lunes, octubre 29, 2007

Today cumple 50 años

Si hay algún programa que condensa las cualidades de la BBC, tiene que ser Today. Serio, independiente, inquisitivo y combativo; pero también apoltronado y arrogante. Ayer se celebró su 50 aniversario. Comenzó a emitirse el 28 de octubre de 1957 como un espacio de actualidad (current affairs, que dicen los británicos) de tono ligero, aunque a lo largo de los años fue adquiriendo más seriedad hasta convertirse en lo que es hoy: el buque insignia de la Corporación, su programa radiofónico de más audiencia que fija diariamente la agenda informativa y política de la nación.

En la actualidad se emite de seis a nueve de la mañana, como un compendio de entrevistas, reportajes y boletines de noticias de distintos ámbitos. Puede también puede escucharse en directo y en diferido desde cualquier rincón del planeta a través de la Red (enlace). El calibre de las personalidades que han pasado por este programa es impresionante. Sin ir más lejos, hoy ha sido entrevistado en este programa el Rey Abdalá de Arabia Saudí, aunque también suelen prestar atención a personajes de bastante menos nivel. No emiten ni una sola tertulia: cuando hay que comentar noticias, sacan en antena a gente que sabe sobre la materia.

El sitio web del programa ha abierto un apartado especial sobre el aniversario repasando sus momentos más memorables. A quien quiera saber más le recomiendo este breve artículo del Independent en el que se repasa la historia del programa. También se hacen eco del acontecimiento el Telegraph (enlace) y el Times (enlace). Curiosamente, en el Guardian lo único que he encontrado es este breve editorial del sábado.

Más información:
Ana Palacio en la BBC (Parquestrit), Cómo entevistar a un primer ministro (Parquestrit), Entrevistas a contrarreloj en Today (Parquestrit)

miércoles, octubre 24, 2007

Después de usted caballero

Mi vuelta a España me está sirviendo para darme cuenta de curiosas diferencias de costumbres cotidianas en las que no me había fijado nunca. Una de ellas es la de ceder el paso a la otra persona cuando se abre una puerta. Este hábito, desde luego, también se lo encuentra uno en Inglaterra, pero ahí cuando la gente deja pasar a alguien delante suyo suele hacerlo con naturalidad, y si dejar pasar supone apartarse aparatosamente para dejar sitio al otro no se suele hacer.

En España, por contra, me encuentro que cuando alguien ofrece el paso a un acompañante suele hacerlo con cierto aire solemne, como queriendo resaltar la muestra de atención. Muchas veces, si por despiste o titubeo no aceptamos la merced y nos quedamos ante la puerta, la otra persona suele permanecer insistente cediéndonos el paso, hasta que nos damos cuenta y pasamos o le decimos de palabra o gesto que no, de ningún modo, después de Ud. caballero. Esta conducta la he observado tanto con desconocidos como entre compañeros de trabajo, aunque quizás no tanto entre amigos cercanos. En ocasiones, sobre todo con vendedores o gente de trato al público, el aplomo y diligencia con las que se empeñan en abrirnos puertas y dejarnos pasar delante rayan lo teatral.

Caso especial es cuando el objeto de la caballerosidad es una mujer. En España aún se lleva lo de dejar pasar a la dama primero, y no pocas mujeres así esperan que se las trate. Según mi experiencia, esto no se da en Inglaterra: los hombres ya no suelen aplicar con las mujeres normas de educación que no aplicarían ante otros hombres. En lugares como el trabajo, dejar pasar a una mujer delante demasiado ostentosamente o mostrarse caballeroso con ella podría incluso considerarse machista y ofensivo.

Incomprensiblemente, la obsequiosidad y educación que uno se encuentra a menudo en España ante desconocidos se esfuma completamente en la carretera, donde la gente se te cuela en las salidas sin el menor rubor, has de esperar decenas de coches antes de que alguno tenga la bondad de dejar que te incorpores, y donde poner el intermitente antes de tiempo es garantía de que el otro acelere para no dejarte pasar.

