martes, abril 18, 2006

Viaje a Argentina (I): Buenos Aires

Las pasadas dos semanas, como ya dije aquí, he estado de vacaciones en Argentina. Desde hacía tiempo quería coger unas vacaciones largas, ya que generalmente las escapadas las suelo hacer a lo sumo de una semana (exceptuando en Navidades, que me voy dos semanas y media a España). No tiene que ver con el tema principal de este blog, que es la vida en el Reino Unido, pero no puedo resistir la tentación de escribir unos párrafos sobre mi viaje.

La primera etapa de mi viaje transcurrió en Buenos Aires. Se trata de una metrópoli realmente excitante. No tiene apenas monumentos interesantes para visitar, siendo quizás los únicos que merecen la pena el Cementerio de la Recoleta y la hermosa iglesia colonial de El Pilar que está al lado. Sin embargo, simplemente pasear por ella resulta fascinante. Los porteños se ufanan de que su ciudad se parece a París, aunque en mi opinión se parece más a Madrid o a quizás a cualquier ciudad española. Cuenta con la que parece ser la avenida más ancha del mundo, la del 9 de julio, que pese a su escala desmesurada resulta sorprendentemente agradable para caminar.

Algo que llama bastante la atención es que, aunque ni la gente ni los comercios o establecimientos dan la impresión de que se trate de un país con problemas económicos, la antigüedad y el estado decrépito de muchos de los vehículos que circulan por las calles te recuerda que Argentina no es un lugar tan próspero como debería. En particular, un número sorprendente de taxis son Peugeot 504, un modelo que dejé de ver en España hace más de diez años. Los camiones y furgonetas suelen ser destartalados modelos norteamericanos que contrastan con los automóviles, que en su mayoría son europeos. Pero los vehículos que más llaman la atención son sin duda los autobuses, o colectivos como los llaman allí: moles siseantes pintadas de vivos colores que ruedan por las calles soltando nubes espesas de contaminación. No cabe duda de que la antigüedad de los vehículos es lo que hace que se vean un montón de ellos averiados en las calles, con el capó levantado y su conductor trajinando en el motor.

Buenos Aires tiene un montón de otros detalles peculiares en los que me fijé. El que más gracia me hizo es que se ven ferreterías por todos lados, incluso en las zonas de tiendas de ropa y boutiques. Otra cosa que es muy llamativa es la presencia policial en las calles: cada pocos cientos de metros se ve un policía haciendo guardia. El problema de inseguridad debe de ser real, porque también me fijé en que circulan por las calles un número anormalmente grande de camiones blindados. De todos modos, yo no me sentí inseguro en ningún momento.

Algo que me defraudaron fueron las librerías. Siempre había considerado al pueblo argentino como culto y muy desarrollado literariamente, con monstruos como Borges, Cortázar, Bioy Casares o Sábato, pero me resultó muy triste ver cómo en las tiendas de libros la oferta era bastante pobre, consistente sobre todo en ejemplares de editoriales españolas, caros y generalmente bastante estropeados. El único sitio que me gustó fue la librería Ateneo, situada en un antiguo teatro.

Desgraciadamente, mi estancia en Buenos Aires fue de sólo dos días, en los que me dio el tiempo justo de pasear por los barrios principales del centro (excepto, ay, La Boca). Es difícil que vuelva a esta vibrante ciudad, habiendo tantos otros sitios en el mundo por ver, pero nunca se sabe...

4 comentarios:

borja dijo...

Qué ganas tengo yo también de visitar Buenos Aires y el resto dela República Argentina. Me sorprende lo de las librerías. Yo también tengo a los argentinos por un pueblo culto, aunque ya se sabe aquello de que el mejor negocio del mundo es comprar a un argentino por lo que vale y venderlo por lo que dice que vale. En todo caso, yo sigo manteniendo que los suramericanos tienen un nivel lingüístico y un dominio del castellano superior al nuestro en España.

Juan Villamota dijo...

Eso es cierto. Da la impresión de que al hablar son más expresivos y le sacan más jugo al idioma. Me dio la impresión de que tienen un vocabulario mayor.

Por ejemplo, para referirse al corto trayecto que realiza el avión de la terminal a la pista o viceversa, (que en inglés es "taxi"), allí usan "carreteo". En España, que yo sepa, nadie se ha molestado en encontrar una palabra para referirse a esta maniobra.

Lo que está claro es que es una enorme riqueza y una suerte tremenda para nuestro idioma el disponer de una comunidad tan dinámica y tan efervescente como es latinoamérica. Ojalá le sacásemos mayor partido.

Xesús Fraga dijo...

Por aquí hemos acuñado el "carreteo de votos", lo cual no es para sentirse muy orgulloso...

Nacho dijo...

Lo del parque automovilístico argentino es verdad. A mi me llamó muchísimo la atención.
Cuando yo estuve las calles llenas de baches, no pro obras como en Madrid, si no por falta de dinero para repararlas. El metro o el tren eran aún más antiguos que aquellos vagones de la línea 5 delmetro de Madrid que quitaron hace pocos años.
Qué pena de país, ojalá saque la cabeza de una vez por todas.
Saludos.
PD: Aunque no tengan nada que ver estos comentarios con la vida inglesa espero más relatos sobre tu viaje.