jueves, junio 29, 2006

Machobolsos

Ayer venía en el Guardian un interesante artículo sobre la creciente popularidad en el Reino Unido de los bolsos masculinos. Mientras que en el Continente, desde hace años, se pueden ver por las calles muchos hombres con bolsos en bandolera, en Inglaterra son una visión bastante poco habitual. En Bristol, ciudad de estudiantes dispuestos a adoptar la última moda por mamarracha que sea, es significativo que a muy pocos de ellos se les vea luciendo este práctico accesorio.

Pese a que no mucha gente los use por aquí, los ingleses ya han inventado una palabra (no muy imaginativa, eso sí) para los bolsos masculinos: manbags. Esta agilidad para poner nombres a las últimas tendencias e invenciones es algo de lo que, como castellanoparlante, a menudo siento una gran envidia.

miércoles, junio 28, 2006

Banderas británicas

El otro día hablaba con toda naturalidad de la bandera inglesa, y de cómo en estos días de celebración del Mundial de Fútbol aparece empapelando el país entero. Luego me di cuenta de que probablemente no tanta gente sabe que los ingleses tienen bandera propia, distinta de la británica (sobre todo visto que muchos confunden Inglaterra con el Reino Unido).

La bandera inglesa está formada por el emblema de San Jorge, patrón de Inglaterra: una cruz roja sobre fondo blanco. Se trata, por cierto, de un símbolo heráldico muy extendido en Europa, presente, por ejemplo, en los escudos de Barcelona y de Milán. No es, sin embago, un emblema reconocido oficialmente. Nunca la he visto colgando de ningún edificio gubernamental, ni tan siquiera de ningún ayuntamiento. Su uso está limitado a la esfera de lo popular, aunque hasta hace poco éste ha sido limitado, ya que la bandera inglesa se ha visto desde hace años asociada a la ultraderecha inglesa y al hooliganismo. Recientemente esta connotación se está debilitando, y la bandera de San Jorge se ha beneficiado de un renacer entre la población, aunque casi siempre limitado al contexto deportivo de apoyo a la selección.

Tanto Escocia como Gales e Irlanda del Norte tienen también banderas propias. La tradicional de Irlanda del Norte es muy similar a la inglesa, aunque por lo visto tampoco es oficial. La escocesa (que sí tiene reconocimiento oficial) está formada por la cruz de San Andrés, y es una de las más antiguas del continente europeo. Al revés que la inglesa, esta bandera sí que se puede ver por toda escocia decorando todo tipo de monumentos y edificios. Lo mismo ocurre con la galesa, cuya forma actual es bastante más reciente (aunque el símbolo del dragón data de la Edad Media).

En cuanto a banderas regionales o nacionales se refiere, prácticamente eso es todo. Muchos condados y comarcas tienen sus propias banderas, pero la mayoría de ellas no se usan más que de forma testimonial. Nada que ver con España, donde tanta variedad de emblemas autonómicos o locales compiten por espacio en los traseros de los coches del país. La única bandera regional que he visto bastante a menudo por aquí es la cruz blanca sobre fondo negro de Cornualles, región del extremo suroccidental de Inglaterra que tiene un sentido de la identidad más marcado de lo habitual.

En la casi toda Inglaterra, la bandera más extendida con diferencia es la oficial del estado: la archiconocida Union Jack. Esta enseña data, en su presente forma, de principios del siglo XIX. No sé cuánta gente se ha dado cuenta, pero fijándose bien se puede ver que, en realidad, es la superposición de las banderas inglesa, escocesa e irlandesa. Esto no es casual. La primera versión data del siglo XVII, de cuando los reinos de Inglaterra y Escocia se unieron. Posteriormente, con la incorporación de Irlanda a la Corona, se le añadió el emblema de San Patricio: el aspa roja que cruza la bandera en diagonal, superpuesta al aspa blanca escocesa. De Gales, extrañamente, no hay rastro. El motivo parece ser que este principado fue incorporado a la Corona Inglesa muy pronto, durante la Edad Media, de modo que siempre ha estado subordinado a Inglaterra.

La Union Jack es un símbolo bastante popular incluso fuera del país, considerada por muchos como un "icono pop", del que se han aprovechado desde los Who hasta Geri Halliway de las Spice Girls. Pese a esta popularidad exterior, a los británicos en general les pasa un poco como nos pasa a los españoles: sienten cierto pudor a la hora de usar su bandera, y consideran de mal gusto hacer gala en exceso de la enseña nacional, por las resonancias de pasado imperial que ésta conlleva.

Más información: Union Recognition (BBC)

Eternal underachievers

Es así como siempre califican los medios de comunicación ingleses a la selección española, refiriéndose a nuestra incapacidad de cumplir con las expectativas. El mito español sigue en pie. De todos modos, yo les entiendo. Tres semanas fuera de casa y ya se empieza a echar de menos la patria, sobre todo en verano. La novia, los padres, las terracitas donde tomarse unas cerves bien fresquitas, las piscinas, el jamoncito. Muchos expatriados acaban volviéndose a España aunque esto suponga truncar prometedoras carreras profesionales, inaccesibles en España. Lo de la selección española viene a ser lo mismo.

lunes, junio 26, 2006

Meme: provisiones españolas

La compra del emigrante:
Compra del emigrante
En verano hace calorcito y no hace falta meter mucha ropa en la maleta, de modo que el espacio disponible para carga útil es considerable.

Y voy a hacer una cosa bastante ambiciosa, teniendo en cuenta la limitada audiencia de este blog. Voy a lanzar el siguiente meme: ¿qué comestibles te trajiste de España en tu último viaje? Si se pueden aportar fotos, mejor que mejor.

Y se lo lanzo a Borja y a Chocoadicta. Aunque, por supuesto, quien quiera participar en su blog o simplemente en los comentarios será bienvenido.

En cuanto a mí, como en la foto de arriba posiblemente muchos productos no son fácilmente reconocibles, ahí va la lista:
  • Una longaniza de León y otra payesa, dos fuets, un chorizo Palacios y una barra de lomo.
  • Cuña de queso manchego y otra de parmesano.
  • Tarro de bonito del norte en aceite de oliva
  • Lata de foie gras de oca.
  • Dos latas de fabada Litoral y una de judias rojas con carne de añojo.
  • Paquete de sobaos pasiegos
  • Lata de sucedaneo de angulas al ajillo
  • Botella de vino dulce Bach y otra de albariño.
  • Tarro de mole mexicano y lata de chiles jalapeños en escabeche

miércoles, junio 21, 2006

Las carreteras británicas

Carretera inglesaEn mis primeros años de estancia en Inglaterra solía salir bastante a menudo los fines de semana a visitar sus rincones más interesantes. Pasados cinco años los bríos de la juventud se han atenuado y me he vuelto bastante menos aventurero. Pese a ello, por estas fechas de buen tiempo y días largos, siempre es más fácil animarse a coger el coche e irse de excursión a algún lugar interesante de las proximidades. Y si no es por uno mismo, son las visitas, tan frecuentes en estas fechas, las que te obligan a salir de casa a enseñar los lugares típicos.

