Aún sigue coleando en los medios de comunicación españoles una noticia que saltó la semana pasada: un joven murió tras ser apalizado por un grupo de porteros tras ser echado de una discoteca de moda. La alarma social generada ha sido grande, y las autoridades madrileñas han ofrecido un buen ejemplo de lo que en inglés se suele llamar una knee-jerk reaction, es decir, una reacción refleja apresurada (y, por tanto, probablemente irreflexiva): el Ayuntamiento se han apresurado a cerrar un puñado de locales y la Comunidad ha anunciando que se implantará un reglamento que regule el funcionamiento de los porteros de local.
Si al final realmente lo hacen, será algo de lo que felicitarse. Los porteros de discoteca de Madrid siempre me han parecido un colectivo poco profesional. No estoy metido en el mundillo, pero la impresión que da es que los locales contratan al amiguete musculitos del propietario, quien no tiene ni idea de cómo tratar a la gente ni está formado sobre cómo afrontar situaciones comprometidas.
Como el lector se estará oliendo, este es uno de esos posts en los que comento una particularidad española y la enfrento con otra inglesa. Desgraciadamente, en el cuestión de los porteros de local, Inglaterra está por delante. Allí, los bouncers (como se les conoce coloquialmente) son bastante mas atemorizadores que en España: moles rapadas ceñudas de al menos cien kios vestidas siempre de negro, con un su licencia de la Security Industry Authority colgándole del cuello. Pero a pesar de su aspecto, suelen ser educados, a menudo te abren la puerta para que entres y te despiden con un "good night" cuando dejas el local. Las veces que les he visto en acción para reducir a algún revoltoso me ha sorprendido su eficacia: en dos segundos le han inmovilizado con una llave; en poco más ya lo han empujado fuera del local, sin mucho mimo, desde luego, pero sin violencia innecesaria.
En una ocasión fue espectacular: estaba yo en un club londinense, cuando de pronto vi a dos jóvenes caer al suelo en medio de una violenta pelea a puñetazos. Al instante siguiente ya se había presentando en la escena un segurata. No intervino, sino que parecía hablar por el pinganillo con sus compañeros. A los pocos segundos, éstos aparecieron: tres o cuatro armarios roperos abriéndose paso entre la multitud. Separaron a los chavales, cogiéndolos en volandas como quien coge sacos de patatas, y en menos que canta un gallo se los habían llevado de la pista de baile. Desde luego, no tengo ni idea del trato que recibieron los jovenes después de ser trincados por las moles de negro.
Tiene sentido que en Inglaterra obliguen a sus porteros a estar más preparados: ahí el ambiente nocturno es mucho más violento que en España. En Inglaterra, saliendo por la noche, siempre me he sentido más inseguro que en España. No sólo es que la gente va mucho más borracha: de algún modo, los ingleses cuando beben tienen muchas más ganas de bronca, y hay que tener cuidado para no meterte en líos. En España todo el mundo va mucho más relajado y con ganas, simplemente, de pasarlo bien.
Más información:
El joven agredido por unos porteros tenía el corazón reventado de las patadas (El País)
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta sociedad. Mostrar todas las entradas
lunes, noviembre 24, 2008
Con esas zapatillas no pasas
sábado, octubre 11, 2008
Compro oro
Leí anteayer que Gallardón, alcalde de Madrid, había presentado una nueva normativa por la que en breve se va a perseguir la práctica de los hombres anuncio (además de otras como repartir octavillas o los anuncios de neón). El motivo dado es que son prácticas "degradantes". La frase en la ordenanza es, creo "se prohíbe la utilización de personas como soporte publicitario". De ser así parece que también tendrán que prohibir las equipaciones de los jugadores de fútbol, includas las del Real Madrid, quienes además publicitan algo tan poco edificante como una casa de apuestas.
Quizás todo esto tenga relación con la reciente decisión de las autoridades del Concejo de Westminster, en Londres, de prohibir los sandwich boards, que es como los llaman allí. En esta ciudad, esta costumbre ha estado siempre muy extendida. De ello ya hablé en este blog hace un par de años (enlace), pero merece la pena rescatar este enlace que propuse en su momento: un reportaje del Guardian sobre los hombres anuncio del West End londinense.
Enlaces:
Hombres anuncio en Londres (Parquestrit)
The Board Guys of London´s West End (The Guardian)
http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/england/london/7553371.stm
Quizás todo esto tenga relación con la reciente decisión de las autoridades del Concejo de Westminster, en Londres, de prohibir los sandwich boards, que es como los llaman allí. En esta ciudad, esta costumbre ha estado siempre muy extendida. De ello ya hablé en este blog hace un par de años (enlace), pero merece la pena rescatar este enlace que propuse en su momento: un reportaje del Guardian sobre los hombres anuncio del West End londinense.
Enlaces:
Hombres anuncio en Londres (Parquestrit)
The Board Guys of London´s West End (The Guardian)
http://news.bbc.co.uk/2/hi/uk_news/england/london/7553371.stm
martes, febrero 05, 2008
Pulling a sickie
¿Te quedaste ayer en casa y no fuiste al trabajo fingiendo enfermedad? Según un estudio publicado hace pocos años (del que no he encontrado rastro en Internet y que quizás no exista), el primer lunes de febrero es en Inglaterra el día de mayor absentismo laboral de todo el año. Es por ello que últimamente este día se conoce jocosamente como el National Sickie Day. Quizás tenga relación con el saddest day of the year, el día más triste del año, que cae en 26 de enero y que también fue descubierto recientemente."Sickie" es una palabra coloquial bastante simpática. Empleada en la expresión to pull/throw/chuck a sickie, se refiere a la práctica de faltar al trabajo alegando una dolencia o enfermedad falsa. El año pasado, un estudio patrocinado por la patronal británica CBI desveló que el 12% de las ausencias laborales por motivos de salud eran falsas [el estudio llegaba a esta cifra mediante un método bastante dudoso: preguntando a los empresarios cuántas ausencias pensaban que eran por enfermedad fingida].
