jueves, marzo 09, 2006

Nombres de calle

En España somos muy creativos poniendo nombres a las calles. No sólo recurrimos a los usuales lugares geográficos (carrer d´Aragó) o personajes históricos (calle de Colón), sino también a temas más variados como afluentes de ríos (calle del Tambre), héroes deportivos (Avenida de Miguel Induráin), estadistas del siglo XX (calle de Gorbachov), nombres de zarzuelas (calle Pan y Toros), e incluso profesiones (Calle del Guardia Jurado). A quien quiera disfrutar de un arrebato de inventiva sin límites le sugiero que se pasee por el callejero de Getafe, donde en unos pocos cientos de metros cuadrados conviven hombro con hombro constelaciones, instrumentos musicales, asignaturas de colegio, estilos arquitectónicos, disciplinas deportivas y todo lo que le venía a la calenturienta mente de su planificador urbano. No podía faltar, como no, la "calle del Payaso Charlie Rivel" o la "calle del Amor", esta última situada en frente de la "calle de la Poesía" y al lado de la "calle del Hockey".

En el Reino Unido, sin embargo, los nombres de las calles suelen ser bastante más sosos. Suelen ser principalmente una mezcla de topónimos y nombres de personas, con muy poco margen para la originalidad. Casi siempre están compuestos por una o como mucho dos palabras de sonido bastante neutro, como por ejemplo Gordon Road, o Princess Victoria Square, muy lejos del barroquismo que se alcanza en España con ejemplos tales como "Paseo del Concejal Hermenegildo Lumeras de Castro". Además, la mayoría de los nombres de calle de una ciudad suelen repetirse en otras ciudades. Regent Street, Queen Road, King Square, Napier Road, All Saints Avenue, Marlborough Lane, y por supuesto High Street son nombres de vías que están presentes a lo largo de todo el país. Sólamente en Londres hay calles que se repiten en distintos barrios de la ciudad.

En lo que sí que hay gran riqueza es en el "latiguillo" que lleva el nombre. "road", "lane", "grove", "avenue", "drive", "crescent", "gardens", "row", "lawn", "vale" son unos pocos ejemplos de calificativos usados. Suele ser habitual que un barrio entero esté cruzado de calles del mismo nombre y distinta terminación: en Bristol, por ejemplo, tenemos Cotham Hill, Cotham Brow, Cotham Road, Cotham Gardens, Cotham Vale... Puede ser muy confuso a la hora de encontrar una dirección, pero tiene la ventaja de que sabes que los nombres de calle similares suelen estar cerca unos de otros. Otra cosa que me llama mucho la atención es que estos latiguillos a menudo se usan de forma bastante arbitraria. El "avenue" de "Park Avenue" no implica que la calle sea una amplia avenida, sino que puede tratarse perfectamente de una callejuela minúscula. Una excepción son los calificativos "drive" o "close", que sí que son significativos, ya que casi siempre indican callejón sin salida. Merece la pena tenerlos en cuenta cuando se está conduciendo.

lunes, marzo 06, 2006

Morris Dance

El pueblo inglés es sorprendentemente parco en folclore. Al contrario que otros países europeos como España, que cuentan con una rica variedad de tradiciones populares, los ingleses son, en general, bastante suburbanos y desarraigados, y las únicas tradiciones de renombre son todas las asociadas a la pompa y circunstancia de la monarquía.

Una de las escasas muestras de expresiones festivas populares es el Morris Dancing, una colorista danza popular en la que danzarines vestidos vistosamente dan brincos agitando unos palos y haciéndolos chocar. Yo la presencié una vez en la calle principal de Maidenhead, un sábado por la mañana: una serie de personas, la mayoría bastante talluditos, caracoleaban ante la mirada divertida de los compradores y paseantes.

La verdad es que, aunque tiene un aspecto bastante ridículo, es muy divertido de ver, y estoy seguro que los participantes se lo pasan en grande. He encontrado en YouTube este corte de video de una danza Morris. Que lo disfrutéis... :).



Más información: Morris Dancing (Wikipedia en inglés)

sábado, marzo 04, 2006

Quedada en Bristol

Corto y pego el anuncio de JorgeP publicado en Spaniards.es:

Los miembros de Spaniards.es en Bristol vamos celebrar un Beer and Blogs el martes día 7 de marzo en el pub Watershed (ver mapa) a las 8:00 pm.

Este Beer and Blogs nace con la idea de conocer en persona los integrantes de Spaniards.es que residan en la zona. Cualquier miembro de Spaniards.es que se encuentre en las inmediaciones de Bristol esta más que invitado a asistir.

Y no sólo miembros de Spaniards.es, por supuesto. Si andáis por Bristol el martes por la tarde pasaos por el Watershed y nos vemos las caras.

jueves, marzo 02, 2006

World Book Day

El Día del Libro se celebra en todo el mundo el día 23 de abril. ¿En todo el mundo? ¡No! El Reino Unido e Irlanda han escogido celebrar esta efeméride el día 2 de marzo, es decir hoy. En el sitio web del World Book Day explican que el motivo de esto es potenciar el carácter promocional del evento entre los colegiales, ya que el 23 de abril cae durante vacaciones escolares.

Esta falta de reparos a la hora de mover celebraciones y aniversarios según se considera conveniente es algo típicamente británico. La muestra más clara es el hecho de que en el país no haya un solo día festivo "de calendario": los ocho bank holidays oficiales son movibles, de modo que siempre caen en lunes o viernes, algo de lo que ya hablé hace meses en este blog.

El Día del Libro fue instaurado por la UNESCO hace unas décadas. Según se explica en la web, la idea de celebrarlo el 23 de abril partió de Cataluña, donde en este día se celebra la hermosa tradición del libro y la rosa. El 23 de abril es la efémeride de la muerte de Shakespeare y Cervantes, además del nacimiento de otros grandes escritores como Nabokov o Josep Pla. No sé por qué motivo los británicos han escogido el 2 de marzo para celebrar su día del libro particular. Quizás sea para celebrar el cumpleaños de Jon Bon Jovi.

Es una lástima porque, dentro de la miriada de Días Internacionales y Jornadas Mundiales que tratan vanamente de atraer la atención del público sobre diversos asuntos el Día del Libro es quizás uno de los más célebres. Poniéndolo el 2 de marzo, los británicos corren el riesgo de su repercusión se vea eclipsada por la del Día de las Tortitas, celebrado en el país el martes pasado.

Más información:
World Book Day

miércoles, marzo 01, 2006

Cosas del idioma

Este fin de semana he hecho una corta escapada a Madrid para no perderme la fenomenal nevada que cayó el sábado por la noche. Nevada que, por cierto, me he traído a Bristol.

Como siempre que paso unos días en España, mi cerebro ha podido experimentar la leve confusión de escuchar a la gente hablando español a mi alrededor. Es una cosa muy curiosa: en Inglaterra suelo estar rodeado de españoles, y además hablo todos los días con mi familia, de modo que de ningún modo descuido la práctica de mi idioma materno. Sin embargo, estoy acostumbrado a que a mi alrededor, en la calle, o en el trabajo, la gente hable en inglés. De este modo, las primeras horas que paso en Madrid, cada vez que oigo hablar a la gente en español a mi alrededor siento extrañeza, como si la conversación ajena fuese conmigo. Otro efecto curioso es que, cuando tropiezo con alguien, me sale automáticamente el "sorry" en vez de "perdón".

Cuando me bajo a España, algo con lo que tengo que tener cuidado es con lo que digo en voz alta. En el Reino Unido se puede hablar en español con la práctica certeza de que a tu alrededor la gente no te va a entender. Es algo, por cierto, tremendamente liberador. Si algún dependiente de una tienda te trata mal o si algún desconocido te empuja o te molesta puedes despotricar contra él (no en su cara, desde luego) sin temor a que te entienda y se monte el pollo. También es posible, cuando se tiene el ánimo cabroncete, criticar o burlarse de la alguien a pocos metros de él o ella. O, quizás, admirar a viva voz los atributos físicos de una moza o mozo que pasa por la calle sin temor a situaciones comprometidas. Uno se acostumbra y disfruta tanto de esta falta de escrúpulos al hablar que hay que tener cuidado de vuelta a España, donde todo el mundo te entiende.

miércoles, febrero 22, 2006

Restaurantes españoles

Sigo hablando de comida, y eso que, en escribiendo estas líneas, acabo de cenar (tengo un amigo inglés que siempre se queja de que los españoles no paramos de hablar de comer, incluso después de las comidas). En la anotación anterior decía que en el Reino Unido se pueden encontrar más restaurantes indios que italianos. ¿Y qué hay de los españoles? ¿Hay muchos restaurantes españoles en el país británico? La respuesta es: pues no, más bien pocos.

Es algo bastante frustrante: pese a la presencia de una comunidad española de un tamaño respetable, pese a que España es uno de los destinos favoritos de los británicos a la hora de mendigar un poco de sol fuera de su triste isla lluviosa, en el Reino Unido hay poquísimos restaurantes españoles. No es que la cocina española sea desconocida aquí: todos los británicos saben lo que es la paella, y muchos han probado y aprecian la tortilla española. También saben lo que son las tapas, que sirven en muchos pubs y restaurantes con ínfulas de sofisticados, aunque más como concepto de "platos pequeños para compartir" que como especialidades genuinamente hispanas. Creo que el motivo de la poca presencia de la gastronomía española en la hostelería británica es que, al revés que otras comunidades como la india o la italiana de hace unas décadas, los españoles que venimos aquí es casi siempre de forma temporal, de modo que falta el sustrato necesario para que surjan negocios del estilo de un restaurante regentados por compatriotas.

Y no sólo hay pocos restaurantes españoles, sino que muchos de ellos son bastante mediocres, y para más inri, suelen ser bastante caros. El mejor ejemplo de esto es La Tasca. Se trata de una cadena presente en numerosas ciudades del país. En realidad la comida no está tan mal, pero lo que sirven como especialidades españolas por precios exorbitantes no tienen mucho que ver con la realidad. Seguramente ni los chefs ni los propios dueños de la cadena sean españoles.

Sospecho que ese es el problema en el Reino Unido: que pocos restaurantes españoles están realmente regentados por españoles. Una muestra clara es que muchos de ellos están decorados como los británicos creen que es el "ambiente español", que no suelen tener mucho que ver con cómo son los locales en España. Cuelgan alguna rueda de carreta, ponen un par de macetas con geranios y ya está. Lo que más gracia me hace es que todo suele estar pintado con tonos anaranjados, color sin duda muy mediterráneo pero que en España no suele ser muy habitual para decorar los establecimientos de hostelería.