Así pues, después de varios meses de no utilizar el coche más que para hacer el trayecto de 10km hasta la oficina, de pronto me encuentro echando horas y kilómetros de carretera. Y maravillándome, de nuevo, de la calidad de las carreteras inglesas. El transporte público británico (trenes, autobuses, metro) puede ser todo lo decrépito, impuntual e incómodo que queramos, pero hay que reconocer que las carreteras son soberbias.

Autopista inglesaEn primer lugar, la red de autopistas es tupida y comunica entre sí los centros urbanos más importantes. Quitando una vía alternativa de la M6 a la altura de Birmingham, ninguna es de peaje. La mayoría son de tres carriles y piso suave, sin baches ni parches, testimonio del buen mantenimiento al que están sometidas. Para la conducción noctuna, los ojos de gato que marcan los carriles no son sólo simples tachuelas reflectantes sino, en muchos tramos, verdaderas luces empotradas en el asfalto, me imagino que alimentadas con baterías.

Autopista inglesaPor supuesto, todas estas maravillosas cualidades no sirven de consuelo cuando se está en medio de un embotellamiento, como pasa bastante a menudo. Otra pega es que viajar por las autopistas inglesas es bastante aburrido. El paisaje es siempre el mismo: verde, verde y más verde. Uno puede cruzar cientos de kilómetros y no ver nada más emocionante que torres de alta tensión. No hay vallas publicitarias. Curiosamente, la señalización electrónica, tan abundante en las autovías españolas, no se usa mucho en Inglaterra, y casi siempre está apagada.

Carretera inglesaCircular por las carreteras secundarias es mucho más entretenido. Se van atravesando poblaciones, y el paisaje es siempre más variado. Por supuesto, son más lentas, pero en cuanto a calidad son igual de buenas que las autopistas. Como éstas, cuentan con ojos de gato nocturnos. Suelen ser de doble sentido y un carril cada uno, aunque son frecuentes las vías rápidas de sentidos separados y doble carril. Una cosa curiosa que me llama bastante la atención de las carreteras inglesas es que la gran mayoría de las ellas tienen bordillo, incluso si están en medio del campo.

Algo que se agradece especialmente de las carreteras inglesas es lo bien señalizadas que están. En España, cuando empiezas a meterte por rutas comarcales más te vale tener un buen plano a mano. Aquí, sin embargo, la señalización es excelente incluso en las vías más agrestes. Desde luego, siempre hay la típica rotonda mal señalizada en la que te equivocas de salida, pero por lo general las señales son de confianza.

Country roadUn comentario aparte merecen las country roads o carreteras rurales. Las hay de distinto grado de sofisticación: desde la carretera estrecha pero no muy distinta de las vías más principales hasta el camino malamente asfaltado que conduce a las aldeas más recónditas. Conducir por estos caminos, atravesando bosques que forman una bóveda de árboles a nuestro alrededor, cruzando llanos verdes tachonados de ovejas, serpenteando por sucesiones de colinas con vistas a bucólicos valles o bordeando la línea de la costa con vistas a un mar inmenso y centelleante es siempre una delicia.

El lector más atento se habrá dado cuenta de que en los párrafos anteriores hablo de carreteras inglesas en vez de británicas. No he conducido mucho por Gales, así que de esa región no hablaré, pero sí lo he hecho por Escocia, y es otra historia. Para empezar, no hay muchas autopistas en Escocia. Apenas un puñado cubren su extremo más al sur, cerca de las ciudades de Edimburgo y Glasgow. Conforme se va subiendo hacia el norte, las red de carreteras se ha haciendo menos tupida, y éstas se van volviendo más sencillas. En la zona septentrional del país, un gran número de tramos de carretera son de doble sentido y carril único, equipados cada pocos cientos de metros con un ensanchamiento para permitirte adelantar o, simplemente, apartarte cuando te topas con un coche viniendo de frente. Por otro lado, el paísaje escocés es de una gran belleza, y cruzar las highlands en coche es una experiencia inolvidable que compensa con creces lo agreste de las carreteras de esta zona del Reino Unido.

Conducir en Inglaterra
Conduciendo por la izquierda
Calles estrechas
Urbanistas locos en el Reino Unido
Descapotables

martes, junio 20, 2006

Cool Spanish en la BBC

La BBC nunca deja de sorprenderme. Parecen un baúl sin fondo de recursos: su sitio web está lleno de contenidos interesantes. Hace poco descubrí esta página desde donde se puede practicar varios idiomas europeos, entre ellos el castellano. Especialmente recomendable es la sección Cool Spanish, que ofrece una selección de lenguaje coloquial español bastante genuino, muy útil no sólo para angloparlantes sino también para nosotros los hispanoparlantes, para aprender el equivalente en inglés de muchas de nuestras expresiones más comunes.

domingo, junio 18, 2006

Georgian House

Hace varios meses escribí una anotación sobre el puente colgante de Clifton que habría de ser la primera de una serie sobre lugares interesantes de Bristol. Ya va siendo hora de que escriba la segunda: hoy voy a hablar de la Georgian House.

Se trata de una casa-museo ubicada en Great George Street, una bocacalle de la céntrica Park Street. La visité por primera vez hace un par de semanas, y me gustó mucho. Se trata de una vivienda que ha sido reconstruida para ofrecer un aspecto similar al que hubiese ofrecido a finales del siglo XVIII, cuando en ella vivía John Pinney, el prospero traficante de esclavos que mandó construirla.

Una buena parte del casco histórico de Bristol, principalmente el barrio de Clifton, es precisamente de esta época: la georgiana. Mucha gente que visita el país da por hecho que todo edificio o antigüedad de aspecto vetusto y "típicamente inglés" es de la época victoriana, pero lo cierto es que una parte importante de la arquitectura más elegante y monumental que se puede encontrar en Inglaterra es del periodo georgiano. El mejor ejemplo de ello es la ciudad de Bath, a pocos kilómetros de Bristol. Es interesante que muchos bristoleños (entre ellos, yo mismo) viven en edificios de este periodo, la mayoría de los cuales han reformados y divididos en pisos. Es por eso que para mí fue particularmente interesante ver el aspecto que una de estas viviendas hubiese tenido en los tiempos en que fue construida.

Drawing RoomLa Georgian House es un edificio de 6 pisos, de los cuales cuatro son accesibles al público. Se pueden visitar el despacho, varios salones, el dormitorio principal y los sotanos, en los que se encuentran los aposentos del ama de llaves, la cocina y una llamativa sala con una especie de piscina en la que el dueño de la casa solía darse baños de agua fría. La mayoría del mobiliario es de la época, aunque no original de la casa. Me llamó la atención darme cuenta de cómo, en esos años, cada hogar era una unidad doméstica bastante autosuficiente, gestionada por el ama de llaves bajo la supervisión del dueño de la casa.