Al margen de encuestas posiblemente interesadas, el sickie otro elemento más del interesante folklore laboral británico. Como siempre, los británicos no sólo tienen una expresión concreta para hablar de este fenómeno sino que ésta figura con bastante frecuencia en artículos de prensa.
Enlaces:
National sickie day
The art of the sickie (BBC)
miércoles, octubre 24, 2007
Después de usted caballero
Mi vuelta a España me está sirviendo para darme cuenta de curiosas diferencias de costumbres cotidianas en las que no me había fijado nunca. Una de ellas es la de ceder el paso a la otra persona cuando se abre una puerta. Este hábito, desde luego, también se lo encuentra uno en Inglaterra, pero ahí cuando la gente deja pasar a alguien delante suyo suele hacerlo con naturalidad, y si dejar pasar supone apartarse aparatosamente para dejar sitio al otro no se suele hacer.En España, por contra, me encuentro que cuando alguien ofrece el paso a un acompañante suele hacerlo con cierto aire solemne, como queriendo resaltar la muestra de atención. Muchas veces, si por despiste o titubeo no aceptamos la merced y nos quedamos ante la puerta, la otra persona suele permanecer insistente cediéndonos el paso, hasta que nos damos cuenta y pasamos o le decimos de palabra o gesto que no, de ningún modo, después de Ud. caballero. Esta conducta la he observado tanto con desconocidos como entre compañeros de trabajo, aunque quizás no tanto entre amigos cercanos. En ocasiones, sobre todo con vendedores o gente de trato al público, el aplomo y diligencia con las que se empeñan en abrirnos puertas y dejarnos pasar delante rayan lo teatral.
Caso especial es cuando el objeto de la caballerosidad es una mujer. En España aún se lleva lo de dejar pasar a la dama primero, y no pocas mujeres así esperan que se las trate. Según mi experiencia, esto no se da en Inglaterra: los hombres ya no suelen aplicar con las mujeres normas de educación que no aplicarían ante otros hombres. En lugares como el trabajo, dejar pasar a una mujer delante demasiado ostentosamente o mostrarse caballeroso con ella podría incluso considerarse machista y ofensivo.
Incomprensiblemente, la obsequiosidad y educación que uno se encuentra a menudo en España ante desconocidos se esfuma completamente en la carretera, donde la gente se te cuela en las salidas sin el menor rubor, has de esperar decenas de coches antes de que alguno tenga la bondad de dejar que te incorpores, y donde poner el intermitente antes de tiempo es garantía de que el otro acelere para no dejarte pasar.
Curioseando en Internet he encontrado un puñado de artículos y discusiones intesantes sobre este tema. Un artículo de la BBC explica los hallazgos de un estudio sobre la caballerosidad ("chivalry"); más interesante son las opiniones recogidas de algunos lectores británicos, que dan una idea de lo que piensa la gente. En este foro de Word Reference se pueden leer varias opiniones sobre si los españoles solemos dejar pasar a la gente delante nuestro.
¿Qué opináis vosotros?
sábado, junio 09, 2007
Códigos postales
Desde que estudiaba inglés en el colegio ya llamaron mi atención los peculiares códigos postales británicos. Había algo misterioso en esa sucesión aparantemente arbitraria de números y letras (ej: SL6 4BR), como si se tratase de un código secreto de película de espías.Los códigos postales británicos están compuestos de dos partes separadas por un espacio. La primera parte consiste en un código de dos letras seguido de un número de una o dos cifras. Este identificador identifica el distrito postal, y por tanto tiene significado geográfico: las dos letras suelen ser una abreviatura de algún nombre de población, y el número suele indicar la distancia respecto del centro de la misma, aunque tampoco puede fiarse uno mucho: en Bristol, por ejemplo, BS5 y BS6 no son contiguas sino que están en lados opuestos de la ciudad, y hay direcciones en la zona BS8 que son más céntricas que BS3. Las demarcaciones postales, además, suelen extenderse más allá de los límites de la ciudad que les da nombre, cubriendo localidades periféricas que pueden estar en condados diferentes.
Volviendo al ejemplo de Bristol, el pueblo de Cheddar, en el condado de Somerset (cuna del famoso queso del mismo nombre) usa código postal BS27. Aquí se puede ver la división en códigos postales alrededor de Bristol.
La segunda parte del código postal consiste en un otro código consistente en un número seguido de dos letras, que ayuda a localizar el destinatario del correo dentro del distrito postal en cuestión. Este código, al revés que el primero, no tiene un sentido significado fácil de indagar, aunque es lo suficientemente preciso como para especificar no ya direcciones a nivel de calle, sino incluso, si la calle es suficientemente larga, a nivel de manzana. A menudo, cuando llamas por teléfono o te conectas a Internet para darte de alta en algún servicio o hacer alguna gestión, al rellenar tus datos de dirección postal sólo te piden el código postal completo y el número de tu casa. Sólo con esos datos son capaces de saber en qué calle vives.
En Londres los códigos postales son un poco distintos. El primer código se refiere a la zona de la ciudad: N para el norte, NW para el noroeste, EC para la zona este del centro, etc. El número que le sigue indica, más o menos, la distancia respecto del centro, aunque tampoco te puedes fiar mucho: E4, por ejemplo, está en las afueras de la ciudad. El sistema de numeración de códigos postales también otras excepciones y particularidades. A quien le interesen estas cosas puede encontrar toda la información (como siempre) en la Wikipedia, que también cuenta la historia del despliegue del sistema de códigos postales, que es relativamente reciente, por cierto: terminó de implantarse en 1974.
