lunes, octubre 31, 2005

Halloween

Esta noche se celebra Halloween, pero contrariamente a lo que estoy seguro que la mayoría de la gente piensa, esta tradición apenas se celebra en Inglaterra. El interés que despierta Halloween entre los ingleses no es mucho mayor que el que se da en España. En algunos bares se anuncian fiestas de Halloween, y algunas tiendas son decoradas por unos días con motivos macabros (brujas, fantasmas, etc), pero por lo demás no es que la cosa tenga mayor repercusión, al menos en el sur del país, que es donde vivo. El Halloween de la cultura popular de nuestros días es, principalmente, un producto cultural estadounidense, que según leo en la Wikipedia, fue llevado a ese país por emigrantes irlandeses y escoceses.

Los que, como siempre, nunca pierden la oportunidad de subirse al carro de cualquier festividad que le puedan reportar ingresos extras son los supermercados. Desde hace varias semanas tienen su sección de Halloween vendiendo disfraces y artículos festivos, y en su sección de frutería se pueden encontrar enormes y vistosísimas calabazas naranjas que me pregunto si habrá quien las compre.

sábado, octubre 29, 2005

Cambio horario

El día más temido por fin ha llegado. Mañana de madrugada cambian la hora. Otra vez los quebraderos de cabeza: ¿tengo que atrasar el reloj o adelantarlo? ¿Voy a dormir una hora más o una menos? Es sorprendente: hablando con la gente me he dado cuenta de que hasta los más inteligentes suelen tener problemas para comprender el funcionamiento del cambio de hora.

Yo tampoco soy muy ágil en entender lo anterior, pero hay una consecuencia del cambio horario de otoño que no se me escapa: durante los próximos cinco o seis meses, cuando salga del trabajo, ya será de noche. Coincide esto también, para empeorar mi desdicha, con el periodo del año en que los días son más cortos. En diciembre anochece sobre las cuatro de la tarde, aunque en los días más nublados la cosa es mucho peor y sobre las tres ya ha oscurecido del todo. Es precisamente la falta de luz solar, y no tanto otras cosas como la incesante lluvia, lo que para mí hace más deprimente el clima inglés.

Se siente uno como un vampiro, levantándose de noche, trabajando en oficinas inundadas de luz fluorescente y volviendo a casa de noche también. Nos quedan los fines de semana para disfrutar del día, aunque como oscurece tan pronto las posibilidades de hacer excursiones o pasar el día fuera están muy limitadas. De todos modos no debería yo quejarme, porque en lugares más al norte como Escocia la cosa es mucho peor. Es este precisamente uno de los motivos por los que se sigue manteniendo el cambio horario en el Reino Unido, a pesar de las unánimes protestas que surgen en el sur del país en esta época del año: si no se cambiase la hora, en lugares de Escocia no amanecería hasta las nueve de la mañana. Es un tema polémico, y hasta hay quien ha sugerido que Inglaterra abandone la franja horaria de Greenwich (una hora menos que en España) y se acomode a la que se rige en la mayoría del Continente, aunque esto suponga que en el Reino Unido haya dos franjas horarias.

A quien le interese el tema, en la Wikipedia se puede encontrar un artículo en inglés sobre los orígenes de la idea de cambiar el horario (el artículo también está en español) pero contiene mucha menos información).

Más en Parquestrit: Clima inglés, Four Seasons in One Day

lunes, octubre 24, 2005

Hampstead

El pasado fin de semana me he bajado a Londres a visitar unos amigos. Londres no es una ciudad que me entusiasme, pero he disfrutado mucho paseando por Hampstead, barrio en donde viven. Está situado al norte de Camdem Town, en el distrito NW3, suficientemente lejos del centro como para estar a salvo de las plagas de turistas. Cuenta con una verdadera joya, el parque de p, donde se puede disfrutar de fabulosas vistas de la ciudad en medio de un ambiente mucho más tranquilo que el de los otros parques más famosos de la capital. Aparte de esta zona verde, no hay muchos otros lugares destacables que visitar en el barrio, pero esto no significa que pasear por algunas de las calles residenciales de los alrededores no sea una delicia.

Aparte de Hampstead, visité el que es mi lugar favorito de Londres: el Museo Británico. He estado en él ya varias veces, y nunca me cansa. Fui con la intención de visitar una exposición sobre Persia que han inaugurado hace poco y que tiene pinta de ser muy interesante, pero no pude conseguir entrada. Así que me conformé con visitar tres o cuatro salas al azar. Es esta la manera óptima de ver museos: con tranquilidad y sin prisas. Luego en la Sala de Lectura me enteré de algo fantástico: la colección entera del Británico, con textos explicativos incluidos, está disponible en el banco de datos Compass, al que se puede acceder libremente por Internet a través de la página web del museo.

Por si a alguien le interesa, he subido algunas fotos del finde a Flickr.

jueves, octubre 20, 2005

Aparcando en Inglaterra

Ni un mes me duró. A las pocas semanas de comprarme mi primer coche, hace un poco más de cinco años y medio, cuando aún vivía en España, éste ya tenía los parachoques llenos de arañazos y raspones provocados por la falta de cuidado de la gente que aparcaba a mi lado. Me tuve que conformar con el consuelo de tontos: en Madrid casi todos los coches tienen cicatrices de éstas, sobre todo aquellos que no duermen en garaje, como le pasaba al mío. Y es que lo incívicos y malos conductores que somos los españoles no sólo se manifiesta en la circulación, sino también cuando estacionamos.