En los paneles explicativos se cuenta que el propietario, John Pinney, formaba parte de la clase media de entonces, y que su hogar no hubiese sido muy distinto del de cualquier otro miembro de la misma clase social de esa época. Si cabe, hubiese presesntado un aspecto más discreto de lo habitual de entonces, ya que Pinney, según cuentan, era de carácter austero y poco amigo de la ostentación. Este hombre hizo fortuna con el comercio de esclavos en el Caribe, negocio del que Bristol era un centro importante en esos tiempos. Esta herencia, por cierto, aún hoy sigue avergonzando a los habitantes de la ciudad y causando polémica.

La Georgian House es de entrada gratuita. Está abierta todos los días de 10 de la mañana a 5 de la tarde, excepto jueves y viernes que está cerrada. A tiro de piedra de una de las zonas más frecuentadas de Bristol, es una visita absolutamente imprescindible y muy recomendable.

Más información:
Georgian House Museum (página del Ayuntamiento de Bristol), Georgian House (Bristol Link)

Más atracciones de Bristol:
Puente Colgante de Clifton

miércoles, junio 14, 2006

Banderita tú eres roja

Pub forofoAyer paseando por mi barrio vi cómo en uno de los pubs de la zona los dueños habían pintado una enorme cruz de San Jorge a lo largo y ancho de la fachada. Debería haberme sorprendido, pero a estas alturas uno ya está curado de espanto, y además no creo que sea una de las muestras de fervor patriótico más extravagantes que se puedan encontrar en Inglaterra en estos días de celebración del mundial de fútbol.

Desde hace semanas, toda Inglaterra está empapelada con los colores blanco y rojo. Mucha gente cuelga banderas inglesas de las ventanas de sus hogares (algunos de forma algo exagerada), y también muchos comercios tienen sus escaparates decorados con ristras de banderillas y demás parafernalia patriótica. Los supermercados como Sainsbury´s y Tesco, por supuesto, tienen su pasillo temático con las estanterías llenas de todo tipo de productos, juguetes o chuminadas (lo que aquí llaman novelties) con la bandera inglesa. Las grandes marcas también quieren sacar tajada de la obsesión mundialista, y muchas de ellas, como Coca-cola o Mars (la marca de chocolatinas), han colocado vallas publicitarias en las ciudades apoyando a la selección inglesa.

Todo esto llega a saturar, pero sin duda la más hortera de las modas, que ya pude ver en la Eurocopa reciente y quizás (no me acuerdo bien) en el mundial anterior, es la de decorar también el coche con banderines. El modelo más extendido es uno que tiene una sujeción especial en el extremo inferior de su mástil de plástico para anclarlo al marco de la puerta. Su tremenda popularidad debe de ser debido a lo fácil que es instalarlos. Muchos conductores no se conforman con uno y colocan dos o incluso más.

Hincha portuguésEn Bristol muchos coches están engalanados de esta forma. Debe de tratarse de una constante en todo el país. El finde pasado estuve en Londres y observé que no sólo se podían ver coches con banderas inglesas sino también de otros países, algo de esperar dado el carácter multicultural de la capital británica. Vi también que muchos pubs y tiendas estaban decoradas con pupurrís de banderas de los participantes en mundial, dándole a los barrios un carácter más festivo y multinacional. Dentro de un par de semanas me bajo a España, y tengo curiosidad por ver cómo se está promocionando el Mundial allí. No creo que de forma tan payasa como aquí.

Más información:
Proud patriots or just football fans? (BBC), There´s only one George Cross (The Guardian)

sábado, junio 10, 2006

El Mundial comenzó

Los ingleses llevan semanas preparándose este día, poniendo banderas en sus coches, decorando sus casas con los colores de su país y luciendo camisetas de la selección: hoy es el debut de Inglaterra en el Mundial de Alemania frente a Paraguay.

En Inglaterra, esta competición siempre se toma muy en serio. La gente está verdaderamente ilusionada y cree que tienen posibilidades de ganar. En esta ocasión, este sentimiento se mezcla con cierta melancolía, ya que se trata de la última competición del seleccionador inglés Sven-Goran Ericsson, el carismático y personalísimo entrenador que ha proporcionado memorables triunfos al equipo durante los últimos años.

Personalmente, aunque mi interés por el fútbol es bastante moderado, siempre disfruto mucho los mundiales de fútbol. Estoy de acuerdo con Borja: encuentro en esta competición un carácter festivo y un buen rollo que no veo en otras como la Liga de Campeones, la Eurocopa o, mucho menos, las ligas nacionales.

Desgraciadamente, en esta ocasión España no parece muy bien preparada. Lo cual, bien mirado, puede ser una bendición: es frustrante partir de favoritos, como en los últimos años, para caer luego de la forma más ignominiosa contra rivales de poca monta. En realidad, no deberíamos sorprendernos por ello. Mientras que para los jugadores ingleses jugar para la selección es un honor y una parte muy importante de su carrera deportiva, para los españoles a veces parece que sea un fastidio y una distracción de su labor prioritaria: ganar dinero y cultivar su figura en el lucrativo entorno de la liga nacional. La afición inglesa es también muchísimo más calurosa (algo que cansa a quienes no somos de aquí), mientras que la española tiende a ser bastante tibia. Veremos qué tal nos va el próximo viernes.

jueves, junio 08, 2006

Embutido, sí gracias

Embutidos sí gracias"Os íbamos a traer una barra de chorizo, pero luego pensamos que a lo mejor no nos lo dejaban pasar en la aduana así que la dejamos en España". Estas funestas palabras las pronunciaban el pasado fin de semana unos amigos que venían de visita a pasar unos días. Desgraciadamente no era la primera vez que las escuchaba.

Quede claro que, cuando invito a mis amigos a que vengan a visitarme, no espero que a cambio vengan cargados de salchichones ni otras suculencias españolas. Su simple compañía durante unos pocos días es suficiente alegría. Sin embargo, es cruel que te digan que han estado a un tris de empaquetar un par de longanizas pero que al final se lo han pensado dos veces, que ha sido por una decisión de última hora que te has quedado a escasos milímetros de poder disfrutar de una deliciosa barra de embutido.

Lo más sangrante es que todo es fruto de un malentendido. Como se puede leer en los pósters que suelen colgar en las salas de recogida de equipaje de los aeropuertos británicos, es legal importar desde otro país de la Unión Europa todo tipo de alimentos, incluyendo productos cárnicos, siempre y cuando sea en cantidades razonables y para uso personal. En el sitio web del Ministerio de Alimentación británico se puede encontrar un completo pero algo farragoso listado de preguntas frecuentes donde se explica esto. Ésta página del Servicio de Aduanas nos lo aclara de forma más concisa, al igual que esta otra de la Agencia de Alimentación británica.