Curioseando en Internet he encontrado un puñado de artículos y discusiones intesantes sobre este tema. Un artículo de la BBC explica los hallazgos de un estudio sobre la caballerosidad ("chivalry"); más interesante son las opiniones recogidas de algunos lectores británicos, que dan una idea de lo que piensa la gente. En este foro de Word Reference se pueden leer varias opiniones sobre si los españoles solemos dejar pasar a la gente delante nuestro.

¿Qué opináis vosotros?

martes, octubre 16, 2007

Ghosts of Spain, de Giles Tremlett

Giles Tremlett es el corresponsal en España del Guardian. Hasta hace poco le tenía algo de antipatía porque una buena proporción de las noticias que firma en este diario británico, que ya de por sí no suele dar una cobertura muy extensa de lo que sucede en este país, no suelen ser sobre temas serios de actualidad sino sobre asuntos tan candentes como subvenciones para rodar porno en catalán o las luchas de los granjeros pirenaicos en contra de los osos (y por supuesto toros).

Mi imagen de este periodista, sin embargo, ha cambiado por completo recientemente. Ello a raíz de leerme su libro Ghosts of Spain, publicado el año pasado en el Reino Unido. Es un repaso de los múltiples esqueletos que, desde mediados del siglo pasado, se han ido acumulando en los armarios de los españoles. Las atrocidades cometidas por unos y otros durante la Guerra Civil; la impunidad de la que disfrutaron las de uno de los bandos no sólo durante la dictadura posterior de sino, merced al "Pacto del Olvido" acordado en la Transición, durante los sucesivos años de democracia; la corrupción desaforada en los últimos años de gobierno de Felipe González; el reinado del terror de ETA; el apogeo del nacionalismo catalán y las tensiones territoriales; el desmadre urbanístico en la costa; y el trauma producido por los atentados del 11-M: son estos algunos de los temas que Tremlett, sin despeinarse, se atreve a exponer a un público anglosajón que tiene una vaga imagen de España como país fiestero, pintoresco y caótico.

El rango de asuntos por sí solo ya da vértigo, pero es que Tremlett no sólo logra tratarlos con rigor y bastante acierto, sino que los adereza con innumerables anécdotas y disgresiones de carácter personal que le dan una gran vivacidad al texto, como cuando se enorgullece de conseguir estar presente en el parto de uno de sus hijos tras recurrir con éxito a la muy hispana práctica del enchufe. La mayoría de los asuntos que trata son en su libro son bien conocidos por la gran mayoría de los españoles, pero dedica también atención a tratar sobre ciertos temas, como la permisividad hacia la prostitución en España, que no suelen figurar en las preocupaciones de las clase parloteante española. También se permite incluir un capítulo entero sobre el lado sórdido del flamenco simplemente por la fascinación que esta música le produce.

Tremlett demuestra un conocimiento muy profundo de la realidad y el carácter español. Está familiarizado con aspectos poco conocidos del caracter hispano, como la manía por la limpieza, y es uno de los pocos ingleses que se ha dado cuenta de que el que los españoles nos echemos la siesta todos los días no es más que un mito. El motivo de ello es que el autor no es un corresponsal cualquiera; a las pocas páginas de comenzar el libro nos enteramos de que hace años decidió instalarse indefinidamente en España con su familia, de hijos ya españoles.

Quizás a ello se deba el gran acierto del libro: su tono respetuoso. Tremlett en ningún momento cae en el pecado fácil (mea culpa) de todo el que escribe sobre una cultura distinta: ridiculizar o hablar condescendientemente de sus aspectos más criticables. Esto tiene especial mérito viniendo de un inglés, para cuya raza la ironía es una función esencial de su sistema nervioso central. Desde luego, a lo largo de su libro Tremlett tiene ocasión de atacar un buen número de actitudes y vicios españoles, pero no pierde oportunidad de ponerlos en perspectiva señalando también las virtudes de nuestro pueblo, de las cuales la que más aprecia es la fortaleza de los lazos familiares y el trato que se da a la infancia.

Desde luego, no todo es perfecto en el libro. Tremlett disfruta trufando el texto de palabras españolas, que en algunos casos aportan color pero en otros son superfluas. Para un lector español el efecto es cansino; para uno inglés me imagino que confuso. Otro defecto, a mi juicio, es que el autor se entrega a la tarea de explicar todo rasgo del carácter español con tanto fervor que a veces, cuando no hay explicación posible, cae en la mera elucubración.

