martes, julio 25, 2006

Ashton Court Festival

PanorámicaEstamos ya en pleno verano y llega la sucesión de festivales que se celebran en Bristol durante estos meses. El pasado fin de semana se celebró el de Ashton Court. Este evento intenta dárselas de festival de música en la onda del de Reading o incluso Glastonbury, pero es un quiero y no puedo. La música, sin duda, es la protagonista del festejo, y siempre hay varias carpas y escenarios por los que pasan decenas de grupos locales de los estilos más diversos, pero el nivel suele ser siempre bastante modesto. Los cabezas de cartel suelen ser artistas en el crepúsculo de sus carreras. Este año eran Simple Minds, y la ultima vez que fui era Robert Plant. Afortunadamente, siempre suele haber alguna banda de calidad con la que pasar un buen rato.

FestivaleraDe los dos días en los que se desarrollaba, escogí el domingo para visitarlo. Me presenté sobre el medio día con la intención de pasar el resto del día allí. El clima era excelente: soleado y caluroso, lo cual atrajo a más visitantes que de costumbre. Pasé un buen rato observándolos. La gran mayoría eran más jóvenes que yo: mozos de torsos desnudos, contentos de poder lucir en público los frutos de sus horas de gimnasio, y mozas un poquito más tapadas con partes de arriba del bikins. Me sorprendió encontrarme con un montón de miembros de un colectivo que no suele figurar prominentemente en las calles británicas: el que, a falta de mejor palabra, denominaré "alternativos". Se los veía por todos lados, con su aspecto desaliñado y sus rastas, achinchetados de arriba a abajo y malabareando con sus poi pois y sus diábolos. Pero todas las tribus urbanas, sin excepción, se daban al pasatiempo nacional inglés: beber. Había un par de carpas vendiendo bebidas alcohólicas de calidad bastante buena: cervezas "Bath Ales" y una curiosa sidra de pera. Pero la mayoría de la gente se traía su propia bebida: latas de cerveza y botellas de cocacola de 2 litros rellenas de ponche. Una vez consumido su interior, los recipientes pasaban a formar parte de la capa de mierda que progresivamente fue cubriendo la superficie del parque. Los españoles nos autoconsideramos guarros, pero los ingleses no nos van muy a la zaga.

Spanish Flamenco DressesAparte de la música y la bebida, otra de las diversiones disponibles era pasear por las filas de tenderetes, vendiendo lo habitual de los mercadillos: camisetas de mala calidad con lemas a favor de la marihuana, bisutería diversa y ropa de inspiración étnica. El punto extravagante lo ponía una tienda que vendía vestidos de faralaes (de calidad cuestionable). Había también un puñado de atracciones de feria: norias, sillas voladoras y una espectacular catapulta que lanzaba con violencia hacia arriba un cestillo lleno de incautos humanos.

Puestos de comidaPero lo que más me entusiasmó, como siempre, fueron los puestos de comida. Yo soy un poco tragón, y para mí son siempre uno de los mayores atractivos de los festivales ingleses. Lo que más me gusta no es tanto la calidad (bastante mediocre) sino la tremenda variedad. Decenas de remolques y casetas vendían comida de todo tipo: mejicana, tailandesa, japonesa, italiana, india, y por supuesto las típicas hamburguesas y perritos calientes. Este año, sin embargo, el gran descubrimiento fue la caseta de Pieminister, una empresa bristoleña que fabrica pies (pasteles de carne) de muy buena calidad, con los que provee a un buen número de pubs de la ciudad. El clima no era el más apropiado, pero de almuerzo me puse las botas con un Matador Pie regado de gravy y con una bola de puré de patata encima. Pura poesía.

Escenario principalMe quedé hasta las diez y pico de la noche. Hacia el final de la jornada el nivel de los grupos que tocan sube, y pude disfrutar de la actuación de Babylon Circus, una banda francesa que tocaban una especie de ska mestizo que a ratos me recordaba a Mano Negra. Muy buenos músicos que nos hicieron pasar un buen rato. Después de su actuación me dio tiempo de ir a curiosear unos minutos al escenario principal, donde tocaban Simple Minds. No sonaban tan mal como esperaba, y el cantante Jim Kerr se movía por el escenario con vigor y ganas de divertir al público, pero ya era tarde y quería evitar el mogollón del final del concierto, así que me volví a casa. Tuve que dar un soberano rodeo; otros años había podido cruzar el puente colgante de Clifton y llegar a casa en veinte minutos, pero desde que un par de ediciones atrás éste estuviese a punto de venirse abajo por el peso de los centenares de personas que lo atravesaban se decidió cortarlo en los días del festival.

Este finde que viene seguirá la marcha: se celebra el Festival del Puerto. Es de tintes más modernillos, con espectáculos de luz y sonido y un tono más artistero. El año pasado me encontré un puesto de churros en Queen´s Square. No puedo faltar.

3 comentarios:

Nacho dijo...

Lo de la comida de las fiestas en España es algo que debería cambiar. Sólo están los puestos de perritos, hamburguesas, pichos morunos y bocatas de panceta y las churrerías. Un poquito de variedad no vendría mal.
Ojito con el spanglish. No creo que pieminister venda pies. Deben de ser tartas, ¿no? Porque si son pies de verdad que cosas más raras comen los bristoleños.
Saludos.

Juan Villamota dijo...

Nacho no tengas mala idea recordándomelo. Los pinchos morunos y los churros es lo que más echo de menos.

Gracias por la puntualización de lo de los pies. He añadido unos paréntesis explicativos.

Di dijo...

Una cosa que esta buenisima en los festivales son los donuts...yum yum.
Por cierto...somos unos enfermos.Estamos obsesionados con la comida :-D