El tema de los códigos postales, a simple vista, no debería dar mucho más de sí, pero sin embargo tiene un aspecto sociológico bastante interesante. Resulta que, en el Reino Unido, los códigos postales son empleados por empresas y entidades públicas para clasificar a la gente que solicita servicios. El ejemplo más claro son las compañías de seguros, que evalúan la peligrosidad del domicilio de sus clientes basándose en su código postal: la diferencia entre vivir en BS8 y en BS6 te puede suponer 60 libras de diferencia en un seguro a terceros para tu coche. También la administración usa frecuentemente los códigos postales para regular el acceso a los servicios públicos: tener el código postal adecuado puede suponer que logres plaza para tu niño en una guardería, o que te den el tratamiento que necesitas en el hospital. Los británicos llaman a esta situación postcode lottery, y allá donde se da es garantía de polémica.Los códigos postales también levantan pasiones por motivos más frívolos. Algunos vecinos de Maidenhead (adinerada localidad a orillas del Támesis, donde viví durante unos años) llevan tiempo tratando de que esta localidad se constituya en distrito postal propio para evitar asociación con la poco refinada ciudad de Slough (famosa por ser donde se desarolla la comedia The Office), a cuya distrito pertenecen con el código SL6. Y, a juzgar por la cubierta de una revista que vi hace unos meses (ver foto), parece que hay otro tipo de pasiones más saludables en las que los códigos postales también desempeñan un papel importante.
Etiquetas:
curiosidades,
sociedad,
vida cotidiana
martes, abril 17, 2007
Con la venia de su señoria
Nuestra amiga Di fue convocada hace un par de semanas como miembro de jurado para el Crown Court de Bristol, y nos cuenta su experiencia en esta interesantísima anotación de su blog, que describe muy bien algunos aspectos del funcionamiento del sistema judicial británico.
Enlace: Jury Service (Di que sí)
Enlace: Jury Service (Di que sí)
martes, marzo 27, 2007
Pisitos
Durante mi primera visita al Reino Unido ya me llamó la atención el perfil de las ciudades británicas. La primera que visité fue precisamente Bristol. A la mañana siguiente de llegar, bajando desde Filton por Gloucester Road en autobús, mientras observaba las hileras de edificios bajos con tiendas, de pronto me di cuenta de que hacía rato que habíamos dejado las afueras, y que la altura de los edificios no iba a aumentar por mucho que nos adentrásemos en la ciudad. Una vez en el centro comprobé, en efecto, que salvo por un puñado de torres de oficinas de aspecto horripilante, y un par de calles de aire urbano un poco más europeo, Bristol era una ciudad muy plana. Días después, ya en Londres, sí encontré la monumentalidad que echaba de menos, aunque incluso allí me sorprendió encontrarme con barrios muy céntricos de edificios bajos de a lo sumo dos o tres alturas, algo que no había visto en ninguna otra ciudad europea. Posteriormente, ya viviendo en el Reino Unido, pude confirmar esa impresión. Casi todos las poblaciones que he visitado en este país son de perfil muy bajo incluso en su centro urbano.En España lo normal es vivir en pisos, y los chalés son propios de las localidades pequeñas. Incluso en las nuevas urbanizaciones que se están construyendo por todo el territorio nacional lo habitual son los edificios de pisos de varias alturas. En el Reino Unido esto no es así: para los británicos, lo natural es vivir en una casa unifamiliar, y la gran mayoría de las urbanizaciones que se han construido durante las últimas décadas son de chalés pareados (semi-detached). No es sólo cosa de los suburbios: las zonas residenciales de muchos cascos urbanos están formadas por hileras de chalés adosados (terraces y townhouses). Hay quien vive en pisos, desde luego. Muchas de las antiguas casonas victorianas o georgianas en ciudades como Bristol han sido divididas en varias viviendas, y suelen ser un alojamiento bastante popular entre los jóvenes. En Londres, son la única forma remotamente asequible de vivir en una zona céntrica.
¿Significa todo esto que en las ciudades británicas no se pueden encontrar torres de viviendas, al uso de los que se encuentran en casi todas las urbes españolas? De ningún modo: también los hay. La diferencia es que, si te topas con una de éstas en el Reino Unido, casi seguro que es tratará de un edificio de council flats. El council housing (literalmente "vivienda municipal") es un tipo de vivienda social que ofrecen los ayuntamientos británicos en régimen de alquiler a los grupos sociales más desfavorecidos. Esta política se remonta bastante atrás en el tiempo: es originaria de principios del siglo XX, cuando las condiciones penosas en las que vivían las clases bajas dieron lugar a un movimiento de beneficencia que propugnaba la construcción de viviendas dignas. Esta política experimentó un impulso tras la I Guerra Mundial, cuando el entonces primer ministro Lloyd George acuñó el eslogan homes fits for heroes ("hogares dignos de héroes"). El verdadero espaldarazo a esta política fue dado después de la II Guerra Mundial, con la construcción de cientos de miles de estas viviendas. Inicialmente el modelo elegido fueron los chalés adosados, pero posteriormente la influencia del movimiento arquitectónico modernista, unida al afán de abaratar y racionalizar el espacio, hicieron que empezaran a proliferar los bloques de pisos.
Esta política de construcción de vivienda social fue mantenida durante décadas por los alternativos gobiernos laboristas y conservadores. Su interrupción brusca llegó con Margaret Thatcher, quien promovió legislación dando derecho a los inquilinos de vivienda municipal a comprar sus casas en condiciones muy ventajosas (right to buy), y en general puso trabas a la construcción de nuevas promociones. Esta política significó que un número enorme de unidades familiares se pudieran permitir por primera vez tener vivienda en propiedad. Al mismo tiempo, supuso que la vivienda social, que hasta entonces era una opción digna para las familias de la clase media-baja, se convirtiese en un recurso propio de los grupos más marginados de la sociedad. Así mismo, con el paso de los años la mala calidad de las viviendas empezó a pasar factura, empeorando su degradación.