Pese a todo, considero que Ghosts of Spain es una obra magistral, cuyas cuatrocientas paginas se devoran con extremo interés. La buena noticia es que esta obra está traducida al español, aunque no tengo ni idea de qué tal será la edición.

Más información:
Entrevista a Giles Tremlett en ABC

miércoles, octubre 10, 2007

Cómo volverse a España (y IV): los últimos días

Han sido dos o tres meses de preparativos y por fin el momento está cerca. Por muy bien que se hayan planeado, hay tareas que es inevitable dejar para el último momento, como por ejemplo la limpieza de la casa. Esto no se refiere simplemente a hacer limpieza a fondo para dejarla en buen estado y que la agencia de alquiler no nos ponga pegas en la devolución de la fianza. Lo peor, o al menos lo fue en mi caso, fue deshacerse de la increíble cantidad de muebles, cacharros y objetos que había decidido no llevarme de vuelta a España.

Muchos de ellos no eran más que basura: papelotes, trastos estropeados o ropa vieja, pero otros eran cosas como muebles utensilios de cocina o comida que no se podían tirar así como así. Lo primero lo despaché en una visita al punto limpio de la ciudad; lo segundo lo repartí entre mis amigos de Bristol, para lo cual fueron necesarios varios viajes en coche.

Otra opción muy recomendable para deshacerse de pertenencias son las charities o tiendas de beneficiencia. Siempre suele haber alguna cerca de cualquier barrio, y suelen aceptar ropa o utensilios en buen estado para luego venderlos e invertir el dinero para distintas causas benéficas. En mi caso hice varias visitas a estos establecimientos, una de ellas in extremis el día anterior al viaje para deshacerme de un reproductor de video, algo de ropa usada y algún que otro cachivache por el que no se había interesando ninguno de mis amigos.

Llegó el último día, y después de dejarme los cuernos en ello logré tener la casa más o menos limpia y a punto. Un problema importante que hay que tener en cuenta desde el principio es cómo efectuar el check out o abandono de la casa. Si se comparte piso o se está en un régimen de alojamiento más informal es posible que se tenga más flexibilidad. Cuando se está con contrato de alquiler hay ocasiones que es necesario estar presente mientras el hombre o mujer de la agencia verifica que está todo en orden. En mi caso no hacía falta que yo estuviese en persona, de modo que pude dejar el piso por la mañana temprano y echar las llaves por el buzón de la agencia de alquiler, saliendo con tiempo suficiente para coger el ferry en Plymouth a las doce del mediodía. Si no hubiese podido ser así posiblemente no me habría dado tiempo de dejar la casa el mismo día del viaje, sino que habría tenido que dejarla un día antes y apañármelas para pasar la noche en otro sitio, con el consiguiente problema de tener que llevarme mi equipaje conmigo.

Equipaje que no era ligero que digamos. Otro de los nervios finales fue la incertidumbre de si iba a caber en el coche. Pese a que había intentando por todos los medios llevar el mínimo de peso en mi vehículo, la cantidad y volumen del equipaje excedieron mis previsiones. El día anterior al viaje hube de hacer un simulacro y llenar el coche para comprobar que cabía todo y hacerme una idea del tiempo que llevaría llenarlo.

Al final, apenas tuve tiempo de disfrutar como deseaba mis últimas semanas en Bristol. Dejé para el final un montón de planes que no pude llevar a la práctica, como pasear por determinados barrios para despedirme de ellos, o visitar lugares como la Red Lodge o el Zoo que aún no había visto. Lo que sí pude hacer, afortunadamente, fue despedirme en condiciones de los amigos, aunque el tiempo que pude pasar con ellos los últimos días fue inevitablemente menor del que me hubiese gustado.

