martes, diciembre 28, 2004
  De cafeterías por la Gran Vía
Hablaba yo el otro día de las maldades del Starbucks y de cómo están en fase de expansión por el centro de Madrid. Muy bonito criticar algo sin ofrecer alternativas. Para remediarlo hoy por la mañana he probado un par de cafeterías en la Gran Vía.

El primer intento ha sido Zahara. Es un café-restaurante-cervecería enorme y conspicuo. Increíblemente, nunca había estado en él. Entré: un lugar amplio y agradable, de techos altos y lleno de mesas. Me senté en una mesa de la esquina; en ella había un carta de desayunos con una oferta interesante: porras, tostas, croissants, etc. Desgraciadamente pasados unos 15 minutos ningún camarero se había dignado aún a acudir a tomarnos nota. Recordé que en España muchas veces es necesario llamar la atención del mesero para que éste te haga caso, y eso intenté: fui ilustrosamente ignorado. Era extraño: había pocos camareros atendiendo las mesas, pero también había pocos clientes. Así que me fui, habiendo sacado en limpio al menos ciertos minutos de descanso gratis.

El segundo intento fue Nebraska, en la acera de enfrente. Hace unos años la cadena de cafeterías Nebraska se extendió bastante por Madrid. Abrieron un local al lado de mi casa. No les debió de ir bien; al cabo de unos años ese local cerró junto con muchos otros, y aparte de la de la Gran Vía no sé si queda alguna otra cafetería de la cadena en algún otro lado de Madrid. Las recordaba como las cafeterías tradicionales de cuando era pequeño e iba con mis padres: butacas de falso cuero alrededor de mesas, barra con banquetas también acolchadas adosadas al suelo, paneles iluminados colgando de la pared donde la barra mostrando la oferta de platos combinados, camareros de uniforme blanco.



Precisamente eso me he encontrado esta mañana. Los menús afirman que la cafetería data de los años cincuenta: realmente el aspecto lo confirma. Como meterse en un túnel del tiempo. Y admito: adoro estas cafeterías. Son como las recuerdo de cuando era pequeño: California, el propio VIPs, las de la planta de arriba de El Corte Inglés. Tienen hasta los camareros de los de antes: antipáticos y con ese aire de figuras de cera.

Pedí un café con leche, zumo de naranja y un perrito caliente. El perrito caliente era el plato característico de Nebraska: los recuerdo enormes, y en vez de ketchup y mostaza venían con una salsa de tomate y una especie de salsa tartara extrañísima odiada por todos mis amigos de cuando era niño pero que yo consideraba una interesante variación. Comprobé con alegría que nada había cambiado: perrito caliente estilo Nebraska, como afirma la carta, acompañado (novedad) por unas patatas de paja y aros de cebolla.

Me alegré de ver que hay alternativas al Starbucks en la Gran Vía que no pasan por los desangelados Café y Té o Jamaica. Espero seguir en mi ruta descubridora por Madrid el resto de los días de vacaciones que me quedan. Seguiré informando.
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lunes, diciembre 27, 2004
  El Clima en Inglaterra
Qué frío que está haciendo en Madrid. El último día de vacaciones, en el trabajo, uno de mis colegas aludia con envidia al clima caluroso que supuestamente me esperaba en Madrid. Un comentario que he oído innumerables veces en Inglaterra, y al que contesté como de costumbre, con el secreto placer de contradecir tópicos arraigados: en Madrid suele hacer en invierno más frío que en Inglaterra.

El mal tiempo es uno de los rasgos tópicos que te vienen a la cabeza al pensar en Inglaterra. Quizás el primero. Es bastante injusto: el clima en el sur de Inglaterra es similar al del norte de Europa. El clima parisino no difiere tanto del de Londres. Incluso me atrevería a decir que en lugares como en los Países Bajos el tiempo es más lluvioso y gris. Este año en particular el otoño ha sido una maravilla en Bristol: ha llovido poco, y el sol ha brillado muy a menudo. En diciembre las temperaturas han bajado y la semana justo antes de venirme a Madrid de vacaciones ha hecho bastante frío pero nada comparado con las temperaturas de estos días en la capital de España.

En Inglaterra nunca suele hacer mucho frío. En el sur de Inglaterra pocas veces baja de 5 grados. El clima es lluvioso, desde luego, y los días son húmedos y grises. En invierno los días son muy cortos: amanece sobre las siete y pico y se hace de noche a las cinco. Pero al mismo tiempo en verano los días se alargan más que en España. Los veranos en Inglaterra son como una agradable primavera en Madrid, perfectos si no fuera por los ocasionales días lluviosos o nublados.

En lo que Madrid sí que es mejor sin duda alguna es en los otoños: el buen tiempo puede llegar a durar hasta noviembre. Y también las primaveras: mayo puede ser maravilloso cuando no llueve. En Inglaterra, sin embargo, los veranos mueren irremisiblemente en septiembre y hay que tener suerte para que el buen tiempo comience en mayo.
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domingo, diciembre 26, 2004
  Starbucks invade Madrid
Ya me lo habían advertido hace unos meses: Starbucks ha desembarcado en España y están en plena campaña de infestación de Madrid, donde ya hay 17 locales, la mayoría de ellos en el centro.