Del mismo modo, al igual que los ingleses son muy buenos conductores en carretera también lo son aparcando. En España, para estacionamientos en línea, está extendidísima la técnica de aparcar de oído: consiste en apurar las maniobras al máximo, golpeando sucesivamente y de forma frecuentemente violenta los coches de delante y de detrás hasta que el vehículo propio está colocado. En el Reino Unido, por contra, la gente siempre tiene gran cuidado de no rozar los coches situados a su alrededor. Esto les lleva a dejar muchísimo espacio entre coche y coche, de forma algo exagerada en mi opinión. Los británicos también respetan siempre los carriles bus, y raras veces aparcan en prohibido. Tampoco se da casi nunca la odiosa costumbre española de aparcar en doble fila, que aquí llaman double parking. Es algo que sólo he visto aquí en determinadas calles y situaciones muy concretas. Desde luego, nunca inutilizando un carril entero en una vía congestionada, como tanto gilipollas hace en Madrid.

El reglamento vial británico es, además, más práctico. Las zonas donde está prohibido estacionar se señalizan con una doble línea amarilla pintada a lo largo del bordillo. Esto resulta mucho más visible y disuasorio que usar señales a ambos lados, como en España. Una línea doble roja significa que no se puede ni parar ni estacionar. Una línea amarilla sencilla limita el estacionamiento sólo durante determinados horarios, generalmente lunes a sábados de 9 a 18h.

En casi todos los centros urbanos del Reino Unido el estacionamiento está muy limitado. La mayoría de las veces, el único sitio donde se puede dejar el coche es en algún aparcamiento multipisos, de los que suele haber dos o tres. Además de los típicos con barrera, hay los llamados pay and display, donde en vez de pagar al salir se se paga con antelación en un parquímetro por el tiempo que lo vamos a dejar. Según te alejas del centro, aparcar se vuelve más sencillo y se puede dejar el coche en la calle, bien en plazas con parquímetro o gratuitas de tiempo limitado. Sólamente en las zonas residenciales suelen no haber restricciones, aunque no siempre: en sitios como Londres o Bath las calles con aparcamiento sólo para residentes son muy comunes.

Temas relacionados: Conduciendo por la izquierda, Calles estrechas, Urbanistas locos en el Reino Unido

sábado, octubre 15, 2005

Ha llegado la Navidad


Ya sé que es bastante poco original criticar lo pronto que los comercios comienzan con la campaña navideña, pero es que realmente clama al cielo. Hace unas semanas, el día 1 de octubre, fui al Sainsbury's a hacer la compra y me encuentro con que ya han reservado un par de estanterías y las han llenado con christmas puddings, mince pies y demás parafernalia, todo esto apenas 10 días después del fin del verano. Pero no se trata sólo de un pecado de los comerciantes, ansiosos por utilizar el reclamo navideño para vender. El sábado pasado, bajando por Park Street, cerca del centro de Bristol, vi que ya habían colgado a lo largo de la calle la raquitica iluminación festiva de todos los años. No vaya a ser que no les dé tiempo.

La prensa británica, vigilante como siempre de no perderse tema anecdótico alguno, no ha tardado nada en lanzarse a publicar artículos ingeniosos sobre este afán cagaprisas de adelantar la Navidad. En el Guardian, he podido leer este mes dos reportajes (uno de Alexander Chancellor y otro de Stephen Moss) que comentan el disparate de comenzar a promocionar las fiestas navideñas con tres meses de antelación.

Televisiones españolas en la Red

El otro día descubrí algo muy interesante: hay un número considerable de cadenas de televisión españolas cuyas emisiones se pueden recibir a través de Internet. La mayoría de ellas son canales locales u otros de interés dudoso (Videncia TV), pero también se pueden encontrar canales autonómicos, como TVG, Canal Sur o Telemadrid, e incluso el canal de noticias de TVE, cuya calidad de emisión es, por cierto, bastante buena. La mayoría de los canales disponibles ofrecen una retransmisión bastante pobre, con pantallas minúsculas e imágenes entrecortadas, pero no todos: en algunos casos es incluso posible ponerlo a pantalla completa y obtener resultados muy dignos.

Sería fantástico que más canales se animasen a ofrecer sus emisiones a través de la Red. La televisión puede hacer sentirse mucho más cerca de su país a quienes viven fuera de él. Yo no suelo verla casi nunca, pero cuando me bajo a España escucharla, aunque sea de ruido de fondo en el hogar, es una de las cosas que más me hace sentir que he vuelto a casa.

Por supuesto, en la Red se pueden encontrar emisiones de TV de muchos otros países.

jueves, octubre 13, 2005

Supermercados

El pasado fin de semana estuve en Madrid por motivo de una boda: mi última escapada a España antes de Navidad. Como siempre, el último día de mi estancia (el lunes en este caso) me fui a avituallarme al Alcampo de al lado de mi casa.

Últimamente, cuando voy a súper o hipermercados españoles, me maravillo de la riqueza y variedad de productos que se pueden encontrar en ellos, todos primorosamente expuestos en estanterías ordenaditas y repletas: yogures, chocolates, bollos de desayuno, legumbres, champús, productos de limpieza... De todos ellos se pueden encontrar un sinnúmero de variaciones y marcas distintas.

En el Reino Unido, por contra, la variedad de productos disponibles en los supermercados es mucho menor, y la presentación es considerablemente más cutre (de esto último ya hablé hace meses en este blog). La mayoría de las ocasiones sólo se pueden encontrar dos o tres marcas para un producto determinado, y tampoco suele darse la riqueza de "derivados" que se da en España. Por supuesto, en determinados artículos típicos del Reino Unido, como el pan de molde, hay más oferta que en España, pero incluso en estos casos los británicos son mucho menos innovadores: aquí no se puede encontrar, como en los comercios españoles, pan de molde sin corteza.

