Como ya hablaba semanas atrás en la anotación sobre danza Morris, Inglaterra no es un país famoso por su abundancia de tradiciones populares. Algunas de ellas, sin embargo, son dignas de formar parte de la primera división mundial de eventos extravagantes.
Estoy hablando del Cheese Rolling Festival. El pasado lunes estuve cerca de Gloucester, a un poco menos de una hora al norte de Bristol, presenciando su edición anual. Este evento, celebrado en medio del campo, consiste en una serie de carreras en las que los participantes han de intentar atrapar un queso que se lanza cuesta abajo por la ladera de una colina, en concreto Cooper's Hill, cerca del pueblo de Brockworth. La pendiente, como se puede ver en las fotos, es muy pronunciada, y el queso, un double gloucestershire de tres kilos, tarda apenas segundos en alcanzar velocidades endiabladas. Las posibilidades de atraparlo son nulas y todo queda en una mera excusa para que las decenas de participantes de cada carrera se lancen temerariamente monte abajo con ánimo de llegar los primeros a la meta y llevarse el premio: el propio queso. No he encontrado en Internet mucha información sobre la historia del festival, pero parece que se celebra desde hace siglos.
Tirarse colina abajo detrás de un queso no es algo que inspire pensamientos solemnes, y como os imaginaréis, el carácter del Cheese Rolling es bastante festivo y humorístico. Tampoco recomiendo que asista quien vaya buscando presenciar una gesta deportiva elegante y grácil: con una pendiente así es imposible mantener el equilibrio, y los concursantes no tardan en tropezar y rodar cuesta abajo como peleles, dando violentas volteretas y cabriolas. Parte del espectáculo consiste también en ver cómo la línea de forzudos situados en meta frena a los participantes. Sin lugar a dudas, y a juzgar por el aspecto y las efectivas técnicas de placaje empleadas, deben de ser del equipo de rugby de los alrededores.
Como se puede ver por lo testimonial del premio (un simple queso), se trata de un evento muy familiar y --bendito sea-- prácticamente virgen de toda comercialización. Cuando llegué me esperaba encontrar el lugar completamente tomado por los mercadillos, puestos de comida, mesas de charities y carpas de los patrocinadores, como suele ser habitual en Inglaterra en este tipo de acontecimientos. Me quedé muy sorprendido de que sólo hubiese un modesto remolque vendiendo los tentempiés ingleses típicos de estas ocasiones (perritos calientes, hamburguesas, chips), una mesa donde unas viejecitas vendían DVDs caseros sobre el evento y poco más. La organizacion consistía simplemente en unos cuantos cordones y vallas, un par de carpas de primeros auxilios, varias ambulancias y un puñado de periodistas y cámaras atrincherados detrás de un parapeto de paja junto con el exiguo equipo organizador, el más visible de los cuales era el locutor de megafonía. Para participar no hace falta inscribirse en ningún lado; simplemente tener poco aprecio por la propia integridad física. Encontré absolutamente liberador que, en estos tiempos en los que el espíritu comercial contamina todas las expresiones de cultura popular aún se puedan encontrar eventos tan espontáneos como éste, y mucho más en Inglaterra.
Pero el que sea un festival de carácter fresco e informal no significa que no atraiga multitudes. Ya según me acercaba en coche al lugar se veían colas y colas de gente dirigiéndose al evento. Al llegar a la colina en cuestión el sitio ya estaba lleno hasta la bandera, a pesar de ser una hora antes del comienzo. Encontrar un sitio donde apostarse con buenas vistas no fue fácil: la acusada pendiente, unida al hecho de que estaba todo embarrado por las lluvias de los últimos días, hacía difícil encontrar sitio donde sentarse o permanecer de pie sin tener que hacer malabarismos. El público también tuvo que soportar estoicamente los caprichos del clima de ese día: sol deslumbrante, lluvia y granizo alternados en el transcurso de menos de una hora.
