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miércoles, febrero 27, 2008

Desayuno de los domingos

Sunday brunch
Fried egg (huevo frito), hash browns (tortitas de patata fritas), sausage patties (hamburguesa de salchicha), mushrooms (setas), bacon, grilled tomato (tomate a la plancha), black pudding (morcilla) y pan.

domingo, noviembre 18, 2007

To beer or not to beer

El puente de hace un par de fines de semana lo pasé en Bristol. Con unos amigos, fuimos a un pub que no conocía: el Hillgrove Porter's Store, en el barrio de Kingsdown. Se trata de uno de esos pubs que gustan a los ingleses: familiar, acogedor y auténtico. Es también lo que se conoce como un pub "de barrio", o un local como dicen los ingleses. Otros pubs de este estilo que conozco en la ciudad y que me vienen a la cabeza son el Hare on the Hill (que se encuentra bastante cerca) y el Highbury Vaults. Todos ellos se caracterizan, además, por una cosa: en ellos se pueden encontrar una selección fabulosa de cervezas inglesas.

La cerveza inglesa es uno de esos gustos adquiridos con los que merece la pena dar una oportunidad. Al paladar español, la primera reacción ante una cerveza que se sirve templada y que apenas tiene presión suele ser bastante negativa. Sin embargo, haciendo un esfuerzo nos veremos recompensados entrando en un mundillo muy interesante. De hecho, pronto descubrimos que ni toda la cerveza inglesa se sirve templada ni tiene poco gas. Hay decenas de variedades distintas de cerveza, cada una con sus características.

El nombre genérico que las engloba es el de ale. Se distinguen de las lager (la clásica rubia a la que estamos acostumbrados en España) en que su fermentación se realiza a temperatura ambiente y con levaduras de fermentación alta en vez de baja. Las cervezas tipo ale no son de origen exclusivamente inglés ni mucho menos; muchas cervezas belgas son de estas características. En realidad, la cerveza rubia hoy predominante en el mundo es una invención relativamente reciente, cuyo origen data de mediados del siglo XIX.

En Inglaterra hay varios tipos tradicionales de ale, unos más comunes que otros. El más extendido, con diferencia es la bitter, variedad inglesa de la ale pálida o pale ale. Como su nombre indica, es de sabor amargo debido por la presencia del lúpulo entre sus ingredientes. Menos comunes son las mild ales, tipo de brown ale de contenido alcohólico más reducido (cerca del 4%). De color más oscuro aún, casi negro, son las porter y stout. Densas, más alcohólicas y de fuerte sabor, son bastante difíciles de encontrar en los pubs ingleses, si exceptuamos, claro está, la archiconocida Guinness, que es una variedad de stout con personalidad única. Las old ales son cervezas que han sido maduradas durante más tiempo, adquiriendo aromas más complejos. Una variedad reciente, inventada en los años 80, son las golden ales. Son más ligeras, de sabor más fresco y se suelen servir frías.

Lo que une a este conglomerado de distintos tipos (cuya clasificación no siempre es clara) es que suelen ser cask-conditioned, es decir: parte del proceso de fermentación se realiza en los mismos contenedores desde los que se sirve en los pubs. La cerveza, además, no está almacenada en ellos a presión, de modo que para servirla han de usarse los característicos grifos de cerveza ingleses, consistentes en un mango largo y erguido del cual el camarero ha de tirar repetidamente hasta llenar el vaso. Un medallón atado a su parte frontal nos dice qué tipo de cerveza contiene. Cuando el barril se acaba, el camarero habitualmente da la vuelta al medallón.

La presencia de tal variedad de cervezas ale es realmente fruto de un reciente renacimiento del interés de los británicos por sus cervezas autóctonas, impulsado principalmente por la asociación CAMRA (acrónimo de Campaing for Real Ale). Después de varios años de dominación absoluta por parte de la cerveza lager, favorecida por las grandes multinacionales cerveceras, al ser de fácil fabricación y distribución, han surgido centenares de microcerveceras de ámbito local que encuentran en pubs como los que menciono arriba la oportunidad de darse a conocer. CAMRA organizar ferias locales de la cerveza y otro tipo de actividades convencionales, pero también tiene un lado excéntrico deliciosamente inglés. Desde hace meses están librando una campaña de presión para que en los pubs las pintas se llenen hasta arriba, denunciando que gran número de veces esto no ocurre, suponiendo (según sus cifras) una estafa al consumidor de cientos de millones de libras anuales. Aunque parezca mentira, este asunto ha llegado en varias ocasiones a lo largo de los últimos años a los debates de la Cámara de los Comunes. En este acta de sesión, por ejemplo, se puede encontrar una interpelación acerca de si la espuma ha de ser tenida en cuenta a la hora de medir el volumen de la pinta de cerveza.