En la actualidad, la vivienda social en el Reino Unido es sinónimo de miseria. Los medios de comunicación hace tiempo que acuñaron el término sink estates ("urbanizaciones-cloaca") para referirse a los barrios de council flats y vivienda precaria donde habita la "infraclase" británica que sobrevive de los subsidios sociales. Algunas de estas urbanizaciones están empezando a ser derribadas sin apenas voces en contra. En un país obsesionado desde hace años con la propiedad inmobiliaria, los council flats se han convertido en un molesto recordatorio de un pasado menos próspero. Quizás por eso a los británicos les gusta tan poco vivir en pisos.Más información:
Council House (Wikipedia)
, Behind these walls (Artículo de Lynsey Hanley sobre los council estates), Fresh Start for a run-down estate (BBC), Open the gates and free people from Britain's ghettos, Apartheid is alive and well in Britain, From Hutch to Home
lunes, febrero 12, 2007
Té quiero (y II): el té en la Inglaterra de hoy
Beber té en la Inglaterra de hoy no es una experiencia especialmente refinada, y tampoco está ligada a ninguna momento del día ni a ningún acontecimiento especial. Los ingleses beben té a todas horas, y lo hacen sin ninguna ceremonia: en casa, en el trabajo, e incluso hacen descanso en los partidos de cricket para que los jugadores puedan ir a tomarse una taza.
En la oficina (entorno del trabajo en el que me muevo y del que por tanto puedo hablar), el inglés típico no se separa en toda la jornada de su taza de té. Tecleará frente a su ordenador con ella al lado, se la llevará en la mano cuando tenga que ir a hablar con alguien, beberá sorbos de ella en las reuniones, y a lo largo del día desfilará varias veces hasta la cocina para rellenarla. Las oficinas suelen suministrar a sus empleados tanto té gratuito como un buen número de tazas comunales, que al final de la jornada quedan desperdigadas por escritorios y mesas. Es entonces cuando aparece el limpiador a desempeñar su principal labor (por delante de pasar el aspirador o fregar los servicios): recoger todas esas tazas y llevarlas al lavavajillas.
La preparación del té es poco ceremoniosa (este sitio web lo muestra de forma muy gráfica). En primer lugar, se hierve el agua mediante una kettle o pava. Este utensilio de cocina, en su forma tradicional, es metálico y de forma semiesférica. Se pone al fuego, y cuando el agua comienza a hervir, el vapor sale a presión a través de un silbato que lleva en el pitorro y que avisa de que está ya lista.
En su forma moderna, que es la que casi todo el mundo usa, consiste en una jarra de plástico con una resistencia eléctrica dentro, que se enchufa a la corriente y apenas tarda unos segundos en alcanzar la ebullición. Aunque parezca mentira, hay quien no se conforma y emplea formas más sofisticadas aún de calentar el agua. Un artilugio que instalaron en mi oficina, y que no sé si está muy extendido, es una mini-caldera conectada a la tubería del agua, que almacena permanentemente agua caliente de modo que ésta está disponible de forma instantánea a través de un grifo.
Sea cual sea la forma como se haya obtenido, una vez se tiene agua caliente llega el momento de hacer la infusión propiamente dicha. Tradicionamente, esto se realizaba en una tetera o teapot, en cuyo interior se colocaba un infusor o tea ball lleno de hojas de té picadas. Hoy casi todo el mundo usa té en bolsitas, que se prepara directamente en la taza. Estas bolsitas tienen formas más variadas de lo que uno podría imaginar. Las más extendidas son de forma rectangular, aunque también las hay redondas e incluso piramidales. En el Reino Unido no suelen llevar cordel, de modo que para sacarlas de la taza hay que pescarlas con la cucharilla.
¿Y qué hay de la hierba propiamente dicha? La mayoría del té que se bebe en el Reino Unido es "té negro" (black tea), que se diferencia del té verde en que en su preparación se somete a la hierba a un proceso de oxidación que oscurece su color. Algunas de las variedades más comunes son el English Breakfast Tea, de sabor fuerte; Earl Grey, al que la el aceite de bergamota le da un sabor cítrico; Darjeeling, de origen indio y aroma delicado. En los supermercados también se pueden encontrar tés de Assam, Ceylon, Oolong y algunos más.
Merece la pena hablar también de las tazas. El modelo típico de taza para el té no tienen nada que ver con las delicadas tacitas de porcelana que pueblan las fantasías de los turistas que vienen al Reino Unido buscando un sitio donde tomar té con pastas. Las mugs que usa todo el mundo son sólidos recipientes de aspecto más bien basto. Al mismo tiempo, son un artículo de regalo muy extendido. Se las puede encontrar en diversas tiendas, decoradas con todo tipo de motivos: fotos, frases personalizadas, dibujos humorísticos, diseños atrevidos e incluso formas extravagantes. Cualquier hogar inglés tendrá en el armario de la cocina decenas de ellas.¿Y cómo se acompaña el té? Los ingleses suelen tomarlo con leche (white tea) y azúcar, aunque mucha gente lo toma solo (black tea). Aunque parezca mentira, el orden en que se sirven ambos líquidos es importante. La gente lleva discutiendo desde hace décadas cuál es la forma más conforme con la etiqueta, pero desde el punto de vista científico, lo correcto parece ser echar primero la leche y luego el té. Esto se debe a que las proteínas de la leche se desnaturalizan a altas temperaturas, efecto que no es tan acusado cuando se vierte el té después de la leche. La Royal Society of Chemistry tiene publicada una nota de prensa en la que se habla de este fenómeno y se da cierto número de recomendaciones para preparar el mejor té. No es esta la única fuente de autoridad que se puede encontrar acerca de la preparación del té: quien se fíe más de las letras que de las ciencias puede acudir a este artículo de George Orwell explicando cuál es la mejor manera de preparar el té.