Afortunadamente, sí que es posible encontrar sitios genuinamente españoles y de calidad. Desgraciadamente, no puedo recomendar muchos. En una ocasión estuve en un restaurante español en Brighton que estaba muy bien, Casa Don Carlos creo que se llamaba. En Bracknell visité otro que no estaba nada mal, no me acuerdo del nombre. En Bristol me han hablado bien de El Puerto, pero nunca he estado.

Es una lástima que la cocina española esté tan poco extendida fuera de nuestro país. Desde luego, no tiene la sofisticación de la francesa, ni el gancho facilón de la italiana, pero tiene una variedad regional fabulosa y cuenta con un buen número de platos estrella que sin duda deberían triunfar fuera de nuestras fronteras. El otro día hice un par de tortillas de patata y una ración de chorizo a la sidra para la fiesta de un amigo mío en Londres y tendríais que ver cómo se abalanzaban los ingleses sobre ellas.

viernes, febrero 17, 2006

Comida india para principiantes

Recuerdo la primera vez que fui a un restaurante indio. Había llegado a Inglaterra apenas hacía unos meses, y unos cuantos del trabajo organizaron una cena en un restaurante de Southall. Southall es un barrio del oeste de Londres donde hay una comunidad indostánica muy importante, y el establecimiento fue escogido por una mujer de origen indio, de modo que sin duda debía de tratarse de un lugar de categoría: una manera envidiable de introducirse en el mundo de la gastronomía india. Desgraciadamente, no me acuerdo muy bien de cómo fue ni el restaurante ni la comida. Lo que sí recuerdo vivamente es el absoluto desconcierto que sentí al enfrentarme a la carta y a la sucesión de platos desconocidos y de nombres incomprensibles que ésta contenía.

Con el tiempo y frecuentando estos restaurantes uno acaba familiarizándose con platos tan exóticos. Pero al principio uno se pregunta siquiera si logrará acordarse para la próxima vez del nombre de lo que se ha pedido. A lo largo de estos años he hablado con muchos españoles en Inglaterra, y algunos de ellos me contaban que no solían ir a indios precisamente por esa sensación de ignorancia, de no saber qué pedir. También a la gente que visita el Reino Unido desde España le suelo recomendar que vayan a comer a estos sitios, pero a la mayoría les intimida entrar en un lugar donde no se tiene ni idea de lo que te van a servir.

La mejor manera de ir a un cenar a un restaurante exótico es cuando se tiene a alguien que conoce el tipo de comida y te puede aconsejar. Desgraciadamente, no siempre se dispone de quien que te pueda dar ideas sobre qué tomar, y el caso de los restaurantes indios es especialmente complicado porque en el menú suelen ofrecer infinidad de platos distintos. En esta anotación daré unos consejos sobre qué pedir cuando se visita un indio. Los platos y acompañamientos que recomiendo son los que suele tomar la mayoría de la gente. Donde fueres, haz lo que vieres.

En primer lugar, algunos preliminares. Aunque para un español eso de "comida india" suena rabiosamente exótico, es algo muy corriente y extendido en el Reino Unido. Es más fácil encontrar restaurantes indios que italianos, y la penetración de la comida india en los hábitos ingleses es tal que no es infrecuente que los pubs más tradicionales en medio del campo ofrezcan en su menú un pollo tikka massala. Los establecimientos indios son, además, bastante baratos: por apenas £15 libras se puede cenar muy bien. Quizás por esto, no suelen ser sitios "refinados". Los fines de semana es muy habitual ir a cenar a un indio antes de salir de marcha, y cuando en un restaurante hay varias mesas con grupos de ingleses con ganas de juerga os aseguro que el ambiente no suele ser muy íntimo.

De todos modos, como se puede imaginar, los restaurantes indios que se pueden encontrar en el Reino Unido no son más que un pálido reflejo de la gastronomía del subcontinente. Por no ser no son ni indios: la mayoría de ellos están regentados por bangladesíes. Otra confusión es el término de "curry". En el Reino Unido suele utilizarse para referirse a la comida india en general, independientemente de si lleva esta especia o no.

Pero vayamos al grano. El neófito que visita por primera vez un restaurante indio se sorprenderá seguramente de la recargada decoración de motivos hindues del local y de la obsequiosa amabilidad de los camareros. Luego se le ofrecerá la carta y posiblemente desfallecerá ante el papelón de tener que elegir algo de entre esa lista interminable. Si tiene suerte la descripción de cada una de las especialidades será lo suficientemente evocadora como para que le seduzca alguna de ellas ("tender pieces of chicken marinated in our chef´s special sauce"), pero muchas veces no son más que simples relaciones de ingredientes escritas con faltas de ortografía ("chiken with tomato, coriandor, pepper and creem").

¿Qué me pido? Ante la duda, sugiero lo siguiente: de entrante, un popudum, cuya ortografía es variable según el capricho de cada restaurante en cuestión: papadum, papadom, pupadum, etc. Es una especie de oblea enorme parecida a un bocabit, que está hecha creo que de harina de lenteja. Se toman partíendolas en trozos y poniéndoles encima alguna de las salsas o compotas (chutneys) con las que siempre vienen acompañadas: de mango, lima, cebolla, pepino, coco... De entrante también son muy típicos los bhajis de cebolla, especies de pelotas de cebolla frita, las samosas, empanadas triangulares rellenas de carne o de verdura, o quizás kebabs: rollos de carne enrollada adobada con especias.

¿Y de plato principal? Si es la primera vez que vas a un indio, sugiero sin duda el plato más típico: el pollo tikka massala. Consiste en trozos de pollo cocinados al horno servidos en una salsa espesa que lleva nata y diversas especias. Para quien lo prefiera, lo suele haber también con cordero o gambas en vez de pollo. No es un plato picante, así que podéis pedirlo tranquilos. Otros platos típicos son el balti (que pica un poco pero no mucho), el korma (hecho con coco y de sabor suave y dulce), el jalfrezi (con tomates, cebolla y pimiento, y medianamente picante) y el madras (bastante picante). Como nota curiosa, estos platos se suelen servir en una cazuelita que el camarero coloca sobre unos artilugios que hay en medio de la mesa, que tienen una vela dentro que los mantiene calientes mientras se toman. Todos ellos suelen estar disponibles con pollo, cordero o gambas. En otro orden de cosas, otra especialidad que quizás os interese es el tandoori. Consiste en pollo o cordero marinado cocinado a la brasa en un horno especial. Al revés que los platos anteriores, no suelen llevar salsa, o mejor dicho, ésta suele servirse aparte.

Ninguno de los platos que describo arriba es insoportablemente picante (bueno, el madras quizás sí lo sea, aunque todo depende de vuestra tolerancia). Si buscáis emociones fuertes, sugiero el vindaloo, y si lo que tenéis es tendencias suicidas el phaal. Una vez tomé este último y cuando acabé de tomarlo me dolía la boca, literalmente.

Sea lo que sea lo que hayáis pedido de plato principal, lo típico suele ser tomarlo con arroz. Éste a veces está incluido en el plato, pero casi siempre hay que pedirlo aparte. En el menú veréis varios tipos: si no sabéis cuál escoger, os recomiendo el pilau. Es un arroz de tipo basmati cocinado con especias aromáticas: laurel, clavo, cardamón. No tiene un sabor fuerte, y es el acompañamiento perfecto para la salsa de vuestro curry. También podéis pedir pan si queréis. El más típico es el naan, que es un pan ácimo plano con forma de halcón milenario. Lo hay relleno de carne o de coco o sin nada; yo prefiero éste último. Es ideal para mojar en la salsa. Otros platos de acompañamiento que se suelen pedir son las bombay aloo o patatas bombay, que son patatas cocidas en una salsa muy especiada pero que no pica apenas nada.

Después del festín, os retirarán los platos y os traerán una canastita con toallitas enrolladas. Cuidado: ¡están calientes! Son para que os limpiéis las manos. Luego, si os queda sitio en el estómago, podéis pedir el postre. No lo recomiendo: generalmente suelen ser helados o sorbetes que compran ya hechos. Tampoco pidáis café: posiblemente será de filtro. No hace falta que pidáis nada. No os mirarán mal: en España es raro, pero en Inglaterra es bastante común cenar y no tomar nada de postre.

Queda pedir la dolorosa, hacer las cuentas a pachas, el trasiego de dinero y el cuánto dejamos de propina. ¿A que no ha sido tan terrible? Así que ya sabéis: ya no tenéis excusa. Este mismo viernes os vais a cenar a un indio. Ya veréis como le cogéis el gusto y, después de unos pocos años, os habréis convertido en auténticos adictos como yo.

Más información: Curry Nights (Parquestrit)

jueves, febrero 16, 2006

Chavs

Ya me había fijado en ellos desde hacía un par de años, poco después de llegar a Inglaterra. Se los podía ver en grupos, vagabundeando con aire aburrido por el centro de Maidenhead, muchas veces congregados a la salida del McDonalds. La mayoría bastante jóvenes, muchos apenas adolescentes. Ellos con el craneo rapado bajo su gorra de béisbol, vistiendo chándales de tonos azules y blancos, luciendo cadenorros del cuello menos brillantes que el color insultantemente blanco de sus zapatillas de deporte. Ellas con un estilo del mismo aire: zapatillas también blancas, pantalones pesqueros ajustados, sudaderas de tonos pastel abiertas dejando ver escotes imposibles, toneladas de bisutería dorada (incluyendo los imprescindibles pendientes de aro), capa de varios centímetros de pote; el pelo recogido estirado con tanta saña que parece pegado al cráneo.

Es evidente que, como yo, gran parte de la población británica también se había fijado en ellos. Su salto a la fama fue el año pasado: de la noche a la mañana se popularizó el término chav para referirse a estos jóvenes, a su (in)cultura y a su peculiar forma de vestir. El vocablo empezó a figurar en las conversaciones y chistes de los británicos, al tiempo que los medios de comunicación, siempre ojo avizor a las tendencias de la sociedad, lo adoptaban con entusiasmo, publicando numerosos artículos y reportajes para aplacar la repentina curiosidad de la población por esta peculiar especie suburbana.