En España es posible encontrar cervezas inglesas en algunos comercios. Las de la cervecera Marston's son relativamente fáciles de encontrar en algunos hipermercados como Alcampo. Otros como Hipercor ofrecen más variedad. Sin embargo, no sé si soy yo, pero la cerveza inglesa en botella no me sabe tan bien como de grifo. La buena noticia es que hay locales en España (al menos, en Madrid) donde sirven cerveza inglesa. Cerca de la estación de metro de Tribunal, encontré un pub irlandés (creo que se llama Moore's) donde servían nada menos que London Pride, una de las bitter más afamadas.

martes, julio 03, 2007

De mal café

ArnolfiniTodo el mundo tiene bastante claro que Inglaterra es un país de té más que de café. Desde hace pocos años, sin embargo, ha habido una expansión considerable de cafeterías en todo el país. La mayoría de ellas forman parte de cadenas de "MacCafeterías", como Starbucks, Coffee Republic, Café Nero, u otras de esta jaez, pero incluso los establecimientos independientes (en Bristol, un buen ejemplo es el Boston Tea Party de Park Street) suelen copiar el modelo de las anteriores: mobiliario informal y variado mezclando sofás, sillas y taburetes, nombres de café de resonar italiano y, por supuesto, precios exorbitantes. El café se recoge, previo pago, en un mostrador, y el azúcar y las cucharillas se han de ir a buscar a un aparador. Muchos de estos sitios ofrecen también porciones de tarta de acompañamiento, sandwiches, "paninis" o incluso ensaladas o platos más elaborados.

CoffeehouseA pesar de las apariencias, la relación de los ingleses con el café no es reciente ni mucho menos. De hecho, esta bebida llegó antes que el té a estas tierras, y en su momento gozó de bastante éxito. La primera coffeehouse fue abierta en Inglaterra en el siglo XVII, y pronto florecieron como animados lugares de reunión que admitían una mezcla variada de clases sociales, menos rígida que lo que la estratificada sociedad de esos tiempos solía permitir. En los coffeehouses ingleses se leían avidamente los primeros periódicos, se difundían novedosas ideas políticas e incluso se desarrollaban negocios: la importante entidad financiera Lloyds comenzó en esos años como una humilde coffeehouse.

Poco tienen que ver las actuales cafeterías inglesas con las antiguas coffeehouses. El gusto por el café, sin embargo, sí que parece está renaciendo. En las estanterías de los supermercados es fácil encontrar una soberbia selección de distintas variedades de cafés: colombiano, costarricense, etíope, de Java... Una oferta mucho mayor que en España, donde es difícil encontrar nada más sofisticado que café de mezcla torrefacta de Saimaza o Marcilla. Y, sin embargo, los cafés que sirven en las cafeterías españolas me saben infinitamente más ricos que en Inglaterra, vaya Ud. a saber por qué motivo. Precisamente el otro día leía un interesante artículo del suplemento gastronómico del Observer (enlace), en el que se critica como se prepara el café en el Reino Unido. Coincido plenamente con el autor en su desesperación por esa manía que tienen las cafeterías de este país de servirte tazas de tamaño elefantiásico llenas de "leche caliente con sabor a espresso".

Rainbow CafeOtra de las particularidades de las cafeterías inglesas que me exasperan son los horarios. Casi todas cierran sobre las seis, de modo que es virtualmente imposible quedar para tomar un café a media tarde. Los únicos lugares agradables disponibles a esas horas para juntarse con algún amigo son los pubs, y a mí hasta al menos las ocho de la tarde no me apetece nada tomarme una cerveza. Esto se nota sobre todo cuando vas de turismo: te pasas todo el día pateándote una ciudad, y cuando ya cierran todo y lo que te apetece es ir a sentarte a algún sitio agradable, descansar los pies y entonarte con un delicioso café calentito, te encuentras con que todas las cafeterías están cerradas.