Más información:
Té quiero (I): Historia del té en el Reino Unido (Parquestrit), Tea Council
domingo, diciembre 10, 2006
La Navidad en peligro
Uno de los debates públicos que suelen resurgir por estas fechas es el del acoso a la Navidad. Numerosas historias publicadas durante los últimos años en la prensa popular han difundido la idea de que hay una campaña de los poderes públicos por diluir el significado religioso de la Navidad, o incluso acabar por completo con esta celebración, con el objeto de no ofender a la población de otras religiones. Ayuntamientos que prohiben a los barrenderos llevar sombreros de Santa Claus , colegios que cancelan las tradicionales representaciones navideñas infantiles (nativity plays), oficinas en las que se prohibe colgar decoración festiva. Ante tales atropellos, la prensa tabloide reacciona como bien sabe hacer: organizando campañas. La del Daily Mail, "Campaign for a Real Christmas", se engloba en la ofensiva de este periódico hacia la cultura de lo que ellos llaman political correctness gone mad o "corrección política sacada de quicio". La campaña del Sun, por su parte, es de una sutileza acorde con el nivel intelectual del periódico: Kick 'em in the baubles, ("dadle una patada en las bolas"). Sea a través del tono perpetuamente indignado del Mail o del estilo chabacano el Sun, la Inglaterra profunda clama y se revuelve contra los pérfidos malandrines que intentan arrebatarles la Navidad.
También la prensa más seria se ha contagiado de estas inquietudes, y comentaristas del Times (enlace) y el Telegraph (enlace) han escrito criticando duramente los intentos de sofocar las celebraciones navideñas. En el otro extremo del arco ideológico, las cosas se ven de otro modo. El viernes pasado el Guardian publicaba un reportaje bastante interesante (enlace), en el que se examina cuánto hay de cierto sobre esta supuesta cruzada antinavideña. La conclusión es que muchas de las historias en las que se basa la prensa tabloide son o bien simples leyendas urbanas (como la de que en Birmingham el ayuntamiento ha rebautizado las navidades como "Winterval"), o bien exageraciones de sucedidos anecdóticos. El Independent publica hoy otro artículo (enlace) en el que se llega a la conclusión de que sí que hay casos de intentos de limitar las celebraciones y decoraciones navideñas, aunque no tanto por miedo a ofender a los no cristianos sino por health and safety o "seguidad y salud en el trabajo", esa gran obsesión británica.
Mientras, uno pasea por la calle decorada con la raquitica iluminación festiva, escuchando empalagosos villancicos pop sonando por todos lados, observando las tiendas empapeladas de decoración navideña, y esquivando las hordas de compradores de mirada febril que pululan por las calles, y se sorprende de que haya quien crea que la celebración de la Navidad está en peligro en el Reino Unido.
También la prensa más seria se ha contagiado de estas inquietudes, y comentaristas del Times (enlace) y el Telegraph (enlace) han escrito criticando duramente los intentos de sofocar las celebraciones navideñas. En el otro extremo del arco ideológico, las cosas se ven de otro modo. El viernes pasado el Guardian publicaba un reportaje bastante interesante (enlace), en el que se examina cuánto hay de cierto sobre esta supuesta cruzada antinavideña. La conclusión es que muchas de las historias en las que se basa la prensa tabloide son o bien simples leyendas urbanas (como la de que en Birmingham el ayuntamiento ha rebautizado las navidades como "Winterval"), o bien exageraciones de sucedidos anecdóticos. El Independent publica hoy otro artículo (enlace) en el que se llega a la conclusión de que sí que hay casos de intentos de limitar las celebraciones y decoraciones navideñas, aunque no tanto por miedo a ofender a los no cristianos sino por health and safety o "seguidad y salud en el trabajo", esa gran obsesión británica.
Mientras, uno pasea por la calle decorada con la raquitica iluminación festiva, escuchando empalagosos villancicos pop sonando por todos lados, observando las tiendas empapeladas de decoración navideña, y esquivando las hordas de compradores de mirada febril que pululan por las calles, y se sorprende de que haya quien crea que la celebración de la Navidad está en peligro en el Reino Unido.
domingo, noviembre 12, 2006
No purchase necessary
Organizar sorteos es una de las tácticas publicitarias más antiguas y me imagino que más efectivas, porque se sigue haciendo desde hace años. Cuando eres pequeño los premios y los concursos excitan mucho la imaginación, y durante mi infancia, como todo el mundo, participé en decenas de concursos, cumplimentando trabajosamente las diversas condiciones necesarias: recortar cupones de revistas, reunir tapas de yogures, juntar etiquetas. Toda esta disciplinada actividad no sirvió para mucho: lo único que me llegó a tocar fue un monopatín que regalaban en una rifa de un supermercado al lado de mi casa. Ya de joven, perdí el interés hacia este tipo de cosas, y desde hace ya unos años evito expresamente este tipo de competiciones. Los datos personales se han convertido en un preciado tesoro, y la probabilidad ínfima de ganar un iPod en un sorteo no compensa la avalancha de correspondencia basura de la Galería del Coleccionista que con toda certeza empezarás a recibir después de mandar el cupon con tus señas.En el Reino Unido pasa lo mismo, desde luego: no hace falta andar muy lejos por la calle para encontrarse carteles en algún banco anunciando sorteos de coches o televisiones de plasma, y lo mismo en el supermercado siempre se encuentra algún producto regalando premios. Sin embargo, hace poco he descubierto algo realmente curioso: en la mayoría de estos sorteos organizados por marcas comerciales o tiendas, si no en todos, no hace falta comprar nada para poder participar en ellos. Si se mira la letra pequeña donde vienen las bases (terms & conditions) de estas competiciones, casi siempre se indica que no es necesario comprar nada para participar (no purchase necessary)
He estado investigando en Internet pero, extrañamente, no he encontrado casi información sobre el tema. Lo más concreto que he visto es este documento de la sucursal inglesa de la Market Research Society. En él se describen una serie de recomendaciones para la organización de sorteos (free prize draws) derivadas de la legislación británica. Según parece, quien organiza un sorteo está obligado a permitir la participación libre de quien lo desee, sin que pueda exigirse a los concursantes comprar ni pagar nada. De lo contrario, la competición estaría sujeta a la legislación británica de juego y lotería, que me imagino que impone severas condiciones.
