de las zonas más prósperas de Inglaterra, en medio de una zona rural de pueblos pintorescos, y con un excelente abanico de servicios y entretenimiento. No es, sin embargo, el lugar más apropiado para alguien que busque vivir en un sitio con personalidad: el centro urbano consiste en una calle peatonal y un centro comercial cubierto, ambos copados por los mismos comercios de siempre: Woolworths, Argos, Boots, Marks & Spencer, Phones 4 Us, Coffee Republic, McDonald´s, Next, Topshop, HMV, Virgin, Tesco... Los fines de semana esta calle principal se abarrota de gente que va de tienda en tienda febrilmente de compras. A las cinco cierran todo y el centro queda desierto, haga bueno o malo. No queda nada que hacer por ahí, sólo volverse a casa o ir al pub. Otras poblaciones cercanas, Reading y Slough, ofrecen el mismo desolador panorama, sin el consuelo de contar con una hermosa ribera a la que poder huir del consumismo los fines de semana.

Ahora vivo en Bristol, que si bien su centro está infectado por la misma enfermedad, cuenta con un buen número de otras zonas sanas por las que se puede pasear y disfrutar de la singularidad del lugar: Park Street, Whiteladies Rd, Gloucester Road, Clifton Village. Hay también un montón de parques públicos donde ir de picnic o a pasear cuando hace buen tiempo. En España, afortunadamente, las cadenas de tiendas aún no han llegado a la situación de supremacía que se da en el Reino Unido, pero tenemos que estar prevenidos: todo llegará.

lunes, junio 06, 2005

Power shower

El artilugio de la foto no es muy común en los baños de las casas españolas, pero en Inglaterra está muy extendido: es una bomba de agua para la ducha.

En Inglaterra, el agua que se suministra a las viviendas no suele llevar mucha presión. No sé por qué. Esto no suele ser un problema para los grifos del lavabo o de la cocina, pero en la ducha es otra cuestión. Una ducha por sí sola no suele proporcionar más que un triste y débil reguerillo de agua.

Es por ello que, para poder disfrutar de un potente chorro de agua calentita que nos anime las mañana y nos consuele de haber tenido que dejar la cama, es preciso utilizar uno de estos aparatos eléctricos. Son muy sencillos de usar: mediante un único control giratorio se regula la mezcla de agua fría y caliente. A veces, otro control permite regular la fuerza del chorro. La mayoría de las casas inglesas que he visto cuentan con estos aparatos; es uno de los puntos a tener en cuenta cuando estás buscando un sitio para alquilar.

En Inglaterra la cultura de la ducha no está tan instituida como podríamos pensar; aún mucha gente prefiere bañarse, y no con mucha regularidad. La segunda casa en la que viví en Inglaterra, alquilada junto con dos amigos, sólo tenía una simple bañera. Tuvimos que comprarnos una ducha de mano acoplable a los grifos parecida a ésta. A falta de bomba eléctrica, el chorro de agua era más bien modesto. Estuvimos un año malduchándonos, haciendo malabarismos para sostener la ducha y enjabonarnos al mismo tiempo. Pero sobrevivimos; a todo se acostumbra uno.

miércoles, junio 01, 2005

Visita a Irlanda

El pasado fin de semana lo he pasado en Dublín visitando a unos amigos, aprovechando el bank holiday del lunes. No era la primera vez que visitaba el país; la anterior y primera vez fue hace cuatro años. En esta ocasión, no he ido con afán de turismo, sino simplemente para disfrutar el cambio de aires. Aproveché un vuelo barato de Ryanair, en un avión de segunda mano destartalado con las alas llenas de parches.

Irlanda es un país pequeño, de alrededor de cinco millones de habitantes. No es su capital una gran metrópoli, aunque la tremenda prosperidad de los últimos años, que ha convertido al país en uno de los más ricos de Europa, le ha traído un aire cosmopolita y moderno que antes no tenía. En la calle se ven gentes provenientes de multitud de países: orientales, europeos del este, y por supuesto españoles.

Dublín es un destino turístico de bastante éxito. Es evidente por la cantidad de tiendas de recuerdos que infectan el centro, vendiendo multitud de horrendos souvenirs que repiten machaconamente los mismos tópicos sobre el país: tréboles, cerveza Guiness y leprechauns (el típico duende irlandés), todo ello de un imprescindible color verde. No hay en Dublín, en cualquier caso, una oferta de sitios interesantes que ver comparable a la de otras ciudades europeas (Londres, París o incluso Madrid). No hay monumentos espectaculares ni museos importantes, aunque sin duda se pueden encontrar tesoros como el libro de Kells, un precioso manuscrito del siglo IX que se exhibe en el famoso Trinity College. No son los monumentos lo que atrae a los visitantes, sino la cultura popular, la fama de sus pubs y la famosa simpatía de los irlandeses. La popularidad de lo irlandés es algo que siempre me ha llamado la antención. Irlanda es una nación bastante pequeña, y sin embargo mucha gente se siente muy atraída por ella y por su cultura. Todos los años la celebración de San Patricio tiene gran eco en Inglaterra, más incluso que la de San Jorge. Gentes de todo el mundo sienten interés por la música, los bailes y el folclore irlandeses. Quizás algo tenga que ver en esto el que una parte importante de la población estadounidense sea de origen irlandés, de modo que la cultura irlandesa se ha promocionado a través de la norteamericana.