Después de tal voragine, el vocablo chav está ya tan sobado y tan reducido al estereotipo que ya no se sabe muy bien a qué se refiere. A grandes rasgos, la palabra "chav" (o "chavette" si es una chica) se utiliza para referirse de forma despectiva a los adolescentes y jóvenes, generalmente de clase baja, que visten ropa deportiva de marcas falsas, lucen joyas y complementos llamativos y ostentosos (estilo también llamado bling bling) y que se dedican principalmente a cobrar el paro y a practicar el gamberrismo y la violencia menor. Últimamente el elemento más llamativo de su estereotipo es el Burberry: en el imaginario popular, el chav siempre lleva una gorra o algún detalle de su vestimenta decorado con los cuadros beis característicos de esta exclusiva marca inglesa, a quien como os podéis imaginar no le ha hecho ninguna gracia que la asocien con estos jóvenes. Otro elemento característico de su forma de vestir (pero no exclusivo de los chavs) son las sudaderas con capucha (hoodies), asociadas últimamente con la delincuencia juvenil en general, hasta tal punto que en algunos lugares del país han sido prohibidas.

Una vez popularizado el vocablo, la sociedad británica se lanzó con fiereza a vilificar a los chavs. Los oportunistas no tardaron nada en publicar libros y sitios web ridiculizándolos. Es evidente que tal saña no es sino una muestra del latente clasismo de los británicos, para quienes el aspecto estridente y el comportamiento de los miembros de esta cultura juvenil es suficiente justificación para denostarlos. Muchos comentaristas se han dado cuenta de esto y lo han criticado, señalando que la cultura chav no es más que una válvula de escape por la que esta clase desfavorecida trata de expresar (a su manera) su dignidad. La polémica periodista y misántropa Julie Burchill se ha autoerigido en defensora de los chavs, y recientemente presentó un documental reivindicándolos.

Yo después de tantas toneladas de reflexión me siento bastante avergonzado, puesto que también yo he participado con ligereza en los chistes y chascarrillos ridiculizando a los chavs. Y he de reconocer que sigo sintiendo desagrado cuando los veo. Al final todo es una cuestión de incomunicación: nunca he hablado ni he conocido a ninguno de ellos. El problema de la sociedad británica, tan estratificada y con tantas diferencias entre clases, es que es muy propensa a este tipo de prejuicios entre comunidades. Me quedo con la sociedad española, donde hay una mayor relación y entendimiento entre clases sociales.

Más información: Chavs (Wikipedia en inglés)

lunes, febrero 13, 2006

Brunel y el Puente Colgante de Clifton

Aunque Bristol es un ciudad bastante agradable para vivir, sobre todo si la comparamos con otras ciudades y pueblos británicos, como visita turística es bastante modesta. Pese a ello, cuenta con suficientes atracciones interesantes como para llenar un día de excursión. Hasta ahora apenas he hablado en este blog de Bristol y de sus lugares emblemáticos. Voy a intentar remediarlo, y comenzaré hoy con la más famosa de las atracciones de Bristol: el Puente Colgante de Clifton.

Se trata, como el propio nombre indica, de un puente que cuelga de la garganta del río Avon, comunicando el barrio de Clifton (donde vivo yo, por cierto) con el suburbio de Leigh Woods, en el oeste de la ciudad. Fue diseñado por el ingeniero victoriano Isambard Kingdom Brunel. Brunel es uno de esos ejemplos de personaje histórico famosísimo en el Reino Unido y absolutamente desconocido fuera del país. En Bristol se le venera; no sólo diseñó el puente de Clifton sino también la estación de Temple Meads. En una macroencuesta organizada en 2002 en todo el país para el programa de la BBC The Greatest Briton, en el que se trataba de averiguar cuál era la personalidad histórica más admirada por los británicos, terminó en segundo lugar después de Churchill. Brunel fue un auténtico prodigio de la ingeniería del siglo XIX. Fue el artífice de la revolucionaria línea de ferrocarril Great Western Railway entre Londres y Bristol. También diseño el buque transatlántico Great Eastern, el primero capaz de navegar sin paradas entre Londres y Nueva York.

El puente colgante de Clifton fue diseñado por Brunel cuando tenía apenas 23 años, aunque su construcción fue interrumpida durante años por falta de fondos. Pese a que finalmente se llevo a cabo un diseño algo más modesto que el planeado, el monumento es sin duda espectacular, tanto por su elegancia como por lo dramático del paisaje que lo rodea. El puente sigue siendo utilizado en la actualidad para el tránsito de vehículos, previo pago de un pequeño peaje de 30p. También es accesible para peatones, y los fines de semana se llena de visitantes haciendo fotos y asomándose para disfrutar de las fabulosas vistas de la ciudad.

El puente se puede ver a vista de pájaro gracias a Google Maps. Abajo podéis ver también un vídeo que hice hace unos meses, en el que se puede observar lo grandioso del paisaje que lo rodea:



Más información: Isambard Kingdom Brunel, Clifton Suspension Bridge (Wikipedia en inglés)

miércoles, febrero 08, 2006

Gran Bretaña contra Francia

Del mismo modo que la literatura y otros tipos de arte más elevado nos permiten descubrir lo más elevado y espiritual de una cultura, los anuncios de televisión son una forma fantástica de explorar su cara más mundana y, generalmente, no tan edificante: sus deseos y preocupaciones, sus pudores y sus prejuicios. No hace falta, además, escarbar muy hondo: mientras que esos otros tipos de arte más cultivado suelen evitar presentártelo todo masticado, prefiriendo la insinuación y la indirecta a la hora de comunicar su mensaje, la publicidad, cuyo fin principal es el mercantil, no puede permitirse el lujo de que éste pase desapercibido, de modo que dejan de lado por completo las sutilezas y apelan con desparpajo a las emociones y preocupaciones más básicas: la glotonería en los anuncios de dulces, el afán de afirmar el estatus propio en los anuncios de automóviles, la vanidad en los anuncios de ropa.

Mucho se podría decir de los anuncios que suelen poner en la televisión británica, pero eso lo dejo para otro día. Hoy quería simplemente hablaros de este anuncio del nuevo Renault Clio, que desde hace unas semanas ponen frecuentemente en la televisión y en los cines del país, y que ilustra a la perfección una de las particularidades de la psique británica: su obsesión por compararse continuamente con los franceses.



Los ingleses, por lo general, le tienen manía a los franceses. Es una antipatía distinta de la que tienen hacia los alemanes; mientras esta última está teñida de odio por motivo de la II Guerra Mundial, la que tienen hacia Francia es una complicada mezcla de admiración, envidia y sentimiento de inferioridad. Los británicos perciben a los franceses como sofisticados, y envidian su saber disfrutar de la vida. Frente a ellos, se sienten sosos y descoloridos. La prensa británica suele publicar con bastante frecuencia reportajes comparando ambos países, casi siempre de forma desfavorable hacia el Reino Unido: sobre educación, servicios públicos, alimentación. Hay un interés muy grande por todo lo francés, y mucha gente sueña con irse a vivir al país galo. Es significativo que a pesar de que Francia está sufriendo en estos momentos una crisis de confianza, y que durante los últimos años la marcha de la economía británica ha sido brillante, los ingleses siguen recurriendo a los revanchismos. Y a emitir anuncios de televisión recordándose a sí mismos que vencieron a Napoleón en la batalla de Waterloo.

viernes, febrero 03, 2006

El cambio de la muerte

¿Queréis tocarle las narices a ese dependiente inglés que siempre es tan borde y que tan mal os cae? La mejor manera es, cuando vayáis a pagar, dárselo con el cambio preparado. Es decir, si la compra cuesta, pongamos, seis libras cuarenta y seis peniques, le dais un billete de diez y una libra con cincuenta y uno para que os dé de vuelta cinco libras en billete y una moneda de 5p. Veréis la cara que pone.

Pagar de esta forma, con cantidades no redondas de modo que el cambio sí lo sea y poder deshacerse de la calderilla, es algo bastante habitual en España. Los dependientes están acostumbrados a ello, aunque evidentemente casos tan retorcidos como el descrito arriba no creo que les hagan mucha gracia. Aquí en Inglaterra, sin embargo, estos líos aritméticos no se llevan. Incluso con situaciones no tan complicadas como la de arriba, como pagar con un billete de cinco y una moneda de 5p para algo que cuesta £4.55 (para que te den de cambio una moneda de 50p), lo normal suele ser que el tendero se quede desconcertado mirandose la mano con el dinero, intentando entender por qué diablos no te has conformado con pagarle sólo con el billete.

Esta reacción podría entenderla si sólo se limitase a mercadillos u otros sitios donde no cuentan con cajas registradoras de las que tecleas el dinero que te han dado y te dicen qué vuelta le tienes que dar al cliente. Pero es que hasta en los supermercados los cajeros se quedan perplejos y con aire de fastidio cuando les pagas con el cambio optimizado, a pesar de que lo único que tienen que hacer es contarlo y meterlo en la maquinola para saber lo que te tienen que devolver. Está visto que no están preparados contra la obsesión española de librarse de la chatarra como sea.

martes, enero 31, 2006

Pub quiz

Hoy volviendo a casa desde el trabajo ponían en la radio este programa de humor sobre los pub quizzes, y se me ha ocurrido que es un tema interesante del que podía hablar aquí. El pub quiz es otra de tantas tradiciones británicas y un componente pintoresco de la cultura de los pubs. Se trata de un concurso que se suele organizar en muchos de estos locales un día fijo de la semana, a menudo el lunes o el martes, me imagino que para animar un poco el ambiente del comienzo de la semana. Esta abierto a la participación de todos los parroquianos, y creo que siempre suele ser gratuito. Se suele jugar por equipos con la gente con la que has ido al pub.

La mecánica es muy sencilla: un camarero coge un micrófono y comienza a dictar preguntas, a las que se ha de responder en un papel que con un bolígrafo se ha repartido previamente entre los equipos participantes. Otras veces las propias hojas son fotocopias de preguntas, acertijos o fotos sobre las que hay que responder algo. Los quizzes suelen ser temáticos; los temas más típicos son música, deporte, cine o televisión. Pese a que la puesta en práctica suele ser informal y distendida, las preguntas pueden llegar a ser endiabladamente difíciles. Además, como siempre, los extranjeros tenemos el handicap añadido de que no siempre es fácil entender lo que están diciendo.