Esta peculiaridad da lugar a situaciones bastante graciosas. Hace unos años, Walkers lanzó una promoción en la que se podían encontrar billetes de 20 libras dentro de bolsas de patatas fritas. Las bases de la promoción, en letra pequeña, afirmaban que no era necesaria ninguna compra para participar. Es una lástima no tener el texto original, pero por lo que recuerdo se añadía que sólo había que mandarles los datos personales para que un empleado de Walkers jugase por ti, abriendo una bolsa y mirando dentro si te había tocado el billete.
martes, septiembre 19, 2006
El retorno de Jamie Oliver
El año pasado ya escribí sobre Jamie Oliver, que había dejado los programas de cocina para protagonizar una serie de televisión documental más comprometida, "Jamie's School Dinners", en la que en varios episodios se muestran los esfuerzos de este chef estrella por mejorar la alimentación de los alumnos de un número escogido de colegios de primaria.
La serie fue un éxito tremendo, estimulando la inquietud de la sociedad británica por la alimentación de sus colegiales y forzando al Gobierno a responder en el debate. Ayer pusieron por la tele "Jamie's Return To School Dinners", donde Jamie vuelve para comprobar si la campaña que puso en movimiento de mejorar la dieta de los chavales avanza a buen ritmo.
Borja habla muy bien de ello hoy en esta entrada de su blog, así que no añadiré más. Salvo una cosa: programas como este demuestran que es posible hacer televisión que combine innovación, entretenimiento, compromiso social y que sea éxito de audiencia. Lo podrido del panorama televisivo español, por tanto, no tiene excusa.
Enlace:
Vuelve Jamie (Reciclando Palabras)
La serie fue un éxito tremendo, estimulando la inquietud de la sociedad británica por la alimentación de sus colegiales y forzando al Gobierno a responder en el debate. Ayer pusieron por la tele "Jamie's Return To School Dinners", donde Jamie vuelve para comprobar si la campaña que puso en movimiento de mejorar la dieta de los chavales avanza a buen ritmo.
Borja habla muy bien de ello hoy en esta entrada de su blog, así que no añadiré más. Salvo una cosa: programas como este demuestran que es posible hacer televisión que combine innovación, entretenimiento, compromiso social y que sea éxito de audiencia. Lo podrido del panorama televisivo español, por tanto, no tiene excusa.
Enlace:
Vuelve Jamie (Reciclando Palabras)
sábado, septiembre 16, 2006
Ryanair
Hace pocas semanas, tuvo bastante repercusión en los medios españoles la noticia de cómo a la aerolínea Ryanair le había salido el tiro por la culata al intentar un golpe publicitario de pocos escrúpulos. Esta compañía de vuelos baratos había prometido billetes gratis a quienes acudiesen a una concentración en Barcelona en contra de Iberia. La asistencia fue mayor de la esperada y no se pudieron repartir vuelos suficientes para todos, de modo que los manifestantes mercenarios cambiaron el blanco de sus iras por la compañía irlandesa, formándose un tumulto que obligó a la policía a intervenir y en el que la responsable de la empresa debió de pasar un mal rato.Ryanair no es una compañía que me caiga muy simpática, y sentí una gran alegría maliciosa al leer la noticia. En el Reino Unido, las prácticas chocantes y mezquinas de esta aerolínea aparecen en la prensa con regularidad. El año pasado Ryanair fue condenada a pagar una indemnización a un discapaticado al que se le había obligado a pagar 18 libras por usar una silla de ruedas para acceder al avión. Meses antes, también tuvo gran eco en la prensa la prohibición a los empleados de la empresa de usar cargadores de móvil en el trabajo. Los trabajadores de Ryanair, también se supo, tienen que comprarse sus propios uniformes y pagarse los cursos de formación. El furor ahorrador de la compañía hace que hayan eliminado los bolsillos de los asientos y que desde hace poco cobren por cada pieza de equipaje facturada. La fantochada más reciente en la que se ha embarcado Michael O'Leary, el excéntrico presidente de la compañía, ha sido demandar al Gobierno británico por las medidas de seguridad extraordinarias que mandó introducir en los aeropuertos después de que, el mes pasado, se abortase un compló terrorista para hacer explotar varios aviones durante el vuelo (suceso del cual Ryanair intentaron sacar tajada, por cierto).
Yo he volado en tres ocasiones con Ryanair. En dos ocasiones fue con billetes realmente baratos: 1 penique por un vuelo a Trieste, y 20 libras por volar a Eindhoven (sin incluir las 20 libras de tasas de aeropuerto). El año pasado volé desde Bristol a Dublín, y aunque no fue por una ganga como las anteriores el vuelo me salió bastante barato. En cuanto a la experiencia, en honor a la verdad en ninguna de las ocasiones fue mala. Los aviones eran de segunda mano y de aspecto bastante destartalado, y el ambiente general era de cutrerío poco disimulado, pero por lo demás el trato fue correcto y no sufrí retrasos ni complicaciones. En suma, mucho mejor que la experiencia habitual en un vuelo de Iberia.