Hay aspectos en los que los súper británicos sí que están por delante de España, como por ejemplo en la abundancia de líneas de productos ecológicos (que aquí llaman organic) y de comercio justo (fair trade). También es más fácil encontrar ingredientes exóticos para cocina india o china, algo que de todos modos es comprensible puesto que en este país hay una gran presencia de gentes de procedencia asiática u oriental.

Pese a todo, mi impresión es que, en conjunto, los supermercados británicos están peor provistos que los españoles. Es algo bastante sorprendente, considerando que el Reino Unido es un país más próspero. Quizás el motivo es que en España nos preocupamos más de la comida y de tener limpia la casa, de modo que la oferta de comestibles y artículos de limpieza, que componen la mayor parte de las compras domésticas, es mayor. En cualquier caso, esto no significa que la industria británica de la distribución sea más pequeña: Tesco, la primera cadena de supermercados de este país, es uno de los grupos más grandes de Europa, y no para de crecer y de sumar beneficios.

martes, octubre 11, 2005

Cinco años

El 11 de Octubre de 2000, pasada medianoche y con seis horas de retraso, desembarcaba yo del ferry Bilbao-Porstmouth después de una travesía procelosa, tanto en el estado de la mar como el de mis pensamientos. Venía al Reino Unido con el plan era pasar dos años, o como mucho tres. Cinco años después, aquí sigo. "Quién me lo hubiera dicho", es algo que siempre repetimos las viejas glorias que aún seguimos en el país al recordar el tiempo que llevamos aquí. Y es que es fácil dejarse llevar y que pase uno, dos, tres, cuatro y cinco años. En Inglaterra se vive bien, al menos con el tipo de trabajo y de vida que yo hago. El tiempo no es tan malo como lo pintan, ni tampoco la comida. La morriña se puede mantener a raya bajándose unas cuantas veces al año a pasar unos días en España. El Europa 15 (institución donde las haya para el emigrante joven intraeuropeo) te permite hablar con la familia diariamente, y el correo electrónico te mantiene en contacto con los amigos. Y con Internet te puedes mantener al tanto de lo que ocurre en el país.

Tiene gracia. Una de las preguntas que siempre se suelen hacer entre españoles que se acaban de conocer aquí es "¿cuánto tiempo llevas?". Me acuerdo cuando acababa de llegar y la persona me contestaba que tres o cuatro años; yo respondía con una mirada asombrada y reverente, quizás algo compasiva. Últimamente, cuando hablo con recién llegados soy yo el que recibe esta misma mirada.

Los primeros años en el Reino Unido se vive en un limbo en el que parece que el tiempo está detenido. De España te llegan noticias de amigos que se te casan, que se compran pisos, pero tú estás al margen. Es como en los Simpson: año tras año todo sigue igual, se suceden episodios pero al final se restablece el equilibrio y todo queda como antes. Tienes la conciencia de que algún día te volverás y te reintegrarás en la rueda de la fortuna, pero de momento vives entre paréntesis. Pero el tiempo que pasa, la gente a tu alrededor se va yendo poco a poco, tu grupo de amigos se va achicando. Los españoles casi siempre acabamos volviendo a casa.

Me imagino que yo también me acabaré volviendo, espero que no muy tarde. Cinco años son suficientes, y aunque le he cogido cariño al país nunca me he sentido apegado a él. Pese a lo disfuncional y desesperante que es tantas veces, echo de menos España.

miércoles, octubre 05, 2005

Primeros Auxilios

Hoy no voy a hablar de cultura británica: este artículo tiene vocación de servicio público. Durante esta semana estoy asistiendo a un cursillo de primeros auxilios en el trabajo, organizado por la organización británica St John Ambulance. No me sé los detalles de la legislación del Reino Unido, pero parece ser que en toda oficina ha de haber un encargado de primeros auxilios cualificado. En mi caso, me ofrecí voluntario, pensando que estos conocimientos pueden resultarme útiles en algún momento (espero que no se dé el caso). Otros participantes del grupo que me ha tocado han tenido que apuntarse por exigencias de su trabajo. El cursillo dura cuatro días a tiempo completo, incluyendo una prueba final de aptitud.

Durante el curso, estamos tratando una serie de situaciones típicas de distinta gravedad: hemorragias, fracturas, envenenamientos, contusiones, infartos, etc. Lo primero que llama la atención es que, en muchas ocasiones, los primeros auxilios consisten en simplemente sentar o tender en el suelo a la víctima y tranquilizarla mientras llega la ambulancia. En otras, los procedimentos son bastante básicos, como por ejemplo vendar una herida o inmovilizar una fractura, aunque en la práctica hacerlo correctamente es bastante más complicado de lo que uno se imagina. Durante el curso estamos practicando mucho en simulacros, y en seguida te das cuenta de que las cosas son más díficiles de lo que parecen. Otra cosa interesante es que, para dar primeros auxilios, es imprescindible aprovechar la ayuda de las personas presentes, pidiéndoles que nos traigan el material necesario (como por ejemplo el botiquín) o que, de ser necesario, llamen al teléfono de emergencias. Si podemos evitarlo,nunca tenemos que abandonar al siniestrado.