Los quizzes no suelen durar mucho. Al terminar de dictarse las preguntas llega el momento de comprobarlas. Es un momento de dolorosas reminiscencias de la vida escolar: los equipos se intercambian las hojas y las contrastan con las respuestas que el camarero va leyendo. Según los fallos y los aciertos se puntúa a cada equipo, y el que gana se lleva algún premio. No muy espectacular, claro: una botella de vino, una ronda gratis o quizás camisetas.

Pese a que todo esto suena bastante poco emocionante y algo bobo, y a que uno no se imagina a un inglés dejándose distraer por nada distinto de beber una pinta detrás de otra, los pub quizzes son sorprendentemente populares entre todo tipo de gente. Muchos pubs los anuncian en tablones con la misma profusión y aparatosidad con la que otros alardean de sus televisiones de gran formato para ver los partidos de la liga. El que el tema levante tanto interés lo demuestra la extensión de la literatura que se puede comprar al respecto.

Más información: Pub Quiz (Wikipedia en inglés)

domingo, enero 29, 2006

Ni frío ni calor

La foto de la izquierda no es del pasado verano. La tomé ayer sobre la una y pico de la madrugada en el centro de Bristol, cuando la mayoría de la gente ya empezaba a salir de los pubs para volverse a casa. La calidad no es muy buena, pero creo que no hay problemas en distinguir a una pareja de ingleses: él vistiendo una simple camisa de manga corta y ella luciendo una minifalda. Al lado camina otra inglesa también sin abrigo y con los brazos desnudos. En estos días el Reino Unido está sufriendo la misma ola de frío que se ha extendido por toda Europa, y la temperatura en el momento de tomar la foto debía de ser de 0 grados. Ni frío ni calor.

Este es uno de los misterios más incomprensibles para los españoles que vivimos en el Reino Unido: la aversión que los británicos sienten por abrigarse cuando salen de copas. A un número sorprendentemente grande de gente le da igual que haga frío o calor, que sea verano o invierno.
Visten siempre de la misma forma. Lo típico suele ser una simple camisa de manga corta para ellos, y minifaldas imposiblemente cortas y escotes hasta el ombligo para ellas. Recuerdo mi primera visita al país, meses antes de venirme a vivir aquí. Pese a que ya me habían hablado de ello, cuando vi por primera vez las cuadrillas de inglesas semidesnudas en pleno mes de febrero con temperaturas que hacían no podía creer mis ojos. Pasados cinco años, aún sigo igual de asombrado.

No es algo generalizado. Un buen número de personas sí que llevan abrigo o chaqueta cuando hace frío. O al menos se ponen un jersey. Pero incluso esta gente suele ir menos abrigada de lo que iría la gente en España con la misma temperatura. La explicación de que los españoles estamos menos acostumbrados al frío porque es un país más caluroso no me convence. Esto podría ser cierto para las regiones más templadas, pero en sitios como Madrid es bastante frecuente que las temperaturas sean más bajas que las de Inglaterra, donde no es habitual que bajen de 5ºC.

Y vamos, se mire como se mire es absolutamente de locos ir en manga corta con 0 grados. Aún no he encontrado ninguna explicación que me satisfaga. No puede ser que sea una muestra de simple virilidad "pa chulo yo": las mujeres también lo hacen. También he pensado que quizás sea que de beber tanto alcohol luego no sienten el frío, aunque también he visto gente en mangas de camisa durante el día con aspecto indudablemente sobrio. He preguntado a ingleses pero ninguno me ha dado una respuesta satisfactoria. Si alguien me puede dar una explicación le estaré eternamente agradecido.

viernes, enero 27, 2006

Spaniards.es

Eneko Alonso ha montado un portal para los españoles que vivimos en el extranjero: spaniards.es. Una idea fantástica y además muy bien puesta en práctica. Pese a tratarse de una versión beta, ya cuenta con un montón de contenidos interesantes. Además de las secciones habituales de foros y noticias, ofrece algunos servicios muy interesantes: un mapamundi con la localización de los usuarios registrados y un agregador de repartidores RSS y XML que permite leer desde una misma página los blogs escritos por muchos de ellos. Gracias a esta página he logrado descubrir un buen número de bitácoras muy interesantes de compatriotas que vive en lugares tan exóticos como Congo o Irán.

Por supuesto, yo también me he registrado y he colgado mi perfil y mi blog en el portal.

miércoles, enero 25, 2006

Historias del inglés

Hace un par de semanas me terminé de leer The Stories Of English, de David Crystal. Se trata de libro divulgativo sobre la historia de la lengua inglesa, que he leído con bastante interés (y esfuerzo). Me lo compré animado por una reseña muy positiva del Guardian, pero he de decir que me ha defraudado un poco. Más que una historia de la lengua en su totalidad se centra casi exclusivamente en la evolución de su vocabulario, pasando muy de puntillas por cómo ha evolucionado la gramática u otros aspectos interesantes como la pronunciación.

Es, de todos modos, una lectura muy recomendable. Una de sus puntos fuertes es la pasional defensa que hace de la riqueza que el idioma inglés tiene en sus distintos dialectos y variedades. Critica ferozmente la postura de quienes, durante siglos, han condenado toda forma de hablar distinta de la norma culta. Aunque nunca han tenido una institución al estilo de la Real Academia española, en el mundo de las letras inglesas no han faltado nunca literatos y gramáticos de gran autoridad que han pontificado sobre cómo se habla y escribe el idioma correctamente, y hasta hace poco un requisito imprescindible para el éxito social era hablar un inglés ajustado estrictamente a la norma. Recientemente, sin embargo, la sociedad ha revisado estas actitudes y en los medios y en la vida pública ha habido una explosión de gente expresándose sin complejos con acentos de todos los lugares del país. Aunque aún persisten los prejuicios, desde luego, y una cuidada Received Pronounciation da muchos puntos para moverse en muchos círculos sociales.

Página de BeowulfLos inicios de la historia del inglés se remontan a los siglos V y VI , con la caída de la sociedad britanorromana a causa de la invasión de las tribus de los Anglos y de los Sajones, que provenían del continente europeo, concretamente de donde hoy es el norte de Alemania y el sur de Dinamarca. Estas tribus establecieron varios reinos en los que se desarrollaron distintos dialectos de Inglés Antiguo (Old English). Esta lengua evolucionó con influencias decisivas del latín, de las lenguas célticas prerromanas y de la lengua nórdica de los Vikingos, que durante esos siglos invadieron y se establecieron en el norte del país. Era un idioma muy distinto del inglés de ahora, del cual no han sobrevivido muchos textos. La obra más famosa escrita en inglés antiguo es el poema épico Beowulf. Este enlace de su prólogo da una buena idea de lo mucho que ha evolucionado la lengua desde esos tiempos.

ChaucerEl inglés antiguo duró hasta el siglo XI, cuando los normandos invadieron Gran Bretaña bajo el mando de Guillermo el Conquistador. Rápidamente lograron hacerse con el control del país. El francés, idioma de los invasores, se impuso durante siglos como lengua de gobierno, relegando al inglés, que comenzó un periodo de rápida evolución conocido como Inglés Medio (Middle English). A esta lengua se incorporaron miriadas de palabras provenientes del latín y del francés, al tiempo que su gramática se simplificaba mucho. Pese a que mucha gente lo desdeñaba, con el tiempo el inglés medio ganó el prestigio literario con autores tan geniales como Chaucer, sin duda el más célebre de esta época, quien a principios del siglo XV escribió los costumbristas Cuentos de Canterbury (Canterbury Tales). Uno de los más famosos de estos cuentos es The Wife of Bath. Como se puede ver, el inglés de Chaucer ya se va pareciendo al moderno.

Durante esos años la lengua inglesa era una entidad fluida e inestable, y convivían innumerables dialectos y ortografías. En el siglo XV la introducción de la imprenta en Inglaterra por parte de Caxton quizás fue el determinante de que la lengua comenzase una inexorable tendencia a la normalización. Es el comienzo del Inglés Moderno, aunque el periodo inicial suele considerarse aparte como "Inglés Moderno Temprano" (Early Modern English). Aunque aún sufriría bastante evolución a lo largo de los siguientes siglos hasta el momento actual, el idioma que surge entonces es fundamentalmente el mismo que el que se usa ahora, y cualquier lector angloparlante culto es capaz de entender sin excesivo esfuerzo los textos escritos en esos años (Shakespeare es un buen ejemplo). El posterior florecimiento de Inglaterra, tanto en lo político como en lo cultural, contribuyó a que el prestigio de esta lengua fuese creciendo y llegase a expandirse por todo el globo, enriqueciéndose aún más con las palabras provenientes de las culturas donde aterrizaba.

Lo anterior es un burdo y espero que no muy inexacto resumen de lo que cuenta el libro. Para el que le interese el tema, hay un buen número de libros escritos para el gran público que tratan sobre la historia del inglés (The Adventure of English, de Melvin Bragg o Mother Tongue de Bill Bryson son dos ejemplos). También, como siempre, se puede encontrar información sobre la historia del inglés en la Wikipedia inglesa. Las pasadas navidades intenté encontrar en Madrid libros divulgativos sobre la historia del castellano pero no vi casi nada. Una lástima.

Temas relacionados: Dialectos del inglés en el Reino Unido (Parquestrit)

lunes, enero 23, 2006

Hombres anuncio en Londres

Hace unas cuantas semanas encontré en el Guardian un reportaje sobre los hombres anuncio londinenses. Estos individuos son unos de los elementos más peculiares del paisaje urbano de esta metrópoli. Suelen apostarse por el centro de la ciudad, en las calles y cruces importantes, sosteniendo pancartas, llevándolas sujetas de la mochila o a veces incluso vistiéndolas, como en los tebeos. Suelen anunciar establecimientos cercanos: tiendas de ropa, librerías de viejo, sitios de compraventa de oro, aunque el anuncio más famoso es el de "Golf Sale" ("rebajas en artículos de golf"). Por lo visto se debe a una tienda de accesorios de golf rebajados de cerca de Regent Street que hace unos años comenzó la moda de este tipo de anuncios. Una buena muestra del sentido de humor inglés es que este lema ha pasado ya a la cultura popular, y se puede encontrar en camisetas, en fotos publicitarias o en esta obra de Banksy.