Sin embargo, la obsesión enfermiza de Ryanair por abaratar costes me hace sentir bastante desconfiado. Es sólo cuestión de tiempo que esta racanería acabe haciendo mella en la seguridad de los vuelos. Prefiero mil veces Easyjet, que aunque no ofrece precios tan desquiciadamente baratos, tiene un aire de eficiencia, cortesía y seriedad que me deja mucho más tranquilo cuando vuelo con ellos.
Fuentes:
Una campaña publicitaria de Ryanair en Barcelona provoca las protestas
de centenares de personas (La Vanguardia), Ryanair Loses Disability Ruling (BBC), Ryanair's latest cut on costs: staff banned from charging phones (Guardian), Luggage 'ban' for Ryanair flyers (BBC), Ryanair demanda 4,7 millones al Gobierno británico por el caos aéreo (El País)
domingo, septiembre 03, 2006
Campeones del mundo
Hoy, como tantos españoles, he redescubierto el baloncesto. El partido de hoy me ha hecho vibrar: por primera vez he visto a una selección española no sólo vencer en un mundial sino hacerlo rotúndamente, sin gestas agónicas ni sufrimientos. Siento, sin embargo, que no tengo ningún derecho de hacer mía esta victoria: como tantos españoles, durante más de diez años he sido totalmente indiferente a este deporte, y eso que durante mis años de bachillerato solía practicarlo bastante. Aunque quizás este anonimato que ha sufrido el baloncesto en España durante tanto tiempo haya sido positivo, evitando que haya sido asfixiado por la hipercomercialización y el acoso de los medios que han asolado el fútbol. En el encuentro de hoy se podía respirar un refrescante ambiente de deporte por el deporte difícil de disfrutar en medio el tinglado que rodea al deporte rey.
Es una lástima porque no voy a poder alardear de esta victoria ante mis compañeros de trabajo ingleses. El baloncesto es un deporte testimonial en el Reino Unido, y apenas recibe cobertura alguna en los medios de comunicación. En las calles británicas se pueden encontrar canchas para jugar, pero mucho menos que en España.
Curiosamente, lo más parecido al baloncesto que he visto en la televisión británica es el netball. Se trata de un deporte de aspecto similar pero con reglas bastante distintas. Su característica más chocante es que las canastas no tienen tabla, sino que están sujetas de un poste. El netball es un deporte principalmente femenino, y es una de las disciplinas que forman parte de los Commonwealth Games, que son una especie de juegos olímpicos organizados periódicamente entre países de la Commonwealth, es decir, antiguas colonias británicas.
Más información: Basketball in England (Wikipedia en inglés), England Basketball, Netball (Wikipedia en inglés)
Es una lástima porque no voy a poder alardear de esta victoria ante mis compañeros de trabajo ingleses. El baloncesto es un deporte testimonial en el Reino Unido, y apenas recibe cobertura alguna en los medios de comunicación. En las calles británicas se pueden encontrar canchas para jugar, pero mucho menos que en España.
Curiosamente, lo más parecido al baloncesto que he visto en la televisión británica es el netball. Se trata de un deporte de aspecto similar pero con reglas bastante distintas. Su característica más chocante es que las canastas no tienen tabla, sino que están sujetas de un poste. El netball es un deporte principalmente femenino, y es una de las disciplinas que forman parte de los Commonwealth Games, que son una especie de juegos olímpicos organizados periódicamente entre países de la Commonwealth, es decir, antiguas colonias británicas.Más información: Basketball in England (Wikipedia en inglés), England Basketball, Netball (Wikipedia en inglés)
miércoles, julio 12, 2006
Sobre dos ruedas
Esta semana leía en elpais.es este reportaje sobre el atraso de Madrid (extensible a la mayoría de las ciudades españolas) a la hora de popularizar la bicicleta como medio de transporte. Las reticencias de las autoridades madrileñas y de la población de la capital a la hora de apostar por este modo de transporte son un bochornoso signo de subdesarrollo. Recuerdo como, en un interraíl que hice hace diez años, me maravillaba de lo en serio que en casi todas las ciudades europeas que visité se tomaban este medio de transporte, equipando extensas redes de carriles bici. En Copenhague incluso me encontré con una curiosa iniciativa: el ayuntamiento había repartido por la ciudad puestos de préstamo gratuito de bicicletas, que podían ser liberadas de su anclaje insertando una moneda, como los carritos de los supermercados. Recientemente, en una visita a Berlín, observé que allí tenían en marcha un esquema similar: por las calles se podían encontrar unas aparatosas bicicletas, disponibles para ser alquiladas mediante el teléfono móvil.En Madrid, sin embargo, desde que tengo uso de razón no se ha tomado ninguna medida seria para fomentar el uso de la bici. Y es una lástima: con su clima predominantemente seco y la ausencia de grandes pendientes, es una ciudad que podría ser muy acogedora para el ciclismo. El único punto negativo que veo es la agresividad de la conducción madrileña, que seguro que asustaría a no pocos.
En el Reino Unido, la bicicleta quizás no esté lo extendida que está entre otros países europeos pero es definitivamente una opción seria de transporte. Hace poco, el nuevo líder de los Conservadores británicos, David Cameron, en una eficaz jugada mediática apareció fotografiado en todos los periódicos montado en una bici en su trayecto de todos los días desde su casa en Notting Hill hasta el Parlamento (después se supo que detrás iba el coche con su chófer llevándole el maletín y los zapatos).En Bristol hay carriles bici habilitados en tramos de las principales calles, y se ve a mucha gente haciendo uso de ellos. En mi trabajo hay mucha gente que va a la oficina en bicicleta. Y no estoy hablando de los más jóvenes; varios de los jefes se ponen el mallot todos los días del año y pedalean varios kilómetros haga frío, calor o lluvia. En España esto sería considerado una conducta excéntrica.