Así que, queridos amigos, no temáis: podéis traer todo el embutido que os plazca. No sólo eso: también tacos de jamón, queso, vino, y todo tipo de manjares hispanos que se os ocurran. Serán bien recibidos. De hecho, para concienciar a los españoles he decidido promover una campaña cibernética de información. Que es además algo muy de blogueros. Si quieres participar en ella, bájate el icono de abajo y pégalo en tu página web enlazando con esta anotación. Entre todos, los expatriados españoles en Inglaterra podemos conseguir que en nuestras alacenas nunca falte una buena dotación de exquisiteces de nuestra querida España.
Versión pequeña

lunes, junio 05, 2006

From Our Own Correspondent

He descubierto que uno de mis programas favoritos de BBC 4 está disponible en podcast (RSS). Se trata de "From Our Own Correspondent", un programa que se emite los sábados a las 11.30 de la mañana y en el que corresponsales de la BBC en distintos rincones del planeta presentan reportajes sobre asuntos relacionados con el lugar donde residen. A menudo, estos reportajes abordan noticias recientes desde una óptica distina, generalmente más humana, pero otras veces tratan sobre curiosidades y anécdotas del país en cuestión. El tono suele ser personal y distendido, lo cual los hace muy interesantes y fáciles de escuchar. Suelen ser una oportunidad fabulosa para aprender un poco sobre lugares remotos (o no tan remotos) o temas que no suelen figurar muy a menudo en la agenda de actualidad británica.

Temas relacionados en Parquestrit: In Our Time en podcast, La riqueza del inglés, en la BBC, Entrevistas contrarreloj en Today

jueves, junio 01, 2006

Cheese Rolling Festival 2006

Como ya hablaba semanas atrás en la anotación sobre danza Morris, Inglaterra no es un país famoso por su abundancia de tradiciones populares. Algunas de ellas, sin embargo, son dignas de formar parte de la primera división mundial de eventos extravagantes.

Ligera pendienteEstoy hablando del Cheese Rolling Festival. El pasado lunes estuve cerca de Gloucester, a un poco menos de una hora al norte de Bristol, presenciando su edición anual. Este evento, celebrado en medio del campo, consiste en una serie de carreras en las que los participantes han de intentar atrapar un queso que se lanza cuesta abajo por la ladera de una colina, en concreto Cooper's Hill, cerca del pueblo de Brockworth. La pendiente, como se puede ver en las fotos, es muy pronunciada, y el queso, un double gloucestershire de tres kilos, tarda apenas segundos en alcanzar velocidades endiabladas. Las posibilidades de atraparlo son nulas y todo queda en una mera excusa para que las decenas de participantes de cada carrera se lancen temerariamente monte abajo con ánimo de llegar los primeros a la meta y llevarse el premio: el propio queso. No he encontrado en Internet mucha información sobre la historia del festival, pero parece que se celebra desde hace siglos.

Toñas para todosTirarse colina abajo detrás de un queso no es algo que inspire pensamientos solemnes, y como os imaginaréis, el carácter del Cheese Rolling es bastante festivo y humorístico. Tampoco recomiendo que asista quien vaya buscando presenciar una gesta deportiva elegante y grácil: con una pendiente así es imposible mantener el equilibrio, y los concursantes no tardan en tropezar y rodar cuesta abajo como peleles, dando violentas volteretas y cabriolas. Parte del espectáculo consiste también en ver cómo la línea de forzudos situados en meta frena a los participantes. Sin lugar a dudas, y a juzgar por el aspecto y las efectivas técnicas de placaje empleadas, deben de ser del equipo de rugby de los alrededores.

Equipo de recogida de despojosComo se puede ver por lo testimonial del premio (un simple queso), se trata de un evento muy familiar y --bendito sea-- prácticamente virgen de toda comercialización. Cuando llegué me esperaba encontrar el lugar completamente tomado por los mercadillos, puestos de comida, mesas de charities y carpas de los patrocinadores, como suele ser habitual en Inglaterra en este tipo de acontecimientos. Me quedé muy sorprendido de que sólo hubiese un modesto remolque vendiendo los tentempiés ingleses típicos de estas ocasiones (perritos calientes, hamburguesas, chips), una mesa donde unas viejecitas vendían DVDs caseros sobre el evento y poco más. La organizacion consistía simplemente en unos cuantos cordones y vallas, un par de carpas de primeros auxilios, varias ambulancias y un puñado de periodistas y cámaras atrincherados detrás de un parapeto de paja junto con el exiguo equipo organizador, el más visible de los cuales era el locutor de megafonía. Para participar no hace falta inscribirse en ningún lado; simplemente tener poco aprecio por la propia integridad física. Encontré absolutamente liberador que, en estos tiempos en los que el espíritu comercial contamina todas las expresiones de cultura popular aún se puedan encontrar eventos tan espontáneos como éste, y mucho más en Inglaterra.

PúblicoPero el que sea un festival de carácter fresco e informal no significa que no atraiga multitudes. Ya según me acercaba en coche al lugar se veían colas y colas de gente dirigiéndose al evento. Al llegar a la colina en cuestión el sitio ya estaba lleno hasta la bandera, a pesar de ser una hora antes del comienzo. Encontrar un sitio donde apostarse con buenas vistas no fue fácil: la acusada pendiente, unida al hecho de que estaba todo embarrado por las lluvias de los últimos días, hacía difícil encontrar sitio donde sentarse o permanecer de pie sin tener que hacer malabarismos. El público también tuvo que soportar estoicamente los caprichos del clima de ese día: sol deslumbrante, lluvia y granizo alternados en el transcurso de menos de una hora.

EspontáneoHubo un total de cinco carreras, cada uno de cuyos quesos fue lanzado ceremoniosamente por una personalidad local. La última carrera tuvo que repetirse, ya que los participantes se lanzaron colina abajo antes de que se hubiese soltado. Entre queso y queso se organizaban carreras colina arriba, menos espectaculares pero indudablemente más trabajosas para los participantes. También hubo un buen número de espontáneos que aprovechaban los descansos entre carreras para lanzarse colina abajo. Los equipos médicos tuvieron que atender a unas cuantas personas, pero un número bastante menor del que uno se hubiese imaginado.

En resumen, fue una experiencia absolutamente fantástica. Os recomiendo que visitéis el sitio web de la BBC sobre el festival, en donde encontraréis la crónica de la edición de este año y de los dos anteriores, vídeos y fotos incluidas. Menos información encontraréis en el sitio web oficial. He subido a Flickr una selección de las fotos que tomé del evento (junto con otras que tomé en Painswick, un pueblo cercano), y aquí abajo encontraréis un video de una de las carreras (aquí hay otro). El bólido que se ve atravesando la imagen en los primeros segundos es el queso. De todos modos, en mi reportaje gráfico multimedia no se aprecia muy bien la temeridad que es participar en la carrera, ya que mi visibilidad se limitaba a la zona de la meta, donde la pendiente es menos empinada. Recomiendo que veáis los vídeos de la BBC, en especial el de la primera carrera.