Una de las técnicas clave que nos están enseñando es la que llaman primary survey: cómo afrontar a una persona tendida en el suelo y aparentemente inconsciente. El primer paso, antes de ponernos a su lado, es asegurarnos de que el lugar está libre de peligro. El causante del accidente (un escape de gas, por ejemplo) puede seguir presente y ser una amenaza para nosotros. Lo siguiente es comprobar si la víctima está inconsciente, hablándole, sacudiéndola levemente o quizás pellizcándola. De estar sin conocimiento, deberemos gritar pidiendo socorro para que vengan a ayudarnos. En tercer lugar, hay que comprobar si la persona está respirando. Se comprueba si tiene alguna obstrucción en la boca, y se le empuja la barbilla dos dedos de modo que la cabeza se eche para atrás. De este modo se evita que la lengua impida el paso del aire. Se mira entonces si hay respiración. De haberla, se coloca a la persona en la posición de recuperación. De no haberla, se le ha de practicar el boca a boca. Si no se observan signos vitales (movimiento, pulso, etc) se ha de efectuar también un masaje cardíaco, intercalado de respiraciones asistidas. Antes de esto, cuando ya se sabe la gravedad del estado de la víctima, se ha de llamar a una ambulancia. El objetivo del boca a boca y de los masajes cardiacos, técnicas que en inglés tienen el muy expresivo nombre de resuscitation, es tratar de mantener la circulación de oxígeno por el cuerpo de la víctima mientras llega la ayuda. Hay que saber realizarlas correctamente y con el ritmo adecuado; si alguien tiene curiosidad por saber los detalles, puede visitar esta página.

Pero hablemos de cosas menos dramáticas. En el cursillo también me estoy dando cuenta de que muchas creencias en torno a los primeros auxilios no son correctas. Posiblemente son consejos que los expertos en primeros auxilios solían dar en el pasado pero que ya no se consideran adecuados. A los epilépticos, por ejemplo, no hay que ponerles nada en la boca durante un ataque. Hay que dejarles convulsionarse libremente, y lo único que hay que hacer es ponerles algo mullido debajo de la cabeza para que no se la golpeen. En caso de fracturas o traumatismos, hay que evitar en todo lo posible mover el miembro afectado: ¡nada de entablillar! Tampoco es buena idea hacer torniquetes o pinzar venas o arterias en caso de hemorragia abundante: lo correcto es aplicar mucha presión y vendar fuertemente, pero no tanto que corte la circulación al miembro. El principio general es que hay que dejar a los profesionales los tratamientos complicados. En caso de urgencia, no deberían tardar más de unos 30 minutos en acudir. Lo realmente importante es mantener a la víctima con vida durante la espera, y esto significa que respire y que su corazón esté funcionando. Sólamente cuando ambas condiciones están en peligro deberemos correr riesgos (por ejemplo, quitarle el casco a un accidentado para facilitarle la respiración).

Una cosa particular que me ha llamado mucho la atención es la pérdida del conocimiento. En innumerables películas, novelas y comics, uno de los recursos del guión del que más se abusa en alguna de sus infinitas variaciones es el del golpe en la cabeza: instantáneamente, el guardia cae inconsciente y permite al héroe entrar sin ser visto en la guarida enemiga. Pasados unos minutos el agredido se levanta dolorido, frotándose la cabeza pero, aparte del chichón, aparentemente indemne. En el mundo real, sin embargo, un golpe en la cabeza que deje a la víctima inconsciente durante más de unos pocos segundos es algo muy serio que requiere ser tratado urgentemente en el hospital.

El cursillo que estoy dando lo debería dar todo el mundo: estoy seguro de que se salvarían muchísimas vidas. No entiendo cómo no se reservan unos cuantos días durante la enseñanza de bachillerato (por ejemplo) para dedicarlos a aprender estas sencillas técnicas y conocimientos.

Todo esto que he escrito, por supuesto, no pretende de ningún modo ser una guía seria, y no puedo garantizar que lo que cuento sea correcto. A alguien en busca de consejos de primeros auxilios le recomiendo que acuda a una fuente de confianza: algún libro o algún teléfono de asistencia, quizás. Mirando en Google hace unos minutos me he dado cuenta de que no hay prácticamente ningún sitio web en castellano fácil de encontrar donde se puedan encontrar técnicas de primeros auxilios explicadas con sencillez y concreción. Lo mejor que he encontrado es esto. A quien sepa inglés le recomiendo el sitio web de St John Ambulance.

Más información: First Aid (St John Ambulance), Guía de Primeros Auxilios (SOS Emergencias)

jueves, septiembre 29, 2005

¿Qué tal por Londres?

El fin de semana pasado estuve en España en la boda de una prima mía, y tuve la oportunidad de saludar a un montón de familiares que no suelo ver casi nunca. En calidad de pariente exótico que vive en el extranjero, fui sometido una y otra vez a la misma pregunta: "¿Qué tal por Londres?".

Esto ya lo comentaba Borja en su blog hace unas semanas, y estoy seguro de que lo sufrimos la mayoría de quienes vivimos en algún lugar de Inglaterra distinto de la capital: todo el mundo da por hecho que, si vives en Inglaterra, a la fuerza tiene que ser en Londres. Es curioso, porque la gente podría perfectamente preguntarte "qué tal por Inglaterra" o "qué tal por el extranjero", pero parece que ni les pasa por la cabeza que puedas estar en otro lugar distinto de su capital. Es algo, por otro lado, comprensible. No tengo las cifras pero estoy seguro de que la mayoría de los españoles que se van a pasar una temporada al Reino Unido deciden establecerse en la capital británica.