Por mi parte, he de reconocer que voy en coche. Desgraciadamente no tengo sitio en mi piso donde guardar la bici; aunque he de admitir que aunque lo tuviese posiblemente sería demasiado perezoso para hacerme veintipico kilómetros diarios entre ida y vuelta. No creo que se trate de ser un fanático de este medio de transporte y renegar del coche. Al contrario, lo que habría que hacer es dejar el coche para los trayectos medios y largos y usar la bici para los desplazamientos cortos, aquellos para los que andando se tarda demasiado. No sólo es una manera mucho más razonable de hacer ejercicio que apuntarse un gimnasio: se ayuda a descongestionar la ciudad y se ahorra dinero en gasolina. Algún día la gente se dará cuenta de esto en Madrid, y la ciudad se volverá un poquito más habitable.
martes, mayo 23, 2006
El problema con Alemania
Hoy el suplemento diario del Guardian G2 ha sido un monográfico sobre Alemania, supongo que con motivo de los mundiales de fútbol que se celebran dentro de unas semanas en este país. Me ha recordado este tema del que tenía pensado hablar en este blog en alguna ocasión: la gran hostilidad, a veces rayana con el odio, que los británicos sienten hacia los alemanes. El suplemento del Guardian trata abiertamente y sin tapujos estos sentimientos.
Esta hostilidad se manifiesta, sobre todo, a través el fútbol. Los partidos entre las selecciones inglesa y alemana son acontecimientos trascendentales en el Reino Unido, y las ocasiones en las que Inglaterra vence al país germano son apoteosis del revanchismo. En particular, hay dos encuentros históricos que son aún recordados a través de DVDs, libros conmemoratorios, camisetas y demás parafernalia: la victoria inglesa en la final del mundial de fútbol de 1966, y el 1-5 que los ingleses le endosaron a los alemanes en 2001 en un partido clasificatorio para el mundial. Esta furibunda rivalidad, por cierto, es unidireccional: los alemanes, desde luego, no se toman los partidos contra Inglaterra con la misma seriedad.El motivo de esta enemistad es, desde luego, las dos guerras mundiales que los británicos han luchado durante el siglo pasado contra los alemanes. Ambos conflictos bélicos fueron desgarradores para el país, y todavía siguen muy presentes en la psique de sus habitantes, como demuestra la gran importancia que se les da a las celebraciones del Remembrance Day de todos los años. Los británicos siguen viendo a los alemanes como enemigos bélicos. Ahora ya no tanto, pero hace unos años, al poco de venir a vivir al país, me sorprendía que no había semana que no pusiesen por la tele algún documental sobre Hitler, los nazis, o cualquier otro tema relacionando con la II Guerra Mundial.
Otro motivo de rencor es, sospecho, el hecho de que Alemania, tras la guerra, no tardó nada en renacer de sus cenizas y reconstruirse, alcanzando en tiempo récord cotas de desarrollo y bienestar superiores a las del Reino Unido. Mientras, este país se sumía en un declive económico y geopolítico, del que sólo ha podido recuperarse durante las últimas décadas.
Pese a todo esto, he de decir que la gran mayoria de los británicos suelen dejar de lado estos rencores y resentimientos cuando tratan personalmente con los alemanes. Desde luego, la persona más indicada para confirmar esto sería un alemán, pero yo nunca he visto ocasiones en las que se maltratase a un alemán, o se hablase mal de él a sus espaldas por motivos xenófobos. Aunque me han contado de casos en los que coches con matrícula alemana son víctimas de vandalismo, y seguro que más de un ciudadano germano habrá pasado un mal rato en alguna ocasión ante un grupo de ingleses borrachos.
Más información: Especial sobre Alemania (The Guardian)
martes, marzo 28, 2006
De huelga
Hoy en el Reino Unido se había convocado una huelga de trabajadores públicos para protestar por una medida del Gobierno que retrasa la edad de jubilación de los 60, igualándola a la del resto de los trabajadores, que creo que es 65, aunque se prevé que se retrase hasta los 68.
En un país donde los servicios públicos son más bien escuetos, el impacto de esta huelga no tiene nada que ver con el que hubiese tenido en otros sitios como España. O Francia, que precisamente en estos días está haciendo un ejemplar despliegue de protestontismo por la introducción de un nuevo contrato juvenil con menos garantías laborales. He leído que en zonas del Reino Unido la huelga sí que ha tenido cierta repercusión, sobre todo por el norte de Inglaterra, pero en Bristol no he notado nada fuera de lo común: apenas un puñado de piquetes informativos (literalmente, no como los coactivos de España) repartiendo folletos a la entrada de algunas oficinas públicas.
Más información: Warning of a long pensions dispute (BBC)
En un país donde los servicios públicos son más bien escuetos, el impacto de esta huelga no tiene nada que ver con el que hubiese tenido en otros sitios como España. O Francia, que precisamente en estos días está haciendo un ejemplar despliegue de protestontismo por la introducción de un nuevo contrato juvenil con menos garantías laborales. He leído que en zonas del Reino Unido la huelga sí que ha tenido cierta repercusión, sobre todo por el norte de Inglaterra, pero en Bristol no he notado nada fuera de lo común: apenas un puñado de piquetes informativos (literalmente, no como los coactivos de España) repartiendo folletos a la entrada de algunas oficinas públicas.
Más información: Warning of a long pensions dispute (BBC)
Suscribirse a:
Entradas (Atom)