Han sido dos o tres meses de preparativos y por fin el momento está cerca. Por muy bien que se hayan planeado, hay tareas que es inevitable dejar para el último momento, como por ejemplo la limpieza de la casa. Esto no se refiere simplemente a hacer limpieza a fondo para dejarla en buen estado y que la agencia de alquiler no nos ponga pegas en la devolución de la fianza. Lo peor, o al menos lo fue en mi caso, fue deshacerse de la increíble cantidad de muebles, cacharros y objetos que había decidido no llevarme de vuelta a España.
Muchos de ellos no eran más que basura: papelotes, trastos estropeados o ropa vieja, pero otros eran cosas como muebles utensilios de cocina o comida que no se podían tirar así como así. Lo primero lo despaché en una visita al punto limpio de la ciudad; lo segundo lo repartí entre mis amigos de Bristol, para lo cual fueron necesarios varios viajes en coche.
Otra opción muy recomendable para deshacerse de pertenencias son las charities o tiendas de beneficiencia. Siempre suele haber alguna cerca de cualquier barrio, y suelen aceptar ropa o utensilios en buen estado para luego venderlos e invertir el dinero para distintas causas benéficas. En mi caso hice varias visitas a estos establecimientos, una de ellas in extremis el día anterior al viaje para deshacerme de un reproductor de video, algo de ropa usada y algún que otro cachivache por el que no se había interesando ninguno de mis amigos.
Llegó el último día, y después de dejarme los cuernos en ello logré tener la casa más o menos limpia y a punto. Un problema importante que hay que tener en cuenta desde el principio es cómo efectuar el check out o abandono de la casa. Si se comparte piso o se está en un régimen de alojamiento más informal es posible que se tenga más flexibilidad. Cuando se está con contrato de alquiler hay ocasiones que es necesario estar presente mientras el hombre o mujer de la agencia verifica que está todo en orden. En mi caso no hacía falta que yo estuviese en persona, de modo que pude dejar el piso por la mañana temprano y echar las llaves por el buzón de la agencia de alquiler, saliendo con tiempo suficiente para coger el ferry en Plymouth a las doce del mediodía. Si no hubiese podido ser así posiblemente no me habría dado tiempo de dejar la casa el mismo día del viaje, sino que habría tenido que dejarla un día antes y apañármelas para pasar la noche en otro sitio, con el consiguiente problema de tener que llevarme mi equipaje conmigo.
Equipaje que no era ligero que digamos. Otro de los nervios finales fue la incertidumbre de si iba a caber en el coche. Pese a que había intentando por todos los medios llevar el mínimo de peso en mi vehículo, la cantidad y volumen del equipaje excedieron mis previsiones. El día anterior al viaje hube de hacer un simulacro y llenar el coche para comprobar que cabía todo y hacerme una idea del tiempo que llevaría llenarlo.
Al final, apenas tuve tiempo de disfrutar como deseaba mis últimas semanas en Bristol. Dejé para el final un montón de planes que no pude llevar a la práctica, como pasear por determinados barrios para despedirme de ellos, o visitar lugares como la Red Lodge o el Zoo que aún no había visto. Lo que sí pude hacer, afortunadamente, fue despedirme en condiciones de los amigos, aunque el tiempo que pude pasar con ellos los últimos días fue inevitablemente menor del que me hubiese gustado.
Y aquí concluye esta miniserie de anotaciones sobre mi vuelta a España. Así leído, posiblemente suene tremendamente aparatoso y complicado, pero lo peor viene después: los primeros pasos y la readaptación a la vida en el país de origen. De eso quizás hable en otro momento.
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miércoles, octubre 10, 2007
Cómo volverse a España (y IV): los últimos días
martes, octubre 02, 2007
Cómo volverse a España (III): los papeleos
Uno de los aspectos más enrevesados del cambio de país es, por supuesto, todos los papeleos que esto conlleva. Se da la complicación de que hay que realizarlos por partida doble: tanto en Inglaterra como en España. No voy a dar un premio a quien adivine en cuál de los dos países las gestiones son más complicadas y engorrosas.
En realidad, el 90% de los papeleos que tuve que realizar consistieron simplemente en cambiar la dirección. En Inglaterra, para hacerlo casi siempre basta con hacer una llamada telefónica. Esto incluye el Inland Revenue, que es realmente importante que sepa como localizarnos, no vaya a ser que nos vayamos del país sin saldar cuentas con el Fisco. Otra de las gestiones importantes es pedir un certificado E301 de National Insurance Contributions. Éste nos permitirá convalidar nuestras contribuciones a la Seguridad Social británica con la española.
Algo que es muy importante es asegurarse de que recibimos el certificado P60. Este papelito resume las retenciones del impuesto de la renta y de la seguridad social practicadas durante el último año fiscal. Mi empresa no registró bien el cambio de dirección y me lo mandaron a mi antigua dirección; fue gracias a la amabilidad de mis vecinos, quienes me lo reenviaron, que no lo perdí.