Más información: The Board Guys of London´s West End (The Guardian)

miércoles, enero 18, 2006

Patatas fritas

La pasada semana leí en el Guardian este reportaje, que trata sobre uno de los componentes imprescindibles de la dieta británica: las patatas fritas de bolsa. La bag of crisps constituye junto con el sandwich el almuerzo diario de millones de británicos.

Al igual que en España las tenemos de sabores característicos nuestros como a jamón o barbacoa, aquí también las venden con sabores típicos de aquí como pollo asado, sal y vinagre, salsa Worcester o pollo Tikka Massala. Últimamente los fabricantes de patatas fritas están tratando de popularizar patatas fritas de gama alta con sabores extravagantes como queso azul con arándanos o chile con mango, a precios más elevados. Pese a estas originalidades, según el mencionado reportaje del Guardian el sabor más popular es el de queso y cebolla. La marca más extendida es Walkers, las mismas que en España se comercializan bajo el nombre de Lay´s.

Curiosamente, pese a haber una variedad enorme de marcas y sabores de patatas fritas, no la hay tanto de otros tipos de aperitivos como ganchitos o fritos. Tampoco tienen tanto éxito las onduladas, comercializadas casi exclusivamente por la marca McCoy´s con sabores igual de asquerositos. Lo único que se acerca en popularidad a las patatas fritas son los triángulos de maíz. Mención especial merecen los twiglets, especie de palos retorcidos negruzcos de sabor inclasificable y sin duda alguna asqueroso.

Por cierto, esta es una buena ocasión para aclarar una confusión linguística entre el inglés británico y el norteamericano. En el Reino Unido chips se refiere a las patatas fritas alargadas que se toman recién hechas, como en el famoso plato de fish and chips, y crisps es la palabra que se usa para las patatas fritas planas de bolsa. En Norteamérica, sin embargo, potato chips es la palabra que se utiliza para hablar de estas últimas, y french fries o simplemente fries para las anteriores.

Más información: The Great British Crisp Challenge (The Guardian), Página sobre aperitivos británicos (Taquitos.net)

martes, enero 17, 2006

El Economist y el estatuto catalán

El otro día hablaba del eco que habían tenido en la prensa británica las malhadadas declaraciones del Teniente General Mena sobre el estatuto catalán. Hoy acabo de echar un vistazo al último número del Economist, publicado el pasado viernes, y me encuentro nada menos que con un editorial más un artículo en la sección europea tratando este tema. No me gusta seguir hablando de un asunto tan descorazonador, pero es que el contenido de ambos es realmente jugoso.

El Economist es un prestigioso semanario británico de noticias que lleva publicándose desde 1843. Pese al nombre, no sólo trata temas económicos sino que ofrece una cobertura excelente sobre noticias de todo tipo, centrándose en la política pero no olvidándose de lo social o cultural. En ocasiones es bastante espesito de leer, e irrita lo petulantemente que habla sobre determinados temas, pero en un país como el Reino Unido, donde la prensa ofrece una cobertura bastante deficiente de asuntos internacionales, es la única publicación seria donde se pueden encontrar noticias detalladas y en profundidad sobre lo que ocurre en el mundo.

El cuanto a su línea editorial, es de un marcado liberalismo, del cual se sienten abanderados. Pero este liberalismo va más allá de lo económico: mientras el típico simpatizante de derechas español se encontrará en su salsa leyendo las prescripciones económicas que propone esta revista, lo más seguro es que en otros temas como el matrimonio homosexual o la religión se lleve un buen chasco.

Precisamente un chasco se deben de haber llevado los autoproclamados apóstoles españoles del liberalismo al leer el explosivo tratamiento que da el Economist al asunto de Mena y el Estatut. "Como sólo una minoría de los votantes catalanes desean genuinamente la independencia, consentir un poco al sentimiento nacionalista funcionaría de maravilla, incluso si esto supusiese aceptar la mayor parte del nuevo estatuto catalán y, si fuese necesario, cambiar la Constitución Española de 1978. De hecho, el Artículo 8 del texto de 1978 debería ser rectificado de todas las maneras para eliminar cualquier atisbo de excusa para una intervención militar. Una democracia moderna debe de ser capaz de acomodar autonomía regional, e incluso deseos claros de independencia" es la rotunda opinión que proclaman hacia el final del editorial(€). También afirman que "la rotunda negativa del gobierno del Partido Popular, bajo el mandato de José María Aznar, de siquiera hablar con los nacionalistas vascos y catalanes ha servido para azuzar el fervor secesionista en ambas regiones".

El Economist no tiene reparos a la hora de repatir críticas a todos los protagonistas. En el artículo de páginas interiores(€), hablando de la destitución de Mena por parte de José Bono, muestran un sorprendente conocimiento de la peculiar personalidad del ministro de defensa afirmando que "es irónico que los comentarios del Ten. Gen. Mena están en la tradición del patriotismo de opereta del que el Sr. Bono hace gala tan a menudo".

Aunque el Economist demuestra un conocimiento de la realidad política española bastante encomiable, las conclusiones a las que llega en su editorial no me convencen nada. Pero me divierte comprobar cómo la supuesta afinidad ideológica que esta revista tiene con el pensamiento de derechas no evita que sostengan una postura diametralmente opuesta a la mantenida por la derecha española en el asunto del estatuto catalán. Y es refrescante leer a alguien escribiendo sin complejos ni condicionantes sectarios sobre un tema que tanta bilis está haciendo segregar en mi pobre país. Aunque claro, desde lejos todo se ve muy fácil.

domingo, enero 15, 2006

Pegando voces

Los españoles solemos hablar muy alto. No sólo en situaciones informales, como cuando salimos con los amigos o charlamos animadamente, sino también en conversaciones serias del trabajo o con desconocidos. Cada vez que me bajo a Madrid, al principio me siento un poco incómodo por el exagerado volumen de voz que la gente que habla a mi alrededor. Aunque en uno o dos días ya me he vuelto a acostumbrar.

En España puede que nos pasemos de gritones, pero en el Reino Unido mucha gente habla con un tono de voz ridículamente bajo. Recuerdo la desesperación que esto me producía a los primeros meses de llegar al país, cuando aún no estaba acostumbrado a los mil y uno acentos británicos. Mi problema no era tanto de compresión sino de audición: en las conversaciones de la cantina, a la hora de comer, la gente hablaba tan bajo que no les oía. Ahora que ya he hecho mi oído al inglés me las apaño mejor, aunque me sigue exasperando el susurro de gata en celo que muchos británicos usan al hablar.

Las conversaciones en el Reino Unido también suelen ser más sosegadas en otros aspectos. La gente suele esperar a que el otro deje de hablar antes de intervenir, de modo que no se suele ver la desagradable costumbre de subir el volumen propio para evitar que otra persona te interrumpa. Aunque son también bastante menos animadas. Los momentos de silencio son bastante habituales. La gente permanece callada mirando su vaso de cerveza durante largos segundos, hasta que a alguien se le ocurre algún nuevo tema de conversación. En España esto es impensable: hay un pavor absoluto hacia estas situaciones.

Esto de ser escandaloso al hablar no es una particularidad exclusiva de los españoles, desde luego. Dentro de Europa otros pueblos como el italiano o (me imagino) el griego la comparten. Fuera de Europa, los indios también parece que están acostumbrados a hablar con un tono de voz bastante recio, puede que incluso mayor que en España. Es algo que he observado en algunas personas provenientes de la India con la que he trabajado en el Reino Unido. Esto unido a lo directos que suelen ser al hablar hace que al oído inglés suenen muy agresivos.

El que yo mismo me haya dado cuenta de esto es buena muestra de que viviendo aquí también yo me he contagiado de esta costumbre de hablar bajo. No es cosa sólo del idioma: he observado que cuando nos juntamos españoles solemos ser menos escandalosos de lo que somos cuando estamos en España. Otra señal de que llevamos demasiado tiempo aquí.

jueves, enero 12, 2006

Leyes antitabaco

La Ley Antitabaco ha levantado pasiones en España tras su introducción a principios de año, y eso que el único cambio de costumbres verdaderamente importante que impone a los ciudadanos es algo tan de sentido común como que no se pueda fumar en el trabajo. En cuanto a bares y restaurantes se refiere, la gran mayoría seguirán permitiendo fumar, aunque los locales grandes habrán de habilitar zonas estancas de no fumadores.

Nada que ver con el alcance de lo que, precisamente estos días, se está planteando en el Reino Unido: prohibir por completo fumar en lugares públicos. El Proyecto de Ley de Salud (Health Bill) lleva ya dando vueltas por la arena política durante meses, aunque inicialmente se hablaba sólo de hacer ilegal el consumo de tabaco en locales donde se sirviese comida. Últimamente, sin embargo, un número creciente de diputados laboristas parecen dispuestos a llegar aún más lejos con la prohibición.

La actual legislación británica es bastante difícil de interpretar en cuanto al tratamiento del tabaco se refiere. Aunque técnicamente no está prohibido fumar en el puesto de trabajo, los derechos que ésta garantiza al trabajador no fumador hacen que en la práctica lo esté. En cuanto a pubs y restaurantes, no hay limitaciones, aunque en la práctica la mayoría de los restaurantes y en algunos pubs hay zonas de fumadores y de no fumadores, y en los bares está prohibido fumar en la barra para que los camareros no tengan que sufrir el humo

Más información: Free vote ´possible´ on voting ban (BBC)

martes, enero 10, 2006

Visto desde lejos

Exceptuando acontecimientos de justificada resonancia mundial como los atentados del 11-M o el hundimiento del Prestige, que recibieron un tratamiento de primera página durante varios días, en los medios de comunicación británicos no aparecen con mucha frecuencia noticias sobre España. En la prensa, este país aparece muy de vez en cuando en las escasas páginas internacionales de los diarios británicos. Y cuando esto ocurre, hay las mismas probabilidades de que se trate de una noticia seria que de que sean simples pamplinas, como por ejemplo esta noticia publicada hace semanas en el Guardian sobre un taxista que ganó una beca para leer El Quijote.

No es muy frecuente que varios diarios británicos den cobertura a una mismo suceso ocurrido en España. Cuando esto ocurre es una buen indicativo de que la noticia realmente es relevante. Es precisamente lo que ha ocurrido con el asunto del polémico discurso del Teniente General José Mena. La noticia apareció el lunes en The Guardian, Daily Telegraph y The Times, y ayer en el Independent. También aparece en el sitio web de la BBC. A través de escolar.net me entero de que el diario de información económica Finantial Times incluso incluye un editorial altamente significativo sobre el tema.