Pese a la falta de lugares destacados que visitar, Dublín es una ciudad muy agradable para pasear por ella, si el tiempo (frío y húmedo, incluso peor que el inglés) te lo permite. El eje de Dublín es el río Liffey, y su centro está en la interesección de éste con la calle O´Connell. El elegante "Dublín Georgiano" se encuentra sobre todo al sur del río. También al sur está Temple Bar, el "barrio bohemio" de la ciudad, lleno de bares, pubs, restaurates y teatros, y Grafton Street, una muy concurrida calle peatonal llena de tiendas.

Siempre que visito otros países me encanta observar y fijarme en los detalles que los hacen distintos unos de otros. El caso de Irlanda, por ser un país bastante joven que se emancipó del dominio británico hace menos de cien años, es especialmente interesante. Al haber estado sometido por los británicos durante siglos, muchas cosas son muy similares en Irlanda y en Inglaterra. El casco antiguo de Dublín, que precisamente se llama "Dublín Georgiano", refiriéndose al reinado del rey inglés Jorge IV, tiene un marcado aire británico. Los coches también circulan por la izquierda, y aún sobreviven algunos buzones típicos ingleses con monograma del rey y todo, aunque pintados de verde. Las similitudes también se extienden a muchos detalles contemporáneos. El mobiliario urbano (semáforos, papeleras) es similar. Muchos de los autobuses son de dos pisos. En las zonas comerciales hay las mismas tiendas de cadena que en Inglaterra hacen que muchos pueblos parezcan copias clónicas unos de otros: Boots, Virgin, HMV, Marks & Spencer.

Al mismo tiempo, hay muchas diferencias. Al revés que en Inglaterra, donde son amantes de las calles estrechas y serpenteantes, en Dublín hay muchas avenidas amplias y agradables, flanqueadas por sencillos edificios de ladrillo, no especialmente lujosos pero con bastante encanto. Fuera de la capital, las diferencias son más marcadas. Los pueblos definitivamente tienen otro aire. Los irlandeses parecen no estar tan obsesionados como los ingleses en vivir en chalés: muchas de las urbanizaciones que se han construido últimamente (Irlanda vive un boom de la construcción) son de pisos.

¿Y qué hay de los pubs? El pub es una de sus instituciones más famosas, para mucho ejemplo y encarnación de lo irlandés. Hace no mucho criticaba yo en este blog sobre los sucedáneos de pub irlandés que han proliferado en Madrid. Al revés que lo que estas caricaturas poco imaginativas nos pueden hacer pensar, los pubs irlandeses no tienen rasgos característicos muy marcados; y en ese sentido no son muy distintos de los pubs ingleses: simplemente locales acogedores, generalmente amplios, con distintas salas con mesas para sentarse y una o varias barras donde se sirven las bebidas, predominantemente cerveza. La decoración varía desde ser inexistente a ser recargadísima, con antiguedades, cuadros, anuncios antiguos y ese tipo de detalles que se suelen asociar a estos sitios. En la Wikipedia he encontrado este artículo(en inglés) donde se habla de los pubs y se mencionan algunas diferencias entre los ingleses y los irlandeses. Éstos últimos suelen llevar el nombre de su dueño (o de su antiguo dueño), y son frecuentes las actuaciones en vivo. A esto añado yo, aunque no he visitado suficientes pubs irlandeses como para estar seguro, que en Inglaterra es más común que los pubs sirvan comida.

Durante el viaje estuve visité varios pubs que me gustaron muchísimo. Uno de ellos es el Hole in the Wall, un edificio muy largo en las afueras de Dublín con un ambiente muy acogedor, Johnnie Fox, un famosísimo pub de campo que ha sido visitado por personalidades de todo el mundo, y O´Neills, en el centro de Dublín, donde para las comidas montan un autoservicio en el que sirven platazos de carne asada con una montaña de acompañamiento. Algo que me defraudó, sin embargo, fueron las cervezas. No encontré la fabulosa variedad de cervezas artesanales que se puede encontrar en Inglaterra. Probé la cerveza tipo ale Smithwicks, pero no me gustó; prefiero mil veces las bitter inglesas. En cuanto a lagers, los irlandeses beben mucho cervezas norteamericanas como Budweiser o Coors, además de Heineken o Carlsberg. Por supuesto, bebí Guinness. No me disgusta, aunque la encuentro un poco pesada.

Más información: Libro de Kells (Wikipedia en inglés), Public Houses (Wikipedia en inglés)