Hubo un total de cinco carreras, cada uno de cuyos quesos fue lanzado ceremoniosamente por una personalidad local. La última carrera tuvo que repetirse, ya que los participantes se lanzaron colina abajo antes de que se hubiese soltado. Entre queso y queso se organizaban carreras colina arriba, menos espectaculares pero indudablemente más trabajosas para los participantes. También hubo un buen número de espontáneos que aprovechaban los descansos entre carreras para lanzarse colina abajo. Los equipos médicos tuvieron que atender a unas cuantas personas, pero un número bastante menor del que uno se hubiese imaginado.En resumen, fue una experiencia absolutamente fantástica. Os recomiendo que visitéis el sitio web de la BBC sobre el festival, en donde encontraréis la crónica de la edición de este año y de los dos anteriores, vídeos y fotos incluidas. Menos información encontraréis en el sitio web oficial. He subido a Flickr una selección de las fotos que tomé del evento (junto con otras que tomé en Painswick, un pueblo cercano), y aquí abajo encontraréis un video de una de las carreras (aquí hay otro). El bólido que se ve atravesando la imagen en los primeros segundos es el queso. De todos modos, en mi reportaje gráfico multimedia no se aprecia muy bien la temeridad que es participar en la carrera, ya que mi visibilidad se limitaba a la zona de la meta, donde la pendiente es menos empinada. Recomiendo que veáis los vídeos de la BBC, en especial el de la primera carrera.
Más información: Cheese Rolling Festival (BBC), Sitio Web Oficial del Cheese Rolling Festival
Desde luego, lo anterior no tiene mucho de problema; porque un día se coma a deshora no pasa nada. Pero hay otras veces que las costumbres horarias inglesas sí que son fastidiosas. Uno de estos ejemplos es que en el Reino Unido es muy complicado encontrar cafeterías que abran más tarde de las cinco o las seis. Es algo realmente frustrante, sobre todo en esos días de invierno que se ha estado dando vueltas por la ciudad todo el día y se mataría por una taza humeante de café con leche para resucitar y entrar en calor. En Bristol hay unos cuantos sitios donde sí se puede ir, afortunadamente: los de más soleras son el 

Bien por azar, o bien por compartir conmigo el mismo interés por las minucias, quizás alguno de quienes me leéis habréis observado la presencia de pequeños escuditos de distintos miembros de la Casa Real Británica en algunos anuncios en revistas o periódicos españoles. No sé si sigue ocurriendo, pero recuerdo sin duda haberlos visto en el pasado en la publicidad (y quizás en las etiquetas) de algunos productos, sobre todo whiskys y licores como J&B o Gordon's. Estos escuditos siempre han capturado mucho mi curiosidad (junto con esas medallas y trofeos de ferias ocurridas hace décadas que aparecen en muchas botellas de cerveza).
Lo gracioso es que, pese a que estos sellos son empleados por muchas empresas en países como España para dar un aire distinguido y pomposo a sus productos, en el Reino Unido los
Hoy el suplemento diario del Guardian G2 ha sido un
Esta hostilidad se manifiesta, sobre todo, a través el fútbol. Los partidos entre las selecciones inglesa y alemana son acontecimientos trascendentales en el Reino Unido, y las ocasiones en las que Inglaterra vence al país germano son apoteosis del revanchismo. En particular, hay dos encuentros históricos que son aún recordados a través de
...no te quites el sayo. O, tratándose del Reino Unido, hasta el 40 de junio. O de julio.
Es curioso lo de la aviación. Desde hace ya varios volar ha dejado de ser una manera glamurosa de viajar, con vuelos baratos que te llevan al otro rincón de Europa por menos de 100 euros. La gente se ha acostumbrado ya a los retrasos, sobreventas, cancelaciones y pérdidas de equipajes, y en aquellos vuelos en los que aún dan comida a bordo suelen ser horribles bazofias que se comen juntando mucho los cubiertos de plástico porque no hay suficiente sitio en el asiento.
El A380 ha pasado por Bristol sobre el medio día. A mí me habían avisado ayer del evento pero hoy se me había pasado por completo, y se me olvidó salir a la calle a esperarlo con mis prismáticos a lo 












Cuando Chirac, resentido porque Blair se negaba a renunciar al
Una visión bastante común por las zonas comerciales de las ciudades y pueblos británicos es la de la foto: una persona mayor, o quizás alguien muy obeso, montado en esa especie de cochecito eléctrico yendo de tienda en tienda. Estas personas son beneficiarios de Shopmobility, un programa organizado por una organización benéfica (
Lo curioso es que los cochecitos en cuestión no son simples sillas de ruedas como uno podría pensar, sino verdaderos vehículos con luces y manillar. A veces es gracioso porque ves usándolos ancianitos que son verdaderos locos al volante.