Por casos como este es conveniente dejar a tus vecinos alguna dirección a la que puedan reenviar el correo a tu nombre durante las primeras semanas. En Inglaterra, si recibes una carta a nombre de alguien que ya no vive en tu dirección puedes tachar ésta, escribir en el sobre la nueva dirección de la persona y echarlo en un buzón: Royal Mail se ocupará de reenviárselo al nuevo domicilio. Me imagino que esto sólo funciona para direcciones británicas, de modo que para poder hacer esto tienes que conocer a alguien en el país a quien no le importe que envíen correo a tu nombre.
Si no te quedan contactos en el Reino Unido o si no te fías de tus vecinos, otra posibilidad más seria es contratar un servicio de redirección. Por una cantidad razonable (unas 15 libras al mes), puedes solicitar a Royal Mail que reenvíe a una dirección de fuera del país todo el correo que sea enviado a tu dirección antigua. Para contratarlo sólo tienes que demostrar que viviste allí (mediante una factura, por ejemplo), y los sucesivos meses es posible renovar a través de Internet.
Volviendo al asunto de las gestiones, otra de las que se pueden hacer a distancia es la baja del Consulado. Quien, como yo, haya perdido un día entero en Londres inscribiéndose como residente para que luego no le sirva de nada, se alegrará de saber que el trámite para darse de baja se puede hacer por correo. Con la baja consular uno ya puede empadronarse en la localidad donde vaya a residir en España. En Madrid, el trámite se puede hacer también a distancia, bajándose un formulario pdf, rellenándolo y enviándolo por correo.
Si se tiene coche con matrícula británica, y en vez de venderlo se deseara (por el motivo que fuese) llevárselo a España, se tendrá que dar de baja. Esto es tan sencillo como separar un cupón de los papeles del vehículo (el logbook) y enviarlo al DVLA. Incluso se puede solicitar la devolución parcial del impuesto de circulación. También será preciso dar de baja el seguro. Del lado español, la matriculación del coche importado es bastante más complicada, y supondrá varias visitas a la jefatura provincial de la DGT, al banco para pagar el impuesto y a la estación de la ITV. La legislación sobre tráfico española es verdaderamente chapucera y autocontradictoria, así que lo mejor es armarse de paciencia.
No voy a extenderme mucho más para no abrumar; me dejo en el tintero gestiones obvias como dar de baja el gas o la electricidad. Sé que esta anotación no es muy exhaustiva, pero no pretende dar una relación precisa de pasos a seguir sino dar simplemente una idea de a lo que uno tiene que enfrentarse. Para más información, sugiero esta página del Ministerio de Asuntos Exteriores, que trata sobre todos los trámites a realizar del lado español; esta otra página de la administración del Reino Unido, a pesar de estar orientada a británicos que se van a vivir al extranjero, incluye mucha información que nos va a ser útil.
En realidad, el 90% de los papeleos que tuve que realizar consistieron simplemente en cambiar la dirección. En Inglaterra, para hacerlo casi siempre basta con hacer una llamada telefónica. Esto incluye el Inland Revenue, que es realmente importante que sepa como localizarnos, no vaya a ser que nos vayamos del país sin saldar cuentas con el Fisco. Otra de las gestiones importantes es pedir un certificado E301 de National Insurance Contributions. Éste nos permitirá convalidar nuestras contribuciones a la Seguridad Social británica con la española.
Algo que es muy importante es asegurarse de que recibimos el certificado P60. Este papelito resume las retenciones del impuesto de la renta y de la seguridad social practicadas durante el último año fiscal. Mi empresa no registró bien el cambio de dirección y me lo mandaron a mi antigua dirección; fue gracias a la amabilidad de mis vecinos, quienes me lo reenviaron, que no lo perdí.
Por casos como este es conveniente dejar a tus vecinos alguna dirección a la que puedan reenviar el correo a tu nombre durante las primeras semanas. En Inglaterra, si recibes una carta a nombre de alguien que ya no vive en tu dirección puedes tachar ésta, escribir en el sobre la nueva dirección de la persona y echarlo en un buzón: Royal Mail se ocupará de reenviárselo al nuevo domicilio. Me imagino que esto sólo funciona para direcciones británicas, de modo que para poder hacer esto tienes que conocer a alguien en el país a quien no le importe que envíen correo a tu nombre.
Si no te quedan contactos en el Reino Unido o si no te fías de tus vecinos, otra posibilidad más seria es contratar un servicio de redirección. Por una cantidad razonable (unas 15 libras al mes), puedes solicitar a Royal Mail que reenvíe a una dirección de fuera del país todo el correo que sea enviado a tu dirección antigua. Para contratarlo sólo tienes que demostrar que viviste allí (mediante una factura, por ejemplo), y los sucesivos meses es posible renovar a través de Internet.