Mi antipatía hacia esta cadena de cafeterías estadounidense es algo irracional, lo admito, derivada de esta suspicacia hacia franquicias globalizante norteamericanas, (McDonalds, KFC, etc) que, quien más quien menos, todos tenemos. Starbucks forma parte del repertorio de marcas en el punto de mira de los militantes antiglobalización, figurando por ejemplo en el libro No Logo de Naomi Klein. En esta obra se acusa a Starbucks de emplear técnicas agresivas de implantación, que llama clustering. Consiste en abrir simultáneamente varios locales muy próximos el uno del otro con el objetivo de estrangular el negocio de las cafeterías ya establecidas en la zona y obligarlas a cerrar (páginas 135-137 del libro). También se denuncia que en ocasiones la cadena ha contactado con los propietarios de locales ocupados por cafeterías de la competencia ofreciéndoles dinero a cambio de terminar el contrato de arrendamiento. A lo largo del libro se documentan muchas otras prácticas empresariales despiadadas: en el trato a los empleados, abuso a los productores del café, etc.

Desde luego, estas denuncias hay que aceptarlas con cautela, sobre todo viniendo de un libro tan militante como es No Logo, que además fue escrito hace ya unos años. Además, esta obra se circunscribe principalmente a los Estados Unidos, país amigo del capítalismo con pocos escrúpulos; muchos de las situaciones descritas en ella jamás se darían en Europa. Pero en lo que el clustering se refiere, si se fija uno en la ubicación de los locales en Madrid se observa que en la Gran Vía ya hay tres, más otro en la Plaza de Callao, que está al lado, y otro en Arenal, también en el centro. Un total de 5 locales sólo en el código postal 28013. No muy lejos de allí, en Fuencarral y en Princesa, dos locales más. Inquietante.

Pero olvidemos todo esto, qué más dan estas prácticas despiadadas si las cafeterías merecen la pena. ¿Lo merecen? Entremos en una de ellas. Busquemos sitio para sentarnos. Lo más seguro es que no lo encontremos en la planta baja; en la mayoría de las ocasiones las mesas están en el piso de arriba. La planta baja sólo comprende el mostrador de pedidos y quizás una barra con taburetes para clientes con prisa. Pero nosotros queremos tomarnos un café tranquilamente, saboreándolo, como en los anuncios. Subamos pues, y sentémonos en uno de los sofás o sillas de madera estilo Ikea, de aspecto moderno y agradable. Mientras esperamos al camarero, mirémos a nuestro alrededor: tonos cálidos, murales con fotografías abstractas de motivos indeterminados. El camarero no llega. Por supuesto que no: no hay camareros aquí: al igual que en un restarante de comida rápida, hay que ir al mostrador a encargar el pedido y llevárselo uno mismo a la mesa con una bandeja. Bajemos pues, y escojamos nuestra bebida de entre la oferta de tés, cafés y batidos. Algunas bebidas tienen nombres exóticos y registrados (TM) como "frappuccino". Pero nosotros queremos algo sencillo. Un café con leche. ¿Dos euros con quince?. Vaya si es caro. En fin. Pedimos nuestro café, que es preparado automáticamente por la máquina de espresso con solo pulsar un botón nuestro dependiente. Al cabo de unos instantes tenemos nuestra bebida en un vistoso vaso de papel. Y si le pedimos una cucharilla o azúcar al dependiente, este con una sonrisa nos dirá que tenemos que ir a buscarlo nosotros mismos ahí mismo en ese mueble de allí.

Es fácil ver el por qué del éxito de la fórmula Starbucks. Empleados mal pagados sin necesidad de formación, que sólo necesitan dar a un botón para servir las bebidas. Sin necesidad de tener a nadie atendiendo las mesas. Vasos de papel que eliminan la necesidad de lavar nada. Poder negociador de precios de la materia prima (el café) gracias a las economías de escala que puede llevar a cabo una compañía tan grande.

¿Pero qué ofrecen al cliente? Mercadotecnica, una marca comercial y una pseudofilosofía (el "tercer espacio"). ¿Compensa esto la ausencia de servicio? ¿La ausencia de tazas? Cadenas como Starbucks ofrecen la ventaja de la familiaridad, la seguridad de obtener un servicio similar en todos los locales de la cadena. Pero en Madrid ya tenemos dos cadenas de cafeterías, Café y Té y Jamaica, que si bien no son un ejemplo en servicio al cliente al menos te llevan el café con churros a la mesa.

No me sorprendió nada descubrir que Starbucks se está estableciendo en nuestro país de la mano del grupo Vips. VIP, hace años era una cadena de cafeterías agradables con un menú muy atractivo y variado. Durante los últimos años se han reproducido como hongos al mismo tiempo que el servicio y la calidad de las comidas ha caído en picado.