Ahora, en España, no me puedo quejar de falta de café: el del desayuno, el de media mañana, el de después de comer y, a veces, el de por la tarde. Más ricos y más baratos que en el Reino Unido, aunque todavía no he encontrado ningún sitio donde cuesten 80 céntimos. Esos precios sólo deben de tenerlos en los sitios de beneficencia, para la gente necesitada.

Más información:
How's your crapuccino? (The Observer)
Coffeehouse (Wikipedia en inglés)

sábado, junio 02, 2007

The Food Hall

The Food HallAyer estuve en The Food Hall. Se trata de un distribuidor de productos ingleses en España. Xesús Fraga, uno de los lectores de este blog, me había hablado de él, y después de echar un vistazo al prometedor web decidí que no podía tardar mucho en pasarme por ahí para reponer algunos de los manjares ingleses que estoy empezando a echar de menos.

QuesitosLa tienda abierta al público está instalada en una nave de la zona industrial de San Sebastián de los Reyes (localización), no muy lejos de un faraónico complejo de centros comerciales que hay montado al lado de la carretera de Burgos. Nada más entrar lo primero que me llamó la atención fue el aspecto algo triste del local, demasiado amplio para las pocas estanterías que tienen llenas de productos. La selección de éstos era algo desproporcionada: una estantería estaba llena de chocolatinas y dulces, mientras que de queso tenían muy poco (desgraciamente, no les quedaba Wensleydale). Encontré cosas tan incongruentes como Dolmio, una marca de productos pretendidamente italianos que, según creo, son fabricados en Holanda por, curiosamente, la misma compañía que vende las barritas Mars. Pese a ello, la tienda estaba bien dotada de los productos más típicamente británicos: Marmite, Bisto, zumos concentrados Robinsons, Irn Bru, Twiglets e incluso Pot Noodle.

PataksNo me decepcionó la selección de tarros de curry y chutneys. Tikka Massala, Balti, Rogan Josh, Madras, Mango chutney, Lime pickle... No faltaba nada. Eran los habituales de Pataks, y salían un poco caros, a unos cuatro euros y pico el tarro grande. También encontré salchichas cumberland y, ¡albricias! clotted cream. En la cesta metí asimismo un par de botellas de cerveza inglesa y una de Pimm's, que me vendrá bien ahora que se acerca el calorcito.

Ya en la caja, charlé un poco con el dependiente inglés. Me dijo que el negocio tiene éxito, y que su clientela consiste en ingleses expatriados y españoles que, como yo, han pasado tiempo viviendo en Inglaterra.

La experiencia de visitar esta tienda fue un poco agridulce. La verdad es que me sentí un poco patético, peregrinando a ese triste rincón perdido de las afueras de Sanse para completar mi despensa con un puñado de productos que hace apenas semanas formaban parte de mi dieta rutinaria, pero que ahora se han convertido en exquisiteces que hay que pagar a precio de oro.

Enlace:
The Food Hall

Postdata: Después de mi visita a The Food Hall me acerqué al nuevo centro comercial Plaza Norte. Si no lo digo reviento: he visto pocos sitios más horteras y de peor gusto que este grandilocuente pastiche arquitectónico rebosante de mármol, molduras doradas, columnas griegas, volutas y (¡Dios mío!) obeliscos egipcios (ver foto).

sábado, mayo 26, 2007

Mars bars

La primera vez que visité Inglaterra, una de las cosas que más me sorprendió fue la variedad de tentempiés de chocolate a la venta en este país. Se podían encontrar, bajo exóticos nombres y atractivas envolturas, chocolatinas rellenas de galleta, barquillo, cacahuetes, caramelo, coco, o alguna combinación de los anteriores.

La reina de todas ellas, sin duda, es la Mars Bars. Fue introducida en el Reino Unido en los años treinta proveniente de EE UU, y setenta años después es uno de esos productos de consumo cuya popularidad ha sido tan grande que ya hace tiempo forman parte de la cultura popular de los británicos.