Volviendo al asunto de las gestiones, otra de las que se pueden hacer a distancia es la baja del Consulado. Quien, como yo, haya perdido un día entero en Londres inscribiéndose como residente para que luego no le sirva de nada, se alegrará de saber que el trámite para darse de baja se puede hacer por correo. Con la baja consular uno ya puede empadronarse en la localidad donde vaya a residir en España. En Madrid, el trámite se puede hacer también a distancia, bajándose un formulario pdf, rellenándolo y enviándolo por correo.
Si se tiene coche con matrícula británica, y en vez de venderlo se deseara (por el motivo que fuese) llevárselo a España, se tendrá que dar de baja. Esto es tan sencillo como separar un cupón de los papeles del vehículo (el logbook) y enviarlo al DVLA. Incluso se puede solicitar la devolución parcial del impuesto de circulación. También será preciso dar de baja el seguro. Del lado español, la matriculación del coche importado es bastante más complicada, y supondrá varias visitas a la jefatura provincial de la DGT, al banco para pagar el impuesto y a la estación de la ITV. La legislación sobre tráfico española es verdaderamente chapucera y autocontradictoria, así que lo mejor es armarse de paciencia.
No voy a extenderme mucho más para no abrumar; me dejo en el tintero gestiones obvias como dar de baja el gas o la electricidad. Sé que esta anotación no es muy exhaustiva, pero no pretende dar una relación precisa de pasos a seguir sino dar simplemente una idea de a lo que uno tiene que enfrentarse. Para más información, sugiero esta página del Ministerio de Asuntos Exteriores, que trata sobre todos los trámites a realizar del lado español; esta otra página de la administración del Reino Unido, a pesar de estar orientada a británicos que se van a vivir al extranjero, incluye mucha información que nos va a ser útil.
miércoles, septiembre 26, 2007
Cómo volverse a España (II): la mudanza
Mucha gente que se va a pasar una temporada al extranjero se va con lo puesto. No fue ese mi caso cuando me fui a Inglaterra hace siete años. Como el viaje lo hice en coche, pude llenarlo hasta arriba con todas mis cosas, a las que se les unieron, días más tarde, unas pocas cajas que envié por mensajero.
Al cabo de seis años y pico, mis posesiones se habían multiplicado, de modo que no tuve más remedio que plantearse enviarlo todo en cajas. Tanteé las empresas de mensajería más famosas como DHL y UPS, que ofrecen servicios no urgentes que cobran por peso. Me dijeron, sin embargo, que no trabajaban para particulares. Así que tuve que recurrir a las empresas clásicas de mudanza o removals.
Mi primer impulso fue buscar empresas prestigiosas en Internet. Me salieron varias de aspecto sólido, muchas de ellas con atractivos servicios web de petición de presupuesto y contratación. Sin embargo, la mayoría operaban desde Londres, y te cobraban un extra por ir a recoger cajas a otras ciudades. Pronto me di cuenta de que lo que tenía sentido era buscar una empresa local de Bristol, o al menos una empresa de ámbito nacional con sucursal en esta ciudad, tuviesen o no sitios web atractivos. Uno a menudo se olvida de que aún hay vida más allá de Internet.
Di con varias empresas con sucursales cercanas, las llamé y pedí presupuestos. Las empresas de mudanzas cobran por volumen total, no por peso. Tuve que estimar el número de cajas, y a partir de ello el volumen resultante en pies cúbicos (curiosa unidad de medida). Al final la empresa que me inspiró más confianza y la que me ofrecía el presupuesto más atractivo fue Fox Removals.
Normalmente estas empresas se ocupan no sólo del traslado de las cajas, sino de su empaquetado previo. Yo, sin embargo, como no tenía muebles que enviar sino simplemente ropa, posesiones variadas y libros, muchos libros, decidí ocuparme yo mismo del empaquetamiento. Un requisito de la empresa era uqe las cajas fueran de tamaños regulares, así que compré (a través de Internet) unas par de docenas de cajas de dos tamaños: unas planas para libros y cosas pesadas, de 42x42x21, y otras de forma cúbica más grandes para ropa y objetos más livianos, de 42cm de lado.
Llenarlas fue un auténtico suplicio que me llevó más de una semana. Otro de los requisitos de la empresa de mudanza era que las cajas tenían que ser suficientemente ligeras como para que una persona las pudiese manejar con seguridad. Por más que lo intenté, no logré que me dieran una cantidad absoluta en kilos, de modo que decidí ceñirme a un límite de 20 kg por caja, que me pareció razonable. El tener que preocuparme de equilibrar el peso, distribuyendo objetos ligeros con pesados, fue verdaderamente engorroso. Lo peor es que al final, harto de empaquetar, descarté un buen número de cosas, pensando o bien en dejarlas atrás o en llevarlas en el coche. Más tarde lo lamentaría.