Espero que Starbucks no tenga éxito en Madrid. Me resultan antipáticos. No me importaría que se consolidara con unos pocos locales que formaran parte del abanico de posibilidades pero espero que no se extiendan como la polvora de la manera que se extendieron hace unos años los restaurantes de comida rápida. Es esperanzador ver que en Park Street en Bristol hay un Starbucks que parece que no ha logrado hacer mella en el negocio de otras cafeterías de la zona como el Boston Tea Party (que sin embargo emula al Starbucks en la ausencia de camareros, como por otra parte es costumbre en el Reino Unido). Espero que las costumbres de los madrileños no congenien con el modelo yanqui del Starbucks y que estos se limiten a dar servicio a turistas despistados.



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martes, diciembre 21, 2004
  Navidad en Inglaterra (II): Las comilonas
Quien haya visto El diario de Bridget Jones se puede hacer una idea de los tópicos que hay alrededor de las cenas de Navidad en Inglaterra: parientes irritantes, regalos horrendos, una sensación general de incomodidad. Los ingleses,a l igual que otros pueblos del norte de Europa, son bastante poco familiares. Las Navidades son para muchos la única oportunidad de ver a los parientes.

El plato navideño por excelencia es el pavo asado (roast turkey), servido con una salsa espesa (gravy) y verduras (patatas, coles de bruselas, nabos, zanahorias...). El asado es una de las formas de cocinar más típicas de aquí y bien hecho puede ser delicioso. De postre lo tradicional es el Christmas pudding. Es una especie de pastel de frutas al licor muy muy pesado. También hay otros postres típicos: mince pies (pastelitos rellenos de una pasta de frutas), el yule log (una especie de brazo de gitano de chocolate que simula una rama de árbol), y muchos otros tipos de tarta.
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lunes, diciembre 20, 2004
  Advertencia
Voy a subir a esta bitácora una serie de entradas en otro diario que llevaba hace años al poco de llegar a Inglaterra. Por su valor documental.
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  Navidad en Inglaterra
Nunca paso las Navidades en Inglaterra, siempre "vuelvo a casa por Navidad" y paso unas dos semanas y media en Madrid. Generalmente intento coger de Lotería a Reyes, y a veces incluso puedo hacer una incursión a las rebajas que empiezan el 7.

En Inglaterra las Navidades no parecen ser mucho más distintas que en España en líneas generales: comilonas, consumismo exacerbado, reuniones familiares. A finales de noviembre ya se empiezan a colgar las decoraciones navideñas en las calles. En los supermercados se empiezan a llenar las estanterías con los productos navideños; las tiendas se empiezan a decorar con mucho rojo y mucha nieve artificial. Ya entrando en diciembre las zonas comerciales, ya de por sí bulliciosas los fines de semana se abarrotan aún más de compradores febriles. En la tele empieza el chorreo de anuncios de perfume y de juguetes, dependiendo de la hora. La gente comienza el festival de comilonas con las cenas de empresa.
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domingo, diciembre 19, 2004
  Mal gusto navideño


He visto ya por Bristol unas cuantas casas decoradas así... esta de la foto no es de las peores.
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martes, diciembre 07, 2004
  Hope and Anchor

Ayer cené con unos amigos en el Hope and Anchor, uno de estos "gastropubs"que están tan en el candelero últimamente. Está un poco retirado, bajando por desde el Triángulo por Jacobs Wells Road, pero la corta caminata merece la pena.

Por dentro tiene el aspecto de pub tradicional sin florituras (los hay tradicionales con florituras). Mesas y sillas sólidas de madera, media luz, gente sentada más que de pie hablando tranquilamente. Tiene una buena selección de cervezas inglesas y, un toque de distinción, Leffe de grifo. Como no estoy muy versado en bitters ni ales pedí consejo a la camarera que muy amable me recomendó dos y me dio a probar. Una era más suave y la otra más amarga; me quedé con esta última. Desgraciadamente he olvidado el nombre.

El menú ofrece opciones clásicas con algún plato más original que lo común: bangers and mash (salchichas con puré de patata), curry, trucha, etc. Aconsejado por una amiga me pedí el chicken and mushroom pie, pastel de pollo y setas, concinado a la sidra y con verdura y patatas. Realmente fue excelente: el pollo jugoso y el hojaldre ligero. Me tomé hasta las coles de bruselas. Que por cierto nunca antes había tomado. No son tan malas como se queja la gente.

Por lo visto en verano hay un secret garden disponible a los clientes que está muy bien. Pero la otra atracción curiosa digna de mención en una Lonely Planet es el baño de caballeros: quizás sea el único baño en el mundo que está dedicado a la memoria de un fulano, que según parece, era cliente habitual.


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Bitácora sobre la vida en Inglaterra: una visión subjetiva sobre su sociedad, cultura, costumbres y curiosidades.

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