Más información: Cheese Rolling Festival (BBC), Sitio Web Oficial del Cheese Rolling Festival

Marquesinas inglesas

Muy interesante la reflexión de Borja en su blog sobre el hecho de que en Inglaterra las marquesinas de las paradas de autobús estén orientadas hacia la acera en vez de hacia la carretera. En contra de todo indicio, parece que hay una lógica detrás.

domingo, mayo 28, 2006

Horarios y cafeterías

Llevo ya varios años viviendo en el Reino Unido y todavía no me he acostumbrado a los horarios. Durante la semana más o menos me las apaño, comiendo a la una y cenando sobre las siete o las ocho, aunque muchas veces echo de menos poder ir al centro después del trabajo y que las tiendas estén abiertas.

Es durante los fines de semana cuando lo llevo peor. Muchas veces me descuido y duermo hasta tarde, sobre todo si he salido por la noche el día anterior. Eso significa desayunar no más pronto de las once, por lo cual el almuerzo se retrasa hasta las las tres o incluso las cuatro. Dado que las tiendas cierran a las cinco, si quiero bajarme al centro a comprarme algo o simplemente a pasear, o bien salgo después de comer, con lo cual apenas me quedan un par de horas para hacer lo que tenga que hacer, o bien salgo después de desayunar y como fuera.

Desde luego, lo anterior no tiene mucho de problema; porque un día se coma a deshora no pasa nada. Pero hay otras veces que las costumbres horarias inglesas sí que son fastidiosas. Uno de estos ejemplos es que en el Reino Unido es muy complicado encontrar cafeterías que abran más tarde de las cinco o las seis. Es algo realmente frustrante, sobre todo en esos días de invierno que se ha estado dando vueltas por la ciudad todo el día y se mataría por una taza humeante de café con leche para resucitar y entrar en calor. En Bristol hay unos cuantos sitios donde sí se puede ir, afortunadamente: los de más soleras son el Boston Tea Party, en Park Street, o el Watershed, abajo de la misma calle. Pero en ciudades más pequeñas e incluso en muchas zonas del centro de Londres es imposible. Después de las cinco, la única posibilidad si se quiere ir a tomar algo son los pubs. Y sobre esas horas, a mí una cerveza no me entra.

Cafetería inglesaDebe de ser que para los británicos el café es algo de tomar por la mañana. Al fin y al cabo, los ingleses no son de tomar café. Por ello, en el Reino Unido hay muy pocas cafeterías como Dios manda, de esas a lo europeo, con camareros que te van a atender a la mesa. Casi todas siguen el horripilante modelo Starbucks, donde has de ir a un mostrador a pedir tu carísimo caffè latte (que a menudo te servirán en vaso de papel), luego a algún mueble a unos pasos de distancia a recoger la cucharilla y el azúcar, y finalmente a la mesa. Muchas de estas cafeterías hacen las veces de tienda de sandwiches, vendiendo diariamente almuerzos a los trabajadores que bajan a la calle durante el descanso de las comidas.

SnifffSí, echo muchísimo de menos los cafés españoles. Hasta en la cafetería más cutre suelen servir cafelitos más ricos que los que encuentro aquí. Pero no sólo por el café; es la experiencia acompleta de la cafetería española tradicional la que añoro. Los camareros antipáticos, los asientos forrados de escay, los paneles por encima de la barra con fotos de platos combinados. Y los utensilios de la liturgia cafetera. Las bolsas de azúcar decoradas con textos o dibujos educativos (banderas del mundo, dioses griegos, hechos históricos). O esos entrañables servilleteros que dispensan esas servilletas malísimas que ni secan ni nada pero con los que se puede juguetear cuando las conversaciones son aburridas...

jueves, mayo 25, 2006

By Appointment To Her Majesty

Bien por azar, o bien por compartir conmigo el mismo interés por las minucias, quizás alguno de quienes me leéis habréis observado la presencia de pequeños escuditos de distintos miembros de la Casa Real Británica en algunos anuncios en revistas o periódicos españoles. No sé si sigue ocurriendo, pero recuerdo sin duda haberlos visto en el pasado en la publicidad (y quizás en las etiquetas) de algunos productos, sobre todo whiskys y licores como J&B o Gordon's. Estos escuditos siempre han capturado mucho mi curiosidad (junto con esas medallas y trofeos de ferias ocurridas hace décadas que aparecen en muchas botellas de cerveza).

Hace poco me he enterado de qué significan. Esos escudos denotan que el producto en cuestión ostenta una Royal Warrant (que viene a traducirse como "reconocimiento real"). Esta distinción se obtiene tras ser proveedor durante al menos 5 años de la Casa de alguno de estos miembros de la realeza británica: el Duque de Edimburgo, el Príncipe de Gales, la Reina Madre o la propia Reina de Inglaterra.

Lo gracioso es que, pese a que estos sellos son empleados por muchas empresas en países como España para dar un aire distinguido y pomposo a sus productos, en el Reino Unido los Royal Appointments son algo más pedestre, ostentado por productos tan poco glamourosos como el Fairy o la pasta de dientes Macleans.

En la Wikipedia hay una lista con algunos de los poseedores de Royal Warrants. Si tenéis verdadera curiosidad, en el sitio web de la asociación de poseedores de Royal Warrants hay un buscador de empresas que ostentan esta distinción.

martes, mayo 23, 2006

El problema con Alemania

Hoy el suplemento diario del Guardian G2 ha sido un monográfico sobre Alemania, supongo que con motivo de los mundiales de fútbol que se celebran dentro de unas semanas en este país. Me ha recordado este tema del que tenía pensado hablar en este blog en alguna ocasión: la gran hostilidad, a veces rayana con el odio, que los británicos sienten hacia los alemanes. El suplemento del Guardian trata abiertamente y sin tapujos estos sentimientos.

Esta hostilidad se manifiesta, sobre todo, a través el fútbol. Los partidos entre las selecciones inglesa y alemana son acontecimientos trascendentales en el Reino Unido, y las ocasiones en las que Inglaterra vence al país germano son apoteosis del revanchismo. En particular, hay dos encuentros históricos que son aún recordados a través de DVDs, libros conmemoratorios, camisetas y demás parafernalia: la victoria inglesa en la final del mundial de fútbol de 1966, y el 1-5 que los ingleses le endosaron a los alemanes en 2001 en un partido clasificatorio para el mundial. Esta furibunda rivalidad, por cierto, es unidireccional: los alemanes, desde luego, no se toman los partidos contra Inglaterra con la misma seriedad.

El motivo de esta enemistad es, desde luego, las dos guerras mundiales que los británicos han luchado durante el siglo pasado contra los alemanes. Ambos conflictos bélicos fueron desgarradores para el país, y todavía siguen muy presentes en la psique de sus habitantes, como demuestra la gran importancia que se les da a las celebraciones del Remembrance Day de todos los años. Los británicos siguen viendo a los alemanes como enemigos bélicos. Ahora ya no tanto, pero hace unos años, al poco de venir a vivir al país, me sorprendía que no había semana que no pusiesen por la tele algún documental sobre Hitler, los nazis, o cualquier otro tema relacionando con la II Guerra Mundial.