Por esto, cualquier noticia sobre esta marca suele levantar bastante curiosidad. La semana los medios de comunicación dieron cobertura al sucedido de que la empresa que fabrica estas chocolatinas había tenido que dar marcha atrás en su decisión de emplear cuajo en su fabricación, que al ser un ingrediente de origen animal había provocado protestas de grupos de consumidores vegetarianos. Hace unos años, la barra Mars también saltó a las noticias cuando cambió su eslogan de toda la vida "A Mars A Day Helps You Work Rest And Play" por "Pleasure you can't measure", en un intento de atraerse el mercado femenino, que es el que manda en el mundo de las chocolatinas (es curioso como en el Reino Unido los anuncios de este tipo de productos siempre están protagonizados por mujeres). También se modernizó la envoltura e incluso la receta para hacerla menos pesada.

La barra Mars no sólo forma parte del patrimonio de cultura popular, sino que es protagonista de los recuerdos de muchos británicos. He estado mirando en el archivo de memoria popular de la II Guerra Mundial de la BBC, y me ha sorprendido el número de testimonios recogidos en los que la protagonista es esta humilde chocolatina.

También forma parte de la gastronomía. He encontrado varias recetas que se preparan con barras Mars. De estas, la más increíblemente disparatada de todas es sin duda alguna es la ya famosa "Deep Fried Mars Bars" o "barra Mars rebozada". Como su nombre indica, se prepara friendo en una freidora la chocolatina cubierta de una costra de rebozado. En Inglaterra no la he visto en ningún lado, pero por lo visto está especialidad está bastante extendida en Escocia (suena a leyenda urbana, ¡pero es verdad!), donde se puede encontrar en algunas tiendas de fish and chips (ver video). Los ingleses suelen utilizar este ejemplo para reírse de que los escoceses comen aún peor que ellos.

Más información:
Mars Bar (The Guardian), Mars backs down but vegetarians left baffled (The Guardian), Mars bar (Wikipedia en inglés), Short and sweet (The Guardian, Way of the world (Daily Telegraph), Traditional Scottish Recipies: Crispie Mars Bar, Deep Fried Candy Bars: Scotland's worst food? (National Geographic)

viernes, mayo 18, 2007

La patata de la juventud

Mis primeros días en España me están deparando joyas como la que muestra esta foto:

La patata de la juventud

Al margen de lo impagable de que la bolsa esté decorada con la foto de los hijos del propietario de la fábrica de patatas (es un suponer), algo que me llama la atención es lo distinto que es el enfoque en España y en Inglaterra al vender productos de alimentación de "pequeña escala".

Mientras que en España hay un nicho muy respetable para comestibles de producción local, como las patatas fritas de la foto u otros productos básicos como el pan de molde o las galletas, que se pueden encontrar en grandes superficies como Carrefour, en Inglaterra casi todos lo que se vende en supermercados o tiendas de barrio son o bien artículos de marcas conocidas o bien marcas blancas. No tengo mucha idea del funcionamiento de la industria de la alimentación, pero sospecho que es a través de estas marcas blancas que la industria local británica pequeña y mediana vende sus productos.

Al mismo tiempo, me da la impresión de que en el Reino Unido la industria alimenticia "independiente" es mucho más dinámica y ambiciosa que en España. Continuamente surgen proyectos con vocación de crecimiento. Marcas como Innocent han logrado hacerse con el 62% del mercado de smoothies en menos de diez años desde su lanzamiento (algo comprensible, ya que están buenísimos; a ver si los traen pronto a España). Otros ejemplos de negocios de éxito que han surgido "de la nada" recientemente son los yogures Yeovalley y las sopas Covent Garden, ambos productos también de calidad excelente. Puede que esté equivocado, pero no se me ocurre ningún ejemplo de algo equivalente en España. La innovación en productos comestibles parece realizarse principalmente dentro de los grandes conglomerados de la industria.

También es curiosa la diferencia entre la forma de vender en España y en el Reino Unido. Cualquiera de las marcas que menciono más arriba (Innocent, Yeovalley, Covent Garden) tienen una imagen muy cuidada. Innocent incluso ha marcado tendencias con una imagen de marca y un etiquetado sencillos y desenfadados, estilo que ha sido muy imitado en los últimos años. En España, sin embargo, tenemos apego al empaquetamiento monocromo y al diseño anticuado. Mientras que empresas como Burts Chips, surgida recientemente a raíz de la explosión en el mercado de las patatas fritas "premium", venden sus productos en bolsas de aspecto moderno y diseño rompedor (y con trucos de márketing como poner en la bolsa el nombre de la persona que las fabricó), en España marcas "independientes" de patatas fritas como Vicente Vidal siguen abonadas a la imagen casposa (que, yo que sé, a lo mejor funciona). Puestos a ser cutres, me quedo con el indescriptible diseño de Frugo Sur, "La patata de la juventud".