En la última etapa de mi viaje a Argentina visité
Una de las cosas que me llamó más la atención paseando por la ciudad es el personalísimo estilo arquitectónico de sus casas y edificios, caracterizado por el uso de planchas onduladas de zinc en tejados y paredes exteriores. Es al parecer un rasgo muy típico de la Patagonia, que le da a la ciudad un aire austero y fronterizo. Otra cosa que encontré llamativa es que es una ciudad muy joven, llena de niños y adolescentes. A pesar de las duras condiciones meteorológicas, se ve que es un lugar en expansión y con mucho futuro. En una tienda estuve charlando con una mujer que me dijo que se había ido a vivir allí desde la ciudad de Rosario, huyendo de la inseguridad y en busca de mejores oportunidades.
Otra cosa que me sorprendió de Ushuaia fue la fortaleza del sentimiento irredentista hacia las Islas Malvinas de sus habitantes. En general, en Argentina el reclamo por la soberanía de estas islas sigue vivo. En todos los planos del país, tanto en la televisión como en la prensa, folletos publicitarios o documentos oficiales, las Malvinas aparecen como pertenecientes a Argentina. En Ushuaia el tema se siente mucho más candente. El mismo aeropuerto de la ciudad está bautizado como "
En Ushuaia la atracción más interesante para visitar es el mencionado Presidio, transformado ahora en
Aparte del Parque Natural, hay más excursiones interesantes que hacer. Se puede hacer un viaje en barco por el canal, pero yo decidí huir del turismo a gran escala e hice una excursión al Glaciar Marcial, situado en la ladera de una de las montañas cercanas. El sendero de subida a través del bosque era duro pero bastante bien señalizado, seguido de un tramo en aerosilla. No me dio tiempo de acercarme al glaciar ya que era tarde, pero pude disfrutar de un chocolate caliente en un refugio de montaña.
Se trata de uno de los glaciares más espectaculares del mundo. Se dice que es uno de los pocos que no está en retroceso. Recientemente fue noticia por motivo de su rotura. La lengua del glaciar avanza del orden de un metro al día. Cada cierto tiempo, este avance hace que choque contra la orilla del lago por el cual se extiende. Progresivamente, el hielo empuja y se arquea, formando una especie de puente que finalmente se derrumba con gran estrépito. La rotura ocurrió unas pocas semanas antes de mi visita, desgraciadamente por la noche, de modo no pudo ser presenciada por el público. A quien le intererese podrá encontrar en este
En realidad, el glaciar sufre pequeños desprendimientos en su frontal diariamente. Precedidos de un ruido como de trueno, es frecuente observar cada media hora cómo se desgajan témpanos de hierro de la pared de 60 metros de altura, cayendo estrepitosamente en el lago (
El Perito Moreno es el más famoso, pero en los alrededores hay otros glaciares, algunos de ellos incluso más grandes. Cabía la posibilidad de visitarlos en barco, pero la idea de pasar varias horas navegando visitando glaciares no me resultó tan atractiva. En vez de eso me apunté a una excursión en 4x4 por un cerro cercano al pueblo, donde pude disfrutar de la belleza del paisaje patagónico.
Me voy a sumar a una campaña de
Hoy es el 80º cumpleaños de la Reina Isabel II de Inglaterra. Desde hace unos días esta noticia ha figurado prominentemente en los medios de comunicación británicos, que se han hecho eco de la sucesión de actos celebratorios, algunos de ellos
La segunda etapa de mi viaje fueron las Cataratas del Iguazú. Son, al parecer, las cataratas más extensas del mundo, situadas cerca de la llamada triple frontera entre Argentina, Brasil y Paraguay, formada por la desembocadura del afluente Iguazú en el río Paraná. Son una de las atracciones turísticas más visitadas de Argentina, y posiblemente también de Brasil. Mi hotel estaba situado en Puerto Iguazú, un coqueto pueblo de aire perezoso que, a juzgar por la abundancia de tiendas de recuerdos, debe de vivir del turismo y poco más. El paisaje que lo rodea es de tupido bosque subtropical. Aparte de las cataratas, no hay mucho de interés que visitar en los alrededores.