Otro motivo de rencor es, sospecho, el hecho de que Alemania, tras la guerra, no tardó nada en renacer de sus cenizas y reconstruirse, alcanzando en tiempo récord cotas de desarrollo y bienestar superiores a las del Reino Unido. Mientras, este país se sumía en un declive económico y geopolítico, del que sólo ha podido recuperarse durante las últimas décadas.

Pese a todo esto, he de decir que la gran mayoria de los británicos suelen dejar de lado estos rencores y resentimientos cuando tratan personalmente con los alemanes. Desde luego, la persona más indicada para confirmar esto sería un alemán, pero yo nunca he visto ocasiones en las que se maltratase a un alemán, o se hablase mal de él a sus espaldas por motivos xenófobos. Aunque me han contado de casos en los que coches con matrícula alemana son víctimas de vandalismo, y seguro que más de un ciudadano germano habrá pasado un mal rato en alguna ocasión ante un grupo de ingleses borrachos.

Más información: Especial sobre Alemania (The Guardian)

lunes, mayo 22, 2006

Hasta el cuarenta de mayo...

...no te quites el sayo. O, tratándose del Reino Unido, hasta el 40 de junio. O de julio.

Lo de la imagen es una captura de pantalla del pronóstico del tiempo para Bristol de los próximos cinco días. Pese al aspecto devastador que ofrece, hay hueco para la esperanza. Las predicciones del clima de los días venideros suelen variar incluso a lo largo de una misma jornada.

Por favor por favor que la cosa se arregle para el finde que viene, que tiene bank holiday el lunes.

jueves, mayo 18, 2006

El Airbus A380 visita Bristol

Es curioso lo de la aviación. Desde hace ya varios volar ha dejado de ser una manera glamurosa de viajar, con vuelos baratos que te llevan al otro rincón de Europa por menos de 100 euros. La gente se ha acostumbrado ya a los retrasos, sobreventas, cancelaciones y pérdidas de equipajes, y en aquellos vuelos en los que aún dan comida a bordo suelen ser horribles bazofias que se comen juntando mucho los cubiertos de plástico porque no hay suficiente sitio en el asiento.

Y sin embargo, los aviones siguen fascinando. Hace poco, la retirada del servicio del Concorde convocó una inesperada ola de nostalgia y cariño, que recibió amplio eco en el Reino Unido y en el resto de Europa, todo ello a pesar del carácter elitista de ese aeroplano. Unos cuantos meses después, la imaginación de los europeos se ha vuelto a ver capturada por el Airbus 380, el avión más grande del mundo y orgullo de la industria aeronáutica europea.

Hoy este avión, que creo que aún no está en servicio en ninguna línea comercial, ha sobrevolado Bristol. Se trataba de un vuelo de prueba que partía de Berlín con destino a Londres, en su primera visita al Reino Unido. El A380 no ha hecho el trayecto directo, sino que se ha desviado para sobrevolar el suburbio bristoleño de Filton y la población de Broughton, cerca de Chester, para que los trabajadores de las fábricas que Airbus tiene en estas dos localidades inglesas pudiesen ver de cerca el fruto de su trabajo de años. En la sede de Airbus UK en Bristol se han fabricado las alas del A380 y se ha realizado parte del diseño de este aparato. En Filton, por cierto, no sólo está presente Airbus; Bristol es un importante centro de industria aeronáutica y aeroespacial, con presencia de BAE systems, Rolls Royce y otras empresas del sector.

El A380 ha pasado por Bristol sobre el medio día. A mí me habían avisado ayer del evento pero hoy se me había pasado por completo, y se me olvidó salir a la calle a esperarlo con mis prismáticos a lo planespotter. El A380 me sorprendió estando en la cocina, pero tuve suerte y me dio tiempo de asomarme por la ventana a tiempo para verlo alejándose hacia Filton, a un par de millas de donde trabajo. Se trata de un bicharraco realmente grande.

En esta página de la BBC se pueden ver fotos del A380 sobrevolando Bristol, tomadas por habitantes de la ciudad. En esta otra página se ve otra selección, con fotos tomadas en Londres y otras zonas del sur de Inglaterra por donde ha pasado hoy. La noticia se puede leer aquí.

Parte del A380 se ha fabricado también en España. Espero que este avión tenga a bien de visitar Getafe, y poder dar el mismo placer a los trabajadores que allí han diseñado y fabricado la cola de este aparato.

Más información: Airbus A380 Jet Lands in Heathrow (BBC)

miércoles, mayo 17, 2006

Cocina inglesa (y IV): Postres

Con un poco de retraso desde la última entrada concluyo esta saga sobre los platos más destacados del firmamento gastronómico inglés. Y me voy con un dulce sabor de boca: hoy hablaré de los postres.

La cocina de los ingleses no es particularmente conocida por sus dulces. Es raro, porque es en los postres en donde el saber culinario de este pueblo muestra una variedad y una riqueza ausentes por completo en su repertorio de platos principales. Suelen ser recetas poco sofisticadas, pero al revés que en otros platos, los ingleses realmente han dado el clavo en los postres, encontrando la manera de sacarle el mayor partido a los ingredientes y las preparaciones más sencillas.

Es interesante mencionar algo de vocabulario. La palabra pudding se suele utilizar para referirse a los postres densos y cremosos. Los sponge cakes son los típicos bizcochos, secos y esponjosos. Pie se usa para los pasteles como el de manzana, hechos con un relleno cubierto de masa quebrada u hojaldre. Cake suele usarse para los pasteles más historiados, con rellenos de crema, coberturas de merengue y demás sofisticaciones. A estos se unen la serie interminable de vocablos de origen principalmente francés, que se utilizan principalmente para referirse a las especialidades traídas de otros países: gateaux, tortes, profiteroles, etc.

Algo chocante de los postres ingleses es que no se suelen tomar fríos, sino templados o incluso calientes. Un acompañamiento muy habitual son las natillas (custard), que se suele echar calientes sobre el pudding o cake. Otras veces se suele emplear crema butterscotch , nata o helado.

El la empresa donde trabajaba en Maidenhead, hace un par de años, teníamos una cantina donde tuve la suerte de probar numerosísimos postres típicos ingleses. Desgraciadamente, se me han olvidado muchos de ellos, pero hay unos cuantos de los que sí os puedo dar cuenta, bien porque son bastante típicos y fáciles de encontrar en todos lados, bien porque estaban tan ricos que se me quedaron flambeados en la memoria. Ahí van:

Bread and butter pudding: Ahora pensando quizás debería haber mencionado éste en los comentarios de la anterior entrada, donde Di nos preguntaba sobre nuestros placeres culinarios ingleses prohibidos. El bread and butter pudding posiblemente no sea el mejor de los postres ingleses, ni tampoco uno de los más sanos, pero es uno de mis favoritos. Consiste en trozos de pan de molde con uvas pasas empapados en una mezcla de huevo y leche y pasados por el horno (receta).