En este punto ya puedo comenzar a dar consejos. El primero es este: ya que haces el esfuerzo mete en las cajas todo lo que puedas, aunque suponga excederte del presupuesto inicial y tener que comprar más cajas. Otro consejo es: si tienes muchas cajas, mejor que las empaqueten los de la empresa de mudanzas por ti. Esto tiene la ventaja añadida de que si se rompe algo, el seguro te lo cubrirá; si lo empaquetas tú, sólo te cubre la pérdida de cajas. El seguro, por cierto, es opcional, pero muy recomendable de comprar, ya que no cuesta mucho. Otra práctica muy recomendable, pese a lo pesado que es, es hacer un inventario detallado de qué va en cada caja. Posteriormente, cuando estés desempaquetando, lo agradecerás.
Las cajas vinieron a recogerlas el día acordado. Aparecieron dos empleados de la empresa: el conductor y un forzudo que se ocuparía de acarrearlas. El edificio donde vivía no tenía ascensor, de modo que el espectáculo de verle resoplar y sudar como un cerdo a lo largo de los varios viajes que tuvo que hacer tres pisos arriba y abajo fue bastante incómodo. Pude ver que mis temores de que las cajas pesasen demasiado habían sido exagerados: el chaval, para hacer el menor número de viajes, apilaba las cajas de 20kg de dos en dos y las transportaba como si fuera la mochila del cole.
La recogida fue un par de semanas antes de que abandonara el país; escogí esa fecha para que no se me juntara todo los últimos días. Las cajas fueron a parar a un almacén donde estuvieron esperando a que hubiese un nuevo camión disponible con destino a España. Este fue uno de los puntos en los que sentí más inquietud. La empresa de Bristol no me pudo asegurar hasta muy tarde cuándo enviarían las cajas a su destino. Estaban pendientes de que se lo confirmara el departamento internacional, que estaba esperando a que hubiesen suficientes envíos (aparte del mío) como para que les saliese rentable. Al final, desde el momento que envié las cajas hasta que las recibí en España, pasó casi un mes. En realidad, esta espera tan larga hasta me vino bien, ya que me dio tiempo de asentarme en el país durante un par de semanas.
Pasado ese tiempo, por la mañana del día indicado, me llamaron los transportistas por teléfono para avisar de su llegada en breve. Yo les había dado un plano de Google Maps indicando la localización de mi piso. Esperé en la calle unos minutos hasta que vi acercándose a lo lejos un camión enorme de color verde. Cuando llegaron a mi altura les hice señas y pararon; se bajaron del vehículo dos galeses en bermudas que descargaron mis cosas y las subieron al piso en un periquete. Charlé un poco con ellos; después de un par de semanas viviendo en Madrid, aguantando los gritos y malos modos de la gente, fue agradable volver a hablar en inglés con dos tipos normales.
Al final, la mudanza fue uno de los preparativos de la vuelta a los que tuve que dedicar más tiempo y preocupacion, pero todo salió a pedir de boca. Aún no he desempaquetado todo, pero sólo ha llegado rota una taza, lo cual, creo yo, no está mal.
Al cabo de seis años y pico, mis posesiones se habían multiplicado, de modo que no tuve más remedio que plantearse enviarlo todo en cajas. Tanteé las empresas de mensajería más famosas como DHL y UPS, que ofrecen servicios no urgentes que cobran por peso. Me dijeron, sin embargo, que no trabajaban para particulares. Así que tuve que recurrir a las empresas clásicas de mudanza o removals.
Mi primer impulso fue buscar empresas prestigiosas en Internet. Me salieron varias de aspecto sólido, muchas de ellas con atractivos servicios web de petición de presupuesto y contratación. Sin embargo, la mayoría operaban desde Londres, y te cobraban un extra por ir a recoger cajas a otras ciudades. Pronto me di cuenta de que lo que tenía sentido era buscar una empresa local de Bristol, o al menos una empresa de ámbito nacional con sucursal en esta ciudad, tuviesen o no sitios web atractivos. Uno a menudo se olvida de que aún hay vida más allá de Internet.
Di con varias empresas con sucursales cercanas, las llamé y pedí presupuestos. Las empresas de mudanzas cobran por volumen total, no por peso. Tuve que estimar el número de cajas, y a partir de ello el volumen resultante en pies cúbicos (curiosa unidad de medida). Al final la empresa que me inspiró más confianza y la que me ofrecía el presupuesto más atractivo fue Fox Removals.
Normalmente estas empresas se ocupan no sólo del traslado de las cajas, sino de su empaquetado previo. Yo, sin embargo, como no tenía muebles que enviar sino simplemente ropa, posesiones variadas y libros, muchos libros, decidí ocuparme yo mismo del empaquetamiento. Un requisito de la empresa era uqe las cajas fueran de tamaños regulares, así que compré (a través de Internet) unas par de docenas de cajas de dos tamaños: unas planas para libros y cosas pesadas, de 42x42x21, y otras de forma cúbica más grandes para ropa y objetos más livianos, de 42cm de lado.