Escuchar noticias sobre el propio país en medios extranjeros (en este caso, británicos) suele ser una experiencia refrescante. Uno puede bajar las defensas y confiar que el tema posiblemente está siendo tratado con imparcialidad. Es agradable poder descansar de esa suspicacia continua que es imprescindible mantener continuamente cuando se acude a los medios españoles, tan vendidos a oscuros intereses propios o ajenos, con los que hay que afilar al máximo el sentido crítico para que no nos tomen el pelo.

Esta distancia es muy útil para escapar de tribalismos y ver las cosas con más claridad, sin preconcepciones sectarias. Pero es un arma de dos filos. Desde fuera es muy facil malinterpretar el porqué de lo que acontece en otro país, sobre todo si no se tiene un interés o conocimiento suficiente del carácter peculiar de éste. En Europa tenemos opiniones muy definidas sobre un montón de cosas a lo largo del planeta: Oriente Medio, Asia, Rusia, Estados Unidos. Después de ver cuán a menudo periodistas británicos no se enteran de la copla interpretando acontecimientos ocurridos en España, país europeo de cultura bastante similar a la del Reino Unido, me pregunto cuántas de las opiniones que tengo sobre lo que ocurre en rincones del planeta donde nunca he estado se acercan a la realidad.

Apuntes posnavideños

Una de las ventajas de cogerse unas vacaciones navideñas largas es que cuando vuelves la mayoría de la gente ya hace unos días que lleva trabajando, de modo que te ahorras participar del sentimiento comunal de desconsuelo que se da en los primeros días de después de las fiestas. En Inglaterra no celebran festividad de Reyes ni nada similar, de modo que el periodo navideño termina con Año Nuevo, aunque es habitual que la gente se coja uno o dos días más libres.

También las rebajas suelen comenzar antes que en España. El finde que viene iré a echar un vistazo a ver si veo algo, aunque a estas alturas estoy ya asqueado de gastar dinero. Además, para entonces ya no quedará mucho que ver. Las rebajas británicas suelen ser distintas que las de España: no duran tanto, y los descuentos no son generales sino a determinados productos. Al revés que las españolas, donde más o menos ya sabes lo que te vas a encontrar, en las británicas hay veces que buscando bien se encuentran verdaderas gangas.

El domingo pasado estuve en el Sainsbury´s haciendo la compra de reabastecimiento post-vacacional. Me hizo gracia ver cómo esta cadena de supermercados ha expandido su línea "be good to yourself" de alimentos bajos en calorías. Al sobrepeso, fruto de los excesos gastronómicos del periodo festivo, se le unirá pronto la llegada de las facturas de la VISA y una confluencia de otros agravantes que, según los expertos, entrarán en conjunción el próximo día 24 de enero haciendo que éste sea el día más triste del año.

Prometo sobreponerme a la melanolía y, durante estas aciagas semanas, proseguir mi labor de cronista de la vida británica. Un saludo y que la fuerza os acompañe.

sábado, enero 07, 2006

22 kilos

He terminado de llenar la maleta hace un rato, y como siempre la he pesado en la báscula de baño para ver si llevo mucho sobrepeso. No creo que haya problemas. Nunca me han cobrado exceso de equipaje, aunque no recuerdo cuánto era la franquicia de Easyjet. Lo que sí es seguro es que le pondrán la etiqueta de "Heavy".

Dentro de unas horas me vuelvo a Bristol. Terminan dos semanas de intensas vacaciones en Madrid, yo diría que las mejor aprovechadas desde que vivo fuera de España. Cuando compré el billete, allá por agosto, volver el domingo salía bastante más caro que coger la vuelta para hoy. Hoy me alegro de haberlo hecho así: tengo el día de mañana entero para recuperar las fuerzas antes de la terrible vuelta a la realidad del lunes.

Durante dos semanas da tiempo a volver a acostumbrarte a la vida en España. Al cabo de ellas ya estoy acomodado a las rutinas de siempre, a las familiaridades de cuando vivía aquí. Durante los días siguientes a la vuelta siempre suelo sentir una sensación de extrañeza, hasta que las rutinas y familiaridades de mi vida en Inglaterra sustituyen a las de España. Es una curiosa sensación, esta de tener dos vidas. Tiene algo de esquizofrenia.

jueves, enero 05, 2006

La compra del emigrante

Hoy por la mañana he ido a hacer lo que entre mis amigos expatriados llamamos "la compra del emigrante". Es uno de los ritos imprescindibles de todos los viajes a España: ir al supermercado el día de la vuelta o el anterior a avituallarse de embutido, vino, conservas u otros productos, que o bien son difíciles de encontrar en el Reino Unido o bien salen carísimos allí.

En esta ocasión, después de dos semanas de comer y beber sin parar, la motivación no era tan grande. Solamente he comprado lo imprescindible: pimiento rojo en lata, chorizo de cocinar, un taco de jamón, algo de queso. Además, y pese a que suelo venirme con el maletón grande, para Navidades llevo siempre bastante más equipaje, a lo que han de unirse todas las compras y regalos de libros y ropa. De modo que no hay tanto espacio para la comida. Cuando suelo llevarme más comida a Inglaterra es en las estancias cortas que paso en Madrid durante el verano. Como hace calor, no hace falta llevar apenas ropa, de modo que para la vuelta la mochila tiene espacio disponible para kilos y kilos de preciosos víveres españoles.

Escoger qué productos comprar es siempre complicado. ¿Me arriesgo a comprar algún congelado, a sabiendas de que tendré que tenerlo fuera del congelador durante varias horas de viaje? ¿Compensa el ahorro en el precio del aceite de oliva el engorro y el sobrepeso de llevarlo en el equipaje? Últimamente decidí llevar sólo productos de calidad, los que son complicados de encontrar allí o salen muy caros, como vino del bueno o determinadas conservas (bonito del norte, paté). También suelo llevarme muchas legumbres, que aunque se pueden encontrar en el Reino Unido hay mucha menos variedad. A veces me llevo condimentos como panceta o tocino, imposibles de encontrar en ese país. Y cada vez suelo probar a llevarme algún producto nuevo, a ver qué tal provecho le saco. En esta ocasión, he comprado bacalao en salazón. He visto que hay miles de recetas de cocina española que lo usan, y tampoco hay manera de encontrarlo en ningún lado en Inglaterra.

Mucha gente me pregunta si no hay problema con importar embutido al Reino Unido. Yo llevo haciéndolo durante cinco años y nunca me han puesto pegas. Según he leído en unos carteles informativos que hay en la zona de recogida de equipajes de los aeropuertos británicos, es legal introducir cualquier alimento en el Reino Unido desde otro país de la Unión Europea siempre y cuando tenga "aspeco saludable" y sea para consumo propio. Una de mis fantasías eróticas de siempre es llevarme un jamón. En Navidades, sobre todo, siempre suelo tener la tentación de facturar una hermosísima pata de jabugo para poder tocar el violín en Inglaterra cuando la morriña me aqueje. Sin embargo, no estoy seguro de si un oficial de aduanas británico entendería que un jamón entero puede ser perfectamente para consumo de una sola persona. La situación de tener que sufrir el decomiso de un manjar así sería demasiado dolorosa como para que merezca la pena arriesgarse.

Hacer la compra del emigrante es una experiencia agridulce. Mientras vagas por los pasillos, escrutando las estanterías en busca de productos que merezca la pena comprar, vas haciéndote a la idea de que esto se acaba y de que pronto te verás dentro de un avión volando de vuelta a tu exilio autoinfligido. Los memorables momentos que has pasado hace apenas unos días con los amigos y la familia pronto se desdibujarán en simples recuerdos a medida que te zambulles en la rutina diaria. Como consuelo quedán esos pedacitos de patria guardados en la despensa.

martes, enero 03, 2006

Requiem por el camarero español

Hasta hace poco nunca había tenido mucha simpatía por los camareros españoles. No sé si en todo el país ocurre igual, pero en Madrid no suelen ser nada educados, sino secos e incluso insolentes. Recientemente, sin embargo, me he dado cuenta de que son verdaderos profesionales dignos de admiración. Atienden a varias personas a la vez, tomándoles a cada uno el pedido mientras están tirando una caña. Al servir las bebidas en una mesa con varias personas, son capaces de acordarse de qué ha pedido cada uno. A menudo, al pedirles la cuenta, se acuerdan de lo que has pedido y te hacen las cuentas en unos pocos segundos. Me acuerdo, de cuando iba a la Universidad, cómo en los descansos de clase o a la hora de comer los camareros eran capaces de despachar a la velocidad del rayo, con la cafetería abarrotada de alumnos.

De todo esto me he dado cuenta, como siempre, desde que vivo en Inglaterra, donde la calidad del servicio al cliente en la hostelería deja mucho que desear. En este país, los camareros que atienden en bares y restaurantes suelen ser jóvenes sin experiencia ni ganas. Sólo hay que fijarse en la forma de preparar cafés. Vaciar la cazoleta de varios golpes secos, rellenarla, prensar el café, colocarla de nuevo en la máquina, esperar, y luego calentar la leche con el vapor a presión: todo esto es realizado en las cafeterías españolas con veloces y eficientes movimientos, casi sin pensar. En el Reino Unido, los torpes jóvenes que te hacen el café en los Starbucks o Café Nero sólo aprietan botones, y cuando el establecimiento se las da de modernillo y tiene una auténtica máquina de expreso italiana, los chavales se arman el lío y tardan una eternidad en prepararte tu capuccino, que la mayoría de las veces cuesta un riñón y no sabe a nada.

En Inglaterra, tienes que irte a algunos pubs tradicionales para encontrar camareros con cierta experiencia, habitualmente los propios dueños del local. E incluso en estos sitios el servicio es mucho más pobre que el que se da en España. Por lo pronto, suele ser mucho más lento. Aunque la barra esté abarrotada de gente esperando su bebida, ellos van a su ritmo. En Inglaterra, cuando estás en la barra de un bar o pub, sólo pides las bebidas cuando el camarero se dirige a ti. Si no esperas y le intentas pedir algo mientras está sirviendo una cerveza lo más probable es que te responda airadamente diciéndote que está ocupado y que esperes. Es una experiencia por la que estoy seguro que casi todos los españoles hemos pasado alguna vez, acostumbrados a las barras españolas, donde o te lanzas a la yugular del camarero tan pronto como lo tienes a tiro o te puedes esperar horas a que te atiendan.