En estas situaciones siempre dudo si corregir a la persona en cuestión. Cuando vivía en Maidenhead, que realmente está cerca de Londres (a unos 60 km) y también a orillas del Támesis, casi nunca lo hacía, pero ahora que estoy a hora y media en coche suelo intentar explicarles que muy bien, gracias, pero bueno, en realidad no estoy en Londres sino en Bristol, a unos 150km al oeste. Y a veces, si noto interés, les explico dónde está esta ciudad: si imaginas el mapa del Reino Unido, está en el punto donde se juntan el pico de abajo con la panza de arriba, que es Gales. Dudo mucho que, salvo en personas con buenas dotes de visualización y cierta cultura geográfica, mis explicaciones sirvan para algo, pero lo intento.

martes, septiembre 27, 2005

El conflicto norirlandés

Parece ser que el IRA se ha desecho de todo su arsenal, según ha sido verificado por dos observadores imparciales. Llama la atención, sin embargo, la tibieza con que ha sido recibida la noticia. Pese a que en los distintos medios de comunicación se habla de lo "histórico" del anuncio, en el ambiente se nota cierta falta de entusiasmo, motivada, creo yo, por lo tardío de este gesto y por la serie de acciones turbias en las que el IRA se ha visto metido durante el último año, como el asesinato de Robert McCartney o el gran robo al Northern Bank. Poca gente duda que la banda norirlandesa decidió hace tiempo renunciar al terrorismo a gran escala, pero no está del todo clara su voluntad de abandonar los comportamientos clandestinos y la violencia de baja intensidad. En cualquier caso, el balón está ahora en el tejado de los unionistas, cuyos grupúsculos armados tampoco han demostrado al 100% que están dispuestos a abandonar la violencia, y cuya base social está desorientada y desmoralizada, sintiéndose abandonada del Gobierno Británico.

En España, según mi opinión, se suele malinterpretar el conflicto norirlandés. Mucha gente suele trazar paralelismos, muchas veces de forma interesada, entre la violencia en el País Vasco y la que se dio en Irlanda del Norte. Lo cierto que que los parecidos entre los dos fenómenos, más allá del protagonismo en ambos casos de bandas terroristas de índole nacionalista, son bastante limitados. La escala del conflicto norirlandés, que los británicos llaman the Troubles, ha sido siempre mucho mayor se mire como se mire: en número de muertos, tácticas empleadas por los distintos bandos y en consecuencias para la población civil. En su peor momento, allá por los años 70, Irlanda del Norte estuvo virtualmente sumida en una guerra civil.

De una sutil pero significativa diferencia no me di cuenta hasta que me vine a vivir al Reino Unido. Aquí me di cuenta de que, realmente, Irlanda del Norte es considerada por la mayoría de los habitantes de Gran Bretaña como un territorio ajeno, cuyos problemas han de ser solucionados por sus habitantes. Me da la impresión (quizás equivocada) de que a mucha gente de aquí le da igual tanto si Irlanda del Norte permanece como parte de la corona británica como si no. Esta indiferencia se plasma en los medios británicos: la actualidad norirlandesa apenas figura en ellos de forma relevante, salvo cuando la noticia es de gran calibre.

En España, por contra, todo lo que sucede en Euskadi suele tener amplia repercusión en los medios de comunicación de todo el país, y condiciona considerablemente el discurrir de la política española. El peso del País Vasco en España es mucho mayor que el de Irlanda del Norte en el Reino Unido, desde el punto de vista económico, cultural, político y afectivo.

Más infomación: The troubles (Wikipedia en inglés), The Troubles (Gráfico animado de The Guardian)

martes, septiembre 20, 2005

Nueva York

A finales del mes pasado estuve de vacaciones una semana en Nueva York. Si a alguien le interesa, he subido algunas fotos que hice a Flickr. Estuve en la mayoría de las atracciones turísticas famosas: el Empire State Building, Central Park, Wall Street... Sin embargo, no voy hablar de ellas: hay decenas de guías de viaje que las describen muchísimo mejor de lo que yo podría. De lo que me gustaría hablar es de unos cuantos detalles de la ciudad que me llamaron la atención:

Olores
Nueva York es una ciudad muy olorosa. En prácticamente cada esquina suele haber carritos de comida difundiendo aromas dispares: perritos calientes, pretzels, bagels, falafel y muchos otros. Los distintos barrios tienen también sus olores particulares e indescriptibles. Esta exuberancia de aromas es por el día muy atractiva para el turista, pero por la noche a ésta se le añade el perfume de las montañas de bolsas de basura que se dejan a lo largo de las aceras para ser recogidas, una costumbre que me pareció muy poco higiénica.

Tráfico
Una de las primeras cosas en las que me fijé al comenzar mi visita a la ciudad, nada más salir del hotel, fueron los taxis amarillos neoyorquinos, circulando a toda velocidad por las calles en un número extraordinario. Luego me di cuenta de que casi la mitad de los vehículos que circulan por las calles de la ciudad son táxis. Quizás es por esto, por su influencia perniciosa, que los neoyorquinos conduzcan tan mal. Cuando giran a la derecha en un cruce, casi nunca respetan el inmediato paso de peatones de la calle a la que se incorporan, y sólo frenan cuando es imprescindible para no atropellarte. Otra característica del conductor neoyorquino es que está continuamente tocando el claxon para protestar por cualquier maniobra de algún otro coche que le haga modificar siquiera nimiamente su velocidad o dirección. En esto no es muy distinto del conductor madrileño, aunque de algún modo las ráfagas de claxon son más breves, mientras que en Madrid se suelen estilar más los pitidos prolongados. También como en la capital española, cuando hay atascos los neoyorquinos se desahogan con la bocina en estúpidas y prolongadas rabietas, cuyo único resultado es exasperar más al personal.