Las cataratas están situadas en una garganta en forma de U, separando el lado brasileño del argentino. El plan que yo seguí, que debe de ser el que sigue la mayoría de la gente que va allí con agencia, consistió en visitarlas desde el lado argentino el primer día y pasar al lado brasileño en el segundo. El lado argentino tiene el interés de que uno se puede acercar a través de pasarelas elevadas al mismo borde de las cataratas en su punto más espectacular, la Garganta del Diablo, donde hay un mirador desde donde la gente se asoma a hacer fotos y a empaparse con las salpicaduras de polvo de agua, que ascienden varios metros por el aire como si de una humareda se tratase. El lado brasileño, según dicen, ofrece las vistas más hermosas (aunque menos dramáticas, en mi opinión), y la caminata a través de las pasarelas es más entretenida, pero se observa cierta sobreexplotación turística que perjudica la experiencia: en la zona superior de las cataratas hay un mirador con restaurantes al que se accede a través de un ascensor.
Aparte de visitar las cataratas, los Parques Nacionales a ambos lados de la frontera cuentan con senderos por los que se puede pasear y, si tienes suerte, avistar la fauna del lugar: tucanes, monos y coatíes. Estos últimos no son nada tímidos y no es difícil toparse con ellos. En mi caso, desgraciadamente, no tuve la oportunidad de vagar a mi aire por el bosque: iba en un grupo organizado donde todas las visitas y actividades estaban estrictamente planeadas. En la visita al lado argentino, por la tarde, pude apuntarme a un paseo en lancha por el río seguida de un safari en camión todoterreno que no estuvo mal, pero al siguiente día, en el lado brasileño, nuestros pérfidos guías nos metieron a todos en un autocar, nos sacaron del Parque Nacional y nos llevaron a ver la presa de Itaupu, la más grande del mundo. La visita podría haber tenido interés, pero resultó decepcionante por la poca gracia con la que estaba organizada.
Ya desde ese momento empecé a ver en qué consistía el eficaz mecanismo sacaperras de los viajes organizados. Yo siempre había recelado de esta forma de viajar, y ésta era la primera ocasión que contrataba un paquete a través de agencia. Pude comprobar que, en efecto, no me gustan. El funcionamiento es el siguiente: la agencia te reserva los hoteles, los vuelos y los traslados, y además una serie de excursiones básicas. Una vez en el lugar, te das cuenta de que las actividades que has contratado apenas te dan para ocupar la mitad del primer día. Es entonces cuando el guía te propone las excursiones "opcionales", no incluidas en el precio, que son además generalmente las que molan. Desde luego, no estás obligado a contratarlas, pero como estás ahí sin medio de transporte propio y ya metido en el papel de bulto que llevan de un lado a otro es fácil que te sientas tentado de empezar a repartir billetitos de monopoly y apuntarte a las otras excursiones, sobre todo cuando ves que la gente a tu alrededor hace lo mismo.
La primera etapa de mi viaje transcurrió en Buenos Aires. Se trata de una metrópoli realmente excitante. No tiene apenas monumentos interesantes para visitar, siendo quizás los únicos que merecen la pena el Cementerio de la Recoleta y la hermosa iglesia colonial de El Pilar que está al lado. Sin embargo, simplemente pasear por ella resulta fascinante. Los porteños se ufanan de que su ciudad se parece a París, aunque en mi opinión se parece más a Madrid o a quizás a cualquier ciudad española. Cuenta con la que parece ser la avenida más ancha del mundo, la del 9 de julio, que pese a su escala desmesurada resulta sorprendentemente agradable para caminar.
Algo que llama bastante la atención es que, aunque ni la gente ni los comercios o establecimientos dan la impresión de que se trate de un país con problemas económicos, la antigüedad y el estado decrépito de muchos de los vehículos que circulan por las calles te recuerda que Argentina no es un lugar tan próspero como debería. En particular, un número sorprendente de taxis son Peugeot 504, un modelo que dejé de ver en España hace más de diez años. Los camiones y furgonetas suelen ser destartalados modelos norteamericanos que contrastan con los automóviles, que en su mayoría son europeos.
Pero los vehículos que más llaman la atención son sin duda los autobuses, o colectivos como los llaman allí: moles siseantes pintadas de vivos colores que ruedan por las calles soltando nubes espesas de contaminación. No cabe duda de que la antigüedad de los vehículos es lo que hace que se vean un montón de ellos averiados en las calles, con el capó levantado y su conductor trajinando en el motor.


Durante estas semanas estoy muy ocupado en el trabajo y no voy a poder escribir tan a menudo en este blog, pido disculpas por ello. Realmente marzo está siendo un mes bastante espeso. Al menos la semana pasada logré cumplir con uno de los hitos anuales: la prueba del MOT.