Espero que se me perdone el dramatismo del título de esta entrada. Los camareros españoles no corren aún peligro de desaparición. Son, no obstante, un colectivo que a la fuerza ha de desaparecer. Ya se puede observar cómo en muchos bares y restaurantes los puestos de camarero están siendo ocupados por jóvenes, a menudo inmigrantes. Me imagino que los hosteleros han llegado a la conclusión de que el ahorro de costes que consiguen contratando mano de obra sin apenas experiencia compensa con creces la merma en la calidad del servicio. Además, ahora que todos tenemos o aspiramos a título universitario, este tipo de profesiones resultan menos atractivas para las nuevas generaciones. Es precisamente lo mismo que desde hace años ocurre en el Reino Unido y otros países de Europa. Así que, amigo lector, la próxima vez que vayas a un bar y te atienda uno de esos entrañables antipáticos de camisa blanca, disfrútalo, porque dentro de unos años ya no quedará ni uno de ellos.

miércoles, diciembre 28, 2005

En Madrid

Pues aquí estoy, en Madrid. Mi aparato digestivo a duras penas está aguantando los sucesivos embates de comilonas, mi cerebro echa humo tratando de encajar dignamente las citas con mis distintos grupos de amigos a lo largo de la semana, e incluso hoy me he atrevido a someter mis nervios a la indescriptible miseria que es conducir por la M30. En resumen: estoy feliz de haber vuelto a casa.

Como siempre, tengo una lista moderadamente larga de cosas por hacer de la que todavía no he tachado nada. Siempre me pasa que me tomo las vacaciones de Navidad como un oasis de tranquilidad en que ponerme al día en lecturas, gestiones pendientes y en aclararme las ideas sobre el curso de mi vida. En realidad, apenas encuentro tiempo para quedar con todo el mundo y para ordenar la habitación. Los días que tengo libres para quedarme en casa y respirar los malgasto sintiéndome culpable por no estar aprovechando al máximo mi precioso tiempo de vacaciones en mi ciudad.

No creo que durante estos días pueda escribir mucho en este blog. De nuevo, os deseo que paséis unas fiestas entrañables y ¡que disfrutéis apurando estas últimas gotas de 2005!

jueves, diciembre 22, 2005

Feliz Navidad

Estoy contento: he encontrado un sitio bueno para aparcar el coche. Encontrar a tiempo sitio donde dejarlo es uno de los estreses que siempre sufro cuando viajo a Madrid: el vuelo es a las cinco y media, así que generalmente le echo morro y salgo del curro sobre las tres para llegar al barrio, dejar aparcado el coche y coger el taxi que me lleva al aeropuerto.

En esta ocasión le he echado más morro aún y he salido al medio día, para "trabajar desde casa" durante el resto de la tarde. Flexibilidad laboral, algo de lo que precisamente hablaba el otro día.

Me espera el típico follón en el aeropuerto. Espero que no haya mucho lío, hace unos días leí que los simpáticos trabajadores de Iberia habían decidido organizar paros los jueves para protestar por no sé qué historias.

No creo que vuelva a escribir en los próximos dos días, así que aprovecho para felicitar la Navidad a todos los que me leéis y a agradeceros una vez más el que lo hagáis. Que os lo paséis muy bien estas fiestas, que comáis comida muy rica y ¡cuidado en la carretera!

lunes, diciembre 19, 2005

Los horarios españoles

Me ha sorprendido encontrar hoy en El País este reportaje en el que se aborda con un enfoque crítico el tema de las peculiares costumbres horarias españolas. En España, aunque la gente se suele levantar a la misma hora que en el resto de los países europeos, parece que el resto del día se desarrolle con dos o más horas de retraso: se come sobre las tres, se cena sobre las nueve o las diez y se va a la cama pasadas las doce. Esto, unido a que los descansos de las comidas se puedan alargar a más de dos horas, hace que la mayoría de la gente no salga del trabajo hasta las siete y pico como muy pronto.

Digo que me ha sorprendido el artículo porque es la primera vez que leo o escucho a alguien cuestionando públicamente los peculiares ritmos vitales españoles. Me da la impresión de que la mayoría de la gente los da por buenos sin pensárselo dos veces, considerándolos un rasgo más de nuestro carácter nacional del que incluso sentirnos orgullosos.

Yo tampoco veía ningún problema en el horario español hasta que me vine al Reino Unido. Ya a los pocos meses de venirme a este país me había dado cuenta de que las rutinas horarias de aquí son mucho más razonables y cómodas. El ejemplo más claro son las comidas. En Europa, el almuerzo se suele tomar sobre las doce, que es más o menos la hora a la que se empiza a tener hambre si se ha desayunado a las ocho o a las nueve de la mañana. Recuerdo el año que trabajé en España, antes de venirme aquí: sobre el medio día me entraba una gazuza que tenía que bajarme a la calle a comprarme unos ganchitos o si no no aguantaba hasta las dos y media. En cuanto a las cenas, en el Reino Unido se suelen hacer sobre las siete, al poco de llegar del trabajo, de modo que tienes el resto de la tarde libre para descansar o hacer lo que quieras. Además de este modo hay tiempo de sobra para hacer la digestión antes de irte a dormir.

Por supuesto, eso de disponer de un par de horas para comer tranquilamente y disfrutar de la sobremesa no está nada mal. Aquí apenas dispongo de tres cuartos de hora, y a menudo echo de menos las largas sobremesas y los menús de primero, segundo, pan, vino y postre. Pese a ello, esto de salir del trabajo sobre las cinco y media es una maravilla y lo compensa con creces. He hablado con mucha gente que trabaja en España y muchos me dicen que preferirían tener menos tiempo para comer si con ello pudiesen volver antes a casa.

El problema es que, aunque se acortaran en España los horarios de las comidas, la gente probablemente seguría saliendo tarde del trabajo por culpa de la atrasada cultura laboral española, que fomenta hacer horas extras sin ton ni son. Aunque este es otro tema bastante jugoso del que quizás hable otro día.

domingo, diciembre 18, 2005

Rebajas de Navidad

En temporada navideña, las tendencias consumistas de los británicos, ya bastante marcadas de por sí, se desbocan. No hay mucho interesante que contar sobre esto: en ello no son distintos del resto de los ciudadanos europeos. Este año, sin embargo, he visto muchísima menos gente comprando. Y lo más sorprendente: muchas tiendas han recurrido a la medida desesperada de colgar carteles de rebajas para intentar atraerse a esos clientes que no llegan.

Más información: Christmas Chill on Oxford Street (BBC)

Mestizaje

Mestizaje
Esto de vivir en el extranjero fomenta la fusión y el mestizaje.

viernes, diciembre 16, 2005

Casas de apuestas

Os recomiendo que visitéis este artículo del blog Reciclando Palabras, en el que Borja habla de un tema muy interesante: las casas de apuestas, en inglés bookmakers o (coloquialmente) bookies. En España creo que no las hay, pero en el Reino Unido están extendidísimas, y hasta los pueblos más pequeños y pintorescos cuentan con alguna sucursal.

Enlace

martes, diciembre 13, 2005

Villancicos ingleses

Hace un rato, volviendo para casa del trabajo, he visto que en el parque de al lado había una carpa y una multitud de gente reunida cantando villancicos (Christmas carols, en inglés) en torno a un grupo de personas con instrumentos musicales. Recordé haber visto durante la semana anterior carteles por el barrio anunciando el evento, organizado por la asociación de vecinos de la calle. Al subir a casa, y pese a que estaba hecho polvo, mi sentido del deber bloguero me ha obligado a coger la cámara digital y bajarme otra vez a la calle a captar esta interesante manifestación de la cultura británica. He grabado un clip de vídeo corto con la gente cantando (enlace), pero como era de noche desgraciadamente no se ve nada. Así que habrá que conformarse con el sonido y con la foto de abajo.

Esta estampa de vecinos reunidos en la calle para cantar villancicos es bastante típica en Inglaterra durante la época navideña. También son muy frecuentes las actuaciones callejeras de músicos aficionados o del Ejército de Salvación. Los villancicos ingleses tienen un aire solemne pero alegre a la vez que los hace muy bonitos. Muy distintos de los españoles, que suelen ser bastante más jacarandosos, y que aunque también me gustan mucho tienen la desventaja de que después de escucharlos durante semanas non-stop en todas las tiendas cantados por niños gritones uno acaba cogiéndoles manía. En Inglaterra, afortunadamente, no suelen rebajar sus hermosos villancicos a simple hilo músical de grandes almacenes: para ello suelen reservar las horripilantes canciones pop norteamericanas sobre Santa Claus.

Estoy seguro de que la mayoría de la gente ya ha escuchado villancicos tradicionales ingleses, aunque no sea capaz de recordarlos. He encontrado esta página donde se pueden escuchar versiones instrumentales estilo Richard Clayderman (¡ug!) de un buen número de ellos. También he encontrado en YouTube este vídeo de un famoso villancico español, cantado también en la calle.

Más información: Villancicos en mfiles.co.uk

Dulces navideños ingleses

El postre navideño por excelencia en Inglaterra es el Christmas pudding. Es un bizcocho muy denso con forma de cúpula hecho con frutas pasas, frutos secos y empapado en algún licor, generalmente brandy. Como muchos postres ingleses, se ha de comer ligeramente caliente. Se suele acompañar con nata o helado, sobre todo porque es tan pesado que a palo seco no hay quien pueda con él. En el pasado era común la costumbre de meter una moneda de plata dentro como sorpresa, pero esta costumbre está ya en desuso. Como decoración suele llevar una hoja de acebo.

Otros dulces muy típicos son los mince pies. Son tartaletas hechas con shortbread, que es una masa crujiente hecha con mucha mantequilla y azúcar. Están rellenas de mincemeat, que pese al nombre no lleva nada de carne sino una mezcla de frutas pasas como higos o uvas. Suelen ser muy dulces (demasiado para mi gusto).

El Yule log es otro postre tradicional que también se toma en otros países de Europa. Es una especie de brazo de gitano decorado como un tronco de madera.