En cuanto a los peatones, quizás contagiados de esta anarquía vial, tampoco son unos santos, y no respetan casi nunca los semáforos, lanzándose a cruzar la calle apenas ven hueco. Por cierto que una de las ventajas de la ciudad es que en prácticamente todos los cruces hay pasos de peatones. En eso se distingue mucho de otras ciudades como Londres, donde el trazado de las calles es caótico y a menudo tienes que dar miles de vueltas para poder cruzar una calle.

Aseos
Lo de la conducción incívica es un punto de similitud entre Madrid y la ciudad norteamericana. Otro parecido está en la calidad de los aseos en los lugares públicos. Acostumbrado a vivir en el Reino Unido, donde los servicios suelen ser amplios y razonablemente limpios, solía sentirme bastante avergonzado de mi ciudad cada vez que iba a los de algún bar madrileño y me encontraba con el habitual panorama del lavabo sin grifo, retrete sin tapa, suelo inundado, y a veces ni siquiera puerta. Me ha consolado comprobar que en Nueva York, con toda su fama de metrópoli sofisticada, los aseos suelen ser también bastante inmundos, incluso en sitios como el Borders (una cadena de librerías), donde lo lógico sería que no quisiesen dañar su imagen con unos baños asquerosos.

Carácter de los neoyorquinos
Los neoyorquinos son tirando antipáticos. Sobre todo los que trabajan en alguna taquilla o mostrador de cara al público: si tardas en hacer tu pedido en una tienda, o como rebusques en tu mochila antes de dársela al encargado de la consigna, te encontrarás con la mirada insolente o el comentario brusco sobre tu lentitud.

Al mismo tiempo, en una muestra de cierta esquizofrenia, pueden ser amabilísimos. En numerosas ocasiones en las que me encontraba parado en la calle mirando el mapa, tratando de orientarme, gente que pasaba por ahí o que esperaba en algún coche aparcado cercano se ofreció a ayudarme a encontrar mi camino. Esto, en una ciudad que debe estar acostumbradísima y quizás harta del turismo, es bastante sorprendente.

Puertas giratorias
A los neoyorquinos les encantan las puertas giratorias. No sólo las ponen en hoteles, museos o entradas a rascacielos: estos incómodos armatostes se pueden encontrar en tiendas de discos, librerías y hasta supermercados.

jueves, septiembre 15, 2005

Cricket

El cricket, pese a su carácter fuertemente inglés, no es uno de los deportes más populares en el país. El deporte rey de Inglaterra es sin duda el fútbol, quizás seguido del rugby, dependiendo de la zona (por Bristol y el sur de Gales hay mucha afición). Muchos ingleses incluso se burlan del cricket, considerándolo una extravagancia anticuada. Es, en cierto modo, un deporte hermético, patrimonio de unos pocos aficionados acérrimos que dominan su complicada mecánica y su extensa y vistosa terminología. En cualquier caso, el cricket no es exclusivo del Reino Unido: se juega a muy alto nivel en muchos países de la Commonwealth, como India o Pakistan, donde sí que es muy popular.

Durante las últimas semanas, sin embargo, el interés de toda la nación por el cricket se ha disparado. Durante este mes, Inglaterra ha estado disputando contra Autralia el tradicional torneo de los Ashes, y por primera vez en muchos años, Inglaterra tenía serias posibilidades de ganar. El lunes pasado el equipo inglés logró la hazaña, y ganó el trofeo por primera vez en 18 años. Al día siguiente, los jugadores ingleses tuvieron una recepción multitudinaria en Trafalgar Square. A pesar de que el deporte sea originario de esta tierra, el equipo inglés de cricket no es de los mejores; esto, unido a la arrogancia con la que los australianos han dominado el torneo durante los últimos años, ha hecho que la victoria haya sido muy celebrada.

He de advertir que no sé prácticamente nada sobre este deporte. Sé que es un deporte con cierta similitud con el beisbol, en cuanto a que consiste en el enfrentamiento de dos equipos, en los que por turnos uno batea y trata de sumar carreras y el otro trata de evitarlo capturando la bola cuanto antes. La mecánica del juego, sin embargo, es bastante distinta.

Una de las cosas más curiosas del cricket es que los encuentros suelen durar varios días. Cada día, a su vez, los partidos duran varias horas, con interrupciones para la comida y el té. El torneo de los Ashes comenzó el 20 de julio, y los 5 encuentros o tests se han extendido a lo largo de varias semanas. Hay una modalidad de cricket en la que se limita la duración de los encuentros a sólo un día, pero es una invención bastante reciente.

En cierta ocasión hablé con un aficionado, y me contó que el cricket no es un deporte en el que los encuentros exijan el 100% de la atención del espectador. Son perfectos para seguirlos por la radio o la televisión mientras se está haciendo otra cosa. Incluso la gente que asiste al estadio suele tomárselo con tranquilidad, y no están atentos al juego continuamente. Ir a ver un partido de cricket es más un acto social, al que se va para charlar con los amigos y tomar unas cervezas, mientras con el rabillo del ojo se vigila si está pasando algo interesante en el campo.