jueves, abril 05, 2007

Una de bravas

Imagen045Los británicos muestran bastante desconocimiento hacia la cocina española. Posiblemente, los únicos platos que son capaces de identificar son la paella y la tortilla de patata, aunque eso sí, en algunos pubs sirven cosas como "Spanish Chicken" que no se parecen a nada que se pueda encontrar en España, pero que al llevar pimentón o chorizo son, a ojos de los británicos, especialidades hispanas de pura cepa.

Últimamente, un nuevo plato español se ha incorporado al exclusivo club de recetas españolas conocidas en el Reino Unido: las patatas bravas. Desde hace poco las he empezado a encontrar en algunos restaurantes y bares modernillos. Incluso ya empiezan a vender en los supermercados la salsa preparada, como muestra la foto (tomada en un Sainsbury's el finde pasado).

Patatas bravasY no sólo eso: este plato encandila tanto a los británicos que han sacado patatas fritas con sabor a bravas. Aunque he de reconocer, antes de que algún lector se ilusione y espere encontrar pronto ganchitos con sabor a fabada en el Tesco de la esquina, que la marca es bastante minoritaria y, de momento, sólo las he encontrado en el aeropuerto de Bristol. En cualquier caso, son un ejemplo más del continuo furor por las patatas fritas con sabores "de autor", tema del que ya hablé hace unos meses.

lunes, marzo 12, 2007

El día de la Marmite

Llevo ya seis años viviendo en Inglaterra pero sigo teniendo experiencias iniciáticas: el sábado pasado probé por primera vez Marmite, uno de los comestibles más peculiares del Reino Unido. Hacía semanas que había comprado un frasco pequeño en el supermercado, convencido de que ya era hora de pasar por el trance, pero hasta anteayer no me atreví a tomarlo, intimidado por el aspecto dudoso y la fama de este mejunje.

Tarrito de MarmiteEl Marmite es extracto de levadura, muy parecido al que se obtiene como subproducto de la elaboración de la cerveza. Es una pasta de color marrón oscuro, textura caramelosa, y un fuerte olor punzante, que suele tomarse untada en tostadas o galletas saladas. Esta marca comenzó a comercializarse a principios del siglo XX, aunque no se hizo popular hasta unas décadas más tarde con el descubrimiento de los efectos beneficiosos de las vitaminas, de las que este alimento es rico. Se convirtió entonces en una de estas comidas que las madres dan a sus hijos para que crezcan saludables, y fue también componente importante de la dieta de los soldados durante las dos guerras mundiales. En la actualidad, la marca es propiedad de la multinacional Unilever.

Todo el mundo, incluso la misma publicidad de la marca, dice que el marmite es una de esas cosas para las que no hay término medio: o te encanta o la odias. Sospecho que esto es debido a que es un alimento de estos que te obligan a tomar cuando eres pequeño, de modo que los británicos a quien les gusta sienten hacia él un cariño similar al que los españoles sentimos hacia la nocilla o el colacao, mientras que a quienes no les gusta recuerdan con amargura las regañinas de sus padres cuando no se lo querían comer de pequeños.

Mmmm...En mi caso, que no tengo este trasfondo emocional, probar marmite no ha levantado en mí ninguna pasión. Aunque tampoco me he quedado con dudas: mi primera impresión ha sido que sabe a rayos. Tiene un sabor entre amargo y salado con un regusto tostado. Sin embargo, tiene pinta de ser uno de esos gustos adquiridos (un acquired taste que dicen los ingleses): con suficiente insistencia quizás lograra acabar cogiéndole afición. La cuestión es si merece la pena.

Más información:
Marmite (entrada sorprendentemente detallada en la Wikipedia en español)
, Marmite (Wikipedia en inglés), Historia de Marmite (ilovemarmite.com), Marmite: sitio web oficial

lunes, febrero 12, 2007

Té quiero (y II): el té en la Inglaterra de hoy

Beber té en la Inglaterra de hoy no es una experiencia especialmente refinada, y tampoco está ligada a ninguna momento del día ni a ningún acontecimiento especial. Los ingleses beben té a todas horas, y lo hacen sin ninguna ceremonia: en casa, en el trabajo, e incluso hacen descanso en los partidos de cricket para que los jugadores puedan ir a tomarse una taza.