Llenarlas fue un auténtico suplicio que me llevó más de una semana. Otro de los requisitos de la empresa de mudanza era que las cajas tenían que ser suficientemente ligeras como para que una persona las pudiese manejar con seguridad. Por más que lo intenté, no logré que me dieran una cantidad absoluta en kilos, de modo que decidí ceñirme a un límite de 20 kg por caja, que me pareció razonable. El tener que preocuparme de equilibrar el peso, distribuyendo objetos ligeros con pesados, fue verdaderamente engorroso. Lo peor es que al final, harto de empaquetar, descarté un buen número de cosas, pensando o bien en dejarlas atrás o en llevarlas en el coche. Más tarde lo lamentaría.
En este punto ya puedo comenzar a dar consejos. El primero es este: ya que haces el esfuerzo mete en las cajas todo lo que puedas, aunque suponga excederte del presupuesto inicial y tener que comprar más cajas. Otro consejo es: si tienes muchas cajas, mejor que las empaqueten los de la empresa de mudanzas por ti. Esto tiene la ventaja añadida de que si se rompe algo, el seguro te lo cubrirá; si lo empaquetas tú, sólo te cubre la pérdida de cajas. El seguro, por cierto, es opcional, pero muy recomendable de comprar, ya que no cuesta mucho. Otra práctica muy recomendable, pese a lo pesado que es, es hacer un inventario detallado de qué va en cada caja. Posteriormente, cuando estés desempaquetando, lo agradecerás.
Las cajas vinieron a recogerlas el día acordado. Aparecieron dos empleados de la empresa: el conductor y un forzudo que se ocuparía de acarrearlas. El edificio donde vivía no tenía ascensor, de modo que el espectáculo de verle resoplar y sudar como un cerdo a lo largo de los varios viajes que tuvo que hacer tres pisos arriba y abajo fue bastante incómodo. Pude ver que mis temores de que las cajas pesasen demasiado habían sido exagerados: el chaval, para hacer el menor número de viajes, apilaba las cajas de 20kg de dos en dos y las transportaba como si fuera la mochila del cole.
La recogida fue un par de semanas antes de que abandonara el país; escogí esa fecha para que no se me juntara todo los últimos días. Las cajas fueron a parar a un almacén donde estuvieron esperando a que hubiese un nuevo camión disponible con destino a España. Este fue uno de los puntos en los que sentí más inquietud. La empresa de Bristol no me pudo asegurar hasta muy tarde cuándo enviarían las cajas a su destino. Estaban pendientes de que se lo confirmara el departamento internacional, que estaba esperando a que hubiesen suficientes envíos (aparte del mío) como para que les saliese rentable. Al final, desde el momento que envié las cajas hasta que las recibí en España, pasó casi un mes. En realidad, esta espera tan larga hasta me vino bien, ya que me dio tiempo de asentarme en el país durante un par de semanas.
Pasado ese tiempo, por la mañana del día indicado, me llamaron los transportistas por teléfono para avisar de su llegada en breve. Yo les había dado un plano de Google Maps indicando la localización de mi piso. Esperé en la calle unos minutos hasta que vi acercándose a lo lejos un camión enorme de color verde. Cuando llegaron a mi altura les hice señas y pararon; se bajaron del vehículo dos galeses en bermudas que descargaron mis cosas y las subieron al piso en un periquete. Charlé un poco con ellos; después de un par de semanas viviendo en Madrid, aguantando los gritos y malos modos de la gente, fue agradable volver a hablar en inglés con dos tipos normales.
Al final, la mudanza fue uno de los preparativos de la vuelta a los que tuve que dedicar más tiempo y preocupacion, pero todo salió a pedir de boca. Aún no he desempaquetado todo, pero sólo ha llegado rota una taza, lo cual, creo yo, no está mal.
domingo, septiembre 23, 2007
Como volverse a España: preparativos (I)
Han pasado apenas cinco meses pero parece como media vida. A principios del pasado mayo abandonaba Inglaterra con rumbo a España, después de haber pasado allí casi siete años. Considerando lo largo de la estancia y lo adaptado que estaba ya, los preparativos fueron sorprendentemente sencillos. En este blog aún no he contado nada sobre ello, así que antes de que se me olvide todo voy a publicar una corta serie de artículos explicando mi experiencia, que seguramente en algún momento dado será de utilidad a alguien.