Por supuesto, en los supermercados se pueden encontrar un montón de otros postres y dulces, muchos de ellos traídos de otros países como por ejemplo el panettone italiano. En muchas tiendas es también posible encontrar turrón, aunque de España es lo único: no he encontrado aún ni mazapán ni polvorones. Esnif. Menos mal que en una semana me las piro.

lunes, diciembre 12, 2005

Christmas Crackers

En la foto se pueden ver un par de Christmas crackers, una de las tradiciones más típicas de las Navidades británicas. Son unos cilindros de cartón con forma de caramelo que se ponen en las mesas de los banquetes navideños, uno por comensal. Al principio de la comida o cena los invitados cruzan las manos y forman una cadena con ellos: cada uno agarra con la mano derecha el cracker que el invitado de su izquierda sostiene con su mano izquierda y así sucesivamente. Entonces, a la de tres, todos tiran y los crackers se rompen con un ruido seco, provocado por una mínima cantidad de pólvora que llevan dentro. En su interior llevan también una especie de cotillón que suele quedar desperdigado por la mesa. Lo típico suelen ser serpentinas, una corona de papel, alguna figurita de plástico horrenda y un papelito con un chiste generalmente malísimo.

Más información: Navidad en Inglaterra: Las comilonas

miércoles, diciembre 07, 2005

El talante llega a los Tories

David Cameron es el nuevo líder del Partido Conservador británico. Anteayer fue elegido por los afiliados de su partido por aplastante mayoría: más del doble de votos que su rival David Davis. El jovencísimo político (39 años) se ha aupado al puesto de mando del Conservative Party después de una brillante y cuidada campaña basada en una imagen amable y optimista y continuos llamamientos a la renovación de su partido, aunque sin entrar en mucho detalle sobre las políticas que promovería. Cameron ha sabido esquivar un número importante de escollos, como su falta de experiencia (jamás ha ocupado cargo de gobierno, y es diputado sólo desde 2001), su origen privilegiado (estudió en el prestigioso colegio de Eton y más tarde en Oxford) y una estúpida polémica azuzada por la prensa tabloide conservadora en la que se le acusaba de haber consumido drogas en su juventud.

La prensa se ha lanzado a señalar paralelismos entre Cameron y el joven Tony Blair, que en los años noventa relanzó el partido laborista con su invención del New Labour. El Partido Conservador lleva ya casi una década fuera del poder, sufriendo una amarga travesía por el desierto de la impopularidad y la irrelevancia. En las pasadas elecciones generales se vio incapaz de aprovechar electoralmente el desgaste de popularidad del primer ministro Blair. Después de la sucesión de fallidos líderes (William Hague, Ian Duncan Smith, Michael Howard), por primera vez las bases conservadoras se han llenado de ilusión: por fin parece que tienen un líder carismático y lleno de energía.

Cameron debutó ayer en la Cámara de los Comunes en la sesión de preguntas al Primer Ministro, y según he leído no lo hizo nada mal. Ha prometido un estilo de oposición totalmente distinto al de los últimos años: constructivo, optimista, postitivo, y aceptando las propuestas laboristas cuando se considere que son correctas. Cameron parece resuelto a acabar la imagen del partido conservador como el "partido antipático" (nasty party), muy arraigada entre las clases medias urbanas del Reino Unido. Tony Blair se va a encontrar en la incómoda situación de que sus polémicas propuestas de educación reciban el apoyo de los Tories y la oposición de muchos de los diputados laboristas. La política británica de los próximos meses promete ser apasionante.

Más información: Cameron chosen as new Tory leader (BBC)

lunes, diciembre 05, 2005

Adios al Routemaster

Esta semana es puente en España, y Londres se verá inundado de naúticos, barbours y jerseys de pico azul marino. Estos turistas españoles tendrán la oportunidad de vivir un momento histórico: el próximo viernes el famoso Routemaster se retira del servicio de la última línea en la que permanecía en activo.

El Routemaster es uno de los iconos más famosos de Londres, el decano de todos los autobuses de dos pisos. Fue introducido durante los años 60, y su éxito le ha permitido permanecer en servicio durante todo este tiempo. Aparte de su aire anciano y su personalísimo diseño de líneas redondeadas, la particularidad que lo distingue del resto de los double deckers que circulan por la capital es que, aparte del conductor, cuentan con un cobrador (curiosamente llamado conductor en inglés) que recoje los billetes con el autobús en marcha. Gracias a esto, y a que la subida al vehículo se hace a través de una plataforma sin puerta en la parte de atrás, las subidas y bajadas de viajeros son muy ágiles, motivo por el cual muchos londinenses le tienen gran aprecio.

Durante las últimas decadas el Routemaster ha sido retirado gradualmente de varias líneas londinenses, sustituido por autobuses más modernos. Sin embargo, la decisión de jubilarlo por completo se tomó hace un par de años, con la justificación - entre otras - de que incumplía la normativa de acceso a discapacitados. El proceso de retirada definitiva culmina este viernes, cuando este modelo de autobús hará por última vez el recorrido de la línea 159.

No hace falta decir que los londinenses han lamentado mucho la decisión de deshacerse de ese elemento tan inconfundible del paisaje urbano de su ciudad. No ayuda mucho el que muchos de los Routemaster vayan a ser sustituidos por autobuses articulados, cuyo aspecto pérfidamente "continental" hace que muchos ingleses los vean con antipatía. Otros serán sustituidos por autobuses de dos pisos más modernos y cómodos, aunque indudablemente con mucho menos encanto.

Yo no he viajado en Routemaster más que un par de veces. La experiencia fue realmente pintoresca, aunque no especialmente cómoda: el autobús es ruidoso, frío y temblequeante. Los asientos del piso abajo estaban dispuestos mirando hacia dentro, como en los vagones de metro. Por el pasillo central iba el cobrador cancelando el billete de los viajeros que acaban de subir. Para solicitar la parada recuerdo no había botones, sino que había que tirar de un cordón que había tendido por encima de las ventanas, a lo largo de los laterales. Aunque para bajarse o subir no hacía falta esperar a la parada: como la entrada no tiene puerta, se podía uno apear en los semáforos, e incluso con el autobús en marcha.

Este no es, no obstante, el fin de la presencia del Routemaster en las calles de Londres. Un puñado de ellos permanecerá en servicio en determinados tramos de las líneas 9 y 5 como "heritage routes" o "rutas históricas". El resto de la flota tampoco parece que vaya a ir directa al desguace: lo más seguro es que pasen todos al mercado de segunda mano. Me puedo imaginar a las agencias de publicidad de medio mundo frotándose las manos.

En el sitio web de la BBC se pueden encontrar varios clips de video tomados de programas antiguos de televisión en los que el protagonista es el Routemaster. También se pueden encontrar un montón de fotos en Flickr. Recomiendo igualmente el sitio web routemasters.co.uk, que ofrece una galería de fotos bastante interesante.

Más información: Routemaster (Wikipedia en inglés)

sábado, diciembre 03, 2005

Rastrillo callejero

Hoy por la mañana, cuando he salido a pasear por el barrio, he visto que habían cortado una calle y habían montado una especie de mercadillo. Había unos cuantos tenderetes vendiendo un poco de todo (ropa, bisutería, juguetes) y un puesto vendiendo cafés y bollos y otro vendiendo perritos calientes. En medio había también un grupo de gente cantando musica coral navideña, que he grabado en video:


Este tipo de eventos son relativamente corrientes en los pueblos y ciudades ingleses: rastrillos, fiestas de barrio, street fairs... En muchas ocasiones suelen tener un móvil benéfico. Según indicaban los carteles, el organizador era en esta ocasión la ONG Save The Children. Según me han contado, cuando se monta una feria de este tipo los comercios de la calle suelen contribuir a él con donaciones. En el anterior video se puede ver también a una señora vestida con ropas fluorescentes recogiendo dinero para la organización. Esta es, por cierto, otra de las estampas más habituales de los sábados y domingos por la mañana en los barrios ingleses: postulantes de mil y una causas benéficas vestidos con chalecos de colores y haciendo sonar sus cubos llenos de monedas. Suelen ser jovenes, y a menudo realmente pesados.

Justo antes de salir del mercadillo me he encontrado con algo realmente interesante: un vetusto camión con un organillo mecánico de feria o fairground organ. Lo triste es que apenas nadie se paraba a mirarlo, excepto una pareja que se puso a desfilar al son de la música. No pude resistir y tuve que grabarlos a ellos también en video:

jueves, diciembre 01, 2005

El enorme talento de Jordan

Después de una entrada tan literaria como la del otro día sobre Fortunata y Jacinta no tengo más remedio que compensar hablando hoy de un tema ligeramente menos intelectual: Jordan, una de las famosas (lo que aquí llaman celebrities) más conocidas del Reino Unido. Esta glamour model, cuyo verdadero nombre es Katie Price, tiene como señas de identidad una rotunda proa , y una vida privada-pública desordenada y bastante rocambolesca.

No suelo seguir para nada el mundo del corazón británico, pero las peripecias de esta moza trascienden la prensa rosa y forman parte ya de la cultura popular británica. La joven Katie era hace unos años una conocida y exitosa modelo de revistas de interés masculino, como FHM o Loaded, y presa a la vez de tabloides de baja estofa como el Daily Sport o News of the World (también conocido como News of the Screws). En 2002, fruto de una relación con un futbolista (supuestamente durante una orgia), dio a luz a un niño que resultó ser ciego por culpa de un defecto congénito. En 2004, Jordan logró entrar en la primera división del famoseo británico al participar en el exitoso programa I'm A Celebrity Get Me Out Of Here (que posteriormente a España se trasladó como "La Isla de los Famosos"). En su transcurso, la modelo entabló una relación sentimental con el cantante Peter André, de quien meses más tarde se quedó embarazada. Ese mismo año, en plena cresta de la ola de popularidad, publicó su autobiografía "Being Jordan", que tuvo un verdadero éxito en ventas.

Las correrías de esta muchacha han continuado también este año. En mayo se presentó al concurso de selección de candidato británico para el Festival de Eurovisión, aunque su tremenda popularidad no le sirvió y fue derrotada. Sí logró dar la campanada en septiembre al contraer matrimonio con Peter André, en medio de una ceremonia extravagantemente hortera que sin duda ha sido de los puntos álgidos de la carrera. Fue celebrada en un castillo de Hampshire, a donde fue llevada por un carruaje tirado por ponies blancos. La exclusiva de la boda fue vendida a la revista OK por nada menos que 2 millones de libras (3 millones de euros).

Referencias: Jordan (Wikipedia en inglés)