En la oficina (entorno del trabajo en el que me muevo y del que por tanto puedo hablar), el inglés típico no se separa en toda la jornada de su taza de té. Tecleará frente a su ordenador con ella al lado, se la llevará en la mano cuando tenga que ir a hablar con alguien, beberá sorbos de ella en las reuniones, y a lo largo del día desfilará varias veces hasta la cocina para rellenarla. Las oficinas suelen suministrar a sus empleados tanto té gratuito como un buen número de tazas comunales, que al final de la jornada quedan desperdigadas por escritorios y mesas. Es entonces cuando aparece el limpiador a desempeñar su principal labor (por delante de pasar el aspirador o fregar los servicios): recoger todas esas tazas y llevarlas al lavavajillas.

La preparación del té es poco ceremoniosa (este sitio web lo muestra de forma muy gráfica). En primer lugar, se hierve el agua mediante una kettle o pava. Este utensilio de cocina, en su forma tradicional, es metálico y de forma semiesférica. Se pone al fuego, y cuando el agua comienza a hervir, el vapor sale a presión a través de un silbato que lleva en el pitorro y que avisa de que está ya lista. En su forma moderna, que es la que casi todo el mundo usa, consiste en una jarra de plástico con una resistencia eléctrica dentro, que se enchufa a la corriente y apenas tarda unos segundos en alcanzar la ebullición. Aunque parezca mentira, hay quien no se conforma y emplea formas más sofisticadas aún de calentar el agua. Un artilugio que instalaron en mi oficina, y que no sé si está muy extendido, es una mini-caldera conectada a la tubería del agua, que almacena permanentemente agua caliente de modo que ésta está disponible de forma instantánea a través de un grifo.

Sea cual sea la forma como se haya obtenido, una vez se tiene agua caliente llega el momento de hacer la infusión propiamente dicha. Tradicionamente, esto se realizaba en una tetera o teapot, en cuyo interior se colocaba un infusor o tea ball lleno de hojas de té picadas. Hoy casi todo el mundo usa té en bolsitas, que se prepara directamente en la taza. Estas bolsitas tienen formas más variadas de lo que uno podría imaginar. Las más extendidas son de forma rectangular, aunque también las hay redondas e incluso piramidales. En el Reino Unido no suelen llevar cordel, de modo que para sacarlas de la taza hay que pescarlas con la cucharilla.

¿Y qué hay de la hierba propiamente dicha? La mayoría del té que se bebe en el Reino Unido es "té negro" (black tea), que se diferencia del té verde en que en su preparación se somete a la hierba a un proceso de oxidación que oscurece su color. Algunas de las variedades más comunes son el English Breakfast Tea, de sabor fuerte; Earl Grey, al que la el aceite de bergamota le da un sabor cítrico; Darjeeling, de origen indio y aroma delicado. En los supermercados también se pueden encontrar tés de Assam, Ceylon, Oolong y algunos más.

Merece la pena hablar también de las tazas. El modelo típico de taza para el té no tienen nada que ver con las delicadas tacitas de porcelana que pueblan las fantasías de los turistas que vienen al Reino Unido buscando un sitio donde tomar té con pastas. Las mugs que usa todo el mundo son sólidos recipientes de aspecto más bien basto. Al mismo tiempo, son un artículo de regalo muy extendido. Se las puede encontrar en diversas tiendas, decoradas con todo tipo de motivos: fotos, frases personalizadas, dibujos humorísticos, diseños atrevidos e incluso formas extravagantes. Cualquier hogar inglés tendrá en el armario de la cocina decenas de ellas.

¿Y cómo se acompaña el té? Los ingleses suelen tomarlo con leche (white tea) y azúcar, aunque mucha gente lo toma solo (black tea). Aunque parezca mentira, el orden en que se sirven ambos líquidos es importante. La gente lleva discutiendo desde hace décadas cuál es la forma más conforme con la etiqueta, pero desde el punto de vista científico, lo correcto parece ser echar primero la leche y luego el té. Esto se debe a que las proteínas de la leche se desnaturalizan a altas temperaturas, efecto que no es tan acusado cuando se vierte el té después de la leche. La Royal Society of Chemistry tiene publicada una nota de prensa en la que se habla de este fenómeno y se da cierto número de recomendaciones para preparar el mejor té. No es esta la única fuente de autoridad que se puede encontrar acerca de la preparación del té: quien se fíe más de las letras que de las ciencias puede acudir a este artículo de George Orwell explicando cuál es la mejor manera de preparar el té.