Más información: The Ashes (BBC), Cricket (Wikipedia en inglés), The Ashes (Wikipedia en inglés)

martes, septiembre 13, 2005

Last Night of the Proms

El sábado pasado fue the Last Night of The Proms, uno de los acontecimientos anuales más típicamente británicos, aunque poco conocido fuera del país. The Proms es un festival de música clásica (el más grande del mundo, según dicen) que se celebra todos los veranos en Londres, principalmente en el Royal Albert Hall. El concierto de la última noche, sin embargo, desborda el ámbito de la música clásica para convertirse en un multitudinario acontecimiento de cultura popular de tono festivo, retransmitido en directo por la BBC. El programa suele consistir en piezas musicales más populares y conocidas por el gran público, pero lo más llamativo es el tramo final del concierto, en el que la orquesta interpreta una serie de temas patrióticos de resonancias imperiales como Jerusalem y Rule Britannia, que son coreados por el público en medio de una apoteósis de banderas británicas y globos.

Todos los años por estas fechas se reaviva el debate de si el carácter nacionalista del último recital de los Proms es adecuado para el Reino Unido post-imperial del siglo XXI. De hecho, la Last Night of the Proms suele ser vilificada como paradigma de patrioterismo casposo y hortera por muchos comentaristas de la izquierda, quienes se sienten incómodos con la glorificación del pasado imperial de la nación.

El otro día puse un poco por la tele y no me pareció un espectáculo tan siniestro, aunque sí tremebundamente hortera. Este año, además, quizás para acallar las críticas, había no sólo banderas británicas sino de otros países del mundo y hasta europeas.

Más información: The Proms (BBC), The Proms (Wikipedia en inglés)

jueves, septiembre 08, 2005

Vuelta a las clases

Piensa uno en la Universidad británica y lo primero que le viene a la cabeza a alguien de fuera del país son las prestigiosas Cambridge y Oxford: edificios góticos ancianos y venerables, aulas llenas de estudiantes aplicados y respetuosos, y melancólicos paseos en barca en medio de paisajes exuberantemente verdes.

El prestigio de estas dos universidades está realmente reconocido en el Reino Unido, y de hecho la prensa ha acuñado un término específico Oxbridge para referirse a ambas a la vez, pero más allá de todo esto, lo que palabra "Universidad" realmente evoca en las mentes de los británicos no es tan académico como podríamos imaginar. Una buena muestra de ello es el dibujo escogido por amazon.co.uk para anunciar una promoción en libros de texto.

En efecto, para mucha gente los estudiantes universitarios se dedican a todo menos a estudiar: juergas continuas, borracheras y mala vida en general. Mucha gente me dirá que esto no es nada extraordinario, y que en muchos otros países como España es igual. Sin embargo, no me imagino una librería de mi país promocionando la venta de libros de texto con fotos de minis de calimocho.

lunes, septiembre 05, 2005

Silly Season

Demontre, ya estamos en septiembre. Por mucho que uno insista en recordar que el verano dura hasta el 21 de este mes, es inevitable sentir una sensación de derrota. Dentro de nada comenzará el cole (si no ha empezado ya) y la Universidad y el cruce de la Ring Road yendo para la UWE volverá a ser un infierno.

Lo que sí que podemos dar por concluida es la Silly Season o "temporada boba", que es como se conoce en el Reino Unido al periodo de tiempo entre mediados de julio y finales de agosto, en el que mucha gente se ha ido de vacaciones y todo es bastante plácido y algo aburrido. Es una expresión que se utiliza sobre todo para referirse a cómo la ausencia de noticias hace que los medios de comunicación relajen sus estándares de seriedad, sacando a la palestra noticias que normalmente no merecerían la menor atención. Este fenómeno no es desconocido en España, donde a partir de simple humo se suelen inflar verdaderas sagas noticiosas, que suelen conocerse como "serpientes del verano".

He escuchado a mucha gente emplear esta expresión para un ámbito no sólo periodístico sino más general, e incluso hay quienes hablan de la propia estación veraniega en su totalidad como the silly season, y es difícil no estar de acuerdo con esto. Sólo hay que echar un vistazo a la cosecha de estrenos cinematográficos o a los estragos de la moda veraniega, por poner dos ejemplos.

Más información: Let's hear it for the silly season (BBC, en inglés)

Vuelta de vacaciones


Snif.

viernes, agosto 26, 2005

El pan nuestro de cada día

¿Dónde coño se ha visto comer sin pan?, decía Arguiñano en la famosa escena de las "tortillas rusas", al principio de la película Airbag. Después de ya casi cinco años viviendo en el Reino Unido, aún me sigo preguntando lo mismo. Los británicos casi nunca comen con pan, y para un español como yo es desesperante ver cómo se desperdician deliciosas salsas de tomate y gravies por no haber un buen currusco con el que dejar el plato reluciente. En la cantina de la empresa donde trabajaba antes, solía usar las patatas del rosbif para mojar la salsa, pero no era lo mismo. Las únicas veces en las que los británicos comen con pan es en los restaurantes indios, donde el pan naan es uno de los complementos indispensables del menú, junto con el arroz pilau y los popadums.

No es que sea imposible encontrar pan. En muchos restaurantes, sobre todo franceses o italianos, se puede pedir pan, pero aparte de que los precios que te cobran por un simple par de rodajas son ridículos, suelen servirlo como una especie de "ración" para tomar por si sola, con mantequilla o a veces aceite. El concepto de comer con pan, de disponer de una cestita que los camareros te van reponiendo cuando se vacía, no existe aquí.

Encontrar barras de pan suele ser también un problema. Los británicos suelen llamar french stick a la típica barra de pan o pistola. En casi todos los supermercados las venden, pero muchas veces se agotan, sobre todo por la tarde, después del trabajo, que es cuando tengo oportunidad de ir a comprar. Además, la calidad casi siempre deja mucho que desear. En particular, suelen tener la manía de cocerlas muy poco, de modo que el pan queda pálido y blandengue. No es imposible, sin embargo, encontrar barras de pan bastante buenas; recomiendo especialmente las del Sainsbury´s de la gama Taste the Difference. En los supermercados más grandes o refinados (como el Waitrose), se pueden encontrar otros tipos de pan continental como baguetes o roscas. Tanto la variedad como la calidad suele ser mucho mejor en las escasas panaderías que suele haber en las ciudades. En Bristol es famosa la Hobbs House Bakery.