Crumbles: El crumble es un postre muy tradicional. Consiste en una base de fruta azucarada con una corteza de masa crujiente parecida a galleta. Al servirse en platos individuales, esta corteza se hace migas, mezclándose con la fruta y las natillas. Este postre está muy extendido y casi todos los pubs suelen tenerlo en el menú (receta).

Sticky toffee pudding: Otro de mis favoritos. Es un bizcocho empapado en jarabe de toffee y, como dice el nombre, muy pringoso. Es también muy dulce, con un regusto a caramelo. Suele servirse acompañado de crema butterscotch. Imprescindible tomarse con un vaso de agua a mano. Es también otro habitual en las cartas de los pubs (receta).

Queen of puddings: Este postre es algo sobrenaturalmente delicioso. Desgraciadamente, no es tan fácil de encontrar, de modo que no he tenido muchas oportunidades de tomarlo. Está hecho con un bizcocho cremoso embadurnado de mermelada y coronado con merengue (receta).

Por supuesto, podría mencionar muchos otros postres y dulces ingleses dignos de nuestro paladar (y caries), como el christmas pudding (y demás dulces navideños), el fudge, el carrot cake y muchos otros.

Y con esto termino esta pequeña serie sobre la gastronomía inglesa. Como decía en la primera anotación, es cierto que la cocina tradicional inglesa no puede competir con otras como la francesa, la española o la italiana, y la cultura culinaria de los ingleses deja bastante que desar, pero eso no significa que la gastronomía británica merezca las mofas y el oprobio a los que se le suele someter. En Inglaterra, si se pone interés, se puede comer muy bien.

martes, mayo 09, 2006

La cocina inglesa (III): Oh no

En la anterior anotación elogiaba algunos platos ingleses que considero que merecen la pena. Si con ella conseguí que alguno de mis lectores se replantease su concepción negativa sobre la cocina inglesa, posiblemente hoy le haga volver a sus ideas iniciales: voy a hablar de algunos de los platos más desastrosos que ha producido el arte culinario inglés.

Fish and Chips: Más de uno se sorprenderá de encontrar este plato aquí, y quizás esté siendo algo severo. Fish and chips no es más que pescado rebozado con patatas fritas, y com0 tal puede estar muy rico. Muchos ingleses del trabajo, con los que voy algunos viernes a comer al pub, suelen pedírselo por delante de otros platos en principio más seductores, como hamburguesas o currys. No, el fish and chips no me disgusta por cómo sabe en sí sino porque me parece una especialidad que rezuma pereza culinaria y falta de carácter, y que para más inri es uno de los ejemplos más famosos de la cocina inglesa. Ningún plato en el que uno de los ingredientes fundamentales sean patatas fritas merece mi respeto (receta).

Corned Beef Hash: Di ya se me adelantaba en los comentarios de la anterior anotación en denostar esta horrible asquerosidad. Este plato, en efecto, es posiblemente una de las cosas más incomibles que he tenido nunca delante de mí en una mesa. Se trata de un revoltijo de de patata y corned beef, a veces escondido dentro de un pastel a modo de pie. El corned beef es el ingrediente culpable de que el plato sea tan horrible. Se trata de una especie de escabeche de carne de vacuno, muy salada y nervosa, que se vende en latas. Puedo confirmar que no hay manera de manipularlo para que resulte algo mínimamente degustable: en una ocasión, en Dublín, tuve la mala idea de pedir un asado hecho con corned beef en un pub del centro y comprobé que, en efecto, se prepare como se prepare, esta cosa está asquerosa. (receta)

Chip Butty: Es un sandwich de patatas fritas. Como lo oís, no es coña. No hay mucho más que decir.



Mushy peas: No es realmente un plato en sí mismo, sino una guarnición que se suele servir con el fish and chips u otros platos. Es un puré espeso hecho con guisantes, con un alarmante color verde fluorescente. No es el tipo de cosa que pondrías en la portada de un libro de recetas para atraer compradores. Evidentemente, sabe a guisantes, sólo que con textura pegajosa.

Beans on toast: Como en los anteriores dos ejemplos, aquí hago trampas. Este plato no es realmente una receta seria de las que servirían en un pub o en una comida familiar, sino un tentempié que la gente prepara cuando no tiene tiempo. Consiste en verter una lata de alubias en tomate (las famosas baked beans) en un par de tostadas. A veces se ralla un poco de queso encima. Según el gusto de cada cual, se puede calentar en el microondas o no. En mi trabajo mucha gente se prepara esto cuando, algún día, a la furgoneta de los sandwiches se le olvida pasar por la oficina.

Y eso es todo. Mientras preparaba esta entrada, me sorprendió que no se me ocurriesen más platos horribles que poner en ella. Lo cual demuestra que la comida inglesa no es tan mala como la mayoría de la gente piensa. En todo caso, de lo que se le puede acusar es de ser bastante burda.

Para no quedarnos, literalmente, con mal sabor de boca, en la próxima entrada trataré de los postres ingleses, dando un dulce final a esta serie dedicada a la cocina inglesa. Sigan conectados.

La cocina inglesa (I)
La cocina inglesa (II): Oh Yes

jueves, mayo 04, 2006

La cocina inglesa (II): Oh yes

En esta anotación de hoy, segunda parte de la serie que comencé anteayer sobre la cocina inglesa, voy a reivindicar una serie de platos ingleses, la mayoría de ellos tradicionales, que pueden resultar deliciosos si se cocinan bien con los ingredientes adecuados.

Roast Beef: Una de las especialidades más famosas de la cocina inglesa, que traducido significa simplemente "ternera asada". Se sirve acompañada de patatas asadas, verdura de temporada y una especie de vol-au-vent vacío llamado Yorkshire pudding, todo ello regado con gravy, que es una salsa espesa a base de cebolla. Variaciones parecidas de este asado se pueden preparar con cordero, cerdo, pollo o pavo, aunque en cada caso suelen llevar distintos acompañamientos. Se trata de un plato típico de los domingos, que se sirve en los pubs con el nombre de "Sunday roast". No diré mucho más de él: Borja ya escribió hace unos meses una excelente anotación en su blog sobre esta alegría dominical (receta).

Bangers and Mash: Los ingleses son muy dados de poner nombres enigmáticos a sus guisos. "Toad-in-the-hole", "bubble and squeak", "pigs in blankets" son buenos ejemplos de ello, y lo mismo bangers and mash, que en realidad no son sino "salchichas con puré de patata". Pero esta insulsa denominación no le hace justicia. El nombre tradicional inglés me parece más acertado: con su sonoridad campechana, que se te llena la boca al pronunciarlo, se describe mucho mejor lo suculento y apetecible del plato.