Lo primero que hay que hacer para volverse a España es, desde luego, estar seguro de que es lo que se quiere hacer. Durante varios años había estado diciéndole a todo el mundo que me iba a volver en cuando pudiese, es decir, cuando encontrase trabajo. Cuando me surgió la oportunidad, sin embargo, una tromba de reservas me inundó la cabeza. Aunque siempre supe que llegado el momento clave me iban a surgir un montón de dudas, las que sentí en ese momento fueron mucho más fuertes de lo que esperaba. Así que hay que estar prevenido para las flaquezas psicológicas.
Dependiendo del tipo de trabajo que se tenga, es posible que haya que presentar la renuncia. Es lo que tuve que hacer yo. Esto se hace presentando a tu jefe una resignation letter. Los notice period o periodos de preaviso son en el Reino Unido más largos que en España. Lo mínimo suele ser un mes; el mío era de tres. Por ello, hay que hacer cuentas y presentar la renuncia de modo que concuerde con nuestros planes de vuelta y nuestra incorporación al nuevo trabajo (en caso de tenerlo).
Otro notice que hay que dar cuanto antes es el de la casa que se alquila. Los contratos de alquiler suelen estipular periodos de aviso de uno o dos meses. Si se está de alquiler de forma más informal, alquilando una habitación o algo parecido, la cancelación del arrendamiento puede que pueda ser más informal y flexible. En caso contrario, también habrá que practicar el inglés formal escribiendo una carta de cancelación del contrato. Otra posibilidad de la que no hablo es si tienes casa o piso en propiedad. En ese caso el follón de papeleos puede ser monumental, aunque si has tenido la suerte de comprarla durante los últimos pocos años las ganacias pueden ser también monumentales.
De este modo, debido a estos preavisos, normalmente se necesitará esperar entre uno o dos meses de media desde el momento que se decide volver hasta la vuelta propiamente dicha. Todo esto depende, por supuesto, de lo enraizado que estés en el país. Alguien que esté viviendo de forma más provisional, sin empleo estable y compartiendo una casa, quizás pueda largarse del país en cuestión de días.
Hasta ahora los consejos son bastante de sentido común. En la siguiente entrada hablaré de algo menos obvio: cómo mandar tus trastos a España.
Lo primero que hay que hacer para volverse a España es, desde luego, estar seguro de que es lo que se quiere hacer. Durante varios años había estado diciéndole a todo el mundo que me iba a volver en cuando pudiese, es decir, cuando encontrase trabajo. Cuando me surgió la oportunidad, sin embargo, una tromba de reservas me inundó la cabeza. Aunque siempre supe que llegado el momento clave me iban a surgir un montón de dudas, las que sentí en ese momento fueron mucho más fuertes de lo que esperaba. Así que hay que estar prevenido para las flaquezas psicológicas.
Dependiendo del tipo de trabajo que se tenga, es posible que haya que presentar la renuncia. Es lo que tuve que hacer yo. Esto se hace presentando a tu jefe una resignation letter. Los notice period o periodos de preaviso son en el Reino Unido más largos que en España. Lo mínimo suele ser un mes; el mío era de tres. Por ello, hay que hacer cuentas y presentar la renuncia de modo que concuerde con nuestros planes de vuelta y nuestra incorporación al nuevo trabajo (en caso de tenerlo).
Otro notice que hay que dar cuanto antes es el de la casa que se alquila. Los contratos de alquiler suelen estipular periodos de aviso de uno o dos meses. Si se está de alquiler de forma más informal, alquilando una habitación o algo parecido, la cancelación del arrendamiento puede que pueda ser más informal y flexible. En caso contrario, también habrá que practicar el inglés formal escribiendo una carta de cancelación del contrato. Otra posibilidad de la que no hablo es si tienes casa o piso en propiedad. En ese caso el follón de papeleos puede ser monumental, aunque si has tenido la suerte de comprarla durante los últimos pocos años las ganacias pueden ser también monumentales.
De este modo, debido a estos preavisos, normalmente se necesitará esperar entre uno o dos meses de media desde el momento que se decide volver hasta la vuelta propiamente dicha. Todo esto depende, por supuesto, de lo enraizado que estés en el país. Alguien que esté viviendo de forma más provisional, sin empleo estable y compartiendo una casa, quizás pueda largarse del país en cuestión de días.
Hasta ahora los consejos son bastante de sentido común. En la siguiente entrada hablaré de algo menos obvio: cómo mandar tus trastos a España.
martes, junio 12, 2007
Conversaciones de oficina
La vida es más dura en España ahora que cuando me fui del país hace varios años.
Es, en efecto, un país más competitivo. Lo mismo que el inglés ya se da por sentado y la gente está empezando a estudiar francés o alemán, ya no basta con cultivar semanalmente una vaga noción de lo que ha pasado en la jornada futbolística, echando un vistazo superficial a los periódicos o poniendo la oreja a lo que se comenta a tu alrededor. Ahora, para poder participar en las conversaciones de a la hora de comer, tienes que ser capaz también de mantener el tipo cuando la gente se pone a hablar de la actualidad de la Fórmula 1. Maldito Alonso. A este paso voy a echar de menos las insufribles peroratas sobre rugby del galés de mi anterior empleo.