Y aquí concluye esta miniserie de anotaciones sobre mi vuelta a España. Así leído, posiblemente suene tremendamente aparatoso y complicado, pero lo peor viene después: los primeros pasos y la readaptación a la vida en el país de origen. De eso quizás hable en otro momento.

jueves, octubre 04, 2007

It all happened on the 11:20 from Hainault

Los legendarios Monty Phython nos ilustran cómo sería una obra de teatro escrita por un trainspotter:



Si os perdéis con el diálogo, helo aquí (en inglés, claro).

martes, octubre 02, 2007

Cómo volverse a España (III): los papeleos

Uno de los aspectos más enrevesados del cambio de país es, por supuesto, todos los papeleos que esto conlleva. Se da la complicación de que hay que realizarlos por partida doble: tanto en Inglaterra como en España. No voy a dar un premio a quien adivine en cuál de los dos países las gestiones son más complicadas y engorrosas.

En realidad, el 90% de los papeleos que tuve que realizar consistieron simplemente en cambiar la dirección. En Inglaterra, para hacerlo casi siempre basta con hacer una llamada telefónica. Esto incluye el Inland Revenue, que es realmente importante que sepa como localizarnos, no vaya a ser que nos vayamos del país sin saldar cuentas con el Fisco. Otra de las gestiones importantes es pedir un certificado E301 de National Insurance Contributions. Éste nos permitirá convalidar nuestras contribuciones a la Seguridad Social británica con la española.

Algo que es muy importante es asegurarse de que recibimos el certificado P60. Este papelito resume las retenciones del impuesto de la renta y de la seguridad social practicadas durante el último año fiscal. Mi empresa no registró bien el cambio de dirección y me lo mandaron a mi antigua dirección; fue gracias a la amabilidad de mis vecinos, quienes me lo reenviaron, que no lo perdí.

Por casos como este es conveniente dejar a tus vecinos alguna dirección a la que puedan reenviar el correo a tu nombre durante las primeras semanas. En Inglaterra, si recibes una carta a nombre de alguien que ya no vive en tu dirección puedes tachar ésta, escribir en el sobre la nueva dirección de la persona y echarlo en un buzón: Royal Mail se ocupará de reenviárselo al nuevo domicilio. Me imagino que esto sólo funciona para direcciones británicas, de modo que para poder hacer esto tienes que conocer a alguien en el país a quien no le importe que envíen correo a tu nombre.

Si no te quedan contactos en el Reino Unido o si no te fías de tus vecinos, otra posibilidad más seria es contratar un servicio de redirección. Por una cantidad razonable (unas 15 libras al mes), puedes solicitar a Royal Mail que reenvíe a una dirección de fuera del país todo el correo que sea enviado a tu dirección antigua. Para contratarlo sólo tienes que demostrar que viviste allí (mediante una factura, por ejemplo), y los sucesivos meses es posible renovar a través de Internet.

Volviendo al asunto de las gestiones, otra de las que se pueden hacer a distancia es la baja del Consulado. Quien, como yo, haya perdido un día entero en Londres inscribiéndose como residente para que luego no le sirva de nada, se alegrará de saber que el trámite para darse de baja se puede hacer por correo. Con la baja consular uno ya puede empadronarse en la localidad donde vaya a residir en España. En Madrid, el trámite se puede hacer también a distancia, bajándose un formulario pdf, rellenándolo y enviándolo por correo.

Si se tiene coche con matrícula británica, y en vez de venderlo se deseara (por el motivo que fuese) llevárselo a España, se tendrá que dar de baja. Esto es tan sencillo como separar un cupón de los papeles del vehículo (el logbook) y enviarlo al DVLA. Incluso se puede solicitar la devolución parcial del impuesto de circulación. También será preciso dar de baja el seguro. Del lado español, la matriculación del coche importado es bastante más complicada, y supondrá varias visitas a la jefatura provincial de la DGT, al banco para pagar el impuesto y a la estación de la ITV. La legislación sobre tráfico española es verdaderamente chapucera y autocontradictoria, así que lo mejor es armarse de paciencia.

No voy a extenderme mucho más para no abrumar; me dejo en el tintero gestiones obvias como dar de baja el gas o la electricidad. Sé que esta anotación no es muy exhaustiva, pero no pretende dar una relación precisa de pasos a seguir sino dar simplemente una idea de a lo que uno tiene que enfrentarse. Para más información, sugiero esta página del Ministerio de Asuntos Exteriores, que trata sobre todos los trámites a realizar del lado español; esta otra página de la administración del Reino Unido, a pesar de estar orientada a británicos que se van a vivir al extranjero, incluye mucha información que nos va a ser útil.