En efecto, las bangers and mash me encantan. Las salchichas suelen ser gordotas, cocinadas al fuego lento para que queden jugosas por dentro y luego tostadas un poco para que se doren por fuera. Pueden ser de muchos tipos: Lincolnshire, Chipolatas, Cumberland, Toulouse, y un largo etcétera. En muchas carnicerías se pueden encontrar versiones más originales de carne de jabalí o de venado, además de mezclas creativas con ingredientes tales como miel, mostaza o trozos de manzana. El puré de patata es, por supuesto, natural (nada de sobre), y a veces se mezcla con queso o se le añade tomillo u otras especias. Por último, no puede faltar el gravy, de la que ya hablé más arriba. El resultante es un plato delicioso de estos que te alegran el cuerpo (receta).

Steak and Ale Pie: Los pies (pronunciado "pais", no nos confundamos) son otras de las especialidades inglesas más típicas. En español la traducción sería "pastel de carne", pero en ocasiones pueden asemejarse más a lo que son nuestras empanadas. Consisten en envolver un guiso de carne en una masa con forma circular y alta. Esta masa es similar a la masa quebrada de las empanadas españolas, sólo que mucho más blanda. También suelen hacerse con hojaldre (puff pastry), pero muchos ingleses desdeñan de estos pies que los cortas con el cuchillo y se desmoronan. A menudo, en muchos pubs, la cosa es incluso peor, y el hojaldre no es más que una tapa que cubre un recipiente en cuyo interior va el guiso. Esto es un fraude que debería ser castigado con severidad.

Los rellenos más habituales son pollo con champiñones (chicken and mushroom), ternera y riñones (steak and kidney) y ternera a la cerveza (steak and ale), que es mi favorito. Además de estos componentes principales, suelen llevar trocitos de verdura como guisantes, zanahoria o cuadraditos de patata, todo ello empantanado en un delicioso pozo de gravy (receta).

Beef Wellington: Este plato lo probé por primera vez hace poco, y fue un descubrimiento. Desgraciadamente, no es muy común y la mayoría de los pubs no lo sirven. Es, además, una de las especialidades más sofisticadas con los que me he topado en la cocina inglesa. Consiste en un medallón de solomillo embadurnado de foei gras y un adobo de setas recubierto de hojaldre. En realidad, no suena muy inglés y quizás se trate de una receta francesa (la influencia gabacha es inconfundible), pero el Wellington que lleva en el nombre creo que le da derecho a aparecer en esta lista (receta).

Podría mencionar muchos platos más que encuentro interesantes, como el cottage pie, que es un pastel de carne picada cubierto de puré de patata, o los Cornish pasties, que son empanadillas gigantes rellenas de guiso de carne, pero la vida es breve y la paciencia de mis lectores también.

Una cosa que no se me debe olvidar mencionar es que la mayoría de los platos mencionados y muchos otros suelen servirse con un acompañamiento de verduras, casi siempre cocidas al vapor: zanahoria, judías verdes, patatas nuevas, guisantes, brócoli, col, nabo, etc. En muchos pubs se las cuece cruelmente hasta que se les ha escapado el alma, pero en otros saben cómo hacerlo. Se llegan a comer hasta con apetito y gratitud por el peso que nos quitan de la conciencia, magullada por la ingestión de tanto gravy.

En la próxima anotación me ocuparé del otro lado de la moneda: aquellos platos ingleses que, en mi opinión, contribuyen a que la cocina de este país siga teniendo la mala prensa que tiene.

Más información: La cocina inglesa I (Parquestrit), El Asado del Domingo (Reciclando Palabras)

martes, mayo 02, 2006

La cocina inglesa (I)

Cuando Chirac, resentido porque Blair se negaba a renunciar al cheque británico durante una de las últimas cumbres europeas, afirmó que no se podía confiar en un pueblo cuya comida era tan mala, estaba voceando un tópico bien extendido por todo el continente, y mucha gente se sonrió. La cocina británica, en efecto, tiene fama de ser bastante mala, y desde luego no voy a afirmar que sea infundada. Pero no es tan pobre como la mayoría de la gente piensa, y muchos de sus platos pueden resultar deliciosos. En esta anotación y en las siguientes me gustaría dar a conocer lo que sé de la gastronomía británica (que no es mucho, me temo), y tratar de lavar un poco su reputación.

La cultura culinaria de los británicos es más bien pobre, es cierto. Sus hábitos alimentarios son bastante mejorables. Pero es injusto despreciar sin más su gastronomía. En primer lugar, desde hace varios años el buen comer se ha puesto de moda. Los británicos son muy aficionados a ir a cenar fuera de casa, y Londres y otras ciudades como Bristol cuentan con una oferta de restaurantes más que respetable. Hace un año un restaurante inglés fue votado el mejor del mundo en una prestigiosa competición mundial, en cuya lista de finalistas figuraban un buen número de establecimientos británicos. Este año el mismo restaurante, The Fat Duck, ha quedado segundo (detrás de El Bulli del genial Ferrán Adrià). En 2001 fue también nombrado restaurante del año por la guía Michelin.

En segundo lugar, el mismo arte de cocinar se ha ganado últimamente el interés de los británicos. Distintos chefs estrella como Jamie Oliver, Gary Rhodes, Nigella Lawson o Gordon Ramsay compiten en popularidad y ventas de sus respectivos recetarios. Casi todos los dominicales de los principales periódicos cuentan con su sección de gastronomía, en la que publican recetas tirando a sofisticadas. Posiblemente la mayoría de la gente lo único que hace es leerlas, salivar, recortarlas, meterlas en el cajón y no cocinarlas jamás (yo uno de ellos), y lo mismo con los libros de recetas. Pero la gente que sí que se anima a ponerse con las manos en la masa encontrará en los supermercados y tiendas especializadas un abanico de ingredientes de calidad digno de admiración (aunque a un precio). La gastromía es negocio en el Reino Unido.

Se me podría arguir que sí, que vale, que los británicos quizás ahora se preocupan por comer mejor, pero que para ello han tenido que recurrir a las especialidades de otros países y culturas. Esto es cierto: han adoptado muchos platos provenientes de las cocinas italiana, india o china, por poner tres ejemplos. Pero también la misma cocina británica está beneficiándose de un renacer. En los últimos años se han puesto de moda los pubs que sirven platos típicos británicos "de calidad". En Bristol hay unos cuantos de ellos: Picture House, Tinto Lounge y The River son quizás los más recomendables.

La cocina inglesa (dejaré de hablar de británica, ya que no sé mucho de las variedades escocesa o galesa) es poco sofisticada. Nada que ver con los refinamientos de la francesa o la japonesa. Aunque en realidad esto no tiene por que ser un handicap: muchos platos españoles no son precisamente alardes de sutileza (una fabada), sino que triunfan por su combinación de ingredientes deliciosos de muy buena calidad. Con las especialidades inglesas no tiene por qué ser distinto: siendo exigente con las materias primas y cocinándolas con destreza se puede dar lugar a platos deliciosos, y de esto puedo dar fe.

Para dejaros con la intriga y no extenderme demasiado lo voy a dejar aquí por hoy. En mi próxima anotación hablaré de las especialidades de cocina inglesa más típicas, al menos aquí en el sur del país.

Más información: El mejor restaurante del mundo (Parquestrit)