Es, en efecto, un país más competitivo. Lo mismo que el inglés ya se da por sentado y la gente está empezando a estudiar francés o alemán, ya no basta con cultivar semanalmente una vaga noción de lo que ha pasado en la jornada futbolística, echando un vistazo superficial a los periódicos o poniendo la oreja a lo que se comenta a tu alrededor. Ahora, para poder participar en las conversaciones de a la hora de comer, tienes que ser capaz también de mantener el tipo cuando la gente se pone a hablar de la actualidad de la Fórmula 1. Maldito Alonso. A este paso voy a echar de menos las insufribles peroratas sobre rugby del galés de mi anterior empleo.
lunes, mayo 28, 2007
Mec mec
Acostumbrado a siete años plácidos y sin sobresaltos por las carreteras inglesas, el claxon de mi coche no ha podido soportar el cruel cambio de volver a España. El otro día, en el puente de Segovia, mientras saludaba a un desgraciado de esos tan abundantes que cambian de carril en el último segundo sin poner el intermitente, noto que el timbre de la bocina se quiebra en un gallo quejumbroso. Ayer recibí con consternación: el diagnóstico del mecánico: mi claxon ha muerto.(También ha pasado a mejor vida el aire acondicionado, verdadero motivo por el cual llevé el coche al taller. Quizás haya sido por falta de uso durante todo este tiempo. La broma me ha dejado tiritando: 700 púas del ala).
jueves, abril 26, 2007
El regreso
Me vuelvo. Después de casi 7 años viviendo en el Reino Unido, por fin he encontrado trabajo en España. En una semana estaré viajando en ferry a través del Oceano Atlántico con destino a la patria. Volveré a establecerme en Madrid, mi ciudad natal.
Durante estas últimas semanas he estado enfrascado en mil y una tareas y preparativos. Los papeleos en sí son sorprendentemente sencillos (o al menos lo están siendo en su lado británico; veremos que pasa en España), pero empaquetarlo todo me ha llevado más de dos semanas en las que apenas he dispuesto de tiempo libre para disfrutar mis últimos momentos en el país. Ayer se llevaron las cajas al fin; de modo que sólo queda limpiar la casa, preparar los bultos que llevar en el coche y arreglar un par de cosillas con el banco.
La decisión fue mucho más difícil de lo que esperaba. Hacía ya años que pensaba en volverme tan pronto como encontrara trabajo, que de lo mío (diseño electrónico) es bastante escaso en España, pero cuando de pronto me topé con la oportunidad, la perspectiva de volver a mi país perdió todo el atractivo y me vi incapaz de volver a reproducir los estados de anhelo y de morriña que tan a menudo solían asaltarme antes. Es muy complicado tomar decisiones cuando éstas suponen un cambio tan radical. Cuando no es posible predecir ni imaginar los derroteros por los que se irá tu vida, es difícil evaluar dos opciones, una frente a otra: lo conocido frente a lo desconocido.
También me di cuenta de que, realmente, me había hecho más inglés de lo que nunca quise admitir. Es en Inglaterra donde he vivido por mi cuenta por primera vez, de modo que la filosofía inglesa de cómo conducirse por la vida me ha influido mucho durante estos años. Muchas formas de pensar y conductas han pasado a formar parte de mi identidad. Tengo curiosidad por ver cómo de difícil será el proceso de readaptación. Procuraré no quejarme demasiado: por muy trascendental que este cambio suponga para mí, no es nada extraordinario a escala humana global: millones de personas se ven obligadas a desplazarse del lugar donde viven por motivos económicos o de simple supervivencia frente a la guerra o los desastres. Ellos sí que sufren una experiencia traumática.
En cualquiera de los casos, pasados los sofocos de las primeras semanas posteriores a mi decisión, contemplo la nueva etapa de mi vida con esperanza, optimismo y gran curiosidad. Extrañaré mucho al puñado de muy buenos amigos que he ido haciendo durante estos años en Inglaterra, a quienes confío en poder seguir viendo con regularidad. También echaré de menos muchas cosas del propio país (espero escribir una entrada más detallada sobre esto) y de Bristol en particular, ciudad a la que le he cobrado un cariño especial durante estos últimos años. Pese a todo esto, este tipo de cambios que nos evitan estancarnos suelen ser buenos en sí mismos. Y al margen de todas las nuevas experiencias que me esperan en Madrid, allí me encontraré cerca de los míos.