En lo que no hay absolutamente ningún problema es, evidentemente, en encontrar el pan típico del Reino Unido. Es éste el que nosotros llamamos "de molde": de forma cuadrada, corteza blanda y miga esponjosa. Hay un montón de marcas y variedades, y suele ser mucho más rico que el que se vende en España, aunque no lo suficiente como para no echar de menos en las comidas el pan "normal". Aparte de pan de molde, tienen también otros tipos, como el bloomer, que es alargado y rechoncho. Son, no obstante, todos de corteza blanda, y se suelen usar casi exclusivamente para tostadas o sandwiches.

miércoles, agosto 24, 2005

Trainspotting

Supongo que no fui el único que, al ir a ver la película basada en la novela de Irvine Welsh, se preguntó qué significaba el título. En su momento supuse que se trataba de algún tipo de deporte o práctica extrema, quizás saltar de trenes en marcha o algo similar, en la onda del modo de vida temerario y acelerado de los protagonistas del libro.

Al enterarme del significado real de la palabra quedé desconcertado. Train spotting es una afición, con un número respetable de seguidores en el Reino Unido y otros países, que consiste en desplazarse a estaciones, vías y terminales ferroviarios para registrar los movimientos de los trenes, anontando datos sobre ellos como la matrícula, el fabricante, el modelo y la hora de salida. El objetivo último de este estrafalario pasatiempo es tener controlada la flota ferroviaria completa, incluyendo locomotoras y vagones.

A menudo el aficionado al train spotting se dedica a hacerles fotos a los trenes, y quizás su interés por lo ferroviario se extienda a otros campos como el modelismo. El trainspotter es uno de los mejores exponentes de la célebre vena excéntrica del pueblo británico. Un elemento imprescindible de su estereotipo es el anorak, prenda de abrigo útil cuando hay que permanecer largas horas al aire libre oteando en busca de trenes, sometido al antipático clima isleño. Ni que decir tiene que los trainspotters suelen ser vistos por la mayoría de los británicos como bichos raros, antecesores quizás de los geeks de ahora: personas con un interés obsesivo en actividades o conocimientos rocambolescos, casi siempre con limitadas dotes de interacción social.

En el Reino Unido hay un montón de otras aficiones similares. El plane spotting es lo mismo sólo que aplicado a la aeronáutica. La observación de aves o birdwatching suena, en principio, menos extravagante, pero en sus aficionados (coloquialmente llamados twitchers) se puede encontrar un nivel de obsesión no muy distinto del de los trainspotters.

¿Y qué relación tiene todo esto con la película o libro Trainspotting? Según he estado mirando por Internet, puede que aluda a una escena hacia el final de la novela, donde se compara el sinsentido de las vidas de los protagonistas con el de la afición de los trainspotters. Otra posibilidad es que sea un símil que describe como vías de tren las venas por las que los desdichados personajes de la historia se inyectan la heroína.

Más información: Railfan (Wikipedia en inglés)

lunes, agosto 22, 2005

Dentro del laberinto

Ayer, aprovechando el espléndido día soleado, me fui con unos amigos a pasar la mañana en el Great Western Maze. Se trata de un enorme laberinto, de aproximadamente media hectárea de tamaño, trazado en medio de un maizal. Las paredes las constituyen las propias plantas de maíz, que llegan a alturas de más de tres metros. El desafío consiste en entrar en el laberinto y lograr encontrar la salida, recogiendo por el camino un cierto número de pistas que, reunidas, nos dan las letras de un anagrama que hay que resolver. Dentro del laberinto hay un par de puentes elevados que permiten asomarse desde cierta altura, aunque no sirve de mucho para orientarse. Hay también un merendero donde se puede descansar unos instantes tomándose un helado.

Pasé un rato tremendo. Hacía bastante tiempo que tenía ganas de ir a un laberinto, y la experiencia no me defraudó. La sensación de estar perdido en un lugar así es ciertamente especial, y cada vez que te das cuenta de que vas avanzado, al descubrir algún lugar por donde no habías pasado antes, es bastante excitante. Es especialmente divertido dividirse en dos grupos y competir a ver quién termina antes.

Me gustó mucho, además, cómo está montado el lugar. La organización es bastante buena, con guías dispuestos a ayudar en caso de que lo necesites. Si en algún momento desesperas, no tienes más que agitar una bandera que te dan en la salida para que acudan en tu ayuda. El ambiente del lugar es muy familiar: no tiene para nada el aire artificial y plastificado de los parques de atracciones. El precio es, además, bastante razonable: cuatro libras y media.

Este laberinto permanecerá abierto hasta finales de septiembre. Después el maíz será cosechado, y no se volverá a plantar hasta el año que viene. El diseño cambia cada año. Para construirlo, al parecer, se emplea GPS. Los caminos hay que desbrozarlos a mano cuando el maíz empieza a crecer, lo cual es una tarea muy laboriosa.

En el Reino Unido hay un buen número de laberintos de maizal. La mayoría de ellos, incluido éste, han sido diseñados por una misma persona: Adrian Fisher.

Más información: The Great Western Maze, Adrian Fisher Mazes, Maize Maze (BBC), Maze (Wikipedia en inglés)