Más información:
Té quiero (I): Historia del té en el Reino Unido (Parquestrit), Tea Council

jueves, febrero 08, 2007

Té quiero I: historia del té en Inglaterra

¡El té! Parece mentira que haya tardado tanto en atreverme a hablar de un tema tan genuinamente británico. Este es uno de esos asuntos con tanta enjudia y con una webografía tan extensa que intimida enfrentarse a él. Pese a esto, un blog como éste que trata de la vida en el Reino Unido estará cojo hasta que no hable del té. Así que allá voy: en la entrada de hoy hablaré de la historia de esta bebida en el Reino Unido.

El té es originario de China. En Europa, las primeras noticias sobre esta bebida llegaron a través de mercaderes y misioneros portugueses, aunque fueron los comerciantes holandeses quienes la introdujeron en el continente a principios del siglo XVII, atrayendo en seguida el interés de la aristocracia de varios países. En Inglaterra, fue la portuguesa Catalina de Braganza, esposa del rey Carlos II, quien hizo que se pusiese de moda entre la nobleza inglesa. Esto hizo que la East India Company, compañía que ostentaba en Inglaterra el monopolio de comercio con Oriente, comenzara a mediados del siglo a importar té de China.

Esta bebida fue introducida al gran público, curiosamente, por las coffee houses, establecimientos que en esos años desempeñaban un papel muy importante en la vida política, económica y social del Reino Unido. El éxito del té fue instantáneo entre la gente de la clase media y media-alta que solía frecuentar estos lugares de reunión, popularidad que pudo aguantar la tremenda carga de impuestos con que esta mercancía estuvo gravado desde el principio. Para satisfacer la demanda, se desarrolló de forma colosal un mercado negro, basado en la adulteración y el contrabando, cuyo volumen excedía al mercado legal, y que sólo desapareció cuando, en 1784, William Pitt el Joven redujo los impuestos del 119% al 12.5%. El consumo de té recibió un nuevo empujón a mediados del siglo XIX al liberalizarse su comercio, lo cual empujó a la East India Company a introducir el cultivo de esta hierba en el subcontinente indio primero y luego en Ceilán. La subsiguiente explosión de comercio hizo que se desarrollaran los tea clippers, veloces veleros que competían en rapidez por hacer llegar a Europa los cargamentos de té provinientes de Oriente. El consiguiente abaratamiento de la bebida hizo que terminara de conquistar los gustos del pueblo británico en su conjunto.

Fue en esos años cuando surgió la institución del afternoon tea. La costumbre de organizar tea parties y tea dances era ya bastante antigua pero, según la tradición, fue Anna Maria, duquesa de Bedford, quien en 1841 inició la costumbre de tomar té de merienda a media tarde, acompañado de bollos y sandwiches, para calmar el gusanillo entre almuerzo y cena. Este hábito se extendió entre las clases altas, y no tardó en convertirse en un acontecimiento social extremadamente refinado, sujeto a unas reglas de etiqueta muy desarrolladas. El afternoon tea no tiene nada que ver con el high tea que tomaban las gentes menos pudientes de entonces. Éste consistía un refrigerio, o incluso cena completa, que las clases populares solían tomar al atardecer. Muchas veces era la comida principal, y quizás única, del día.

Fue a partir de mediados del siglo XIX y durante todo el siglo XX que el té se convirtió en un rasgo esencial de la cultura británica, abarcando todas las clases sociales. Durante las dos guerras mundiales, el gobierno británico puso el comercio y la venta de té bajo su control, considerándola una mercancía muy importante para mantener la moral de la población. En los años cincuenta, el consumo de té vio una última revolución: la introducción de las bolsitas, que hicieron que la preparación de esta bebida se hiciese más sencilla aún.

Próxima entrada: el té en la Inglaterra de hoy


Referencias:
History of Tea (The Tea Council),
La cultura del té en el Reino Unido y sus antiguas colonias (Wikipedia en inglés),