¿Y qué pasa con Parquestrit? No tengo pensado dejar de publicarlo, aunque como es lógico el blog cambiará de orientación. Dejará de ser el "diario de un madrileño en Bristol", y no podré hablar tan a menudo o con tanta autoridad de los aspectos cotidianos de la vida en Inglaterra (aunque tengo en el tintero cientos de batallitas que contar aún). Tengo pensado centrarme más en los aspectos más generales de la cultura británica, como contar algunos de sus episodios históricos menos conocidos en España, o comentar sobre la socidad y la política de este país. Otra de las ideas que me rondan desde hace tiempo es hablar más del idioma inglés.
Afortunadamente, gracias a Internet es sencillo mantenerse al tanto del día a día de otro país, como llevo haciendo estos años con España. El Reino Unido tiene una mayor presencia en la Red, así que espero que gracias a podcasts, periódicos digitales, Uknova y, por supuesto, a los amigos y colegas blogueros que se quedan en el país, no perderé el contacto este admirable país, que procuraré visitar a menudo.
Termino esta sentimental entrada dándoos gracias a vosotros, a quienes me leéis. Muchas gracias por concederme ese honor, y espero que sigáis pasandoos por aquí.
Durante estas últimas semanas he estado enfrascado en mil y una tareas y preparativos. Los papeleos en sí son sorprendentemente sencillos (o al menos lo están siendo en su lado británico; veremos que pasa en España), pero empaquetarlo todo me ha llevado más de dos semanas en las que apenas he dispuesto de tiempo libre para disfrutar mis últimos momentos en el país. Ayer se llevaron las cajas al fin; de modo que sólo queda limpiar la casa, preparar los bultos que llevar en el coche y arreglar un par de cosillas con el banco.
La decisión fue mucho más difícil de lo que esperaba. Hacía ya años que pensaba en volverme tan pronto como encontrara trabajo, que de lo mío (diseño electrónico) es bastante escaso en España, pero cuando de pronto me topé con la oportunidad, la perspectiva de volver a mi país perdió todo el atractivo y me vi incapaz de volver a reproducir los estados de anhelo y de morriña que tan a menudo solían asaltarme antes. Es muy complicado tomar decisiones cuando éstas suponen un cambio tan radical. Cuando no es posible predecir ni imaginar los derroteros por los que se irá tu vida, es difícil evaluar dos opciones, una frente a otra: lo conocido frente a lo desconocido.
También me di cuenta de que, realmente, me había hecho más inglés de lo que nunca quise admitir. Es en Inglaterra donde he vivido por mi cuenta por primera vez, de modo que la filosofía inglesa de cómo conducirse por la vida me ha influido mucho durante estos años. Muchas formas de pensar y conductas han pasado a formar parte de mi identidad. Tengo curiosidad por ver cómo de difícil será el proceso de readaptación. Procuraré no quejarme demasiado: por muy trascendental que este cambio suponga para mí, no es nada extraordinario a escala humana global: millones de personas se ven obligadas a desplazarse del lugar donde viven por motivos económicos o de simple supervivencia frente a la guerra o los desastres. Ellos sí que sufren una experiencia traumática.
En cualquiera de los casos, pasados los sofocos de las primeras semanas posteriores a mi decisión, contemplo la nueva etapa de mi vida con esperanza, optimismo y gran curiosidad. Extrañaré mucho al puñado de muy buenos amigos que he ido haciendo durante estos años en Inglaterra, a quienes confío en poder seguir viendo con regularidad. También echaré de menos muchas cosas del propio país (espero escribir una entrada más detallada sobre esto) y de Bristol en particular, ciudad a la que le he cobrado un cariño especial durante estos últimos años. Pese a todo esto, este tipo de cambios que nos evitan estancarnos suelen ser buenos en sí mismos. Y al margen de todas las nuevas experiencias que me esperan en Madrid, allí me encontraré cerca de los míos.
¿Y qué pasa con Parquestrit? No tengo pensado dejar de publicarlo, aunque como es lógico el blog cambiará de orientación. Dejará de ser el "diario de un madrileño en Bristol", y no podré hablar tan a menudo o con tanta autoridad de los aspectos cotidianos de la vida en Inglaterra (aunque tengo en el tintero cientos de batallitas que contar aún). Tengo pensado centrarme más en los aspectos más generales de la cultura británica, como contar algunos de sus episodios históricos menos conocidos en España, o comentar sobre la socidad y la política de este país. Otra de las ideas que me rondan desde hace tiempo es hablar más del idioma inglés.
Afortunadamente, gracias a Internet es sencillo mantenerse al tanto del día a día de otro país, como llevo haciendo estos años con España. El Reino Unido tiene una mayor presencia en la Red, así que espero que gracias a podcasts, periódicos digitales, Uknova y, por supuesto, a los amigos y colegas blogueros que se quedan en el país, no perderé el contacto este admirable país, que procuraré visitar a menudo.
Termino esta sentimental entrada dándoos gracias a vosotros, a quienes me leéis. Muchas gracias por concederme ese honor, y espero que sigáis pasandoos por aquí.
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